El ladrón estaba en el baño
Lo asaltan dos veces en media hora
Esta madrugada saquearon un negocio céntrico. Como es de rutina la policía fue al lugar y recabó datos. Pero uno de los cacos quedó oculto en el local y asaltó al dueño del comercio otra vez.
Un comerciante local vivió hoy una de esas jornadas malditas. Cerca de las 4 su negocio fue saqueado y minutos después volvió a ser víctima de un asalto a manos de un rufián que había quedado oculto en el interior del inmueble.
Era plena madrugada cuando sonó el teléfono en casa del empresario. Como se sabe a esa hora generalmente trae malas noticias. Y fue así nomás. Del otro lado de la línea escuchó una voz que se identificó como de la policía: “venga que su local está abierto y todo revuelto”, le dijeron.
Con la urgencia el caso el hombre abandonó su reposo y partió hacia el centro, más precisamente al negocio Bode Comunicaciones -el que se dedica a la comercialización de teléfonos celulares e insumos-, ubicado en San Jerónimo 2700, al lado del hotel Holiday Inn.
A poco de arribar lo estaban esperando agentes del Comando Radioeléctrico y de la seccional 1ra. El o los delincuentes ingresaron al comercio tras violentar la puerta de blíndex. “O la forzaron con una barreta o utilizaron una ganzúa”, le explicaron.
Una vez en el interior los cacos rompieron las cerraduras de las vitrinas de acrílico y se alzaron con gran cantidad de artículos que estaban para la venta. Claro que también en su búsqueda por objetos de valor provocaron un gran desorden.
Cumplidos los trámites de rigor los agentes policiales se retiraron. El comerciante quedó solo y fue entonces cuando decidió comenzar a poner algo de orden y limpiar el local. Para ello se dirigió hasta el baño y grande fue su sorpresa cuando se topó cara a cara con un malviviente que había quedado escondido.
El sujeto estaba armado con un cuchillo, con el cual de inmediato tomó el control de la situación. Con su víctima reducida le sustrajo su teléfono celular, objetos de valor y unos 1.500 pesos en efectivo, para finalmente darse a al fuga a la carrera.
“¡¿Pero cómo... otra vez hay que ir al mismo lugar?!”, fue el grito del policía que atendió el teléfono donde el empresario reclamaba ayuda.
Para esta altura ya había llegado al lugar Juan Pablo Ferreira, otro socio de la firma. Esta mañana este último aun no había logrado superar la conmoción por lo sucedido.
“Es terrible tener que trabajar así en estas condiciones. Encima la policía vino y se enojaron porque no habíamos visto al ladrón escondido. Yo estoy para vender teléfonos... no para buscar delincuentes. Para eso están ellos”, remató ofuscado.
Diario El litoral de Santa Fe
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