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Un diluvio aniquilador (1ª parte)

Pero el conocimiento no es, sin duda, bueno para los hombres, pues Dios se enfureció por esas revelaciones. Con el Diluvio, decidió limpiar la Tierra. Enoch, un hombre fiel a la ley del Señor, es encargado por los culpables de interceder en su favor cerca de Dios. Para presentar su informe. Enoch es invitado entonces a un gran viaje. Es trasladado a alguna parte donde se le muestra toda la mecánica celeste, los motores que hacen girar la inmensa máquina del Universo.

Constituyendo la segunda parte, el Libro de las Parábolas relata sus viajes (o sus visiones, como ustedes prefieran). Enoch cuenta lo que ha visto de la morada de Dios y vuelve a hablar de los secretos de la mecánica celeste. Percibiendo el futuro, describe incluso cómo un día unos carros traerán a los judíos de su dispersión. Algunos pasajes evocan ingenios voladores, que producen un ruido formidable. Hay motivos sin duda para sentir una gran inquietud, sobre todo si nos refrescamos la memoria y recordamos que se trata de una época en que no se conocía ningún motor. Dice Enoch: "Vi otro ejército de carros en los que estaban montados hombres. Y ellos iban sobre los vientos, de oriente y de occidente en dirección al mediodía. Se oía el rodar de sus carros y cuando ese tumulto se produjo, los santos cayeron en la cuenta del cielo, la columna de la Tierra fue estremecida por su base y le oyó de un extremo al otro del cielo durante un día." (Enoch, Libro XII, 1 y 2).

En la tercera parte, Enoch expone de una manera más metódica las leyes de los astros que le ha revelado el ángel Uruiel: ley del Sol y ley de la Luna, ley de los doce Vientos. Todos los fenómenos son vistos por Enoch como si los estuviera sobrevolando. Describe, en la Tierra, las montañas y los ríos como si estuviera situado encima de ellos. Es uno de los misterios mayores de este relato.

No hay que exagerar, sin embargo, la importancia de los conocimientos aquí enunciados. Si bien el punto de vista del observador, en situación elevada, es original, y si los ingenios de transportes son fantásticos, habrá que convenir que las matemáticas y la astronomía del autor son débiles. Encontramos nuevamente todas las leyendas de la época y, en algunos aspectos, parece incluso que Enoch ignora o mezcla los conocimientos de su época. Por ejemplo, atribuye a los años lunares unas veces 354 y otras 364 días. Para los años solares, que les da 364 días y por otra parte olvida los días interpuestos.

¿Cómo apreciar actualmente el conjunto del relato? Nos guardaremos bien de hacerlo aquí, tanto más cuando algunos se han dedicado ya a esta tarea. Un ejemplo es el del investigador Robert Charroux, siempre al acecho de lo extraordinario; ve en el relato, por supuesto, un testimonio sobre la llegada a la Tierra de unos extraterrestres en una época remota. Estos seres, bastante semejantes a la especie humana, ya que pudieron acoplarse con las mujeres, viajaban por el espacio interestelar. De pasada, enseñaron a los hombres algunos elementos de tecnología, como el arte de los metales. Otros conocimientos, astronómicos especialmente, no pudieron ser transmitidos, ya que los hombres no sabían bastantes matemáticas para comprenderlos. El Libro de Enoch los menciona, pues, solamente desde un punto de vista poético. Aun cuando no se coincida con la tesis de Robert Charroux, el Libro de Enoch no pierde su interés. Descubre un monumento histórico de primera importancia sobre la "ciencia judía", mostrando cómo el pensamiento de esa época trató de mezclar unas hipótesis sobre el mundo físico tomadas de la Biblia con la cosmología babilónica. Es, al mismo tiempo, un texto poético indiscutible. Aun cuando ha sido considerado apócrifo, y por lo tanto, ha sido amordazado por los teólogos, eso no debe ser visto en todo caso como referido al relato de los "extraterrestres", absolutamente canónico, que nos aporta a este respecto una descripción quizá más extraña.

