Este viernes se cumplen cuarenta años de la revuelta popular que conmocionó al país y desembocó en la caída del dictador Juan Carlos Onganía. (Télam)
Desde entonces y hasta ahora la Argentina no volvió a presenciar una comunión entre trabajadores, estudiantes y clase media detrás de un objetivo liberador, como la que se produjo en esas jornadas violentas en la ciudad mediterránea. (Télam)
El mundo ofrecía entonces inspiraciones diferentes: el Mayo francés de un año antes, los movimientos tercermundistas de liberación, los triunfos de la guerra de guerrillas planteada por la resistencia vietnamita y los ecos de la Revolución cubana formaban parte de las conversaciones habituales en los claustros universitarios y en las asambleas de trabajadores.(Télam)
En Buenos Aires, en cambio, el régimen de Onganía se encerraba cada vez más en su miope visión de un país industrializado a expensas del sacrificio de sus habitantes, para beneficio ni siquiera de los empresarios locales, sino de los extranjeros que compraban las empresas.(Télam)
El lucifuercista Tosco, Atilio López (Unión Tranviarios Automotor) y Elpidio Torres (mecánicos de SMATA) acordaron realizar el 29 de mayo un paro activo por 36 horas, que las dos CGT (de los Argentinos, liderada por Raimundo Ongaro, y la rama de Azopardo, participacionista debieron avalar.(Télam)
En un choque con las fuerzas de seguridad fue asesinado el trabajador Máximo Mena. Su muerte se extendió en minutos a toda la ciudad y encendió la indignación de la población. Para entonces, los estudiantes sumaban un elemento clave en las manifestaciones. A las 15 la ciudad ardía. El Cordobazo le costó la presidencia a Onganía, que fue depuesto en junio de 1970 por la junta militar encabezada por Alejandro Lanusse.(Télam)
El Cordobazo es la expresión militante, del más alto nivel cuantitativo y cualitativo, de la toma de conciencia de un pueblo, en relación a que se encuentra oprimido y a que quiere liberarse para construir una vida mejor, porque sabe que puede vivirla y se lo impiden quienes especulan y se benefician con su postergación y su frustración de todos los días”. La definición de uno de los episodios más importantes de la historia contemporánea corresponde a uno de sus protagonistas centrales, Agustín Tosco. Hoy se cumplen cuarenta años de la revuelta popular que conmocionó al país y desembocó en la caída del dictador Juan Carlos Onganía. Desde entonces y hasta ahora la Argentina no volvió a presenciar una comunión entre trabajadores, estudiantes y clase media detrás de un objetivo liberador, como la que se produjo en esas jornadas violentas en la ciudad mediterránea.
El mundo ofrecía entonces inspiraciones diferentes: el Mayo francés de un año antes, los movimientos tercermundistas de liberación, los triunfos de la guerra de guerrillas planteada por la resistencia vietnamita y los ecos de la Revolución cubana formaban parte de las conversaciones habituales en los claustros universitarios y en las asambleas de trabajadores. En Buenos Aires, en cambio, el régimen de Onganía se encerraba cada vez más en su miope visión de un país industrializado a expensas del sacrificio de sus habitantes, para beneficio ni siquiera de los empresarios locales, sino de los extranjeros que compraban las empresas.
Algunos números de la economía doméstica parecían darle la razón al régimen: en 1969 la inflación había sido controlada en un rango del 8% y el PBI crecería casi 7%, pero Onganía erró al pensar que eso le daría vía libre para el ajuste definitivo que planeaba. No prestó atención al líder metalúrgico Augusto Vandor ni a los sindicatos participacionistas, que ofrecían su ayuda a cambio de unas pocas prebendas. Ni siquiera puso de su lado a un sector históricamente aliado a los militares, como el campo, que en esa época alegaba estar asfixiado por... las retenciones.
El excesivo corte centralizador de la Revolución Argentina desnudó una cadena de crisis en las provincias. Primero fue Tucumán, con el levantamiento en los ingenios azucareros; luego Corrientes, donde una manifestación terminó con una feroz represión y la muerte de un estudiante. Y el 16 de mayo le tocó el turno a Rosario, donde el accionar policial también se cobró la vida de un estudiante.
Los ecos de aquella agitación llegaron de inmediato a Córdoba, por entonces la capital industrial del país. El gobernador de facto Carlos Caballero parecía dispuesto a profundizar en la provincia el ajuste nacional ordenado por Onganía, que incluía congelamientos salariales, prohibición de huelgas y persecución de dirigentes rebeldes. La supresión del sábado inglés (el descanso de media jornada ese día) fue apenas la chispa que sirvió a los dirigentes clasistas de Córdoba para organizar la lucha.
El lucifuercista Tosco, Atilio López (Unión Tranviarios Automotor) y Elpidio Torres (mecánicos de SMATA) acordaron realizar el 29 de mayo un paro activo por 36 horas, que las dos CGT (de los Argentinos, liderada por Raimundo Ongaro, y la rama de Azopardo, participacionista) debieron avalar.
