-¡El ganador es Mark Blanes! El grito innecesario del árbitro se hizo presente. Mark se estiro seguramente, pasando burlonamente frente a sus rivales. Sam dio un bufido; Le odiaba, odiaba al joven chico que le reemplazaría en los nacionales. Aun así, era obligado a aceptar que el chico era increíblemente ágil y tenía un cuerpo increíblemente flexible. Y por sobre todo, destacaba su maravillosa velocidad. -¿Qué te pasa, Sam?- Sonrió burlonamente el chico, dándole la espalda. -¿Acaso estas celoso?- Mientras hablaba, flexiono drásticamente su espalda, hasta tocar el suelo con su cabeza. -Eres un presumido, bruto... -Por supuesto, ¿Tiene algo de malo? Al menos es mejor que ser un “Segundo lugar”- Antes de que Sam respondiera, se reincorporo y se fue caminando lentamente, sonriendo ampliamente. /.../ Mark abrazo delicadamente el vientre de su madre, que dormía plácidamente sobre el sofá. Con cuidado, coloco el lado izquierdo de su rostro contra este, esperando escuchar una leve patadita o el débil latido del pequeño corazón de su hermanito. Y escucho. Debía estar dormido, ya a solo semanas de nacer, debía estar demasiado formado como para escuchar sus latidos, pero el leve zumbido de su vida chocaba contra su mejilla. Mark sonrió... lentamente retiro su cabeza, para luego colocarse de pie. -Buenas noches, madre...- El joven sonrió dulcemente. –Buenas noches... Hermanito. Mark se recostó sobre su cama. Sus cabellos oscuros se mezclaron en su cara, mientras alcanzaba con la mano su cómoda, para sacar y comer uno de los chocolates que había recibido para San Valentín, por parte de una chica que se había atrevido a confesarse. Rechazada. No era que quisiera lastimarla, pero se consideraba demasiado joven como para querer a una persona de ese modo. Sonrió algo tímido, mientras cerraba los ojos... Quizás la hubiese rechazado, pero aun así estaba agradecido de que hubiese sido sincera con el... /.../ ¡Crack! El leve sonido de las tablas del piso chirriando fue suficiente para despertar a Mark. Suaves susurros se escuchaban desde el piso de abajo... Pero era extraño, aun oía los pacíficos ronquidos de sus padres. Con rapidez, se arrastró fuera de la cama, un escalofrió recorrió sus piernas casi desnudas, mientras la enorme playera de pijama se enredaba con sus rodillas, dificultándole el paso. Abrió lentamente el mueble inferior de su cómoda y tomo su viejo bate. Cuidadosamente bajo las escaleras, intentando evitar el ruido, hasta llegara a la habitación de la que provenía el sonido... Había alguien ahí. Mark retrocedió sorprendido; Una gruesa silueta colocaba cosas dentro de una bolsa, mientras hacía leves sonidos, como si estuviera... Riendo. El chico sujeto el bate más fuerte, y antes de pensar siquiera, se arrojó sobre el ladrón. Ambos cayeron al piso, ahora era más evidente que el sujeto reía de manera continua. De un solo movimiento, el misterioso hombre lo arrojo lejos, haciéndolo chocar de golpe contra la muralla. -Jeje... Quien lo diría, has despertado temprano...- Su voz era áspera, sucia. -¿No crees que deberías... Ir a dormir? El miedo recorrió el cuerpo de Mark, que instintivamente intento golpearle con el bate, pero la silueta cruzo silbante junto a él, y antes de poder procesarlo ya se hallaba sobre el piso, con el pecho sangrante... Mark se retorció del dolor, mientras la piel se le ponía de gallina. No era un ladrón, era un asesino. -¿Qué pasa, que pasa? Jejeje.- Rio altamente el asesino. –Creí que serias más divertido que esto... -Estas... Loco. El misterioso hombre se acercó a su rostro, mientras su risa se hacía más fuerte. De pronto, su rostro se vio claro. Mark retrocedió aterrado, arrastrándose por el piso con su antebrazo. Su piel era increíblemente pálida, sus ojos eran extrañamente redondos y sus parpados estaban quemados, provocándole un iris color carbón. Pero, por sobre todo, lo peor era su sonrisa, muchísimo más grande de lo habitual, con un borde tembloroso e inexacto... Como cortado con un cuchillo. -Oh, has visto mi hermoso rostro.