InicioInfoMasacre de Margarita Belen

Masacre de Margarita Belen

Info8/30/2009

Los cinco estaban muy serios, no hablaban, en un rincón junto a una tumba, solo observaban, como quienes tienen varias preguntas en su cabeza.

Algunos jóvenes y otros no tanto entre 25 y 35 años calculo yo, diría que casi no habían nacido en aquel entonces. Para qué estaban, creo que sí sabían, para cavar. Eran empleados del SAMEEP del Servicio de Agua de la Provincia del Chaco, los llamaron como se dice, de prepo, a hacer un trabajo en el Cementerio San Francisco Solano de Resistencia. Ese día, martes 11 de agosto de 2009, debían estar a las 8 de la mañana en ese lugar.

Sus rostros contraídos nos miraban sin saber quienes éramos y qué hacíamos allí. Seguramente no sabían que hace más de treinta años buscamos una fosa común donde escondieron los cuerpos de nuestros hermanos.

Tal vez nadie les contó, seguramente se enteraron por los medios cuando Resistencia se moviliza en los meses de diciembre, es muy probable que nadie les haya hablado en profundidad sobre las historias de lucha de estos compañeros, por qué peleaban, qué país querían, quienes y porqué los asesinaron.

Ante un nuevo testimonio, estábamos ahí firmes, esperando una vez más la posibilidad de cerrar parte de esta trágica y dolorosa historia.

Un ex Policía de la Provincia del Chaco, Fotógrafo de Criminalística, tal vez sintió que su Dios no le perdonaría llevarse a la tumba un secreto tan guardado por los señores del terror y de la muerte que pisotearon y aún pisotean este querido país, ese pacto de silencio y sangre llamado “desaparecidos” todavía sigue firme. Este señor Miguel Gerónimo Salinas, 71 años, Chaqueño de Makallé, quien vive en Resistencia; por órdenes militares fotografió los cuerpos mutilados, torturados, masacrados de aquellos jóvenes militantes fusilados cobardemente en las cercanías de Margarita Belén aquel 13 de diciembre de 1976.

Salinas es parte de esa historia.

Como a las 12 de la noche del día previo al fusilamiento suena el teléfono en la casa, lo llama su Jefe el Comisario Inspector Virasoro.

- Salinas, prepare todo el equipo, rollos, baterías, flash, que mañana temprano lo pasan a buscar gente del Ejército.
- Qué esta pasando Jefe?
- Salinas, no le puedo dar detalles, usted prepare el equipo.
- Claro señor.

Es increíble la eficiencia de los Servicios de Inteligencia del Ejército Argentino, la noche previa ya sabían que guerrilleros atacarían el traslado de presos políticos a Formosa.

A la mañana del lunes 13 lo buscan Suboficiales en un jeep del ejército. Se dirigieron para la ruta 11 camino a Formosa, a la altura del kilómetro 1043 pasando el ingreso a la localidad de Margarita Belén, Salinas se encontró con la escena macabra que debía registrar. Cuerpos distribuidos por la ruta y los alrededores, autos destruidos por las balas. Bajó del Jeep y empezó su tarea, fotografió uno por uno los jóvenes tirados en la ruta y en los caminos vecinales, fotografió la cabeza destrozada del Flaco Sala por la Itaka de ese “valiente” militar, el entonces Teniente Luis Patetta, quien pensó que de esa manera destrozaría su grandeza, a su lado estaba una mujer, tal vez Emma Cabral, o Delicia Gonzalez o Dorita Noriega, algún día lo sabremos.

Fotografió los cuerpos desparramados por el campo para justificar la farsa de la emboscada y del enfrentamiento, para el lado de Las Palmas, de la Estancia Varela, del Campo de Alcalá y otros. Registró los rostros torturados, sin vida, de Barquitos, del Pato Tierno, de Alcides Bosch, del Carau Duarte, del Colorado Fransen, de Manuel Parodi, de Marito Cuevas, del Lucho Diaz.

