El tristemente célebre TC-48
Esa mañana de noviembre, la aeronave perteneciente a la FuerzaAérea Argentina identificada como TC-48 (Tango Charly cuarenta y ocho)despegó desde la base aérea Howard en Panamá, con destino al aeropuertode Ciudad de México, con escala intermedia en el aeropuerto ElSalvador. El objetivo de dicho vuelo era completar el 10mo Viaje deInstrucción Final de los cadetes de la Fuerza Aérea pertenecientes a laPromoción XXI; el cual se había iniciado en la ciudad de Mendoza, conescalas programadas en Perú, Ecuador, Panamá, El Salvador, México ydestino final Estados Unidos.
Esta aeronave era acompañada por otra de similarescaracterísticas, con el registro TC-43 (Tango Charly cuarenta y tres).La ruta seleccionada era de navegación directa, con rumbo constanteNoroeste (NW) sobrevolando el Mar Caribe, cruce de territorionicaragüense por el Sur e ingreso posterior al El Salvador.
Al mando de la nave se encontraba el capitán Esteban Viberti,asistido por una tripulación de siete miembros, entre navegador,operador de radio, mecánico y operadores de carga. El pasaje estabaintegrado por 54 cadetes argentinos, un cadete peruano y cincooficiales más.
Despedida en Mendoza de la tripulación
Momentos antes de iniciarse el vuelo, mientras el Capitán realizabael chequeo exterior de la aeronave, recibió el parte que indicaba lacantidad de combustible cargado. En el se indicaba que habían sidocompletado los ocho depósitos del avión con un total de 12.900 litrosde combustible; o sea a su capacidad máxima. Tal informe llamó laatención de Viberti puesto que durante la confección del plan de vuelose había fijado una cantidad muy inferior -casi la mitad- y al estarprevista la escala técnica en El Salvador resultaba innecesariodespegar con la máxima capacidad de combustible, ya que el peso de laaeronave sería mucho mayor no solamente durante el despegue sinodurante toda la operación.
Antes de ordenar la descarga de la mitad de combustible, realizó laconsulta de rigor con el Comodoro José Fonseca -parte de latripulación-, generándose una discusión observada por varios testigos.La misma finalizó abruptamente cuando Fonseca respondió que se estabancumpliendo órdenes superiores y que si quería realizar algún tipo deobjeción al respecto, debería hacerlo a su regreso en Córdoba.
Tal como declararon algunos testigos, Viberti respondió: “en éstas condiciones, dudo que regresemos”.
Los registros sobre la hora de despegue del TC-48 soncontradictorios ya que algunos mencionan que lo hizo a las 05:48mientras otros señalan como hora de partida las 06:48. Tal confusiónseguramente se deba a los diferentes husos horarios de la zona. Locierto es que entre 5 y 6 minutos después hizo lo propio el TC-43,adoptando curso similar. Transcurridos entre 30 y 40 minutos de vuelo,el TC-48 ya se encontraba con curso NW sobrevolando el Mar Caribecuando el motor número 4 se incendió. Los pilotos cumplieron elprocedimiento de apagado, cortando el combustible y colocando la héliceen posición “de bandera” con el fin de que la misma no generaseresistencia al avance. La potencia del resto de motores fue ajustadapara contrarrestar el arrastre del motor apagado y compensar el empujeasimétrico resultante. El capitán Viberti procedió entonces a comunicarpor radio de su situación, declarándose en emergencia. Tal comunicaciónfue recibida por el TC-43 y por otra aeronave comercial de la empresaLACSA de Costa Rica. Se estima que en ése momento el TC-48 seencontraba a unas 60 millas de la costa oriental de Panamá.
En posteriores comunicaciones, Viberti refiere "que ha cambiado sucurso hacia el Oeste", dirigiéndose hacia la costa, a la zona conocidacomo Bocas del Toro y que volaba a baja altitud presentando fuegoabordo y problemas eléctricos. Estas comunicaciones fueroninterceptadas por los aeropuertos de Managua (Nicaragua) y Tegucigalpa(Honduras). El piloto del vuelo de LACSA –comandante Alvaro Protti- dioinstrucciones a Viberti para que se dirigiera al aeropuerto máscercano, que era Puerto Limón en Costa Rica. En el último contactoradial mencionó nuevamente problemas eléctricos que le estaban haciendoperder hasta la señal de radio. Luego se perdió todo contacto con elTC-48.
