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Este es un copilado de historias de terror que te va a hacer cagar en los pantalones. Disfruten


Las Luces




Esta historia me la contó una chica de unos 16 años, y no le sucedió a ella, sino a su madre, una española que emigró a Alemania para buscarse la vida, teniendo que alquilarse una casa con su joven esposo que apenas tenía comodidades.
Eso sí, tenía visitantes misteriosos.
Al principio sólo eran sonidos, rasguños en la almohada que mantenía abrazada mientras trataba de descansar después de tantas horas de trabajo. Le asustó, cierto, pero mantuvo la calma y pensó que era su propio agotamiento el que la hacía tener alucinaciones auditivas. Los rasguños en la cama no son tan inhabituales ¿no?. Muchos los hemos oído. Son visitantes que quieren comunicarnos que "están ahí también, que no estamos solos".
La joven vivió con esa extraña experiencia unos días y terminó por acostumbrarse, pero una noche ocurrió algo terrible. Estaba tumbada en la cama, descansando, su marido estaba afeitándose en el cuarto de baño, y de pronto unas lucecitas de un tamaño algo mayor que el de las canicas, blancas azuladas y brillantes, comenzaron a salir de debajo de la cama.
Subieron, ascendieron hasta ponerse encima de ella, y bailaron.
La chica las miró estupefacta, tragó saliva y respiró profundamente. ¿Qué era aquello? ¿De dónde salían? ¿Qué las producía?
Y entonces las luces comenzaron a bailar con movimientos más bruscos, y una poderosa fuerza salió de ellas. La chica notó esa fuerza en puñetazos y patadas invisibles que la golpeaban y estampaban contra las paredes... Gritó, y su marido se cortó con la gillette. Cuando él iba a salir la puerta del cuarto de baño se cerró de golpe.
La joven española emigrante sufrió una paliza que la dejó destrozada, y no pudo hacer una denuncia, porque en qué comisaría de policía iban a escuchar semejante historia sin echarse a reir.
No volvió a ocurrirle porque volvió a España entre lágrimas y terrores.
Durante años jamás contó la historia, y cuando lo hizo, fue para contárselo a su hija -mi confidente-, quien me confesó que su madre no podía hablar del tema sin echarse a llorar y a temblar.
No es para menos. Su hija también lloró al contármelo.


El Aniversario




Esta historia me la contó una estudiante de catorce años en un arrebato de intimidad. El suceso lo vivieron sus padres, a los que llamaremos Angela y Martín (recuerdo sus nombres reales pero ya sabéis...)
Aquella noche Angela y Martín se acostaron como de costumbre. Martín se durmió rápidamente pero Angela tenía el sueño más flojo, de modo que cuando empezaron los arañazos ella los oyó y se puso alerta.
Lo primero que pensó al oir ruidos que no supo identificar debido al miedo, fue que habían entrado ladrones en la casa. Despertó a su marido sin abrir siquiera la luz y le pidió que escuchara y mirara a ver si había entrado alguien al hogar.
Martín se despertó, escuchó y dijo: "Son arañazos, será el perro".
Si apenas hacer movimiento encendieron la luz y vieron al animal dormido a los pies de la cama. No había sido él. Volvieron a apagar la luz pero esta vez se reanudaron los arañazos, y cada vez parecía más claro que se estaban haciendo en la puerta cerrada de la habitación.
Martín dijo en voz baja a Angela que igual era un ratón, y que si era así, lo pillaría, porque los ratones, al ver una luz, se quedaban inmóviles momentáneamente. Y lo hizo, pero la luz demostró que allí no había ratones. Despertaron al perro, que se puso nervioso.
Volvieron a hacer otra prueba y cada vez que apagaban la luz se escuchaban los rasguños sobre la madera de la puerta. Martín decidió abrir la luz y levantarse y, con bastante miedo, según confesaría, se dirigió a la puerta, la abrió y miró ceñudamente a ambos lados. Nada.
Se dirigió hacia la cocina con Angela siguiendo sus pasos. Pensaban en los niños, no querían que se despertaran e intentaron caminar en silencio.
Al llegar a la cocina Angela tuvo un pálpito.
- ¿Qué día es hoy, Martín?
Martín le dijo la fecha exacta.
- Es el aniversario de la muerte de mi madre!. -Exclamó ella.
Angela encendió una vela y rezó y prometió a su madre que por aquel olvido le haría una misa especial para ella. El resto de la noche no se escuchó ni un rasguño más.