A la tarde lo llevaron al Cementerio a fotografiar la obra maestra de impunidad, dejar grabado para su perverso museo de sangre y terror el siniestro lugar donde escondieron nuestros hermanos desaparecidos, al Bocha Pereyra, a Fernando Piérola, al Beto Yedro, a Reinaldo Zapata Soñez, al Gringo Terenszcuk, a Raúl Caire, a Carlitos Zamudio, al Lalo Fernandez, al Mono Vargas y a los demás que pronto sabremos sus nombres. Fueron solo dos fotos dice él, una panorámica cuando tiraban los cuerpos en la fosa, no recordaba el número, pero eran muchos, más de los que vio en la ruta, la otra con los soldados tapándola, como queriendo tapar su historia, su fuerza, su lucha, como queriendo esconder lo imposible.

Si su guerra fue por la libertad por qué tanta mentira?
Si se dijeron Cristianos, porque actuaron en la oscuridad de la noche?
Si lo hicieron por Dios y la Patria, porqué escondieron los cuerpos?
Si se sintieron tan poderosos, porqué fueron tan cobardes?

Esa mañana, antes que la primer palada empiece a cavar, Salinas estaba ahí, junto a Jueces, Fiscales y Abogados, a José Piñero, Mario Bosch, Roberto Mena y otros, todos mirando la tierra, mirando los pisos que posiblemente tapaban la infamia. Salinas tenía la mirada como perdida y fija en el lugar, seguramente queriendo volver atrás, treinta y pico de años cuando retuvo esa imagen que no lo deja pensar, que no lo deja dormir. Tal vez tomó la última foto de Fernando pero sin la alegría y la sonrisa que lo caracterizaba.

- Eran muy jóvenes.” Nos decía. “Tengo sus rostros grabados en mi memoria.”

Me acerqué a él para presentarme y le agradecí su gesto y su colaboración sin saber siquiera si era verdad o no lo que nos estaba diciendo. Aunque durante 33 años guardó esa información, no sentimos odio ni resentimientos, no nos mueve la venganza, nos mueve el amor por esos jóvenes, por lo que fueron, por su lucha, por sus ideales, por sus proyectos para este hermoso país nuestro de cada día.

Nos mueve un profundo deseo por la vida y no por la muerte.

Juan clavó la primer pala, no se qué sentía o que pensaba en ese momento pero si se lo que yo estaba sintiendo y seguramente mis hermanos, sobrinos y amigos que estaban ahí, Alvaro, María Luz, Cristela, Alvarito, Emiliano, Marcela, Dafne (1), Víctor, Julieta, Tapita, Mariela, el colorado Peyrano y otros. Una mezcla de sentimientos, de angustia, de esperanza y de recuerdos, de Amanda (2), que los buscó tantos años y se fue sin poder besar sus huesos, “aunque sea un huesito para llevarlo conmigo”, nos decía, la imaginaba arrodillada pegada a la tierra arcillosa y negra queriendo hablar con sus hijos, haciendo bromas y pidiéndoles que ya salgan de una vez, que no se escondan más, de don Héctor (3) que sufrió todo en silencio y con la sonrisa borrada desde aquel entonces, en María Julia (4), su compañera, que no estaba ahí en ese momento porque estaban operando del corazón a su actual compañero (5).

Ahí estábamos, firmes, con los ojos y el corazón clavados en la tierra que poco a poco se iba abriendo.

Como siempre, ante cada palada, el corazón se contrae, la respiración se hace más profunda, los puños como que se te cierran, la mirada se nubla, humedecida, las palabras no existen, no hacen falta, la esperanza florece y te contagia, cada tanto, unas lagrimas de dolor e impotencia te recorren el rostro..

Después siguió cavando Claudio, y después Carlos; cuando la primera tierra removida se termina, aparece esa tierra negra y arcillosa de esa zona del suelo chaqueño y es en ese instante que Micky (6) para la tarea y decide cambiar a otro lugar y hacer otra trinchera como dicen ellos y nuevamente vuelve la angustia.

La mirada se te fija en cada escombro, en cada piedra, en cada raíz que parece un hueso y te hace saltar y tragar saliva.