Supuesta trayectoria del TC-48 antes de colisionar
A pesar de la declaración de emergencia emitida por el capitánViberti, ni la tripulación del TC-43 ni el piloto de LACSA solicitaronlos servicios de búsqueda y salvamento una vez perdido el contactoradial con la aeronave.
Sin ningún tipo de lógica, se incumplió con la norma que establecela declaración de desastre cuando una aeronave se demora más de 30minutos de la hora estimada de aterrizaje fijada en el plan de vuelo.Se esperó entonces a considerar la hora en la cual –en teoría- el TC-48se quedaría sin combustible. A partir de entonces y con una demora decasi 8 horas, se realizó la solicitud del inicio de las tareas debúsqueda y rescate.
Las operaciones de búsqueda recibieron el apoyo de la fuerza aéreade Estado Unidos con base en Albrook, Panamá, participando en total 55aeronaves entre aviones y helicópteros, a los que se sumaron otrasunidades de Costa Rica y Nicaragua, todas con resultados negativos.
Operativo de rastreo desde Albrook, Panamá
El día 7 de Noviembre se localizaron 25 chalecos salvavidas a 40millas al Oeste de Colón (Panamá). Tres días después, el 10 deNoviembre, son dados por desaparecidos los tripulantes y pasajeros delTC-48; y para el 6 de Diciembre, se da por concluida la búsqueda.
La Fuerza Aérea informó a los familiares que algunos restos menoreshabían sido localizados en el mar, en las proximidades de la zona Bocasdel Toro, al Norte de Panamá, muy cerca de la frontera con Costa Rica.Entre los restos se hallaba una valija, algunas gorras, uniformes decadetes, chalecos de lana, el documento de uno de los cadetes, camisas,dinero, una cámara fotográfica y un par de binoculares.
Mientras tanto varios familiares se trasladaron hasta Costa Rica endonde por su lado iniciaron varias búsquedas, algunas de ellas con elapoyo del gobierno costarricense, pero que tampoco arrojaron resultadospositivos.
El Informe del Departamento de Prevención de Accidentes Aéreosarrojó su teoría sobre lo sucedido al avión, y allí de modo indirecto,se responsabiliza al Capitán Viberti del accidente, al mencionar suposible falta de apreciación de la altura real del avión sobre el mar.Finalmente, en Diciembre de 1967, de manera oficial el gobiernoargentino y en consecuencia, la Fuerza Aérea, dieron por cerrado elcaso.
Examinando evidencias
El aspecto prolijo y cuidado que presentaban las prendas llamópoderosamente la atención de los familiares. Esos elementos no teníanla apariencia de haber permanecido en el mar por espacio de más de diezdías; la presunción fue confirmada cuando se realizaron análisis desalinidad a estos objetos; el resultado fue categórico, no habíapresencia de sal, estos elementos jamás habían estado en contacto conagua de mar.
Los salvavidas recuperados por la Fuerza Aérea se encontraban enperfecto estado, como si nunca hubieran sido usados por alguien que fuepresa del ataque de un tiburón, además de haber cambiado llamativamentede color. Los salvavidas que llevaba a bordo el TC-48 eran de colorverde, los presentados por la Fuerza Aérea a los familiares de loscadetes eran de color anaranjado.
Ante el reclamo de las familias, la Fuerza Aérea se vio en laobligación de reunir más pruebas que sustentaran la versión de que elavión y toda su tripulación habían desaparecido en el mar, y para ellola institución castrense presentó una prueba que por su solidez parecióirrefutable: los documentos, un par de gemelos y U$S 100 pertenecientesal cadete Oscar Vuistaz, que viajaba en el TC-48.
La Fuerza Aérea aseguró que estos objetos personales habían sidohallados flotando en el océano. Meses más tarde ocurrió algo quedesbarataría esa mentira y que reafirmaría la sospecha de que los altosmandos manipulaban la información. La familia Vuistaz recibió una cartaanónima escrita por un cadete que viajaba en el otro avión, el TC -43,en ella el joven manifestaba que esas pertenencias les habían sidoentregadas por Oscar Vuistaz en Panamá ante el temor de extraviarlos osufrir algún robo debido al desorden que había a bordo del TC-48, concadetes hacinados que a falta de espacio viajaban sentados enimprovisados banquitos de madera colocados en el pasillo del avión.
Según la carta, después del accidente el cadete anónimo habíaentregado estas pertenencias al Director de la Escuela de Aviación queviajaba en el TC-43, para que se los hiciera llegar a los familiares desu amigo desaparecido. La Fuerza Aérea no sólo que no entregó loselementos a la familia Vuistaz, sino que los presentó como prueba,asegurando que los habían rescatado del mar.
