Si el asesino salió del aposento de la bella Huguette Dufflos, ¿cuál sería la explicación que nos permitiera saber por qué la puerta quedó cerrada del lado interior? El atacante no pudo cerrarla porque escapó y nadie puede correr un pestillo por dentro si se halla afuera, y tampoco habría de correrlo la víctima aterrorizada por la situación y profiriendo gritos de auxilio. Si pide ayuda no va a echar el cerrojo impidiendo la entrada de los posibles auxiliadores. Quien quiera realidades que se busque un ingeniero, quien aspire a las emociones que acuda a un poeta y quien pretenda impacientarse, desconcertarse y ser el onicófago que se roe las uñas bajo los efectos del enigma, que vaya en busca del gran enigmatizador Gastón Leroux, creador de El misterio del cuarto amarillo, novela policial que escribió manejando el suspenso, dosificando la perplejidad y guardando el secreto más allá de toda posibilidad de develarlo. Un maestro del género, de la progenie del abismal Poe y colactáneo de Conan Doyle y el atrapador Hitchcock de Vértigo. Un maestro como sólo él, el Gastón Leroux nacido en 1858, extraño año impar a pesar de su cifra par, en el que también vinieron a este valle de ideas, belleza y literatura, Pirandello, André Gide, Gorki, el inmenso Romain Rolland de Juan Cristóbal y el indimenso Paul Claudel de La Anunciación a María. El enfant terrible Jean Cocteau, que ha leído la víspera de un encuentro con Leroux en la embajada inglesa El misterio del cuarto amarillo, le dice que toda la tragedia griega es un tema policial, y gracias a esta definición el indeciso Leroux, que no se ha convencido aún de las exactitudes del cuarto amarillo que él mismo ha construido, pasará a ser el afortunado autor de El fantasma de la Opera, El perfume de la dama vestida de negro y Chéri Bibi, entre otros relatos comburentes en la hornaza novelística semejante a la de los plateros que funden en ella los metales. El creador del inefable jovencito reportero y detective Rouletabille (los lectores nos enteraremos después que era hijo de la extraña dama vestida de negro... concebido de la secreta relación con el hombre misterioso que había dejado cerrada por dentro la puerta del cuarto de su amante...) está persuadido de que si hay un premio para los justos y los buenos de este mundo y un castigo para los falsificadores y nequicios, el nobilísimo académico antiacadémico Cocteau recibirá la palma mayor. Porque en ese vernissage entre ingleses recuerda el diálogo mantenido años antes con Cocteau durante la presentación en la librería "Corneille" de la rue de la Huchette de las Obras de Poe traducidas por Baudelaire. -¿Cuándo leeremos el libro que usted debe escribir, porque un talento literario como el suyo no debe permanecer callado ni inédito -expresó el benevolente Cocteau. -No soy escritor. A lo sumo puedo escribir alguna tarjeta postal. Y además no tengo tiempo. Trabajo mucho. -Y además de trabajar mucho, ¿qué hace todo el día? -¿Qué cree usted que hago? Lo leo a usted y asisto a la representación de sus obras en la sala de Montparnasse. La conversación con el dramaturgo de Orfeo y argumentista del ballet Parade (en el que lo acompañaron Picasso, Eric Satle, Lifar y Diaghliev) fue fecunda, porque a partir de ella Leroux no se concretó a escribir novelas de misterio y suspenso, a la manera de las del creador de Sherlock Holmes, el espiritista y médico Conan Doyle, sino novelas de amor y de aventuras con un tema policial en la subyacencia. El mismo Pepe Rouletabille es el héroe feliz de sus obras, a cuyo alrededor juegan el robo, el crimen, el terror, pero envueltos en un enredo sentimental. Rouletabille mismo es hijo de un amor de la dama vestida de negro, y ésta es la víctima del cuarto amarillo, cuya puerta estaba cerrada de manera tan, tan extraña, por dentro... Fuente: http://www.laprensa.com.ar/331555-Novela-de-enigma-y-amor.note.aspx
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