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Megan Fox y el chico de la rosa amarilla

Info•7/6/2009
Megan Fox y el chico de la rosa amarilla


Este es un relato escrito por mi, basado en noticia del supuesto chico que intento darle una rosa amarilla en la Premier de “Transformers 2: La venganza de los caídos” y no pudo lograr su cometido.


Toda mi vida no he sido más que un perdedor, nunca he tenido un solo amigo y mis padres apenas se acuerdan de que existo, me miran como si fuera una mancha gris en el universo de sus vidas, un error, algo que no debió haber pasado. Solo tengo 13 años y ya me sentía hastiado de vivir, sentía que jamás podría ser feliz hasta el día en que ví Transformes y la ví a ella, a la hermosa, diosa, única y ni remotamente comparable con Angelina Jolie (ya quisiera Angelina ser tan linda como ella), Megan Fox. Me había enamorado profundamente de ella, llegue a ver la película unas 53 veces deteniéndome en las escenas en las que aparecía ella, empapelé toda mi habitación con su rostro para tenerla cerca de mí y jamás olvidar su cara y su bello cuerpo. No podía sacarla de mi mente, ni extirparla de mi corazón. Hasta que ya nada fue suficiente, Megan tenía que ser mía.








Mi plan era perfecto, en el momento en que Megan me viera con la rosa en mis manos, ella se enamoraría de mí, pensaría que soy el chico más dulce del planeta, el único de sus fans que merece tenerla. Querría que nos casáramos en ese instante, tal vez ir a Las Vegas o a Louisiana porque soy menor, pero a mi no me importaría nada, yo sabría que por Megan iría hasta el mismísimo infierno. Todas las personas que me degradaron, insultaron y humillaron verían que estoy con Megan y se tragarían sus palabras.
En ese momento al pensar todo esto me sentí el hombre más feliz del mundo, sentí que nada podía detenerme, iría a la premiere de “Transformers 2: La venganza de los caídos” y le daría mi rosa a Megan y acabaría de una vez por toda con esta lastrosa vida para pasar el resto de mis días entre el glamour y la felicidad de tener a Megan a mi lado. Nada podría arruinar ese momento.



Ahí me tienen intentándole dar una rosa amarilla a Megan Fox. En ese momento pensé que si ella aceptaba la flor se daría cuenta de que soy un chico muy sentimental, todo un romántico y se enamoraría de mí. Mi vida dejaría de ser una reverenda mierda para convertirse en el sueño de miles de hombres. Mis amigos, familiares, y todos esos hdmp que pensaron que yo moriría jugando al Warcraft ahogado con un sándwich, ahora me envidiarían. Todos esos años de ser un don nadie se verían recompensados cuando la dulce Megan viera a través de este traje gordo y feo que la gente llama cuerpo y pudiera ver mi verdadera alma, que es hermosa de pies a cabeza, que jamás la dejaría sola y siempre tendría tiempo de estar con ella.
Pero el destino es un duro compañero de azar y esta vez me había jugado una mala pasada; justo cuando voy a darle la rosa uno de sus guardaespaldas me arrebataba de mi meta, sentí que mi corazón latía a dos mil por hora, sentí que si no hacia algo todo mi mundo, toda mi ilusión todos esos meses de no dormir por imaginar este momento me terminarían consumiendo.



En ese momento pensé: “Esta bien, esto no va a detenerme. Este es el momento por el cual esperé toda mi vida, estoy seguro de que Megan verá esta rosa amarilla y me verá a mí y entonces toda esta horrible pesadilla habrá acabado”. Pero no fue así. Una luz de un flash, una terrible luz que presagiaba el final del camino, iluminó la cara de Megan apartándola de mí. Un gran silenció inundo mi alma, todo a mi alrededor se movía a gran velocidad, sin embargo yo me había detenido como un reloj que se para porque ya no tiene más batería marcando la hora en la que se detuvo. Así me quede, era el vivo retrato de un hombre destrozado. Mi sueño se quemaba delante de mí.



Megan subió al auto y yo me quedé con la rosa en la mano. Me arrodille y en ese momento me sentí como Luke Skywalker negando una verdad que jamás podría ser negada y exclamé:

-NOOOOOO!!!!!!!

Mis lágrimas cayeron al suelo, mi dolor era tan grande que todos los ruidos del mundo ahora eran silencio, mis ojos se nublaron tanto que sentí que jamás los hubiera usado.
Mi abuelo una vez me dijo “que todos al menos una vez en la vida estamos destinados a hacer algo grandioso, algo que haga valer nuestra existencia y si logramos hacerlo toda
nuestra vida tendrá significado porque no hay nada peor que vivir una vida que no valga nada, que no merezca ni siquiera el párrafo de tu obituario”.
Ahora no era nada, solo un cuerpo y un alma destrozada. Ahora pertenecía a la larga y extensa fila de hombres que mi abuelo solía llamar perdedores, cobardes, hombres que no tuvieron el valor o la constancia suficiente para alcanzar sus sueños. Ahora era menos que la nada. Mas tarde volvería a casa caminando, limpiándome las lagrimas, me recostaría y vería algún episodio de The Big Bang Theory hasta dormirme y a la mañana siguiente continuaría con la farsa, a vivir la patética vida a la que estoy destinado por no haber dado la talla.
Hay muchas cosas que olvidaré en mi vida pero jamás olvidare el momento en que casi le di esa rosa a Megan, en que casi fue mía, en que me fue arrebatada, jamás olvidare ese terrible momento, aunque mi corazón me lo pida. Jamás lo olvidaré.



Fuente: escrito por mí








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