Desde sus inicios este caso estuvo rodeado de un halo de misterio ysecretismo, luego surgieron una serie de especulaciones ycontradicciones sobre lo ocurrido con el avión y el destino de sus 68pasajeros. Comenzaron a tejerse infinidad de historias que fueronrespaldadas por algunos medios periodísticos, que echaron mano devidentes y adivinos. Estos aseguraban que en trance podían ver a ungrupo de jóvenes viviendo en la selva. Fueron los mismos familiares losque consultaron también a algunos personajes que con diferentes métodosles dijeron haber localizado el punto exacto de caída del avión. En1967 el Dr. Carlos María Bachini, un odontólogo jubilado, afirmó haberdado con el lugar del impacto. Bachini fundamentó su trabajo en el usode un péndulo, mapas y fotografías de los desaparecidos que leindicaban que el avión estaba en la selva, al sur de Puerto Limón, enCosta Rica.
Selva de Talamanca, Puerto Limón
Las pruebas que aportaban las expediciones independientes dealgunos familiares siguieron manteniendo viva la esperanza: laaparición de un botón con el símbolo de la fuerza aérea, el dibujo deun avión con cuatro motores enmarcado en signos y números tallado en eltronco de un árbol en la selva, una carta escrita por la maestra ruralTalía Rojas que aseguraba haber ayudado y curado a algunossobrevivientes del accidente aéreo. Esta mujer afirmaba también que elavión se había estrellado contra el cerro Chirripó, pero no aportódatos más precisos por temor a los aborígenes, que dijo habían saqueadolos restos del avión y asesinado tiempo más tarde a unos pocossobrevivientes.
La versión de la maestra que trabajaba en una escuelita delpueblito de Corona, coincidió con la de un niño que fue llevado a unhospital de San José de Costa Rica. Encontrándose muy grave el pequeñode ocho años llamado Rafael, afirmó haber visto un avión en la selva yque los "hombres blancos" eran sus amigos. Una semana después Rafaelmurió llevándose para siempre la ubicación exacta y la oportunidad deencontrar el lugar de la caída.
En las últimas cuatro décadas se han realizado casi un centenar deexpediciones, y algunos integrantes de aquellas aseguraron haber vistoa aborígenes en la zona del cerro Chirripo, hoy convertido en parquenacional, luciendo relojes, gorras, anillos y prendas que sin dudaspertenecían a los cadetes, pero éstos se negaron a informar de dóndelas habían obtenido. La superstición y el temor a un cacique de laTribu Bribri entorpeció las investigaciones, ya que según rumores, éstehabría ordenado el saqueo y la muerte de los sobrevivientes. Ni bajotortura, ni a cambio de fuertes sumas de dinero, los aborígenesinformaron sobre el paradero de los restos del avión.
Fueron muchos los testigos, especialmente trabajadores rurales defincas productoras de frutas, que en la mañana del 3 de noviembre de1965 vieron a un avión gris de cuatro motores volando a muy baja alturay esquivando cerros. El avión, dijeron, dejaba una estela de humo negroen medio de una violenta tormenta.
La incertidumbre de tener un hermano o hijo en ese avión, y nosaber cómo, dónde o cuándo murió, debió haber sido terrible para esasfamilias. Muchos padres murieron sin saber nunca el paradero de sushijos y sin poder repatriar sus cuerpos.
Este año se realizó la expedición "Esperanza IV" en la queparticipan familiares de las víctimas con ayuda del gobierno argentinoy costarricense y se adentró a las montañas de Talamanca. En medio dela expedición, a finales de septiembre pasado ocurrió un suceso muycurioso, ya que buscando rastros de la nave siniestrada hace 44 años,accidentalmente encontraron los restos de un cementerio aborígen de másde mil años de antigüedad, que aunque indudablemente es un hecho quehizo sonreír a la comunidad científica, no fue algo reconfortante paralos familiares que ya desde hace tres décadas, montaron un monumento enla selva para recordar a sus víctimas.
De hecho, a partir de esta noticia del descubrimiento arqueológico fue que yo llegué a dar con la de "El avion de los Cadetes".
Pese al fracaso de esta última misión, se lanzará otra búsqueda enmarzo de 2010, siempre financiada por la Fuerza Aérea, que espera podercerrar este triste capítulo de la aviación argentina y dar paz a losfamiliares de los desaparecidos en el accidente.