Series de TV
2009 - House MD Director del capítulo 18, temporada 5, "Aquí gatito"
2008 - House MD Director del capítulo 6, temporada 4, "Lo que sea necesario"
2008 - House MD Director del capítulo 12, temporada 3, "Un día, una habitación"
2006 - Vientos de agua Director-guionista
2006 - 30 Rock Director del capítulo "Jack meets Daniel"
2006 - Six Degrees Director del 1° capítulo.
2000-2006 - Law & Order: Special Victims Unit, episodio "Recall" (2006) (como Juan J. Campanella)
2000 - Strangers with Candy, 6 capítulos
2002 Culpables, canal 13 (Ganador del Martin Fierro de Oro)
Películas
2009 - El secreto de sus ojos
2006 - un dia diferente productora Juan José Campanella (cortometraje)
2004 - Luna de Avellaneda
2001 - El hijo de la novia
1999 - El mismo amor, la misma lluvia
1997 - Ni el tiro del final
1991 - El niño que gritó puta
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=w3_CChyZtpo
Juan José campanella cuenta los secretos de Dr. House
Viaje a la cocina del consultorio top
El director de El hijo de la novia es un veterano de la tevé de los EE.UU.: hizo una docena de episodios de Law & Order y hoy dirige capítulos de Dr. House. Aquí revela las claves del éxito del doctor más mediático.Juan José Campanella dice que con hacer “cuatro o cinco changas” por año ya puede dedicarse tranquilo a pensar en su siguiente película.
Defina “changas”.
No son de albañilería ni tienen lugar en el puerto de Buenos Aires, claro. Campanella es, además de uno de los nombres más fáciles de asociar al éxito de público en el cine nacional, el director argentino más experimentado –por lejos– en el terreno de las series made in USA. Desde 2000 lleva dirigidos quince capítulos de Law & Order, y, en las últimas temporadas, sumó dos de la tira que, junto a Lost y Héroes, conforma el tridente dorado de las “series sensación”, Dr. House.
El director de El hijo de la novia y Luna de Avellaneda tuvo aquí un módico revés televisivo con la “miniserie de autor” Vientos de agua, pero al mismo tiempo lograba formar parte del fenómeno House poniéndose tras las cámaras en dos episodios: One Day, One Room, el número 12 de la tercera temporada, estrenado en los Estados Unidos el 30 de enero de 2007, y Whatever It Takes, el sexto de la cuarta, del pasado 6 de noviembre.
Mientras se acerca a la docena y media de episodios facturados, Campanella dice: “Para un latino no es más difícil entrar al mundo de la tevé en los Estados Unidos, es igual. Los parámetros son que el capítulo esté bien, que entre en término y también en presupuesto. Ahora bien, si no cumplís esas tres cosas, si no sos bueno y eficiente, no trabajás más.”
Campanella se reconoce como parte del grupo de afortunados que hace lo que le gusta en su país porque tiene las espaldas bien cuidadas con estas changas. “A Los Ángeles, una ciudad que detesto –confiesa–, voy sólo para estas grabaciones. Cada capítulo de House, en general, lleva unas tres semanas y media, trabajando de 12 a 14 horas diarias, y yo me voy al día siguiente de terminada la filmación.”
También, “en general”, cada episodio cuesta tres millones de dólares: “No veo en qué se gasta la plata. Lo importante es no salirte de presupuesto, salvo que expliques y justifiques lo que necesitás, y en ese aspecto yo no tuve problemas”. Por la cuarta temporada desde su aparición en 2004, Dr. House tiene asegurada la continuidad, por ahora, hasta la séptima. Después de dos meses de vacaciones, las grabaciones comienzan alrededor de julio hasta abril o mayo, por lo que para septiembre-octubre, cuando empieza la nueva temporada, ya hay varios capítulos terminados.