El Aniversario




Esta experiencia le ocurrió a un joven francés y a su grupo de amigos. Me lo contó un verano y recuerdo la sensación de elevarme (¡¡¡estaba teniendo miedo!!! cuánto disfruté!)
Pero vamos a la historia:
Se habían reunido para hacer espiritismo y habían adecuado la habitación para que todo fuera más lúgubre. Les quedó bien, iluminados tan sólo por las velas encendidas, los amigos se dispusieron a practicar la ouija y durante un rato se estuvieron divirtiendo. Alguien les contestaba, aquello estaba animado.
Entonces uno de los chicos comenzó a hacer cosas raras y todos dirigieron sus miradas hacia él. El francés que me contó la historia alzó su rostro y vió algo más... algo que los demás no pudieron ver.
Dos fuertes manos aprisionaban la garganta del chico y apretaban, apretaban. La víctima abría la boca y buscaba aire pero nadie supo cómo ayudarle, tenían mucho miedo.
El chico que observaba miró hacia arriba y vió al dueño de esas manos. Tras la víctima, estaba su propio padre muerto años atrás.
El fantasma del padre que asesinaba al hijo más allá de la realidad... en forma de espíritu estrangulaba un cuello que los otros chicos veían desnudo, sin esas manos apretando y apretando...
Al final ocurrió lo impensable. La víctima se soltó de las manos y corrió en dirección a la ventana para lanzarse al vacío. Los amigos actuaron rápido esta vez y consiguieron cogerlo de las piernas salvándole la vida.
No sé qué habrá sido de aquel joven.


Alguien Observando




A la chica protagonista de esta historia ya la conocéis, es aquella a la que hemos llamado Lorena.
Lorena solía pasar muchas horas sentadas frente a un libro o una máquina de escribir o unos folios porque le gustaba leer y escribir. Se metía en su habitación y pasaba allí el tiempo tratando de hacer algo productivo por simple placer.
En ocasiones notaba como si alguien le observase desde atrás. La sensación era tan fuerte que no podía evitar volverse, y allí solía estar su padre, en el umbral de la puerta, observándola en silencio con una sonrisa en el rostro, posiblemente orgulloso de ver a su hija tan entregada a algo.
- ¿Cuánto hace que estás ahí? -Le preguntaba.
- Un ratito. -Contestaba él.
Y así sucedió en muchas ocasiones. Lorena se acostumbró a saber que cuando notaba esa mirada en la nuca, insistente, invisible, detrás estaría su padre mirándola con cariño. Era bonito vivir una sensación así.
Un día escuchó su nombre.
- ¿Qué? -preguntó al tiempo que giraba el rostro.
Se asombró de ver que no había nadie, y entonces se preguntó si había escuchado una voz de hombre o de mujer y no supo contestarse. No le dio más importancia y siguió con sus quehaceres.
Volvió a ocurrirle, y esta vez notó que la voz estaba "pegada" a su oído. Quien hubiera dicho "Lorena" lo tenía que haber dicho en un susurro firme justo en su oreja. Pero no había nadie, estaba completamente sola en la habitación. Tampoco esta vez hubiera sabido concretar si se trataba de una voz femenina o masculina pero lo que sí tenía claro era que lo había oído lo suficientemente fuerte como para arrancarla de sus pensamientos.
Su padre murió. Alguien le dijo que aquella casa estaba llena de espíritus que desde hacía mucho tiempo esperaban la llegada de su padre, y más tarde tendría oportunidad para comprobar si aquello era cierto o no... pero esta es otra historia, no quiero desviarme.
Lorena estaba una tarde en su habitación cuando notó a su padre en el umbral de la puerta. Se giró porque sabía que estaba ahí, como siempre, y la sonrisa desapareció de su rostro cuando recordó que su padre ya no estaba. Sintió un escalofrío porque sabía que aquella sensación había sido tan vívida y tan fuerte como cuando el hombre estaba vivo, y no supo qué pensar.
De nuevo y durante un tiempo, siguió escuchando a alguien llamarle al oído y también la mirada clavada en la nuca, pero de nuevo y durante todo ese tiempo que duró, allí ya no había nadie.