Un diluvio aniquilador (2ª parte)

Interesante, antes de seguir estudiando otras hipótesis sobre los gigantes, es conocer la de un sacerdote, y nadie mejor que la del autorizado investigador de estos temas, el ex sacerdote jesuita padre Salvador Freixedo, hombre profundamente enterado del tema religioso en torno a los ovnis, que nos da en este caso su versión en torno a los gigantes y a la Biblia.

Dice Salvador Freixedo en su libro titulado "Extraterrestres y creencias religiosas": "No quisiéramos que la resistencia de algunos lectores a admitir la Biblia, o sencillamente nuestra interpretación de ella, influya en el juicio que se hayan de hacer del conjunto de la obra. Por lo tanto, pediríamos al lector que admitiese este capítulo como un paréntesis en el que el autor expresa sus conjeturas y sospechas y se hace eco de las de otros investigadores.

"Preguntábamos en el capítulo anterior: ¿por qué la Biblia no habla de estas cosas si tan importantes fueron en la antigüedad? ¿Por qué no nos habla de estos dioses-hombres, si tanta influencia tuvieron en el inicio de las religiones y las culturas?

"Esta pregunta resume la prejuicida manera de pensar que impide al que la tiene llegar a la verdad, cegándole para no ver los hechos o para no saber interpretarlos. Porque la verdad es que la Biblia habla en muchas ocasiones y de muy diversas maneras de hechos y personas que tienen una estrecha relación con todo el mundo extraterrestre. En concreto, la Biblia habla clarísimamente de seres superiores, extraños a la raza humana, que se mezclaron con ella.

"Antes de entrar en materia queremos dejar constancia de que el tema de este capítulo es de tal interés y trascendencia que merecería un libro aparte, ya que de ser ciertas las sospechas que aquí apuntamos, un cristiano con un poco de lógica no tendría más remedio que replantearse de nuevo todo el problema de su fe, en su contenido y, sobre todo, en su forma. Y de no ver tal necesidad, no habría más remedio que llegar a la conclusión de que su mente y su alma están sumidas en un triste letargo.

"Comencemos con los famosos versículos del Génesis en los que se habla de los "Hijos de Dios". Leemos en el capítulo 6, vers. 1 y 2: "Cuando los hombres se habían multiplicado sobre la tierra y habían procreado hijas, viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas escogieron de entre ellas por mujeres a las que quisieron". Lo primero que tenemos que notar es que esto se narra precisamente en el Génesis, cuando se refieren los orígenes del mundo y del género humano. No se cuenta posteriormente como una leyenda o creencia antigua; se narra como historia y se coloca en el sitio que cronológicamente le corresponde.

"Es curiosísimo ver cómo, a lo largo de los estudios bíblicos, este texto del Génesis ha constituido un verdadero rompecabezas para todos los exegetas a partir de los Santos Padres. No saben qué hacer con él, y los más sinceros confiesan que no se imaginan lo que quiso significar Moisés al decir "los Hijos de Dios". Instamos al lector a que abra por sí mismo cualquier Biblia y lea el extraño texto, pensando que sus escritos llevan ahí, como palabra sagrada, bastante más de tres milenios, sin que los hombres parezcan haberse dado por enterados.
E instamos, asimismo, al lector a que continúe leyendo en el mismo libro del Génesis, capítulo 6, vers. 4, y se pregunte qué significan estas palabras: "Por entonces, y también en épocas posteriores, cuando los hijos de Dios cohabitaron con las hijas de los hombres y éstas tuvieron hijos, aparecieron en la tierra los gigantes. Estos son los esforzados varones de los primeros tiempos, los héroes famosos". ¿Quiénes son estos gigantes? ¿Una leyenda o un mito más recogido por Moisés?. De ninguna manera. Se han encontrado esqueletos de hombres gigantes en todos los continentes. Y no precisamente pertenecientes a individuos aislados.