Un hueso, es simple así decirlo, pero no son solo huesos, cada uno de ellos allí abajo, escondidos como trofeos de guerra, son vida, son historia, son lucha, son banderas, son futuro que quisieron esconder. Ahí en esa fosa cavada por la soberbia de unos cobardes, esta un proyecto de país que debemos rescatar.

El lugar señalado por el fotógrafo esta pegado a la administración del Cementerio. Hay un patio donde los empleados dejan sus motos y sus bicicletas, también en ese lugar, posteriormente construyeron oficinas, la Dirección, la Subdirección y el pañol de herramientas.

La elección del lugar señalado es difícil de entender, cuántas veces estuvimos parados ahí, lo que lo explica es la impunidad y la soberbia con la que actuaron.
En esta oportunidad, tampoco los encontramos, en el lugar marcado hay un pozo ciego en desuso que habrá que abrir al igual que en las oficinas, cuando los trámites legales se completen y cuando el Equipo Argentino de Antropología Forense pueda agendar una nueva fecha ya que desgraciadamente en este país tiene la agenda completa.

Hay también otros lugares pendientes de abrir, en calles internas, debajo de panteones y otros lugares que surgen de datos que nos llegan anónimamente o por intermedio de ex empleados del Cementerio. Ciertos o no, vengan del lado que vengan, ya sean de buena fe o para desgastarnos y herirnos, no nos harán aflojar hasta que saquemos a la luz toda esa vida escondida, de hermanos y hermanas, de compañeros y compañeras que dieron su vida por este querido pueblo. Ya alguien sentirá después de largos años que no puede guardarse más ese secreto que lo perturba y se acercará a nosotros.

Lucharon con la verdad, de frente, por la libertad de nuestra querida argentina. Al hacerlos desaparecer creyeron que harían desaparecer sus ideales, se equivocaron.
Nosotros los seguiremos buscando, por la verdad, por la historia, por su memoria, por ellos, por nosotros, por las futuras generaciones que deben saber y no pararemos hasta encontrarlos.

Ellos y ellas siempre estarán vivos.
Ellos y ellas nos están esperando.

Otra voz canta
Por detrás de mi voz
escucha, escucha
otra voz canta.

Viene de atrás, de lejos;
viene de sepultadas
bocas, y canta.

Dicen que no están muertos
escúchalos, escucha
mientras se alza la voz
que los recuerda y canta.

Escucha, escucha,
Otra voz canta.

Dicen que ahora viven
En tu mirada
Sosténlos con tus ojos,
Con tus palabras;
Sosténlos con tu vida
Que no se pierdan,
Que no se caigan.

Escucha escucha
Otra voz canta

No son sólo memoria,
Son vida abierta
Continua y ancha;
Son camino que empieza,
y que nos llama.

Maia - Viglietti


Los hechos
Se conoce como Masacre de Margarita Belén a la tortura y fusilamiento de 22 presos políticos, en su mayoría militantes de la Juventud Peronista, ultimados en un operativo conjunto del Ejército Argentino (ilegales desde el golpe de Estado: constitucionalmente eran "bandas armadas" y la Policía del Chaco durante la noche del 12 al 13 de diciembre de 1976, en un lugar cercano a la localidad de Margarita Belén, provincia del Chaco.
El fusilamiento se disfrazó, como era común en la práctica de la época, de un tiroteo fortuito acaecido durante un intento de huida de los prisioneros. El caso fue uno de los más de setecientos tomados en cuenta en el Juicio a las Juntas, en 1985, y por eso se condenó a los ex dictadores Jorge Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti, que más tarde, en 1990, serían indultados por el entonces presidente Carlos Menem.Se ha supuesto que las medidas, ordenadas por el entonces coronel Cristino Nicolaides, a la sazón jefe de la Séptima Brigada de Infantería, se tomaron como represalia del ataque efectuado el 5 de octubre de 1975 por un grupo armado no identificado contra la sede del Regimiento 29 de Formosa, produciendo un fuerte golpe a las fuerzas de seguridad.
Un monumento sobre la Ruta Nacional 11, en el sitio donde se produjeron los hechos, recuerda a los caídos en este trágico suceso.