Muertas Mutuamente




Esta es la historia de dos amigas que desde que tenían sólo nueve años jugaban con el tablero de la oui-ja. Cuando relató esta historia, tenía tan sólo 13 años, y el hecho había ocurrido hacía apenas unas semanas. Yo os relataré su historia... ojalá la protagonista lea esta historia y nos pueda dar más detalles.
Las dos adolescentes entraron en una casa abandonada con el fin de invocar a algún espíritu, pero en esta ocasión, al contrario que las veces anteriores, en vez de venir un espíritu benigno, vino uno maligno.
Aquel espíritu, mediante el tablero, les ordenó que hiciera lo que él les ordenaba o las mataría. Le preguntaron alucinadas qué quería. "Mataos mutuamente" fue su contestación. No dudaron en decirle que se fuera, pero el vaso se movía enérgico una y otra vez hacia el NO del tablero.
Tras varias negativas rotundas, el vaso paró en seco y ellas se miraron preguntándose qué estaba ocurriendo. Entonces ocurrió. Al final de la escalera de aquella casa abandonada había un fantasma. Llegaron incluso a hacerle una fotografía. En aquel mismo momento escucharon un crujido y al girarse vieron que el vaso de cristal se había roto. Al mismo tiempo el fantasma desaparecía.



Premoniciones




Esta historia la vivieron Marjorie Tillotson y su hija Hellen, de 26 años.
Hellen vivía en un edificio de apartamentos al otro lado de la calle donde vivía Marjorie.
Una noche, Helen dormía profundamente cuando se despertó al escuchar fuertes voces. Era su madre que gritaba "¡Helen ¿estás ahí? ¡Déjame entrar!".
Helen se dirigió a la puerta y al abrir se encontró con su madre nerviosa. Marjorie quería saber por qué Helen había llamado a su puerta unos minutos antes.
Helen miró a su madre estupefacta. Ella no había salido, no había ido a casa de su madre, no había llamado a su puerta. Es más, se había acostado a las 11 de la noche y no despertó hasta ese momento.
Marjorie, alarmada, le dijo que aquello no era posible porque ella le había visto y había hablado con ella. Es más, según Marjorie, Helen le dijo que fuera inmediatamente a su casa sin hacer preguntas.
Entonces un estruendo las dejó atónitas y madre e hija corrieron para asomarse por la ventana: en la acera de enfrente, había había un escape de gas y como consecuencia había provocado una explosión en el edificio donde vivía Marjorie!.
Si en el primer caso Marjorie salvó la vida, aquí de nuevo hay un caso de premonición que... será mejor que leáis la historia:
El 20 de octubre de 1966, una niña galesa de 9 años llamada Eryl Mai Jones, le dijo a su mamá que había soñado que iba a la escuela y al llegar vio que el edificio desaparecía, que "una cosa negra la había aplastado". Al día siguiente fue a la escuela como de costumbre y... medio millón de toneladas de carbón de desecho se deslizaron sobre el pueblo minero matando a 139 personas, la mayoría niños, y entre ellos Eryl.



