…Y tú no te deslumbres demasiado con estos relicarios. Fragmentos de la cruz he visto muchos, en otras iglesias. Si todos fuesen auténticos, Nuestro Señor no habría sido crucificado en dos tablas cruzadas, sino en todo un bosque. –¡Maestro! –Exclamé escandalizado. –Es cierto Adso. Y hay tesoros aún más ricos. Hace tiempo en la catedral de Colonia, vi el cráneo de Juan Bautista cuando tenía doce años. –¿De verdad? –exclamé admirado. Pero añadí, presa de la duda–: ¡Pero si el Bautista murió asesinado a una edad mas avanzada! –El otro craneo debe estar en otro tesoro –dijo Guillermo con toda seriedad. Yo no sabía nunca cuándo estaba bromeando. En mi tierra cuando se bromea, se dice algo y después se ríe ruidosamente, para que todos participen de la broma. Guillermo, en cambio, sólo reía cuando decía cosas serias, y se mantenía serísimo cuando se suponía que estaba bromeando… El nombre de la rosa Umberto Eco
Fragmentos de la cruz he visto muchos...
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