El domingo 12 de diciembre de 1976, siete militantes de la Juventud Peronista detenidos legalmente e incomunicados en la Unidad Penitenciaria 7 de la ciudad de Resistencia fueron retirados de sus celdas, con el pretexto de su traslado a la cárcel de máxima seguridad de Formosa. Fueron trasladados en transportes militares a la alcaidía de Resistencia; el ex-diputado de la Unión Cívica Radical Víctor Marchesini, también preso en la alcaidía, informaría luego que fueron torturados en el comedor del establecimiento, antes de ser aislados en celdas individuales. Pocos días antes, otros detenidos habían llegado a la Brigada de Investigaciones de Resistencia y luego a la alcaidía, trasladados desde otras cárceles de la provincia de Misiones, a los que se sometió al mismo tratamiento.

De acuerdo a testimonios presentados ante la CONADEP, los encargados de la tortura pertenecían al Destacamento de Inteligencia 124 del Ejército al mando del entonces teniente coronel Armando Hornos; los acompañaban agentes de la brigada de investigaciones de la policía del Chaco. Durante la noche, se presentó una comisión militar, que presentó órdenes de traslado para retirar a los detenidos; éstos fueron entregados, y transportados en dos camiones militares, custodiados por un patrullero de la policía del Chaco, hasta un descampado vecino a la localidad de Margarita Belén.

La versión oficial de los hechos indicó que la columna que trasladaba a los detenidos había sido atacada en la ruta nacional 11, y que en el combate subsiguiente tres de los presos fueron muertos, mientras que los restantes huyeron. Sin embargo, la nvestigación realizada por la CONADEP demostró, en base a informes proporcionados por un miembro de la policía chaqueña, Eduardo Ruiz Villasuso, que los presos no estaban en condiciones de huir; uno de ellos, Carlos Zamudio, había recibido días antes la visita de su esposa, que confirmó en declaraciones que no podía caminar siquiera por las torturas recibidas, mucho menos huir. De acuerdo a los escritos de Ruiz Villasuso, las mujeres fueron violadas, tres de los presos varones fueron castrados, y todos ellos torturados en el camino. Al llegar a Margarita Belén, fueron colocados en varios vehículos y fusilados. Los cadáveres de diez de los muertos fueron llevados al cementerio de Resistencia, y allí enterrados en tumbas cuya apertura se había ordenado el día anterior.
El episodio se incluyó como caso 678 en la causa 13 abierta contra la junta militar. La Cámara Federal de Buenos Aires halló responsable de homicidio agravado por alevosía a Jorge Rafael Videla, y sentenció que la versión oficial carecía de verosimilitud, indicando que los detenidos "fueron muertos por las fuerzas encargadas de su traslado y no por elementos subversivos como oficialmente se anunciara". Las Cámaras Federales de Rosario y Paraná habían citado a declarar por la misma causa a Nicolaides, a Leopoldo Fortunato Galtieri y al jefe de la policía santafesina, Wenceslao Ceniquel, todos ellos hallados culpables.