Salvaje Asesinato




Hace unos años en el pueblo de La Eliana, Valencia, una mujer pasaba unas horas en casa de unos amigos a los que tenía especial cariño por lo amables y atentos que eran. Los conocía desde no hacía mucho tiempo y estaba en esa fase en la que quieres pasar mucho tiempo con las nuevas amistades. Generalmente las horas se pasaban tan rápido que la mujer a veces se quedaba a cenar con ellos, previa llamada telefónica a su casa para avisar que le habían invitado y que la esperaran un rato más tarde. Aquellos días eran de auténtico relax, disfrute y mucha amistad.
Un día entre semana, en compañía de aquellos amigos, miró el reloj y dijo que se iba a marchar un momento a recoger a su hija al tren pero que luego volvería para pasar un rato más con ellos. Cogió su coche y se marchó a la estación del tren.
Su hija, llamémosle A., había llegado apenas tres minutos antes y al ver que no había nadie para recogerla se le ocurrió pedirle a un amigo que vio en la estación que la acercara a casa. Los coches debieron cruzarse y la madre llegó a la estación. ¿Por qué se quedó esperando al próximo tren? no lo sabe ni la propia madre. Podía perfectamente haber regresado a casa de sus amigos o a su propia casa para verificar que su hija había perdido el tren, pero en vez de esto se quedó en la estación, dentro de su propio coche... esperando.
Y esperó tanto que cuando llegó el siguiente tren y vio que la hija no bajaba de éste, arrancó el coche y se marchó, pero MIRÓ EL RELOJ y decidió que por esta noche se iría directamente a casa. Mañana ya volvería a disfrutar de sus amigos.
En casa se encontraron madre e hija. La madre le confesó a su hija que de no haber quedado con ella en el tren o, más aún, de no haber esperado al siguiente tren, seguramente aquella noche la pasaría cenando en casa de tan interesante matrimonio. No lo dijo enfadada, mañana podría verlos otra vez.
Al día siguiente la hija, su hermana y el padre de ambas cogieron el coche para marcharse a la capital a trabajar. Justo cuando salían sonó el teléfono que cogió la madre y no les dejó marcharse. "Era la hermana de xxxx (su amiga, la señora del matrimonio), dice que está preocupada porque no cogen el teléfono. Pasad por allí a ver si ha pasado algo y luego me llamáis para que le diga qué pasa".
Así, salieron de su casa y se dirigieron hacia la casa del matrimonio. El padre aparcó el coche, la hija A. bajó de este y vio la verja ENTREABIERTA. Dentro estaban los coches y parecía que todo iba bien. Al llegar a Valencia llamaron a la madre para decirle que daba la impresión de que estaban a punto de salir dado que la puerta ya estaba abierta, pero que no habían llamado.
Poco más tarde la mujer recibió de nuevo una nerviosa llamada telefónica de la hermana que no sabía nada. Por favor -le pidió- ve a ver qué pasa. Este matrimonio tenía que haber ido a recoger a la señora del teléfono al hospital, donde estaba ingresada desde hacía unos días, aquella misma mañana y no daba señales de vida.
La mujer, (madre de A) cogió su propio coche y se dirigió a la casa de sus amigos. Al llegar vio también la verja entreabierta y los coches dentro de la parcela particular. Entró llamándoles por su nombre de pila (que obviaré aquí por respeto) y llegó hasta la puerta de la casa. Aquella puerta también estaba abierta y mientras les llamaba en voz alta siguió entrando... hasta la cocina. No había nadie. Entonces giró la cabeza y sus ojos vieron algo que casi se negaron a creer. Al otro lado, en la habitación matrimonial, dos cuerpos yacían asesinados. Él, atado con cuerdas y la cabeza cortada al parecer con un hacha; ella, atada y con un pañuelo en la boca, parecía que se hubiesen ensañado con la mujer especialmente.
La mujer gritó hasta quedarse afónica "llamen a la policía" y así salió de la casa llorando y pidiendo ayuda. Cuando llegó la policía, uno de los oficiales que entró tuvo que salir a vomitar. Tras la investigación se le dijo una cosa muy importante a la madre de A. "quienes asesinaron a la pareja no querían testigos, de haber pasado aquella noche cenando con ellos hoy no estaría con vida".

