InicioInfoHistoria de Moron
Origen del nombre

Como muchas otras localidades de la provincia de Buenos Aires, esta zona fue tomando los nombres de quienes fueron sus primeros pobladores. Lo curioso es que llegaron a coexistir tres nombres para el lugar a mediados del siglo XVIII: Cañada de Juan Ruiz; Cañada de Oliva; y Cañada de Morón. Juan Ruiz fue el primer vecino en recibir tierras sobre el arroyo Morón. El capitán Juan de Oliva era un comerciante que fue dueño de una chacra que se extendía desde el arroyo Morón al río Reconquista, el nombre se usó a fines del siglo XVII y comienzos del XVIII. El nombre que finalmente perduró lo debe al capitán Diego Morón, ya que su viuda (Isabel Torres Briseño) fue propietaria de una fracción de las tierras que habían pertenecido a Juan Ruiz. La familia Igarzábal fue notable y destacada en la fundación del partido.

La conquista y el reparto de la tierra

En 1582, a dos años de haber fundado Buenos Aires, Juan de Garay dotó a los vecinos más prominentes de la ciudad con tierras de chacra y estancia, las primeras destinadas al cultivo y las otras a la crianza de ganado. La concesión de estos terrenos se efectuó por medio de un sorteo, por lo cual las mismas fueron denominadas suertes. El reparto de suertes de estancia se prolongó hacia el norte hasta el actual partido de Zárate y hacia el sur hasta la Magdalena. En cuanto a las suertes de chacra, parte de las mismas fue distribuida en la Costa de San Isidro y el resto sobre el río de las Conchas (actual río Reconquista). Puede presumirse, en consecuencia, que las actuales localidades de Hurlingham y Villa Udaondo fueron ocupadas por el español desde aquel entonces.

Entre quienes bajaron con Garay desde Asunción para fundar la ciudad se encontraba el capitán Juan Ruiz de Ocaña, hijo de uno de los soldados españoles que habían arribado al Río de la Plata con don Pedro de Mendoza. Este no había resultado favorecido con tierras en aquel primer reparto, pero antes de 1589 recibió en merced unas tierras situadas al este del arroyo Morón. Esta circunstancia determinó que durante todo el siglo XVII esta zona fuera denominada Cañada de Juan Ruiz. Un testimonio posterior -el testamento de la viuda de Ruiz de Ocaña, doña Bernardina Guerra, fechado en 1638- nos informa que las mismas tenían media legua de frente al arroyo y una legua y media de fondo en dirección a la ciudad, de lo que resultaba una superficie de alrededor de 1800 hectáreas.

Los sucesivos gobernadores del Río de la Plata continuaron con la política de asignar títulos de propiedad a aquellos vecinos de Buenos Aires que los solicitaran, siempre que estos pudieran demostrar que contaban con casa poblada en la ciudad, que habían participado con armas y pertrechos en su defensa y que descendían o estaban emparentados con los vecinos fundadores. La segunda merced más antigua de nuestra zona data de 1589, en que el teniente de gobernador y justicia mayor de Buenos Aires, Hernando de Mendoza, otorgó una legua de tierras en la Cañada de Juan Ruiz a Pedro Verdún de Villaysán, contador de la Real Hacienda. Posteriormente, en 1596, el gobernador Juan Ramírez de Velasco entregó a Mateo Sánchez una fracción de similar extensión, y en 1609 el gobernador Hernandarias hizo lo propio con García Hernández.

El pago de la Cañada de Juan Ruiz se halló tempranamente conectado con la ciudad de Buenos Aires. Ya el título de propiedad de Verdún de Villaysán hace mención al camino real que conducía a Córdoba, a cuya izquierda se encontraban los terrenos que pertenecían a éste. Pronto aparecieron rutas secundarias, como el llamado camino de Andrés Lozano, que ya en 1613 bordeaba las tierras que el gobernador Diego Marín Negrón otorgó en merced a Andrés Lozano de Saravia, y que corría en dirección a un vado sobre el río de las Conchas.