- Sonrió burlonamente. -¿Te he sorprendido? Jeje... -Eres... Eres... ¡Un monstruo! -Oh... Jeje, eres igual a todos, creí que serias más gracioso. Despues de todo, soy tu amigo, solamente. -¿Q...Quién eres?- Pregunto el menor, aterrado. -Ya que te matare... Jeje... Da igual que te lo diga ¿no?- Le miro, dirigiéndole una permanente sonrisa. –Soy Jeff, el asesino... ¿Están tus padres en casa? -¡No!- La desesperación invadió el cuerpo de Mark. -¡No les hagas daño! -Oh, ¡Ya cállate!- Rápida y precisamente, golpeo el rostro de Mark, el cual cayo inconsciente al instante. Cuando despertó, todo su cuerpo estaba adolorido, se sentía horriblemente cansado y sentía un fuerte sabor a sangre en su boca. Su cuerpo estaba increíblemente sudoroso y todo estaba repleto de un humo oscuro y ardiente, todo ardía en llamas. Mark se arrastró en el piso, escupiendo sangre por cada metro que recorría, mientras las llamas se acercaban un poco a cada momento. El fuego avanzaba peligrosamente hacia el galón de gas, pero era lo que menos le importaba ahora mismo; La amenaza del sujeto iba directamente hacia sus padres y él había cometido el error de reaccionar asustado. Sus piernas temblaron cuando intentaba colocarse de pie, mientras la sangre caía a montones de su boca, bajando hasta su pecho. Mientras subía las escaleras, su vista se revolvía y su cabeza daba vueltas con cada paso, pero no se detuvo, todo valía pena por sus padres. Finalmente llego hasta la habitación. Una sonrisa de calma se formó en su rostro, liberando un breve suspiro. Delicadamente abrió la puerta, mientras veía a sus padres recostados sobre la cama. Sus rodillas chocaron ruidosamente contra el piso, y las lágrimas resbalaron sobre sus mejillas. Si, sus padres estaban sobre la cama, pero la misma estaba cubierta de la sangre de ellos dos. Sus cuerpos estaban repletos de cortes leves, ademas de uno bastante más profundo en sus gargantas. Lo que más le impacto, sin embargo, fue fueron los cortes en sus bocas y mejillas en forma de sonrisa. Entonces toco su propia boca sangrante, que ahora era claro lo que tenía: Una sonrisa. Mark seco sus lágrimas, no había podido salvarlos, pero al menos debía poner seguros sus cuerpos, era lo único que podía hacer. Se acercó al cuerpo de su madre, tan suave y hermosa, le tomo entre sus brazos, una mano en la rodilla y otra en la nuca. Varias lágrimas cayeron sobre su rostro, mientras bajaban las escaleras. Mark trago el líquido salado, mientras con miedo depositaba su oído sobre el vientre de la mujer que le dio la vida. Nada. Ni un zumbido, ni un golpecito, ni un latido... Aquel pequeñín que amaba más que a nada, sin siquiera haberlo podido ver, ya no estaba. Se había ido sin oportunidad de ver el mundo. Todos esos momentos que se había imaginado con él, de pronto eran imposibles. Las ganas de vivir se fueron por un momento del joven, pero aun debía colocarlos a salvo... Una vez fuera de la casa, deposito el cadáver sobre la tierra más seca que encontró, para evitar que fueran alcanzados por las llamas. Aquellas dos personas en un solo lugar... Que significaban su mundo. Pero aún faltaba el padre. Mark entro a la casa, la relación con él era en muchos sentidos imperfecta, pero eso no quitaba que lo amara. Pero apenas dio los primeros pasos dentro de la casa, el olor a gas se hizo evidente. El joven intento retroceder hacia la salida, pero antes de que alcanzara el pomo, la casa estallo en pedazos... Sin gesto alguno, el cadáver de su madre era iluminado, más no alcanzado, por las llamas. /.../ Mark despertó en una cama, en una habitación del hospital. Tenía varios tubos conectados al cuerpo, ademas de muchas vendas a lo largo de este. Sobre su boca, había un aparato que le lanzaba un aire increíblemente puro, pero que le prohibía hablar. Antes de que lograra procesar bien la información, un doctor entro a la habitación, bastante sorprendido de verlo despierto. -¡Oh, vaya! Eso ha sido rápido... Mucho gusto Mark, soy el doctor Víctor Beltrán.