Reflexionemos:
- Si A. hubiera esperado a su madre en la estación, ésta, tras dejar a su hija en su hogar hubiese vuelto a casa de sus amigos porque le sobraba tiempo.
- Si la madre hubiese ido a casa a comprobar si su hija estaba en casa, al estar ésta tan cerca de la de sus amigos, habría ido a cenar con ellos.
- Si la madre no se hubiese quedado a esperar al próximo tren -de modo que se le hiciera tarde-, se hubiera ido de nuevo a ver a sus amigos.

Según la investigación policial aquello pasó en la misma noche, no se forzaron las cerraduras, quienes entraron conocían a la pareja, y la madre de A. estaría muerta.


El Presentimiento




Era de noche y María aún no había tenido a su hijo (de ella os he contado la historia de "La noche de San Juan". Embarazada como estaba y sensible por duplicado, María trataba de dormir y se daba cuenta de que NO podía. Su marido dormía tranquilo a su lado, ambos estaban de espaldas, una contra otra, y de ese modo él no se percató cuando María comenzó a llorar y a llorar...
La imagen de su padre fallecido le vino a la mente, y lloró en silencio por él, porque le echaba de menos, porque le estaba recordando y hubiera deseado que conociera al hijo que iba a tener.
La cuestión es que lloró tan en silencio como pudo pero notó que el hecho de que la imagen de su padre le hubiera llegado tan de pronto era algo más que extraño.
Un par de días después estaba en una tortillería tomando un aperitivo con su marido, su hermana y su cuñado. Allí hablaron de un par de cosas y de pronto el cuñado la miró y le dijo: "¿A que no te has acordado del aniversario de la muerte de tu padre?".
Tan perdida en el tiempo como estaba María preguntó:
- ¿Cuándo fue?.
La respuesta le dejó helada:
- Anteayer.
Tragó saliva y abrió los ojos como platos: "Anteanoche estuve llorando y recordando a papá", dijo ella emocionada, y no sabía qué fecha era ni por qué me había llegado ese recuerdo tan fuerte de él."
Cuando ya tuvo a su hijo, estaba una noche dándole un biberón tardío en la casa silenciosa. Estaba sentada en un sillón y tenía a su bebé medio dormido, que chupaba de la tetina sin abrir los ojos.
Estaba muy cansada, muy muy cansada, y creía que se iba a quedar dormida, pero los dolores del reciente parto y la flojedad le hacían llorar constantemente porque María soportaba muy mal el dolor.
Entonces una paz interior llegó hasta ella inundándola, el dolor desapareció por unos instantes, y una alegría injustificada la sucumbió de golpe... frente a ella, lo sabía, estaba su padre. No era visible, pero podía sentirle, y además de eso, podía notar su amor.


Los 4 puentes




Rebeca tenía dos abuelos a los que adoraba, pero ahora están muertos. Y sobre ellos es la historia que os voy a contar.
Un día el abuelo falleció y la abuela quedó como un alma en pena vagando por la casa que habían compartido tantos años en amor y armonía. Aún tenía familia por supuesto, pero no era lo mismo. La abuela tenía mucha confianza en Rebeca, tanta que terminó confesándole algo que le ocurría: soñaba con su marido muerto.
"Hay cuatro puentes, y al final de los puentes está él, alargando la mano para que vaya con él".
Pasaron los días y los meses, y una noche fue Rebeca la que tuvo un sueño extraño:
Era pequeña y entraba a un ascensor con su abuela. Iban cogidas de la mano y el elevador ascendía pisos y pisos. Una especie de viaje sin retorno puesto que el ascensor no era familiar para Rebeca. No sabía cuántos pisos habían ascendido cuando, de pronto, el ascensor se paró y se abrieron las puertas.
La abuela soltó la mano de Rebeca y salió. Ella trató de avanzar pero su abuela le dijo: "No, tú no vienes conmigo". La abuela le sonrió en su sueño y aquí terminó todo.
Cuando Rebeca se despertó por la mañana su abuela había fallecido la misma noche. En el sueño se había despedido de ella.
Y me preguntaréis, ¿qué tienen que ver los cuatro puentes en esta historia? Cada puente es un mes. La abuela falleció cuatro meses después que su marido, o sea, cuatro puentes después... y recordad que ya os lo decía ella en su sueño: al final de los cuatro puentes, su fallecido marido le tendía la mano.