Después de Hugh Laurie, el protagonista vedette, el miembro del equipo que más gana es el autor, personaje que, además de escribir, acompaña al director en el set. El creador de la serie es David Shore, jefe de un equipo de dieciocho guionistas que tienen que terminar, solos o en parejas, entre uno y dos capítulos por año. “El auténtico jefe es el autor y no como acá que es el último orejón del tarro”, compara el director. Cada episodio, agrega, se somete a múltiples lecturas y se reescribe varias veces.
Las especificidades médicas las consultan con un profesional, aunque Campanella reconoce cierta exageración: “Digamos que son casos muy extremos, pero que a House le tocan todas las semanas”. Si debe agarrar un bisturí, recibe las instrucciones de una enfermera real quien, además, aparece en cámara seguido.
–¿Cada uno de los directores que rota en la serie puede darle un toque distintivo a su capítulo?
–Yo lo intento. Por ejemplo utilizo prácticas que ellos no acostumbran, como la cámara en mano y el gran angular. El capítulo de la chica violada, de la tercera temporada, fue el más exitoso de las cuatro, y el otro es el más exitoso de este año.
–¿Tenés presente el ingrediente Sherlock Holmes de la serie?
–Sí, son importantes los momentos en que House encuentra la pista, a partir de qué datos resuelve, digamos que funcionan como anclas en la narración.
–Por fin, lo importante: ¿cómo es el protagonista, Hugh Laurie?
–Es muy inglés, notoria diferencia con el resto del elenco en el estilo de actuación. Viene con toda la letra sabida mientras que los norteamericanos tienden a estudiar en el momento, salvo los que tienen largos párrafos (como Vincent D’Onofrio, en Law & Order). Es muy perfeccionista. Su obsesión es que no se le note el acento británico; te diría que es la fuente de sus desvelos más grande, y lo cansa mucho. En el trato es muy macanudo, me llevo muy bien, escucha mucho, les toma el ojo a los directores en seguida. Bueno, eso pasa a todo nivel: en la primera mañana de trabajo, actores y técnicos ya se dan cuenta de si el director sabe algo o está bardeando.
Admirador de la comedia The Office (pero en la versión norteamericana, la protagonizada por Steve Carell), Campanella le pidió a su representante que le consiga trabajo allí, simplemente para poder “reír todo el tiempo”. Fue justamente por sus carcajadas incontenibles que, en otra de sus changas, tuvo que repetir una escena: al grabar un capítulo de 30 Rock, la sitcom que aquí se ve por Sony, protagonizada por Tina Fey y Alec Baldwin.
Sobre la estrella de ese elenco, Campanella, que dirigió el quinto episodio de la primera temporada, se pregunta y se responde: “¿Baldwin está arruinado? Por supuesto que no. Está gordo y muy preocupado con eso, hace gimnasia todos los días. Yo le tenía miedo porque venía con fama de difícil, pero la pasé muy bien con él. Después me enteré de sus problemas de divorcio (con Kim Basinger) y con su hija. Cada tanto salía del set a hablar por celular, pero no traía los problemas a la filmación. Es muy profesional”.
A la hora de elegir entre la serie de abogados, la de médicos o la de absurdos personajes del mundillo de la tevé, Campanella responde al filo mismo del desdén: “Me da lo mismo”.
–Un viejo mito en forma de pregunta. ¿Son mejores los guionistas de allá que los argentinos?
–Y... sí. Hay otra escuela, tienen más tiempo y son valorados. Acá se les paga una miseria como si el libro no fuera importante. ¿Para qué darle importancia al guión, no? Total, en las comedias hay dos o tres actores cómicos que ponen caras pelotudas y se supone que ya con eso alcanza para hacer reír. Bueno, así les va. Están fracasando a diestra y siniestra. No tenemos escuela de guión, en general, se desprecia, no hay buenos profesores y los estudiantes compran esa filosofía. No sé si no saben o no quieren, pero es notorio que el problema de la ficción argentina, en cine y televisión, son los guiones.
Crítica Digital
Fuente: http://www.criticadigital.com/impres...c=nota&nid=382