El amor no correspondido.
“Sólo hay un tipo de amor que permanece, el amor no correspondido” ( Woody Allen)
Si esto es cierto, deberíamos buscar urgentemente alguien que haga caso a nuestros anhelos o terminaremos eternamente enamorados del objeto amoroso que no nos retribuye.
¿Por qué ese tipo de amor permanece? ¿Por qué a pesar de que en muchos casos se establecen nuevas situaciones y hasta se descubren nuevos “objetos amorosos”, la imagen, el concepto y el nombre de ese amor no correspondido parecen fijarse en nuestra mente como un fantasma?
¿Realmente eso que sentimos es amor?
Erich Fromm, psicoanalista y humanista alemán (1900-1980) dice en El Arte de Amar: “El amor no es esencialmente una relación con una persona específica, es una actitud, una orientación del carácter que determina el tipo de relación de una persona con el mundo en su totalidad, no con un objeto amoroso”.
Por lo que podemos deducir que el amor vale por sí mismo y por la capacidad que tiene uno de amar. No necesita de una relación con otra persona para justificarse, no implica un contrato de usufructo corporal.
La confusión radica en que la mayoría de gente nunca supera el amor erótico y se concentra en la constante simbiosis del cuerpo y del egoísmo mutuo.
Hay un aspecto curioso que Fromm comenta en referencia a los errores que lleva a muchas personas suponer que no hay nada que aprender sobre el amor. Afirma que las relaciones amorosas humanas siguen el mismo esquema existente en el mercado de bienes y de trabajo, en la idea de un intercambio mutuamente favorable. “Una mujer o un hombre atractivos son los premios que se quiere conseguir”.
La mayoría de la gente cree en el amor como una sensación placentera; sin embargo, el autor considera el amor un arte que requiere conocimiento y esfuerzo.
La mayoría de la gente cae en el error de suponer que no hay nada que aprender sobre el amor, y ello se debe a varios motivos: considerar que el problema del amor consiste en ser amado y no en amar, valorando aspectos como el éxito, ser poderoso, rico, ser atractivos, en definitiva, una mezcla de popularidad y sex-appeal; el hecho de creer que amar es fácil y lo difícil es encontrar a quien amar, la importancia del objeto frente a la de la función, la suposición de que el problema del amor es el de un objeto y no de una facultad; la confusión entre la sensación inicial del “enamorarse” y el permanecer enamorado cuando la otra persona ya no es desconocida y se pierde el halo de misterio inicial.
El amor es un arte, dice Erich Fromm y todo arte necesita un proceso de aprendizaje, tanto en lo teórico como en el aspecto práctico.
La persona que luego de un constante trabajo y conocimiento de sí mismo y de su entorno a aprendido a amar se dedica solamente a eso, a amar, se preocupa por dar, por organizar su amor para crecer como hombre, no se preocupa por la pérdida o partida del objeto amoroso, porque el sentimiento y la voluntad lo trasciende.
Fuente
“Sólo hay un tipo de amor que permanece, el amor no correspondido” ( Woody Allen)
Si esto es cierto, deberíamos buscar urgentemente alguien que haga caso a nuestros anhelos o terminaremos eternamente enamorados del objeto amoroso que no nos retribuye.
¿Por qué ese tipo de amor permanece? ¿Por qué a pesar de que en muchos casos se establecen nuevas situaciones y hasta se descubren nuevos “objetos amorosos”, la imagen, el concepto y el nombre de ese amor no correspondido parecen fijarse en nuestra mente como un fantasma?
¿Realmente eso que sentimos es amor?
Erich Fromm, psicoanalista y humanista alemán (1900-1980) dice en El Arte de Amar: “El amor no es esencialmente una relación con una persona específica, es una actitud, una orientación del carácter que determina el tipo de relación de una persona con el mundo en su totalidad, no con un objeto amoroso”.
Por lo que podemos deducir que el amor vale por sí mismo y por la capacidad que tiene uno de amar. No necesita de una relación con otra persona para justificarse, no implica un contrato de usufructo corporal.
La confusión radica en que la mayoría de gente nunca supera el amor erótico y se concentra en la constante simbiosis del cuerpo y del egoísmo mutuo.
Hay un aspecto curioso que Fromm comenta en referencia a los errores que lleva a muchas personas suponer que no hay nada que aprender sobre el amor. Afirma que las relaciones amorosas humanas siguen el mismo esquema existente en el mercado de bienes y de trabajo, en la idea de un intercambio mutuamente favorable. “Una mujer o un hombre atractivos son los premios que se quiere conseguir”.
La mayoría de la gente cree en el amor como una sensación placentera; sin embargo, el autor considera el amor un arte que requiere conocimiento y esfuerzo.
La mayoría de la gente cae en el error de suponer que no hay nada que aprender sobre el amor, y ello se debe a varios motivos: considerar que el problema del amor consiste en ser amado y no en amar, valorando aspectos como el éxito, ser poderoso, rico, ser atractivos, en definitiva, una mezcla de popularidad y sex-appeal; el hecho de creer que amar es fácil y lo difícil es encontrar a quien amar, la importancia del objeto frente a la de la función, la suposición de que el problema del amor es el de un objeto y no de una facultad; la confusión entre la sensación inicial del “enamorarse” y el permanecer enamorado cuando la otra persona ya no es desconocida y se pierde el halo de misterio inicial.
El amor es un arte, dice Erich Fromm y todo arte necesita un proceso de aprendizaje, tanto en lo teórico como en el aspecto práctico.
La persona que luego de un constante trabajo y conocimiento de sí mismo y de su entorno a aprendido a amar se dedica solamente a eso, a amar, se preocupa por dar, por organizar su amor para crecer como hombre, no se preocupa por la pérdida o partida del objeto amoroso, porque el sentimiento y la voluntad lo trasciende.
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