El hambre es muy fuerte




Lo que les voy a contar a continuación nos paso a todo un grupo de jóvenes, 4 chavos (Luís, Mario, Roberto y yo Eric) y 2 chicas (Ingrid y Alondra) la mayoría de entre 19 y 20 años estudiando la universidad, salimos a acampar a la sierra de la laguna en Baja California Sur la cual cuenta con venados, liebres, zorrillos, gatos monteses, muchas especies de reptiles, y varios animales mas….nuestro objetivo era descansar, hacer ejercicio, respirar la naturaleza, y tomarle fotos a todo el distinto tipo de fauna que se encuentra.

Una vez preparados con nuestras mochilas con alimento para 2 días, ropa interior extra, abrigos, casa de campaña y otros objetos útiles, salimos rumbo a la sierra, dejamos la pick-up en la falda de los primeros cerros para caminar el resto. Toda la mañana nos la pasamos tomando fotos a todos los animales que había, incluso algunos insectos, las cosas chuscas que hacíamos, paisajes, en fin que con lo entretenidos que íbamos nos adentramos rápido a la zona con mucha vegetación, seguimos el camino del rio y solo hicimos una parada para comer a eso de las 3 p.m., como a las 4 volvimos a seguir subiendo siguiendo el rio, en eso de las 6 cuando el sol ya empezaba a descender para ocultarse vimos pasar varios venados, uno en particular nos gusto que era un cervatillo de unos 4 meses mas o menos que corría con su madre, nosotros solo nos quedamos quietos tomando fotos, después de que pasaron decidimos quedarnos ahí a alzar la casa de campaña antes que oscureciera, a los quince minutos oímos unos ruidos fuertes como de un animal salvaje atacando a los venados, nos llamo mucho la atención el del otro animal ya que parecía ser como de humano y un jabalí, y aparte el del venado que si logramos reconocer, después que ceso el ruido seguimos con la casa de campaña y por el miedo al ruido del animal extraño decidimos hacer una fogata.

Como no volvimos a oír el ruido nos tranquilizamos, nos reunimos en la fogata a cenar y a contar varias experiencias que hemos vivido, así nos la pasamos hasta altas horas de la noche que empezábamos a cerrar los ojos de lo cansados que terminamos y el sueño que empezaba a dominarnos, en eso que empezamos a apagar la fogata cuando volvimos a oír como si le estuvieran haciendo mucho daño a un venado, el ruido a pesar de oírse lejos nos asustaba por que no se oía mucho sufrimiento por parte del venado, queríamos ir y ayudar pero por la oscuridad y el miedo que nos había dejado el ruido que produjo el otro animal nos quedamos solo oyendo y muy atentos a lo que pasaba a nuestro alrededor, cualquier animal ò ruidito que escuchábamos cerca nos hacia abrir los ojos y ponernos muy alertas, nos imaginábamos muchas cosas. Después de dos horas el ruido de dolor dejo de escucharse, nos quedamos viéndonos unos a otros, con cierto temor volvimos a prender la fogata ya que nadie quiso quedarse en la casa por que presenciamos que el animal salvaje podía estar cerca ò venir hacia nosotros, cosa que al paso de las horas y al no saber de nada de ningún animal nos volvía a vencer el sueño, entramos todos de nueva cuenta a dormir y uno a uno nos fuimos durmiendo hasta que yo ya no supe de mi.