Como fue la masacre
En la madrugada del 13 de diciembre de 1976 un grupo de detenidos políticos fueron extraídos de la Unidad Penitenciaria 7 de Resistencia, y trasladados a la cárcel de máxima peligrosidad de Formosa, por orden del jefe de la Brigada de Infantería 7 y la Subzona 23, el entonces Coronel Cristino Nicolaides. Algunos de ellos habían sido detenidos luego del ataque de Montoneros al Regimiento 29 de Infantería de Monte de Misiones, a fines de 1975. Distintos testimonios de otros presos que sobrevivieron y de sus familiares que habían podido visitarlos coinciden en que todos ellos fueron torturados. El día en que se decidió el traslado primero se ordenó cavar fosas en el cementerio de Resistencia. El ex diputado radical Víctor Marchesini, que estuvo preso junto con ellos, declaró que a uno lo crucificaron durante 48 horas. Según Marchesini los colocaron en la alcaidía entre una doble fila de policías que los apalearon hasta dejarlos sin sentido. Luego los subieron a los vehículos para ser rematados. Según el testimonio de un ex oficial ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, intervinieron en el bárbaro procedimiento un grupo de militares del Destacamento de Inteligencia 124 del Ejército al mando de su jefe, el entonces teniente coronel Hornos, y agentes de investigaciones de la policía chaqueña. En dos camiones militares a los que acompañaba un patrullero de la policía del Chaco fueron conducidos hasta un descampado en el que se los ejecutó alegando un intento de fuga durante el traslado.
La esposa de Carlos Zamudio lo había visitado pocos días antes. Por el castigo recibido, el presunto fugado no podía caminar sin arrastrar los pies. A su familia le transmitieron sucesivamente tres versiones distintas sobre la fecha y lugar de su muerte. Un comunicado firmado por el coronel Aurelio Baguear sostuvo que había ocurrido el 13 de diciembre en Margarita Belén; la partida de defunción menciona el 17 de diciembre en Misiones; y un nuevo comunicado emitido en 1977 afirma que el enfrentamiento ocurrió el 16 de diciembre en Campo Grande, Misiones. La familia recibió un cajón cerrado, con prohibición de abrirlo, pero la autopsia del médico Guillermo Mendoza revela que no murió de bala sino de politraumatismo. Mirta Clara de Salas, que también estaba detenida, supo que su esposo había sido herido de un bayonetazo durante un interrogatorio.

Nicolaides emitió un comunicado alegando que la columna que trasladaba a los presos había sido atacada en la ruta 11, cerca de Margarita Belén, y que se generalizó un combate en el que tres "Delincuentes Subversivos" fueron abatidos y los restantes huyeron. Varios fueron ubicados y muertos después, añadía. Sin embargo, cuando se presentó a reclamar la esposa de Fernando Piérola, que era uno de los presuntos prófugos, un oficial del Ejército firmó un certificado de viaje en el que anotó "viuda de Pierola". Luego explicó que se había tratado de "un error de máquina". El horrendo episodio constituyó el caso 678 en la causa 13, por el que la Cámara Federal de la Capital declaró responsable de homicidio agravado por alevosía al ex dictador Jorge Videla y lo condenó a prisión perpetua, de la que el presidente Carlos Menem lo rescató con el indulto. La Cámara dijo que la versión oficial no era verosímil y que los detenidos "fueron muertos por las fuerzas encargadas de su traslado y no por elementos subversivos como oficialmente se anunciara". Pese al supuesto traslado, el director de la cárcel a la que debían presuntamente llegar los detenidos declaró que nunca se habían recibido instrucciones tendientes a prepararles alojamiento. La justicia estableció que fueron ejecutados por personal militar durante el simulacro de fuga los detenidos Piérola, Zamudio, Manuel Parodi Ocampo, José Luis Barco, Alberto Duarte, Julio Pereyra, Reynaldo Soñaz, Omar Fransen, Roberto Yedro, Mario Cuevas, Patricio Tierno, Luis Alberto Díaz y Néstor Salas. Por el mismo caso, las Cámaras Federales de Rosario y Paraná habían citado a prestar declaración indagatoria a Nicolaides, al ex Comandante del Cuerpo de Ejército II, Leopoldo Fortunato Galtieri y al jefe de policía de Santa Fe, comisario general Wenceslao Ceniquel. Todos ellos también fueron indultados por Menem en 1989.

