El informático estadounidense John Koza, padre de la llamada “programación genética”, ha conseguido desarrollar una máquina con capacidad inventiva. Se trata de un artefacto que puede realizar en paralelo hasta 1.000 procesamientos, a partir de los cuales genera inventos patentables.
La máquina inventada por Koza funciona gracias a la llamada programación genética --término que él mismo patentó-- y que es una técnica cuya meta es lograr que los ordenadores aprendan a resolver problemas, con programas que evolucionan hasta alcanzar soluciones propias y satisfactorias, como hace el pensamiento humano y, sobre todo, la biología.
La máquina de Koza ha llegado a producir ideas que a los propios diseñadores del código que la hace funcionar jamás se les hubieran ocurrido. Para ello se le ha instalado un método denominado “darwiniano”, que consiste en que el software de la máquina, al enfrentarse a un problema inicial, busque entre los códigos de información que posee aquellos que resulten más exitosos en la consecución de objetivos y soluciones. Si el artefacto debe generar un diseño novedoso determinado para alcanzar la resolución, simplemente lo hace.