Al amanecer creo que fui el primero en despertarme y con la misma empujaba a Ingrid que estaba a mi lado para que despertara al que estuviera a su lado y todos nos levantáramos, después de estirarme acostado vi sentarse a Ingrid que brincando como un resorte y en voz alta nos decía “alguien entro”, todos enseguida nos paramos y salimos a ver que todas nuestras mochilas estaban regadas en todo el campo, nuestra comida estaba desbaratada como si un animal hubiera estado buscando comida en nuestras cosas, estábamos muy preocupados y a la vez con cierto alivio ya que solo habían sido nuestras pertenencias, cuando nos tranquilizamos supusimos que había sido un reptil, un cerdillo ò algo parecido ya que no nos hizo daño a nosotros, recogimos y organizamos las cosas, por suerte que habíamos llevado comida enlatada y eso era nuestro consuelo, una vez que desayunamos atún con verduras enlatas iniciamos la caminata ya de regreso pero tomando otro camino para tratar de ver mas animales.

Después de una media hora de caminar vimos una pequeña cabaña que por su apariencia se veía que ya tenia muchos años ahí ya que estaba muy deteriorada, como nos íbamos acercándonos para ver si alguien podía vivir ahí nos detuvimos al visualizar cuernos y esqueletos de venado con sangre, nos miramos y proseguimos ya que solo nos imaginábamos a un cazador, pero eso si estábamos atentos hasta que nos acercamos lo suficiente para oír un ruido como entre de cerdo y un humano masticando fuerte y saboreando algún alimento, nadie quería acercarse mas, solo Mario y yo que éramos mas aventados quisimos asomarnos por la entrada a la cabaña la cual no tenia puerta y estaba medio oscuro, solo los pocos rayos del sol que asomaban nos dejaron ver lo que aun en mi mente tengo grabado, era una anciana totalmente desnuda que comía del suelo una parte del venado, toda su boca y sus manos tenia escurriendo de sangre, al parecer no nos había escuchado ni visto por que no paraba de comer, Mario y yo paralizados seguimos observándola como embrujados, como si tuviéramos mucho peso en nuestras piernas, yo por mi parte sentía que nos volteaba a ver y nos atacaba, deseaba muy en el fondo que no se diera cuenta de nuestra presencia, quería desaparecer de ahí, quería correr, pero sentía mucho asombro y este mismo me hacia temblar e intimidar a mi fuerza, mi conciencia, solo inmóvil permanecimos como si el tiempo se detuviera. Después que la poca iluminación nos dejara ver mas pudimos observar con detalle que era una anciana alta, delgada, con una joroba un poco peluda, con uñas muy sucias, gruesas y quebradas. Se detuvo y empezó a olfatear algo, Mario y yo sabiendo que con seguridad éramos nosotros retrocedimos como si un animal salvaje nos estuviera asechando, una vez que dejamos de verla caminamos a paso veloz hacia los demás pero fue demasiado tarde, cuando estábamos a unos pasos de ellos no nos veían a nosotros sino que se encontraban petrificados, veían a nuestras espaldas a la anciana que había salido ya de la vieja cabaña y se encontraba parada mirándonos a todos, su aspecto era terrible como sacado de una película asquerosa de caníbales, con una mirada penetrante y con una voz gutural nos grito “váyanse malditos”, “es mi comida”.

