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Batallas urbanas

Info1/30/2009
Registrate y eliminá la publicidad! Martín Fernández dice que a los “cabezas” les gusta pelearse por nada y que buscaban la oportunidad para pegarles a los “floggers”, más conocidos como “glams” o “chetos”. Lucho Coire cuenta: “Yo estaba en el shopping y vi que se empezaron a pelear unos villeritos contra otros negritos y después ligaron algunos de los chetitos”. Gonzalo también estuvo ahí: “La pelea fue entre los cabezas que eran como veinte. Los glams son muy blanditos, se asustaron y empezaron a gritar, y los cabezas se ensañaron con un pibe y lo recagaron a trompadas. La cana agarró a algunos y les pegó con el garrote”. Todos ellos tienen menos de 16 años y dan su versión de lo que pasó el miércoles en el Abasto, cuando unos cincuenta adolescentes, de entre 12 y 20 años, se enredaron en una pelea que terminó con la intervención de la policía, ningún detenido, algunos chicos heridos, dos puertas rotas y cientos de comentarios en internet sobre el incidente. Se trató de otra pelea entre bandas, sin los resultados trágicos de otros casos (como los que terminaron con la muerte de Matías Bragagnolo y de Ariel Malvino). Al parecer, los chicos a los que Martín y Gonzalo llaman “los cabezas”, que suelen juntarse en la vereda del Abasto y que ahora sienten que les invadieron su territorio, empezaron una pelea entre ellos que derivó en golpes hacia los “chetos/glam” que se encontraban dentro del shopping. Claro que en tiempos en los que la violencia contenida se entrecruza con la hipercomunicación, esta gresca pandillera tuvo sus particularidades. Desde principios de febrero, un grupo de floggers –chicos que tienen fotologs, esos sitios en los que se sube una foto por día– se reúne todos los miércoles dentro del shopping Abasto para conocerse en persona, sacarse fotos y charlar. El último miércoles eran más de 200. Cuenta Agustina Vivero: “Vamos a encontrarnos, a que haya buena onda y el Abasto es un punto medio para los de Capital y los de provincia”. Agustina es una de las que organizó, a través de su fotolog.com/cumbio, las reuniones. Ahora, al teléfono, se le quiebra la voz: “No sé por qué hay tanto odio, nada lo justifica, no le hacemos mal a nadie. No sé cómo empezó todo, pero una amiga mía de doce años terminó toda tajeada en el cuello y a otro le rompieron un diente. Y no había justificativo. Sólo sé que es gente a la que no le gusta cómo nos vestimos, cómo nos peinamos y la música que escuchamos”. Gonzalo, que filmó la pelea y trabaja de tarjetero en el boliche Abadía al que, según dice, van a bailar los chetos, hace un identikit de este grupo: usan pantalones chupines, flequillo lacio para el costado, remeras escotadas tanto en chicos como chicas, zapatillas Nike de lona con la pipa en diferentes colores y escuchan música electrónica. Algunos, incluso, llevan carteles con el nombre de su flog. Están quienes, por esta forma de vestir, los llaman “emos”, palabra que surge de la contracción “emotional hardcore” y que servía para nombrar a los seguidores del hardcore punk de finales de los 80 que tenían un look similar. Para Andrea Gómez, psicóloga especialista en adolescentes y miembro de CELSAM (Centro Latinoamericano Salud y Mujer), es normal que los adolescentes se agrupen, se identifiquen con la misma ropa, la misma música o se pongan nombres. “Porque están empezando a construir su identidad adulta y para eso necesitan despegarse de los ideales paternos y maternos. Y como lo desconocido asusta, encuentran tranquilidad en estos grupos de pertenencia. Antes el grupo se armaba con los vecinos del barrio o la escuela y ahora existen otras herramientas, como internet.” Precisamente, en la red proliferan las páginas en las que los glam se identifican entre sí, pero también los sites en los que se los insulta o se festeja la pelea del Abasto: “Hay que seguir haciendo eso hasta que dejen de mariconear y se vayan con sus putos chupines y tiradores a otra parte o desaparezcan, muchísimo mejor. Harían un favor a la humanidad”, escribió “liataametal” en un comentario. Uno de los fotologs que declaró una suerte de guerra virtual contra los “floggers glam” se llama, precisamente, fotolog.com/abajoloschetos. Uno de los comentarios en referencia a los chetos dice: “Estos pibes son una mierda... miran de reojo a cualquiera rotulándolo 'negro', 'cabeza' 'villero'... esa forma de vestir y de peinarse envuelve todo un mensaje de discriminación hacia los sectores populares”. Según la psicóloga Gómez, la violencia en la adolescencia está asociada al miedo que dan las diferencias. “Es lo que subyace en todo hecho de discriminación: la manera de defenderse frente a lo distinto es tomando distancia o atacando, como en este caso. Que existan grupos diferentes no es el problema, la cuestión está en la poca tolerancia que hay entre ellos, lo que refleja el nivel de violencia que hay en nuestra sociedad que no es sólo la de los golpes: la exclusión o la falta de comunicación con los padres también son modos de ejercer violencia.” Lucho Coire, que vive en Monserrat y se autodenomina “cheto discreto” porque no usa pantalones chupines, dice que la pelea en el Abasto se veía venir: “Los villeritos van con bronca, con ganas de pelar y los chetos van sólo a cagarse de risa con los amigos”. Martín, que dice que no es cheto, coincide: “La gente normal o como quieras llamarlo no se los bancan. Yo siempre les decía a mis amigos que algún día iba a haber pelea”. Graciela Peyrú, psicoanalista y presidenta de la Fundación para la Salud Mental, hace hincapié en la responsabilidad institucional: “La violencia juvenil es un problema que debería ser enfrentado simultáneamente por tres áreas de gobierno: Salud, Justicia –entendida no como castigo sino como prevención– y Educación. Las tres, cohesionadas, deberían plantear programas de reconstrucción de vínculos. Porque la violencia entre adolescentes se expresa entre adolescentes pero es un reflejo de las responsabilidades que no asumen los grandes. Es decir, los padres, los educadores y el mismo Estado, como adulto”. Mientras en internet algunos quieren más piñas y otros convocan a una manifestación en contra de la violencia para el próximo miércoles en el Abasto, Agustina, pacifista, prefiere evitar los conflictos: “Voy a pensar algún otro lugar en el que nos podamos reunir sin que le moleste a nadie”. Aver si pensamos un poco para todos los pelotudos que dicen vamos a matar floggers Fuente http://criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=426
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