Desde las 11 de ese día comenzó el abandono de tareas en las fábricas y los obreros se unieron en un acto a la altura de Rioja y General Paz. La represión comenzó allí y se extendió al resto de las columnas de trabajadores (las mayoritarias eran las de mecánicos) que se movilizaban en la ciudad. En un choque con las fuerzas de seguridad fue asesinado el trabajador Máximo Mena.
La muerte del obrero se extendió en minutos a toda la ciudad y encendió la indignación de la población, incluso de quienes no se habían movilizado. Para entonces, los estudiantes sumaban un elemento clave en las manifestaciones. A las 15 la ciudad ardía. Las barricadas se multiplicaban por las calles, así como los autos y los frentes de empresas extranjeras incendiados. Desde sus casas, los vecinos arrojaban piedras contra los efectivos, que buscaron refugio y se acuartelaron.
La sensación de euforia les duró poco a los manifestantes. El III Cuerpo del Ejército comunicó la competencia de los consejos de guerra, y en cuestión de minutos se anunció la intervención del Ejército. Onganía había dado la orden a las Fuerzas Armadas de reprimir lo que interpretaba como un alzamiento inspirado en el comunismo internacional. Oficialmente se informó que el accionar militar provocó la muerte de 14 personas, aunque luego se habló de 34 fallecidos por la represión. Los detenidos se contaron por centenares, entre ellos Tosco, López y Torres. El lucifuercista comenzó entonces un derrotero de encarcelamientos y clandestinidad que terminó con su muerte, en 1975, por una septicemia que no pudo curar por su condición de prófugo.
El Cordobazo le costó la presidencia a Onganía, que fue depuesto en junio de 1970 por la junta militar encabezada por Alejandro Lanusse. La “revolución” que prometió organizar en tres tiempos, el “económico”, el “social” y el “político”, terminó con el fracaso estrepitoso de su primera etapa.
Cuatro décadas después, subsisten en la actualidad muchos de los padecimientos de la clase obrera que hicieron eclosión en la revuelta cordobesa. La diferencia central, sin embargo, estriba en la conciencia (o falta de ella) que tiene de sí misma esa clase y en la falta de articulación con los sectores medios y estudiantiles. La dirigencia sindical hizo mucho en este tiempo por romper esos lazos.
Lo explica el abogado laboralista Lucio Garzón Maceda, protagonista del Cordobazo en su condición de asesor legal de los sindicatos. “La clase trabajadora de hoy está distante de la de aquellos tiempos. Hay en algunos sindicatos un exceso de institucionalización, sin proyecto de cambio. Algunos parecieran querer ser sólo sindicatos de ‘pan y manteca’”.
DOS PROGRAMAS ESPECIALES EN LA TELE. Esta noche, Canal Encuentro y The History Channel emitirán programas en conmemoración del Cordobazo. La señal dependiente del Ministerio de Educación pondrá al aire capítulos especiales de sus ciclos Historia de un país, Argentina siglo XX (a las 21) y Crónicas de archivo (a las 21.30). Por su parte, History Channel estrena a las 22.30 el documental El Cordobazo, una minuciosa descripción de lo sucedido el 29 de mayo de 1969, realizada por la productora argentina Garabato Animaciones.
De impecable factura técnica, el programa rastrea los antecedentes del Cordobazo. Partiendo de la reforma universitaria de 1918, el documental traza –combinando material de archivo con una precisa narración en off– una exacta línea narrativa conformada por los acontecimientos sucedidos en Córdoba a lo largo de la segunda mitad del siglo XX que desembocaron en la revuelta. Periodistas, historiadores, sociólogos y participantes directos del Cordobazo prestan testimonios que sirven para esclarecer del acontecimiento.
OPINIÓN
Comparable al 17 de octubre
Roberto Baschetti (Historiador)
El Cordobazo no es un hecho aislado en el tiempo. Es el claro producto de una serie de situaciones de violencia política y social concatenadas, que desembocaron en un levantamiento popular durante el gobierno de facto de Onganía. Es un error visualizarlo solamente como el hastío de la gente contra un gobierno militar. La cuestión, si bien estalló en 1969, había comenzado a gestarse bastante tiempo antes. Los hechos de violencia llevaban más de una década: los bombardeos de la Plaza de Mayo en 1955, los fusilamientos de 1956, la constante proscripción al peronismo. Dos años más tarde comenzaron las tomas de fábricas: mil establecimientos ocupados por 3.913.000 trabajadores. Ese mismo año, el gobierno argentino, el brasileño y el de los Estados Unidos frenaron el regreso de Perón a la Argentina. La gota que rebalsó el vaso fue el golpe militar de 1966 y los cambios de sistema que quiso instaurar Onganía en beneficio de los sectores más concentrados y pudientes de nuestra sociedad. Por primera vez en nuestra historia trabajadores y estudiantes se unieron para luchar contra ese sistema que oprimía y asfixiaba por igual. Se levantó Corrientes, después Rosario y rápidamente la rebelión llegó a Córdoba. Fue el Cordobazo; el hecho de masas más importante –con el 17 de octubre– en el siglo XX en nuestro país.
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