La confesión
Durante la audiencia del 5 de agosto de 1985 del juicio a los ex Comandantes, el ex miembro de la Conadep Edwin Tissembaum transmitió a los jueces los detalles de la confesión brindada en su lecho de muerte por el parapolicial Eduardo Pío Ruiz Villasuso, quien había sido herido por un oficial de la policía del Chaco. Tissembaum grabó su testimonio en la sala de terapia intensiva, ante un médico y un escribano que certificaron su lucidez. Antes de convertirse en colaborador policial y contrabandista, Ruiz Villasuso había sido militante peronista, detenido y procesado por asociación ilícita luego del golpe militar de 1955. Según su relato los muertos a golpes fueron diecisiete hombres y cuatro mujeres. Entre los participantes en la masacre mencionó a los entonces capitanes Bianchi y Rampulla, tenientes primeros Pateta y Chancaca Martínez Segón, subteniente Simoni y auxiliares de Inteligencia Valussi y Edgardo Eugenio Vicente, todos del Destacamento de Inteligencia 124, que estaba a cargo del coronel Hornos, al comisario general Carlos Alcides Thomas y a los sargentos Gabino Manader y Cardozo. Ruiz Villasuso también nombró entre los responsables al ex interventor militar en El Chaco, general Facundo Serrano. La hija del ex interventor, María Inés Serrano, es la esposa del actual jefe del Ejército, teniente general Martín Antonio Balza.

La masacre de Margarita Belén fue uno de los primeros homicidios colectivos que se conocieron al concluir la dictadura militar. Todavía en 1983 se realizó una caravana hacia esa localidad para conmemorar los fusilamientos, organizada por la Federación de Estudiantes de la Universidad Nacional del Nordeste. Los estudiantes también impulsaron la instalación de un mural recordatorio en el aula magna de la Universidad, que fue pintado por Amanda Mayor de Pierola, la madre de uno de los estudiantes de esa casa asesinados. Pero como en el mural asiste a la sesión de tortura un sacerdote, el juez federal de Resistencia Norberto Giménez ordenó borrarlo. El Consejo Superior aceptó la resolución, pese a que previamente había aprobado el boceto de la obra, pero no consiguió ningún artista dispuesto a la mutilación, que finalmente se hizo con brocha gorda. El juez intervino a raíz de un recurso de amparo presentado por los entonces obispos de Corrientes y Resistencia, Antonio Rossi y Juan José Iriarte. La Iglesia sostuvo que no hubo ningun sacerdote vinculado con la masacre de Margarita Belén ni asistente a sesión alguna de tortura. La artista lo admitió y ofreció aclararlo al pie del mural, que consideraba simbólico de una situación nacional y no descriptivo de un hecho en particular. Por eso se tituló "Argentina, dolor y esperanza" e incluía otras representaciones ajenas a Margarita Belén, como la pirámide y las madres de Plaza de Mayo. El secretario del juzgado que ordenó borrar al sacerdote del mural, Carlos Flores Leyes, ya ocupaba ese cargo durante la dictadura mi Durante el juicio a los ex Comandantes, las testigos María Graciela de la Rosa y Mirta Clara de Salas lo acusaron de haber protegido a los militares y policías que las torturaron en Resistencia. En 1994 Menem lo designó juez federal de Resistencia. Los esposos de las dos mujeres, Patricio Tierno y Néstor Carlos Salas, estuvieron entre los asesinados en Margarita Belén.

El listado actualizado de muertos y desaparecidos en la Masacre de Margarita Belén por el Equipo Argentino de Antropología Forense, es el siguiente:

Tierno, Patricio Blas. Muerto. • Sala, Néstor Carlos. Muerto.
Zamudio, Carlos. Muerto (exhumación en tramite p/confirmar).
Barco, Luís Ángel. Muerto (exhumación en tramite p/confirmar).
Yedro, Roberto H. Desaparecido.
González, Delicia. Desaparecida.
Díaz, Luís. Muerto.
Pierola, Fernando G. Desaparecido.
Cairé, Carlos María. Desaparecido.
Pereyra, Julio. Desaparecido.
Duarte, Carlos Alberto. Muerto.
Tereszecuk, Carlos. Desaparecido.
Parodi Ocampo, Manuel. Muerto.
Fransen, Luís Arturo. Muerto.
Cabral, Ema Beatriz. Desaparecido.
Zapata, Sonéz Reinaldo. Desaparecido.
Cuevas, Mario. Muerto.


Fuente:http://www.elortiba.org/notatapa16.html





Datos archivados del Taringa! original
5puntos
472visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
2visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

m
Usuario
Puntos0
Posts129
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.