Tal como sucede hoy. En el norte de Africa se ha encontrado un verdadero arsenal de espadas, lanzas y otros instrumentos, gastados por el uso, de tales dimensiones que para poder usarlos habría que tener por lo menos tres metros de estatura. Ahórreme el lector el escribir los nombres de todas las localidades en donde se han encontrado semejantes restos y sepa que desde 2,50 metros hasta 6 metros y más tiene una amplia gama para escoger. Lástima que la ciencia oficial, que ha gastado tantas energías en lanzar hipótesis inseguras -pero que encajaban con sus teorías- sobre fragmentos de maxilares, se haya encogido de hombros ante estos sorprendentes hallazgos. En verdad que despreciar un "mito" fosilizado tiene muy poco de científico. Y más aún, cuando es un "mito" de seis metros de largo, y muy frecuentemente con seis dedos en lugar de cinco…

"Si estos gigantes fueron reales, ¿por qué no habían de ser reales también los famosos "hijos de Dios" con los que la Biblia los relaciona? Y dando nosotros un paso adelante, ¿por qué no identificar a los "ángeles" que encontramos en la Biblia, en determinadas misiones concretas, con los famosos "hijos de Dios"? …

Finalizamos nuestra búsqueda de rastros de gigantes en la Biblia, con un interesante trabajo realizado por Walter J. Langbein y Willi Dünnenberger, aparecido en la revista Mundo Desconocido correspondiente al núm. 36 del mes de junio de 1979, donde ambos investigadores analizan en profundidad el tema de la mano del maestro de ambos, Von Daniken: "Por lo visto, a los "hijos de Dios" (los extraterrestres) les estaba prohibido mezclarse con los humanos. Pero una tripulación entera de 200 hombres contravino esta orden y, en acuerdo secreto, decidió infringir las leyes y cargar solidariamente con las consecuencias. La cita de Enoch prueba también que los "hijos del cielo" superaban claramente a los humanos en cuanto a conocimientos, pues los "ángeles caídos" se convirtieron en maestros de los terrenales. Por el contrario, parece totalmente increíble la afirmación de que los gigantes midieran "3.000 brazas". Algún transcriptor posterior debió haber añadido, asustado, dos ceros de más.



Un diluvio aniquilador (3ªparte)



"Aquel desigual apareamiento dio origen a unos gigantes. Para que dicho engendro pudiera dar lugar a un nacimiento, era preciso que el número de cromosomas de los extraterrestres coincidiera con el de los terrestres. De ello podemos sacar dos conclusiones:

"a) Ya antes de la visita de los extraterrestres relatada por Enoch debió haber existido otra visita. En esa (¿primera?) visita los extraterrestres debieron haber adaptado al primitivo homínido mediante una mutación artificial. Una manipulación genética de este tipo es efectivamente factible.

"b) El número de cromosomas de los extraterrestres y los terrestres debió haber coincidido desde un principio. Existen dos posibles explicaciones a este "milagro": el código genético para "inteligencias" sólo admite -en condiciones prebióticas iguales- el mismo número de cromosomas (Así un óvulo maduro tiene 22 autosomas más un cromosoma X o Y. 2 x 22 = 44 autosomas + cromosomas genéticos = 46 cromosomas en cada célula. Un autosoma es un cromosoma que, a diferencia de los cromosomas genéticos, aparece por parejas en las células correspondientes de ambos sexos).

"Segunda variante: los extraterrestres no eran tales, sino que procedían de nuestro propio pasado terrenal. (Teoría del desplazamiento cronológico.) Puesto que en la mitología aparecen tan numerosas documentaciones sobre los dioses gigantes, hay que plantearse estas preguntas: ¿Existieron realmente los gigantes? ¿Fueron sólo creación de la fantasía? ¿Los gigantes vivieron en persona entre nuestros antepasados? ¿Quién tiene razón, la mitología o la actual antropología, que duda en incluir a los gigantes prehistóricos en sus estudios?...

