esta enfermedad tiene muchas semejanzas con
la diabetes o la hipertensión arterial ya que, como en éstas, el
tratamiento médico la mantiene compensada y evita gran
parte de los riesgos que comporta por sí misma cuando no
está controlada (pérdida del trabajo, ruptura con la pareja,
abuso de drogas o suicidio, entre otras). En esta enfermedad,
los mecanismos que controlan el estado de ánimo de
una persona no funcionan correctamente, al igual que ocurre
con la hipertensión respecto de los valores de presión
arterial, de modo que, en circunstancias determinadas, se
producen «subidones» o «bajones» exagerados del estado de
ánimo, que pueden durar semanas o meses, cuya intensidad
a veces requiere la hospitalización. Las fases de euforia,
denominadas fases maníacas, cursan con hiperactividad,
exceso de confianza en uno mismo, irritabilidad, locuacidad
y, en algunos casos, incluso con ideas delirantes; a pesar de
que para los demás es muy evidente que el sujeto no se halla
en su estado normal, el paciente tiende a creer que se
encuentra perfectamente. En las fases depresivas, en cambio,
parece que nadie entiende que la apatía, la falta de energía e
interés por las cosas, el enlentecimiento y el cansancio no
pueden resolverse mediante alguna actividad agradable
o con fuerza de voluntad.
Las causas de esta enfermedad
La enfermedad bipolar consiste en un mal funcionamiento de
los mecanismos bioquímicos que regulan el estado de ánimo.
Estos mecanismos se localizan en una zona del cerebro, denominada
sistema límbico, que se encuentra en la zona central
del encéfalo. Gracias a la experimentación con animales, actualmente sabemos que en el sistema límbico hay grupos de neuronas
(que son las célu-las del cerebro) encargadas de modular nuestra agresividad, el hambre, el instinto sexual, el sueño y muchas otras funciones primarias para la supervivencia, entre las cuales se halla el
tono vital. Éste es la energía que nos permite enfrentarnos a
la vida diaria. levantarnos, ir al trabajo o a clase y disfrutar del tiempo de ocio con la familia o los amigos, entre otras cosas.
El funcionamiento del sistema límbico es complejo, pero se
basa en dos factores: su propia constitución, determinada por
factores genéticos, y la influencia de factores ambientales. Las
personas que tienen un sistema límbico más vulnerable por
constitución genética (de nacimiento) pueden presentar la
enfermedad si se dan las condiciones ambientales que la precipitan.
Trastorno bipolar de tipo I
Los trastornos bipolares se clasifican dentro del apartado
de enfermedades del estado de ánimo, junto con otras
patologías, como la depresión unipolar (que se denomina
unipolar precisamente para diferenciarla de la bipolar).
Dentro de los trastornos bipolares existen una serie de subtipos. Según la intensidad de los síntomas, existen tres: el tipo I, el tipo II
y la ciclotimia.
El tipo I es la forma clásica, que se caracteriza por fases de
manía, que generalmente requieren hospitalización, y depresiones
intensas; es relativamente frecuente (70% de los
casos) que aparezcan delirios (interpretar coincidencias como
si tuvieran relación con uno mismo, creerse superdotado o un
mesías, o bien, en la depresión, creerse culpable de todo e
indigno de seguir viviendo). También pueden observarse alucinaciones.
Cuando el paciente recupera la normalidad, le
parece increíble haber llegado a pensar aquellas cosas. Suele
iniciarse en la juventud, más a menudo en forma de episodio
maníaco en los hombres y depresivo en las mujeres. Muchas
veces el primer episodio no es identificado por el enfermo ni
la familia, que a menudo lo atribuye al consumo de alcohol o
drogas, en el caso de la manía, o a problemas ambientales si
se trata de una depresión. Es cierto que el consumo de drogas
o alcohol o la exposición continua al estrés pueden desencadenar
el inicio de la enfermedad, pero en ningún caso son la
causa de ésta. Es frecuente que después del primer episodio
pase mucho tiempo sin que aparezca otro. En muchos
pacientes la enfermedad no se diagnostica a la primera y sólo
al cabo de unos años, cuando recaen, se entiende que aquello
que no parecía importante era la primera manifestación de
una enfermedad cíclica.
En general, los pacientes del tipo I presentan cierta simetría
entre las recaídas maníacas y las depresiones. A menudo,
después de una fase maníaca (p. ej., como caso más habitual,
tras abandonar el tratamiento en contra del criterio del
médico), se pasa de inmediato a una fase depresiva de intensidad
proporcional a la de la manía. Por eso es tan importante
cortar de raíz cualquier indicio de manía, antes de que
se pierda de vista la realidad y se pague muy caro, tanto por
la manía como por la depresión que suele producirse después.
