Nos encontramos ante uno de los expedientes-x más controvertidos en el mundo de las guitarras eléctricas; los agujeros de la Gibson Les Paul, conocidos técnicamente como “weight relief holes”
La Les Paul es una de las mejores guitarras eléctricas de cuerpo sólido que jamás se han diseñado, siendo su edición de 1959 una de las vacas sagradas en el mundo de la guitarra; cuerpo de caoba, tapa de arce rizado tallada a mano, mástil encolado en una sola pieza con long tenon, diapasón de palorosa brasileño y las míticas pastillas PAF. El conjunto ofrecía un precioso tono medioso con sustain masivo. Sin embargo tenía un serio handicap; el cuerpo sólido de caoba le daba todo ese sustain pero la convertían en una de las guitarras más pesadas del mercado, de entre 4,5 y 5,5kg, privándola de ser el éxito comercial que siempre se había esperado.
En un momento indeterminado en la década de los 80 empezaron a aparecer en el mercado Gibson Les Pauls que curiosamente eran más ligeras que cualquier modelo anterior o imitación de sus competidores. A finales de los años 90 saltó el escándalo; para aligerar la Les Paul, Gibson había estado taladrando en secreto 9 soberanos agujeros en el interior del cuerpo de caoba (donde no se puede ver), cual queso de Gruyere tal y como se puede apreciar en radiografía adjunta. Nacían los tristemente célebres “weight relief holes” o agujeros para aligerar peso.
Teniendo en cuenta que hablamos de una guitarra que ronda los 2000€ en su versión más barata podríamos considerar que se trata de una gran estafa a los clientes de Gibson. Más aun si consideramos que era una guitarra que se revalorizaba con el tiempo hasta que se constató la presencia de agujeros.
No se sabe con exactitud desde que año se vienen taladrando los agujeros porque evidentemente Gibson nunca lo hizo público. Hasta el año 2008 el fabricante no especificó la presencia de agujeros en sus modelos, salvo curiosamente en los pocos que quedan sin ellos donde aun hoy, se esmera en recalcar que no tienen agujeros. En el libro “50 años de Gibson Les Paul” de Tony Bacon, una de las mayores autoridades en guitarras eléctricas, se afirma que los agujeros empezaron a practicarse desde 1982, siendo 1981 la última hornada de cuerpos completamente sólidos. Otras fuentes apuntan a 1998 como inicio de la mala praxis. No se cual de las dos fechas es la correcta, se sabe con seguridad que desde 1998 todos los modelos de Gibson Les Paul, repito “todos”, excepto las reediciones históricas de la custom shop que rondan los 6000€, están barbarizadas con 9 agujeros. “Todos” incluye todas las standards, classics, customs, studios, double cuts y resto de extraños modelos de nueva generación. El caso de la class 5 de la custom shop es aun más grave con 17 de estos agujeros.
Gibson salió a la palestra a finales de los 90 con una insólita explicación; los maderos de caoba ligera se habían vuelto escasos y caros, así que haciéndose eco de las reivindicaciones sobre el peso de la Les Paul por parte de sus clientes, decidió separar las caobas ligeras y enviarlas a la custom shop para fabricar las reediciones históricas, mientras que las tablas pesadas serían taladradas sin decir nada y usadas en el resto de los modelos. Alegó que su departamento técnico había comprobado en exhaustivas investigaciones que no había diferencia sónica apreciable entre taladrar agujeros o no taladrarlos. Tal aseveración parece ridícula cuando hay quien clama al viento por las diferencias tonales entre poner piezas de cola de hierro y aluminio, entre si el diapasón es de palorosa o ébano, entre pasar las cuerdas por debajo o por encima de la pieza de cola, entre usar potenciómetros CTS o de otra marca y un largo etc. Esos 9 agujeros, al menos en teoría, deberían castigar el sustain, cambiar algo el tono y restar bastante valor a una venta de segunda mano. Tal vez las diferencias no sean apreciables a simple escucha pero esos ínfimos detalles son los que marcan la diferencia cuando hablamos de gamas altas.
Lejos de rectificar, Gibson ha seguido perforando la caoba despiadadamente e incluso corrieron rumores, tras la sorprendente ligereza de algunos modelos como la serie “Les Paul Classic Antique”, de que se habían ido agrandando hasta convertirse en auténticas cámaras de resonancia. En algunos casos como en el de la Les Paul Supreme las cámaras estaban hechas a posta y así se indicaba en sus especificaciones pero en otros casos, como el de la Smartwood Studio, se comprobó que los agujeros de Gruyere habían pasado a ser cámaras sin previo aviso o advertencia.
En conclusión, que para conseguir una Gibson Les Paul sin agujerear, un purista tendría que adquirir una fabricada antes de 1982 o pagar un millón de las antiguas pesetas en la custom shop. Otra opción sería acudir a una imitación de calidad como las Tokais japonesas o las Epiphone Elitist japonesas, fábrica que curiosamente es propiedad de Gibson. También podría acudir a un luthier tal y como hizo Slash, que adquirió una copia hecha por Chris Derrig y que fue usada para grabar el Appetite for destruction.
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