Para el rock y el metal, el directo suele ser el gran teatro de operaciones. Quizá por ello, Korn ha confiado en los escenarios el rearme anímico y creativo para afrontar una próxima grabación dos años después de su vapuleado último disco, cuya carencia de un título en condiciones (respondía por Untitled) presagiaba grandes desgracias. Es temerario esperar de los californianos aportaciones revolucionarias para el futuro de la humanidad, pero que conste en acta que aún son capaces de ofrecer conciertos con felices dosis de brutalidad, agresión y aplastamiento en medidas proporcionales.
La sala grande de Razz
matazz quedó, el lunes, algo lejos del lleno, y el público respondió al retrato del fan, poco interesado por la actual cotización de aquel nu metal que conquistó mercados hace una década. Un fan al que Korn atribuye grandes expectativas financieras: la joya de la corona del puesto de me merchandising era Alone I play, un DVD en edición limitada del cantante del grupo, Jonathan Davis, cuyo precio ascendía a 200 euros.
Los convencidos de que Korn es aún una efectiva máquina de neo-metal oscurantista quedarían reafirmados: el grupo brindó una hora y media de impacto sonoro incondicional, estrenada a golpe de himno con Right now, y la única tregua la puso el breve momento gaita de Davis, un clásico de la banda. Otra cuestión es su actual momento de inspiración compositiva: Korn basó su poder en el material clásico, en particular de su segundo y tercer disco, y prescindió del fatídico Untitled.
Losas como Did my time y Coming undone (fundida con We will rock you, de Queen), asentadas sobre guitarras en pie de guerra, fogonazos de electrónica gruesa y una batería de potencia inhumana. En el clímax, repescas de Somebody someone, Blind y Got the life, coronadas por una versión más bien sosa de Another brick in the wall, de Pink Floyd. Suficiente para coger fuerzas y volver al estudio.
Saludos! Espero que les guste.
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