Nosotros inmutados solo nos hicimos señas de que teníamos que irnos pronto, nos alejamos sin darle la espalda a la anciana que nos tenia muy ciscados, cuando dejamos de verla casi corrimos por 5 minutos hasta que resbalo Alondra, nos detuvimos y descansando comentamos el asombro que nos había dejado la anciana con su aspecto tan ancestral y salvaje, todos queríamos hablar al mismo tiempo, estaba claro que nos impresiono mucho y que no habíamos visto algo así en nuestra vida, su alborotada cabellera y sus escasos mechones de pelos canosos por todos lados, en la joroba, en el pecho, el la entrepierna, y en los brazos, era muy real, sentíamos su presencia por todos lados como si nos hubiera seguido y nos estuviera vigilando. Alondra llorando nos callo y pidió que nos retiráramos de ahí, se sentía muy asustada, cansada y arrepentida de haber ido a la cabaña, nos disponíamos a marcharnos cuando oímos a lo lejos el ruido de un venado que era atacado, de antemano sabíamos que era muy posible que la anciana de nueva cuenta estaba capturando una presa mas para comer, de un brinco nos dispusimos a correr otra vez pero algo nos detuvo, no era un venado normal, era el ruido de un cervatillo, en seguida nos imaginamos al que vimos pasar y nos había encantado tomarle fotos, así que Mario armado de valor nos detuvo y muy decidido nos dijo que fuéramos a liberarlo, nadie quería ir, solo nos mirábamos unos a otros, entonces Mario agarro camino y solo pidió que nos fuéramos derecho, que el llegaría corriendo una vez que liberara al cervatillo, le gritábamos para que regresara ya que era una locura, como no nos hizo caso les dije a los demás que agarraran este camino derecho y se fueran a paso veloz, que tenia que acompañarlo, cuando iba corriendo hacia Mario solo me preguntaba que por que lo hacia, por que íbamos a liberar al cervatillo, y lo que mas me preocupaba era saber como es que hizo la anciana para capturar a todos esos venados…..

Cuando alcance a Mario ya estábamos cerca de la cabaña y no se veía a la anciana solo el cervatillo que estaba amarrado en una especia de liana, Mario silenciosamente tomo una pequeña navaja que traía, la corto y con la misma se echo a correr el cervatillo, una vez que se fue nosotros también no quisimos averiguar donde pudiera estar la anciana solo corrimos y corrimos a la vez que escuchamos un grito muy histérico proveniente de la anciana que decía: “mi comida”, “mi comida malditos”…., no paramos de correr hasta que llegamos con los demás y seguimos en paso veloz hasta llegar a la pick-up, ahí decidimos descansar, estábamos muy agotados, por lo que nos tumbamos en el suelo, Mario nos confeso que cuando libero al cervatillo vio a lo lejos a la anciana que lo miraba encolerizada.

Después de descansar y platicar de nuestra horrible experiencia, empezamos a subir todo para irnos, Alondra e Ingrid estaban adelante esperando a Mario que checaba el motor para subirse y manejar, Luís, Roberto y yo estábamos acostados en la caja esperando a que encendiera el motor Mario para irnos, la pick-up se sacudió por un momento a lo que no se me senté para ver que pasaba, no podía ver a Mario por lo que el cofre levantado, las chicas en el asiento de adelante estaban casi acostadas con los ojos cerrados, no le di importancia y me recosté otra vez hasta que se azotó el cofre y gritaron las chicas, nos paramos de un brinco todos y fue ahí donde el terror se sembró muy adentro de nuestro pecho, la imagen de la anciana que atacaba la cara de Mario nos dejo en shock, sus pocas fuerzas pudieron cerrar el cofre para que lo ayudáramos, pero el miedo nos gobernaba al ver que su boca abarcaba casi toda la cara de Mario era como si sus fauces se abrieran de una manera anormal , las manos de la anciana encajadas en las costillas de Mario lo levantaban con tal fuerza que no parecía ser de este planeta, nos tenia intimidados esa imagen hasta que Mario desfalleció, la anciana despegando su boca de la cara nos miro con un odio y llena de sangre, las chicas salieron torpemente, una cayéndose encima de otra y corriendo en pánico, nosotros brincando de la caja también caímos y a rastras volteamos y como gateando nos alejamos, después a lo lejos se veía la anciana con el cuerpo de Mario que parecía un muñeco y sangraba de las costillas y sobre todo de su cara, antes de perderse entre los árboles la anciana solo dijo: “aléjense de mi comida malditos”.



PD: Las imagenes estan puestas con el proposito de hacer una idea, no es que eso haya pasado en el texto solo fueron puestas porque la imagen contiene algo de la historia o titulo.



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