No mate a su hijo adolescente
• El aislamiento, la introspección, el recogimiento son signos normales en el proceso evolutivo del adolescente.
• La introspección le sirve al joven para resolver desde los conflictos más cotidianos hasta las dudas más existenciales.
• Los adolescentes desean que sus padres entren en razones, pero esto les resulta muy complejo.
Los padres difícilmente los entienden.
• Muchas veces los padres magnifican los peligros.
• La adolescencia es la etapa de la provocación, del mirar y ser mirado… pero sin ir mucho más lejos.
• Hay que tratar de entender los códigos adolescentes mediante el diálogo.
• En esto que llevamos de s. XXI todo es descartable, "Fast", “Light” y “Diet”.
Nada dura mucho.
• Lo más grave ocurre cuando los padres renuncian a entender a sus hijos y los dejan librados a su suerte “porque no los comprenden”.
• El adolescente jamás lo pedirá, pero lo que necesita además de amor, afecto y contención, es comprensión.
• También necesita que lo respeten. No olvidemos nunca que él también es una persona.
• Es preciso recurrir al sutil equilibrio entre el “no meterse” y el “dar”.
• Los amigos son el “oro” del adolescente.
Los indeseados por los padres deben ser combatidos – eso opera como un “boomerang” – siendo invitados al clan familiar para conocerlos.
• La evasión es una característica netamente adolescente.
• Es bueno tener presente que en nuestro país, cada 30 horas, se quita la vida un adolescente.
Pero a no confundirse: el suicidio esconde muchas más cosas que una simple negativa a que acudan a un recital, fiesta, etc.
• Es que el suicidio es un “arma infalible” para castigar a los adultos incomprensivos.
Pero la comunicación es la contrapartida para entenderse con los hijos.
• Los padres tienen que acompañar a los hijos ubicándose a su lado: ni por arriba, ni por debajo, ni por delante.
• Adaptarse, esta es la palabra mágica que puede reunir a padres e hijos.
• El joven es egoísta por naturaleza; quiere convertirse en si mismo a través suyo, y para ello necesita zambullirse en su yo.
• En esta etapa, la mirada crítica y la omnipotencia adolescente se mezclan con una sensibilidad extrema.
• A los padres les cuesta aceptar el crecimiento de los hijos.
Sin embargo, “los pájaros deben echar a volar”.
• Sólo el sentido común podrá guiar por buen camino y con equilibrio la relación padres-hijos.
• El aislamiento, la introspección, el recogimiento son signos normales en el proceso evolutivo del adolescente.
• La introspección le sirve al joven para resolver desde los conflictos más cotidianos hasta las dudas más existenciales.
• Los adolescentes desean que sus padres entren en razones, pero esto les resulta muy complejo.
Los padres difícilmente los entienden.
• Muchas veces los padres magnifican los peligros.
• La adolescencia es la etapa de la provocación, del mirar y ser mirado… pero sin ir mucho más lejos.
• Hay que tratar de entender los códigos adolescentes mediante el diálogo.
• En esto que llevamos de s. XXI todo es descartable, "Fast", “Light” y “Diet”.
Nada dura mucho.
• Lo más grave ocurre cuando los padres renuncian a entender a sus hijos y los dejan librados a su suerte “porque no los comprenden”.
• El adolescente jamás lo pedirá, pero lo que necesita además de amor, afecto y contención, es comprensión.
• También necesita que lo respeten. No olvidemos nunca que él también es una persona.
• Es preciso recurrir al sutil equilibrio entre el “no meterse” y el “dar”.
• Los amigos son el “oro” del adolescente.
Los indeseados por los padres deben ser combatidos – eso opera como un “boomerang” – siendo invitados al clan familiar para conocerlos.
• La evasión es una característica netamente adolescente.
• Es bueno tener presente que en nuestro país, cada 30 horas, se quita la vida un adolescente.
Pero a no confundirse: el suicidio esconde muchas más cosas que una simple negativa a que acudan a un recital, fiesta, etc.
• Es que el suicidio es un “arma infalible” para castigar a los adultos incomprensivos.
Pero la comunicación es la contrapartida para entenderse con los hijos.
• Los padres tienen que acompañar a los hijos ubicándose a su lado: ni por arriba, ni por debajo, ni por delante.
• Adaptarse, esta es la palabra mágica que puede reunir a padres e hijos.
• El joven es egoísta por naturaleza; quiere convertirse en si mismo a través suyo, y para ello necesita zambullirse en su yo.
• En esta etapa, la mirada crítica y la omnipotencia adolescente se mezclan con una sensibilidad extrema.
• A los padres les cuesta aceptar el crecimiento de los hijos.
Sin embargo, “los pájaros deben echar a volar”.
• Sólo el sentido común podrá guiar por buen camino y con equilibrio la relación padres-hijos.
(Cornellá de Blanco. “No mate a su hijo adolescente”. Página 69.)