El proceso de ocupación de la tierra en nuestro partido no supuso, que sepamos, el desalojo de tribus indígenas. En realidad, nada sabemos del Morón anterior a la conquista española. Aunque el arroyo pudo haber servido eventualmente de parada a las tribus nómades de querandíes que circularon por la región hasta los tiempos de la conquista, se carece de yacimientos arqueológicos que permitan determinarlo. En las primeras décadas del siglo XVII el pago de la Cañada de Juan Ruiz se hallaba aún muy próximo a la frontera con el indígena, y aunque posteriormente esta frontera se adentró en dirección al río Salado, puede considerarse que hasta la década de 1740 nuestro partido estuvo todavía en la zona de riesgo de malones. No existe ningún documento escrito, sin embargo, que permita afirmar que durante el gobierno de Hernandarias se erigió un fortín dentro de los límites actuales de nuestro partido: esta aseveración proviene de la interpretación de una pieza cartográfica realizada por el historiador Raúl Molina, que escritores locales posteriores han tomado por segura, pero que nunca ha sido respaldada por evidencias escritas o arqueológicas con el objeto de superar el campo de las presunciones.

Para contener los frecuentes ataques indígenas que asolaban a la ciudad de Buenos Aires, el gobernador Hernandarias crea un destacamento militar en la zona que corresponde al centro de la ciudad de Morón, eligiéndose ese lugar por ser una altura estratégica. El Fortín de Morón, uno de los tantos creados en la campaña bonaerense durante el siglo XVII, sirvió de base al posterior asentamiento estable de la población.

Estos pobladores se concentraron en la Cañada de Morón que era, además, la primera posta en el tránsito hacia Cuyo y el alto Perú por el nuevo camino Real (actual ruta 7).

En sus orígenes (siglos XVI y XVII) Morón formaba parte de un solo partido, el Partido de La Matanza y Cañada de Morón.

En 1784, dada la extensión del mismo, el Cabildo de Buenos Aires, establece dos autoridades, una con residencia en La Matanza y otra en la Cañada de Morón.

Esta solución trajo muchos problemas para los vecinos ya que podían reclamar indistintamente ante las dos autoridades, por lo tanto en 1812 se estableció un límite a la jurisdicción de cada autoridad: es el Camino de Burgos (actual Av. Don Bosco, límite entre Morón y La Matanza). Sin embargo el Partido no se dividió hasta 1822 cuando se crearon los Juzgados de Paz y se nombró un Juez de Paz para Morón, quedando de hecho erigido en Partido y comprendiendo los actuales partidos de Merlo, Ituzaingó y Hurlingham.

Las autoridades recibieron a través del tiempo distintas denominaciones: Alcaldes de Santa Hermandad (siglos XVII-XVIII), Jueces de Paz (desde 1812 a 1856), Presidentes de la Municipalidad ( desde 1856 a 1891) y por último Intendentes a partir de 1891. El primer Intendente de Morón fue Gregorio de Laferrere.



Morón en tiempos del Virreinato (1776-1810)

El pago de la Cañada de Morón no se constituyó en entidad administrativa independiente hasta 1785, en que por decisión del cabildo de la ciudad de Buenos Aires fue convertido en partido. Cuando esto sucedió, se le otorgó un territorio que se extendía desde el actual barrio porteño de Flores hasta el fortín de Lobos, en la frontera con los indígenas, y tuvo por máxima autoridad a un alcalde de la Santa Hermandad, nombrado por el cabildo, quien dirimía los conflictos entre los vecinos y perseguía a cuatreros y vagabundos.

Para entonces ya se había formado un reducido caserío en torno a la primitiva iglesia de Nuestra Señora del Buen Viaje, que ocupaba un conjunto de diez cuadras alrededor de la actual plaza de Morón y que fue el germen de lo que dos siglos más tarde sería nuestra populosa ciudad. Sin embargo, la mayor parte de la población del flamante partido era rural y vivía diseminada en chacras a orillas del arroyo Morón y del río Reconquista, dedicada al cultivo de trigo. El fortín de Lobos, por su parte, albergaba a varias decenas de soldados y sus familias, y se encontraba bajo las órdenes de un sargento mayor de milicias.

La legislación colonial establecía que en el partido de Morón, considerado tierra de pan llevar, la agricultura tenía prioridad por sobre la ganadería. Estaba por lo tanto prohibida la crianza de animales, a excepción de las bestias de tiro al servicio de las labores agrícolas, como los bueyes para arar o los caballos atahoneros, y de los estrictamente necesarios para el consumo. Pero la documentación de la época nos indica que estas disposiciones fueron desobedecidas, y que en Morón no faltaron grandes criadores de ganado vacuno. Su existencia generó conflictos entre dos actividades productivas cuya convivencia era entonces sumamente problemática, ya que la falta de alambrados impedía a los labradores contener a los animales ajenos, lo que a menudo les acarreaba la pérdida de sus cultivos. Las disputas entre uno y otro sector daban generalmente lugar a pleitos judiciales en los que el alcalde de la Hermandad se veía obligado a intervenir.