…"Esto puede quedar demostrado por las duras huellas que los gigantes dejaron a su paso por todos los continentes. A continuación, algunos ejemplos, que han sido tomados expresamente de lugares geográficamente diversos: En Norteamérica, en el lecho del río Paluxy, cerca de Glenn Rose (Texas) han sido puestas al descubierto huellas gigantes de pisadas de 54,61 cm. de largo por 13,97 de ancho. Curiosamente las citadas huellas se encuentran en medio de pisadas de dinosaurios, en una capa geológica de hace aproximadamente 140 millones de años."

Así, hallazgos científicamente admitidos son los del "gigante de Java" y del "gigante de China meridional". En Oriente medio, en Siria, a 6 km. de Safita, los arqueólogos descubrieron picos con un peso de 3,8 kg. También en Africa, concretamente en Ain Fritisa (Marruecos Oriental) se han descubierto picos de 32 X 22 cm. y 4,2 kg. de peso.

Finalizamos nuestro ejemplo con los restos de tumbas de gigantes, encontrados en Chenini (Túnez) de esqueletos que miden más de 3 metros.

…" De acuerdo con la tradición mitológica, los gigantes eran descendientes indeseables de "los celestiales". Las mitologías citan exclusivamente gigantes varones; no hablan para nada de mujeres gigantes. Esto no significa necesariamente que no nacieran niñas gigantes, pero de todos los datos de los antiguos se saca la impresión de que estas niñas gigantes, si las había, constituían un inquietante minoría. Tales defectos genéticos en una raza no son infrecuentes. En la cuenca del Amazonas existen tribus de indios donde desde hace generaciones por cada cien hembras sólo nace un varón. Tales tribus refrescan su sangre atacando tribus vecinas, en las que raptan jóvenes y hombres con la esperanza de equilibrar la relación varón-hembra. Pero incluso en nuestros países civilizados todavía perdura hoy en día un superávit de mujeres en una relación de 3 a 1 (tres mujeres por cada hombre)."

Los gigantes de la edad de piedra se hallaban ante un problema insoluble. Para poder cohabitar, los gigantes estaban obligados a buscarse hembras de estatura normal. Así pues, hubo que ir a la caza de la hembra. Como es natural, los hombres se opusieron vehementemente a tales violaciones. Por una parte, porque sabían que las mujeres así embarazadas morirían al dar a luz a los gigantes; por otra parte, porque por razones obvias los varones lucharon en defensa de sus madres y sus amantes. Un relato en escritura cuneiforme procedente de Nyppur, y traducido por N. S. Kramer, nos habla de una violación de esta clase: "Mi vagina es demasiado pequeña, no entiende la cópula; mis labios son demasiado pequeños, no saben besar…"

Pero parece ser que no fueron sólo los terrenales quienes contribuyeron al ocaso de los gigantes. La tradición nos lleva a sospechar que los propios "dioses" contribuyeron a la aniquilación de aquellos engendros ilegales.

Enoch, el profeta antediluviano que con mayor precisión reflejó los acontecimientos de aquellos tiempos, refiere incluso que los hombres llevaron su disputa con los gigantes ante "el más alto". Los hombres piden que su disputa con los gigantes sea llevada ante el más alto, y así sucede. Entonces los arcángeles dijeron al Señor: "Semiasa… y sus compañeros… han bajado a la Tierra y han cohabitado con las hijas de los hombres, y se han marchado con ellas y les han revelado todos los pecados. Pero las mujeres parieron gigantes y de este modo la Tierra entera se ha llenado de sangre y de injusticia…" A lo cual el más alto contestó: "La Tierra entera se hundirá y un diluvio está a punto de caer sobre la Tierra y todo cuanto se encuentre sobre ella desaparecerá. Comunícaselo (dirigiéndose a Lamech, un antepasado de Noé), para que escape y para que sus descendientes sobrevivan en lugar de todas las generaciones de la Tierra…"

De forma a la vez lapidaria y precisa, Baruch relata el fin de los gigantes: "El más alto llevó el diluvio a la Tierra y exterminó toda carne y también a los 4.090.000 gigantes. Las aguas superaban en 15 brazas a las montañas más altas." (En este pasaje final, nos referimos, lógicamente, al famoso Diluvio Universal, que es tema de otro capítulo.)





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