Las primeras mediciones de actividad eléctrica en tejidos de animales y humanos se hicieron entre los siglos XVII y XVIII. Alrededor de este tiempo también se desarrollaron dispositivos para la detección de la actividad cardiaca. Entre los pioneros del desarrollo de estos dispositivos se encuentra el científico británico John Walsh, quien consiguió una chispa visible a partir del uso de unas tijeras finas de estaño en una anguila de la especie Electrophorus electricus, recibiendo por esto la medalla Copley en 1774.
Para esta época se sospechaba que la actividad de flexión y extensión de los músculos, eran productos de una corriente eléctrica inicial. No fue sino hasta el año 1842 cuando Carlo Matteucci, basado en sus experimentos sobre el músculo esquelético, concluyo que una corriente eléctrica precede cada latido del corazón. Además, otro experimento llevado a cabo por Heinrich Müller y Rudolph von Koelliker, en donde se utilizó un galvanómetro en la base y el ápice de un ventrículo expuesto, demostró una contracción muscular inicial fuerte y otra suave después de la sístole ventricular, lo que sería más adelante atribuido al QRS y la onda T del electrocardiograma respectivamente.
El desarrollo de la lectura electrocardiográfica se fue mejorando al pasar de los años, debido a los aportes constantes que se hacía a la materia. Fue Willem Einthoven quien hizo la gran mayoría de los aportes y quien además fomentó el desarrollo clínico de la técnica. Sus valiosos estudios y aportes en la universidad de Leiden lo hicieron merecedor del premio Novel de medicina en 1924.
Willem Einthoven
En el año 1901 Einthoven anunció un aparato nuevo, el cual denominó como “un nuevo galvanómetro” bajo el nombre inicial de telecardiograma, aunque al final decidió dejarlo como electrocardiograma. Se trataba de un dispositivo que mejoraba las cualidades del galvanómetro original. En este nuevo dispositivo, los usuarios debían introducir sus extremidades en vasijas que contenían un líquido electro sensible para la detección de las ondas. Además, cambio la denominación original de A-B-C-D de las ondas, hacia P-Q-R-S-T pensando que en algún punto pudiesen descubrirse nuevas deflexiones con el avance de la tecnología.
Otro aporte de Einthoven fue un nuevo sistema de derivaciones y nuevas leyes para el estudio de las deflexiones electrocardiográficas, mejorando el entendimiento de las mismas. Dado a que solo las extremidades podían ser sumergidas en la solución electro sensible, formuló un triángulo conectando el polo negativo de su galvanómetro al brazo derecho y el positivo al izquierdo, nominándolos como derivación I. Para la derivación 2 conectó el polo negativo en el brazo derecho y el polo positivo en la pierna izquierda y para la derivación 3 utilizó el polo negativo en el brazo izquierdo y el polo positivo en la pierna izquierda.
Este denominado Triángulo de Einthoven con el posterior desarrollo de la Ley de Einthoven que dice que la suma de todas las derivaciones es igual a 0, junto con la adición de nuevas derivaciones forman lo que hoy en día es electrocardiograma actual y que es usado ampliamente alrededor del mundo.