- Dijo mientras turnaba su mirada entre él y una hoja de papel. –Eres duro ¿no? Esa explosión debió matarte, pero ni siquiera tienes una quemadura... Tu pelo se ha encanecido por el gas, ahora es completamente blanco, pero no es la gran cosa... Eso es tener suerte... -Hmmm...- Mark intentaba hablar, aun con el aparato. -¿Quieres decir algo?- Dijo mientras le quitaba el aparato de la boca. -Suerte... Mi familia murió a manos de un asesino... Y el cadáver de mi padre fue consumido por las llamas. Eso no es suerte.- Mientras lo decía, le dio una mirada de odio. -No... Lo que quería decir... Como sea.- Dio un suspiro leve y nervioso. –Estarás de alta a tiempo para el funeral... Quizás quieras ocultar la sonrisa... /.../ Mark se secó las lágrimas, mientras se acomodaba la bufanda. A su lado iba un automóvil de la funeraria, con dos ataúdes. No había querido verlos, pero estaba seguro que uno de los ataúdes estaba vacío. Varias personas caminaban delante de el, rumbo al cementerio, pero intentaba mantenerse lejos de los demás, pues un solo abrazo de consuelo bastaría para hacerlo caer en llanto. Sin previo aviso, un brazo le agarró del cuello y lo arrojo dentro de un callejón. El cansancio y el dolor evitaron hasta la mínima defensa de su parte, provocándole una dura caída contra el piso. Varias risas resonaron en el callejón, entre ellas, la inconfundible risa de Sam. -Sam... Querido.- Rio Mark, aun disfrutando el molestarle, pero instantáneamente volvió a poner una expresión triste. -Mark... ¿Estás preparado para sufrir? -No puedes hacerme sufrir más.- Volvió a sonreír bajo la bufanda, como si esa caída hubiese acabado con la poca cordura que le había quedado de la noche. Aun con la sonrisa, sus lágrimas resbalaban sin ninguna especie de control. -¿Qué diablos te pasa? ¿No vas a defenderte?- Pregunto Sam, aparentemente decepcionado. -¿Defenderme? Son cinco...- Sonriendo, paso la vista a través del callejón. –No podría hacer nada... -¿Dónde está tu lado presumido? Quería hacerle sufrir... Antes de poder contestar, le llego un golpe al estómago, luego otro y otro. Dos de los otros chicos le sujetaron los brazos, a pesar de que no hacia el esfuerzo de defenderse. La tristeza lo había consumido, el dolor no le significaba nada ahora mismo. Un golpe, dos golpes. Suspiro suavemente, le sonrió a Sam, solo para hacerlo enfadar. Nueve golpes, diez golpes. Comenzó a botar sangre por la boca, susurro algo. Veinte golpes, treinta golpes. Comenzó a sentir mareos, no quería morir, pero sin ellos... Sin nadie a quien querer... -¡¿Te ríes de mí?! ¡Acabo de comenzar!- Le grito Sam, mientras tomaba un tubo de hierro desde el piso. –No te dejare correr nunca más... Los compañeros de Sam se miraron entre ellos, dándose cuenta que ahora solo actuaba por rabia y que se estaba pasando del límite... Pero no dijeron nada. Mark solo sonrió de nuevo. Sam se acercó nuevamente, le miro con odio mientras levantaba el tubo y sonrió cuando lo bajo a toda velocidad. Pero, justo antes de que chocara, un cuchillo se enterró en el brazo de Sam, que grito de dolor. Desde el otro lado del callejón, un chico mayor a ellos les miraba seriamente, con varios cuchillos en las manos. -No puedo creer que hagan esto... Bueno, les detendré. Mucho gusto...- El misterioso joven comenzó a caminar hacia ellos. –Soy Gabriel the Annihilator. ___________________________________________________________________________________________________ Muchas gracias por leer. Personas geniales con historias del mismo género, seria fabuloso si te pasaras a leerles @gabrieljoaquinor @eyelessjack613 @Petacador @creepynightmare @Edup_33 @GloriaSeed @Creepypsicopata @Jadethekiller @stevenlolo @daygger2 @MilyRob @MarcosTheKiller @Seeff @SebasTheDarknes @JesusMarcano3 @SebastianMerca3 @DaimonK_10 @elpranyan @LucianoDamelio @NemelessDark @miguelexe360 @gabrielalahey1 @daygger2 @Seeff @matiasoscuro @superbernatdos @-Mista Con gusto acepto tus críticas constructivas, pero por favor, se maduró y no insultes.
The Annihilators - Cap. 1
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