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Por los frutos los conocereis

Info10/21/2009
Por Félix Herrero - Director del Instituto de Proyectos de Proyecto Sur

“El exilio del barril” se llama la nota del periodista Adrián Simioni, publicada en La Voz del Interior (9-9-09), dedicada a criticar el artículo de Fernando “Pino” Solanas, que Simioni no menciona, aparecido en el diario Clarín (1-9-09) con el título de “Reconstruir una petrolera pública es deber patriótico”. El especialista en energía Félix Herrero, responde a ese artículo.



Fernando Solanas es el principal referente nacional del Movimiento Proyecto Sur y presidente del Movimiento por la Recuperación de la Energía Nacional Orientadora, que desde hace casi ocho años viene preocupándose por los problemas energéticos nacionales.
La crítica de Simioni se centra en dos aspectos: primero, la defensa de las petroleras “argentinas”; y en segundo lugar, en aspectos discutibles acerca de datos estadísticos de la industria de los hidrocarburos.
Así, se afirma que “en las petroleras argentinas crece la preocupación… y ven más nubarrones… y observan con horror la propagación del discurso sobre la energía de Fernando ‘Pino’ Solanas porque puede terminar corriendo por el lado del nacionalismo de izquierda a éste o a futuros gobiernos o porque las próximas elecciones pueden consolidar un poder político ´solanista´”. Respeto a esto último, Simioni no debe tener dudas: en la ciudad de Buenos Aires, Pino Solanas hoy ya está primero en imagen positiva, y en los grandes partidos (departamentos) del gran Buenos Aires, así como también en Mendoza, hay encuestas que lo ubican en segundo lugar.
Pero quiero señalar un error en la crítica de Simioni: no hay petroleras estrictamente argentinas, y las que hay son socias minoritarias de las grandes multinacionales del petróleo (como Bulgheroni, Eskenazi, etc.) especializadas en mantener relaciones con los gobiernos. Por eso, como decía el general Enrique Mosconi, la renta petrolera argentina se va por el mar hacia las matrices euro-estadounidenses.
No creemos que haya que preocuparse tanto (no lo hacen otros Estados latinoamericanos) por mantener en el país a las petroleras extranjeras: fue el mismo general Mosconi quien lanzó la frase “maldita a la hora en que vinieron y bendita será la hora en que se vayan”.
No se preocupa el pueblo rionegrino cuando en la zona petrolera da el triunfo a Proyecto Sur (Concentración Emancipadora) ni cuando las encuestas del gran Buenos Aires muestran el deseo de la gente para que se nacionalice el petróleo. Andrés Simioni, quizá, podría ayudar a que se sepan las causas que impiden conocer los resultados de las encuestas sobre la nacionalización de los hidrocarburos argentinos aunque, en realidad, bien lo sabemos: no se publican porque la inmensa mayoría de nuestros compatriotas la desean.
Son sectores minoritarios, como la Fundación Mediterránea, y también otras con ese tipo de personería legal, las que sí reciben apoyos financieros de las petroleras llamadas “argentinas” y que estuvieron involucradas en las privatizaciones de los noventa, los que siguen propiciando las prórrogas de la entrega de nuestros yacimientos, así como de nuestra renta y de “nuestra” gestión estatal del petróleo a favor de los grandes grupos multinacionales.
No se debe dejar de tener en cuenta el gran proceso de recuperación de los hidrocarburos que están realizando Lula en Brasil y Morales en Bolivia con sus empresas estatales, que nacieron al abrigo de nuestra YPF pública. Ésta es la tendencia moderna en el mundo y no la dinosáurica política neoliberal, fracasada y abandonada en casi todos los lugares: hoy, entre el 80% y el 85% del dominio de los yacimientos está en manos de los Estados nacionales o de las empresas públicas de esos Estados, como lo reconocen especialistas del Financial Times.
Un segundo aspecto de la nota consiste en discutir estadísticas, en un país que tiene una diversificación muy grande sobre ellas: por ejemplo, la secretaría de Energía de la Nación, British Petroleum de Londres y el ministerio de Energía de los EUA asignan a la Argentina reservas de gas y petróleo que oscilan entre 6 años y 3 meses a 10 años y medio. Claro, no se debe olvidar que en la década de los noventa también se privatizaron las estadísticas petroleras, otorgándoselas al Instituto de Gas y Petróleo, que depende de las propias empresas petroleras, entre ellas las grandes multinacionales.
