La aparición de una suerte de “manual del cura pedófilo” y nuevas denuncias por abusos sexuales por parte de sacerdotes en Brasil volvió a poner en escena uno de los secretos más guardados del. Vaticano. Las operaciones de Benedicto XVI para ocultar los abusos. Sólo en Brasil, en los últimos años han sido denunciados 1.700 sacerdotes por abusar de niños y adolescentes. La negativa del sacerdocio para los homosexuales, ¿una maniobra de distracción?
El padre Edson Ives dos Santos, que a los 64 años “era un santo varón” para las beatas brasileñas que se postraban ante el confesionario, reconoció que planificaba su aberrante liturgia en base al “Manual del Cura Pedófilo”, un cuadernillo que circula desde hace meses entre los sacerdotes con inclinaciones non sanctas.
El último escándalo de pedofilia sacerdotal ocurrid en Brasil volvió a poner en el centro de la escena una mancha que desde el Vaticano se intenta tapar por los siglos de los siglos. Esté Juan Pablo II o Benedicto XVI al frente de la Iglesia Católica, el tema de tos abusos sexuales por parte de sacerdotes reaparece en todo el mundo y muestra que el primer reflejo de la cúpula vaticana es “tapar todo”. El escándalo no es exclusivo de Brasil, sino que ha sacudido por etapas en las diócesis católicas de España, Francia, Italia, Alemania, Austria, Polonia, Gran Bretaña, Irlanda, Estados Unidos, México, Costa Rica, Puerto Rico, Colombia, Argentina, Chile... Pero la Iglesia esconde y minimiza este tremendo problema, que no es accidental ni azaroso sino institucional. Y está signado por el encubrimiento.
la epidemia de las sotanas
Se podría decir que el cielo cayó sobre Brasil, el país con más católicos del mundo y una epidemia de casos de abuso sexual por parte de sacerdotes. Pero lo más grave es que, según el periódico italiano Corriere della Sera, el Vaticano sabía del desmadre de parte de sus filas brasileñas.
Según lstoé, en septiembre pasado, el papa Benedicto XVI envió a Brasil una comisión para investigar las acusaciones que se multiplicaban y se encontró con una decena de sacerdotes condenados por abuso sexual, 40 fugitivos y unos 200 mandados por la Iglesia de Brasil a clínicas psicológicas para ser ‘reeducados”
El número de denuncias revela una realidad más dura que la hallada por la Curia romana: la epidemia de lujuria está extendida en el país con mayor número de católicos en el mundo.
Los enviados papales no podían dar crédito a sus oídos cuando escucharon los pormenores del caso del padre Edson Ives dos Santos, párroco de la localidad agrícola de Alexia, en el estado brasileño de Goiás. Al cura jamás se le hubiera ocurrido la torpeza de abusar de los hijos de las familias adineradas a quienes preparaba para la primera comunión. No quería arriesgarse a arder vivo en el infierno de un escándalo público. Por eso, Edson elegía a sus víctimas entre los indefensos huérfanos del hospicio de la parroquia del Inmaculado Corazón de María, donde daba clase de catecismo. El manual que circula entre los curas pedófilos recomienda iniciar a menores recogidos de la calle y de las comisarías. Según una investigación de la revista brasileña, 1.700 curas —el 10 por ciento de los que llevan sotana en ese país— están siendo investigados por abusar de niños y adolescentes.
El autor de la macabra guía del cura pedófilo es un eminente teólogo, un sibarita que frecuenta los salones de la alta burguesía de San Pablo y, según el diagnóstico que se le hizo a petición del juzgado estatal, un pedófilo con marcados síntomas de narcisismo y megalomanía. De otra forma no se explica que Tarcísio Sprícigo, de 48 años, llevara un recuento manuscrito de sus fechorías.
Me preparo para salir de caza con la certeza de que tengo a mi alcance a todos los garotos (chicos) que me plazca.”
En su relato, el cura añadió: “Para esto soy seguro y calmo, no me agito, soy un seductor y después de haber aplicado correctamente las reglas, el niño caerá en mis manos y seremos felices para siempre”.
Antes de que lo arrestaran, el religioso abusó de muchos pequeños de la calle. Para él, eran los más fáciles de controlar, según escribió en su diario. En páginas que parecen un verdadero manual para pedófilos describió cómo persuadir niños: “Presentarse siempre como el que manda. Ser cariñoso. Nunca hacer preguntas, pero tener certezas. Conseguir chicos que no tengan padre y que sean pobres. Jamás involucrarse con niños ricos”. Sprícigo —que antes de caer preso fue trasladado a una parroquia rural, donde abusó de dos menores más— estaba seguro de sus tácticas. “Soy un seductor seguro y calmo. Basta aplicar las reglas y el chico caerá en mis manos...”, escribió en otras páginas. Y como él hay más. Alfieri Bompani, de 45 años, preso por abusar de niños de entre seis y diez años en una pawela en la que, según él, hacía ayuda social, también se las daba de escritor. El cura, aparte de llevar un diario, estaba terminando un libro de cuentos eróticos basados en sus aventuras pedófilas, las mismas que destrozaron la vida de muchos de los que se acercaron a él en busca de ayuda.
Condenado a 15 años de prisión por violar del niño de cinco años que tenía bajo su custodia, Sprícigo declaró a los jueces que la idea de redactar un manual le surgió de forma espontánea, como una suerte de revelación asentada en la convicción de que “Dios perdona todos los pecados, pero la sociedad nunca!”.
LA SANTA INQUISICION
Es la primera vez que el Vaticano moviliza a la Congregación de la Doctrina de la Fe —una institución surgida del extinto Tribunal de la lnquisición— para una indagación de esta naturaleza. La prensa italiana afirma que la Santa Sede se vio obligada a actuar contra sus acólitos al comprobar que no podía seguir ocultando los trapos sucios entre los muros de las iglesias. La respuesta de Roma ha sido minimizar los señalamientos, cambiar de diócesis a los presuntos abusadores y sospechar sistemáticamente de las víctimas por hacer públicos los ataques sexuales. Entre las primeras investigaciones acerca de estos asuntos y las evasivas de las cúpulas eclesiásticas están los trabajos del periodista Jason Berry, quien a medidos de la década de los ‘80 hizo reportajes sobre el abuso sexual de rigos en Louisiana. En 1992 publicó el libro Lead us notinlo Temptation. Catholic Priests and the Sexual Abuse of Children (No nos pongas en tentación. Sacerdotes católicos y el abuso sexual de niños y niñas). Jason Berry y Gerald Renner publicaron recientemente en español una nueva obra: Votos de silencio. El abuso de poder durante el papado de Juan Pablo H. En ese libro, Berry y Renner contabilizaron que durante el último medio siglo se presentaron casi 11 mil quejas por abuso sexual; los destinatarios fueron 4.392 sacerdotes en Estados Unidos.
El tema se mantuvo en secreto varias décadas, pero las demandas millonarias finalmente trascendieron a los medios y el tópico fue inocultable. Los montos de las indemnizaciones lo dicen todo: “Las víctimas han recibido unos 572 millones de dólares en daños, además de los 85 millones de dólares que la arquidiócesis de Boston decidió pagar a las 540 personas que la demandaron por los abusos sexuales de los curas”. Mientras tanto, el ex titular de la arquidiócesis de Boston cuando explotaron los escándalos, arzobispo Bernard Law (foto arriba), señalado de proteger a los abusadores, está a buen resguardo en Roma y al frente de una importante basílica.