La presencia del camino real, que conducía a Chile y Perú, fue fundamental para el partido. Este camino, que es hoy la avenida Rivadavia, pasaba por el pueblito de Morón para dirigirse luego al río Reconquista, al que atravesaba por el que fue llamado desde entonces Paso del Rey. Un sitio alternativo para vadear el río era el llamado Paso de Morales, llamado así porque se hallaba sobre las tierras pertenecientes a Domingo Morales, en lo que luego sería la ciudad de Hurlingham. Como ninguno de estos vados tenía puente y debían pasarse a nado o en balsas hechas de cuero, el vecino Pedro Márquez construyó en 1771 un puente de madera sobre el Reconquista, el primitivo Puente Márquez, al que se llegaba a través del camino de Gaona. Existía en la zona una posta, que ofrecía caballos de refresco a los mensajeros oficiales del virrey que transitaban hacia el norte del país.

A finales del período colonial, el partido de la Cañada de Morón sufrió los primeros recortes en su territorio. Entre 1800 y 1805 se creó el partido de la Cañada de la Paja, que se extendía de Merlo hasta el fortín de Lobos. En 1806 Merlo volvió a integrarse a nuestra jurisdicción, pero San Salvador de los Lobos se segregó definitivamente para constituirse en partido. En 1807, finalmente, también San José de Flores se separó para convertirse en circunscripción independiente.



Morón de la emancipación a la presidencia de Rivadavia (1810-1827)

Una de los primeros cambios que afectó al partido de Morón después de la Revolución de Mayo tuvo que ver con la definición de su jurisdicción territorial. Durante el período colonial, los alcaldes de los partidos de la Matanza y Cañada de Morón habían entrado a menudo en conflicto por cuestiones de competencia. No fue hasta 1812 que se otorgó a cada uno un territorio propio, siéndole asignado al primero el que se hallaba recostado sobre el río Reconquista, mientras que el segundo debió resignarse a actuar en el que se cernía sobre el río Matanza. El límite que se estableció entre ambos sigue estando en vigencia: el camino de Burgos, que es hoy la calle Don Bosco.

En 1815, la población moronense fue censada por primera vez tras haber concluido la dominación española. Este empadronamiento vino a confirmar lo que venía sucediendo desde hacía un siglo: predominaban los agricultores, que resultaron ser entonces el 56,5% de los habitantes del partido. El mismo también nos muestra, no obstante, que la aplicación de la legislación española no había logrado desarraigar la ganadería, ya que el 26,3% de los pobladores subsistía gracias a la crianza de animales. El resto de los censados se componía fundamentalmente de trabajadores manuales (zapateros, panaderos, carniceros, veleros, pulperos, carpinteros, sastres y otros, que sumaban el 3,3 %) y de comerciantes (2%), algunos de los cuales residían en el pueblito de Morón.

El partido de Morón, como todos los que componían de la Provincia de Buenos Aires, fue controlado a partir de 1822 por un juez de paz, funcionario nombrado por el gobernador que vino a reemplazar a los alcaldes de la Santa Hermandad. En nuestro caso, esta reforma vino acompañada de un reordenamiento jurisdiccional. El 6 de febrero de ese mismo año el partido de la Matanza fue suprimido para volver a reunirse con el de Morón. Pero esta reunificación fue transitoria, ya que el 29 de abril de 1825 el Tribunal Superior de Justicia restableció el juzgado de paz de la Matanza con sus límites anteriores, señalándole por territorio "todo el que sea de hacendados desde donde acaban las tierras de labranza". A resultas de esto último, el partido de Morón se circunscribió desde entonces a una extensa franja territorial que se extendía desde los actuales municipios de San Martín y Tres de Febrero hasta los de Merlo, Marcos Paz y General Las Heras.

Mientras tanto, el pueblito de Morón continuaba creciendo lentamente. Refiere el padre Juan Presas que en 1824 una delegación pontificia atravesó el territorio argentino para informarse de la situación de los fieles de nuestro país, y el 16 de enero de ese año recaló en la villa de Morón. Este se componía, según refiere el diario de uno de los sacerdotes que integraban dicha misión, de "pequeñas casas de veraneo, dispersas por una y otra parte, pobres casuchas y rancheríos". El camino que conducía al poblado era bueno, ya que muchos vecinos pudientes de Buenos Aires habían elegido la zona para retirarse a descansar con sus familias, pero las casas de hospedaje y las quintas donde éstos pasaban sus vacaciones contrastaban con los míseros ranchos de adobe de los agricultores que sembraban trigo en las chacras cercanas.

Moron hoy








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