Algunas afirmaciones de Simioni llaman la atención: refiriéndose a las reservas petroleras afirma que el petróleo argentino no es de gran calidad. Lo correcto es decir que no son livianos, pero la densidad del Escalante de Chubut (pesada) y del Medanito en Neuquén (mediana) no merecen esa descalificación, que nos recuerda las luchas que llevó a cabo Jorge Newbery en 1907 para hacer saber que nuestro petróleo no era inservible, a pesar de la definición que le dieron a nuestro petróleo la Standard Oil (ExxonMobil) y la Shell.
El de costo de extracción de 6 dólares, al que se refiere Pino Solanas, es generoso con las compañías. Obviamente se trata de valores “promedios”, pero las memorias y balances de Repsol dicen que en nuestro país es de 6 dólares, aunque en realidad se reducen a 4, porque asigna 2 dólares para los gastos de exploración, actividad que en Argentina no realiza. Para los petroleros que consulta Simioni el valor de extracción “varía entre ocho y 10 dólares”. Está claro que a las petroleras en Argentina siempre les gusta subir los costos, bajar las utilidades y disminuir las obligaciones impositivas.
A los Eskenazi tampoco les conviene invertir en exploración porque el 14,9% de las acciones que compró lo paga con la distribución de beneficios de la filial argentina de Repsol-YPF: cuanto menos invierte, más asegura el pago de las acciones que obtuvo con las ganancias de la empresa. Es un gran negocio esta “argentinización” de la familia Kirchner, pero nos pone en aviso que con este método el Estado nacional puede apropiarse de la petrolera europea Repsol-YPF pagando solo en efectivo del 10% de su valor bursátil, y el 90%, como hace Eskenazi, con las propias utilidades. Esta gran broma del gobierno nos inspira ya un nuevo método de nacionalización de privatizadas.
Para evitar confusiones a los no especialistas, hay que aclarar que el precio de la exportación no es el mismo de las ventas refinerías: la diferencia está dada por las retenciones a la exportación.
Cuando el autor del exilio del barril defiende de algún modo la bajísima tasa de reposición de reservas que las multinacionales le dan a nuestro país, por más que dé el ejemplo de Cerro Dragón de la British Petroleum debería darnos las causas reales de esta caída que nos convierte en un país sin autoabastecimiento. En este tema, como en todos los demás, nos gusta utilizar el método simple de la escuela de Negocios de Harvard, o sea la escuela de los resultados. Un “poquito” antes, los inspiradores de la Biblia afirmaron que por los frutos los podremos conocer. ¿Qué frutos positivos nos ha dado la privatización en nuestro país? Seguro que la tasa de reposición no lo es. Anotemos otros frutos: caída de reservas; caída de la exploración; caída, ahora, de la extracción; dejar de ser una nación autoabastecida y exportadora para pasar a ser un país importador neto de energéticos, ya que importamos gas natural de Bolivia, gas natural licuado de Trinidad Tobago y Egipto, electricidad de Brasil y Uruguay, diesel y gasoil vía PDVSA, uranio del mundo, etc.
Tampoco es “enorme” la renta petrolera que recibe el Estado argentino, como afirma Simioni; una investigación realizada por Naciones Unidas hace cuatro años concluyó que la argentina es la menor en América Latina.
Estos son los temas que plantea Pino Solanas y el MORENO: no nos centramos solo en algunos datos puntuales de la energía, que muchas veces sirven para hacer análisis muy parciales y que no ayudan a esclarecer a los ciudadanos. Suponemos que el título de exilio no hace referencia al exilio de Pino Solanas durante la dictadura genocida (que fuera apoyada por los privatizadores), ni al destierro de los argentinos expresado en el Exilio de Gardel, pero sí a la expatriación de nuestro petróleo, prácticamente agotado por los intereses internacionales. El exilio de los barriles y de los metros cúbicos y de los BTU fue el provocado por Menem, Cavallo y Dromi. Pero ahora tenemos la obligación patriótica de recuperarlos, haciéndolos abandonar el exilio, y reconstruyendo la empresa petrolera argentina. En América Latina todos la tienen ¿por qué nosotros no?


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