Cobran entre 600 y 4.000 pesos por pisar una pasarela, ir a fiestas de 15 o sacarse fotos.
Hace tiempo que la imagen dejó de ser pasiva. Con la televisión no alcanza porque no hay vínculos inmediatos ni sociales. En Internet cada uno puede armar su propio espectáculo a piacere, tener muchos-públicos distintos y de ahí saltar a vivir de la "fama". Como en la tevé, pero más fácil. ¿Los requisitos? Tres en uno: convertirse en un miembro de Fotolog.com (Flog, su abreviación), subir fotos lookeado con la mejor onda, y batir récords de firmas (comentarios). Porque, según dicen los floggers, sus usuarios, "cuánto más te reconocen, más famosos sos". Cada firma en un Fotolog funciona como una devolución a la pregunta: ¿Quién soy? ¿Soy lindo o no?
Los Floggers,, se convirtieron en la máxima expresión de esta tendencia: dependiendo de cuán populares sean, cobran entre 600 y 4000 pesos por pisar la pasarela durante 40 minutos, firmar autógrafos y tomarse fotografías con sus fanáticos, otros floggers desconocidos.
¿Como juegan al fútbol las distintas tribus urbanas?

El hippie no sabe jugar a la pelota. Es mas, no hace ningún deporte, no sirve para nada mas que no sea estar tirado en una avenida vendiendo artesanías y/o en algun semáforo haciendo malabarismos.
Rolingas
Rolinga es el nombre dado a una tribu urbana de la Argentina, cuya popularidad estalló en 1995. También se denomina de esta forma a los seguidores de esta. Un sinónimo de esta tribu es la palabra "stone". Se caracterizan por su estética; basada, entre otras influencias, en la de Mick Jagger en la década de los '60. También se caracteriza por el gusto de sus seguidores por el rock rolinga, y por el tipo de comportamientos que estos tienen, propias de la "cultura barrial
Sexualidad sin tabúes en las nuevas tribus urbanas
Pá, tengo un problema: me gustan las chicas y los chicos", dice que le confesó. David C. (18 años), recién llegaba a su casa en Caballito. Había estado en "la Plop", una fiesta que organizan en el Teatro Fénix en Flores, al que las nuevas tribus urbanas suelen ir los viernes y sábados. Es la última "onda".
Cuenta que esa noche se "chapó" a tres mujeres y a dos varones. "No fue la primera vez, pero fue récord", bromea. Y vuelve: "¿Qué me dijo mi papá? Se quedó callado. Se lo fue a contar a mi mamá y no me hablaron por una semana. Después, me dijeron que si a mí me hacía feliz, estaba todo bien". David es uno de los tantos adolescentes de las nuevas tribus urbanas de entre 14 y 18 de años de la "Generación B", que se define como bisexual o que admite que "le da lo mismo, que besa o 'curte' con la persona que le atrae sin importar su sexo". Clarín lo comprobó charlando con chicos floggers y recorriendo los boliches gay friendly y otros igualmente permisivos, donde -dicen- experimentan esa curiosidad que sienten por tener relaciones sexuales con una persona del mismo sexo y del opuesto.