Trastorno bipolar de tipo II
El trastorno bipolar de tipo II se caracteriza por depresiones,
que pueden ser tan intensas o más que en el tipo I, y fases de
euforia moderada que no requieren ingreso hospitalario y
que se denominan hipomanía. Ya hemos explicado antes que
la hipomanía consiste en una hiperactividad, irritabilidad,
grandilocuencia y energía totalmente exageradas o impropias
de aquella persona en su estado habitual, pero que por
su gravedad moderada no requiere hospitalización ni es
identificada de modo inmediato por terceros como un
estado anormal de la mente. La hipomanía puede darse
tanto en el tipo I como en el II. La manía, en cambio, únicamente
se da en el tipo I. Sólo el 10 % de los bipolares II pasan
a ser bipolares I a lo largo de su vida (es decir, presentan un
episodio de manía). Los síntomas psicóticos (delirios y alucinaciones)
son mucho menos frecuentes en los bipolares II
que en los I, entre otras cosas porque la hipomanía, por definición,
no puede acompañarse de síntomas psicóticos (si es
así se habla de manía). Si los bipolares II presentan síntomas
psicóticos –lo que ocurre en uno de cada tres casos–, es
siempre en una fase depresiva.
El trastorno bipolar II sería, aparentemente, menos grave que
el I, al menos en lo que respecta a la intensidad de los síntomas.
Sin embargo, los estudios demuestran que los bipolares
II tienden a presentar más recaídas que los bipolares I, y
pasan más tiempo que éstos en fase depresiva. Así, aunque se
trata de una forma socialmente menos invalidante y menos
estigmatizada, implica más altibajos y más sufrimiento de
tipo depresivo. A muchos bipolares II no se les ha diagnosticado
nunca esta enfermedad, principalmente porque suelen
ir al médico durante la fase depresiva y no durante la fase
hipomaníaca, y el médico los considera depresivos. En este
caso, el tratamiento prescrito suele consistir en antidepresivos
que, si no se acompañan de un regulador del humor como el
litio, la carbamazepina o el ácido valproico, pueden favorecer
la hipomanía y acentuar la tendencia a presentar ciclos. En los
últimos años, el uso de antidepresivos en los pacientes bipolares
ha cambiado mucho, tal como comentaremos cuando
hablemos del tratamiento, porque un mal uso de los mismos
puede ser contraproducente. Ésta podría ser una de las razones
que explicaría por qué las estadísticas indican que los
bipolares II presentan más episodios: la tendencia a acelerar
los ciclos de algunos antidepresivos. La figura 3 muestra gráficamente
un ejemplo de trastorno bipolar II.
Ciclotimia
La ciclotimia consiste en la sucesión de hipomanías y fases
depresivas leves o moderadas; es frecuente que quien la
padece no haya pedido nunca atención psiquiátrica, en parte
porque no es consciente del trastorno, y en parte porque
ignora que, aunque leve, en realidad se trata de una enfermedad
crónica que puede condicionar mucho las decisiones de
su vida y puede mejorar con tratamiento. El ciclotímico suele
ser visto por los demás como inestable, imprevisible o «lunático
» (en referencia a las fases de la luna, que en el saber
popular se relacionan con las oscilaciones anímicas). Seguramente
conoceréis algunas personas así. Su inestabilidad es
tan habitual que acaba confundiéndose con su carácter (y
quizá diremos que tienen un carácter difícil, o que nunca se
sabe con qué pie se levantan de la cama). Muchos pacientes
bipolares I y II son también ciclotímicos, es decir, aparte de los
episodios «importantes» de la enfermedad, también presentan
frecuentes oscilaciones leves. La ciclotimia, como todas las
formas de trastorno bipolar, predispone a una vida turbulenta
y a dificultades de interacción social. Algunos pacientes se
refugian en las drogas (sobre todo el alcohol), el juego o el
aislamiento social, a causa de sus dificultades para controlar
las propias emociones. Algunos han buscado en las terapias
psicológicas, los libros de autoayuda, las técnicas orientales o
las terapias alternativas un modo de aliviar su sufrimiento,
pero la mayoría de pacientes ignora que este sufrimiento
tiene una base química.
bueno, todo esto lo saque de un libro, asi que bueno... chau!