
Acá va mi experiencia en el toque de ayer.
Una vez más confirmé mis prejuicios sobre los pendejos: los odio. Cuando estábamos llegando (fui con unos amigos) vi a una pendeja tomando cerveza en vaso de vidrio, con un pibe que tomaba speed en lata. No nos pudimos decidir por que orificio introducirles el vaso y la lata, por lo que los terminamos dejando pasar.
Llegamos a las inmediaciones del velódromo cuando ya estaba arrancando a tocar 11 tiros y, como siempre le dedican todos los temas a la gente que se quedó afuera porque no pudo pagar la entrada, nos quedamos afuera. Cuando iban por el tercer o cuarto tema nos dignamos a entrar y nos percatamos de que se escuchaba bastante mal. Pero mal mismo, como cuando estás escuchando música con un parlante roto. En principio pensé que sonaban así siempre, no soy un gran fan (no es que discrimine a los planchas en general, es la banda la que no me gusta), pero después me di cuenta que había algún problema con el sonido. Rápidamente empezaron los gritos (mis gritos) de “bajensénn que van a romper algo”.
La gente igual se colgó bastante, y hasta cantó esos temas con los que siguen robando desde hace años, con frases poéticas y agasajantes hacia el público como “la gente más vulgar, pero la que más te llega”, “me sale el salado” o “cuidado con la cana o te vas pre”. Los locos medio que no se esperaban que la gente se colgara, y medio que les llamó la atención, por lo que se permitieron tocar otro tema. Esto fue más que llamativo, porque nadie coreó el clásico “otra”, y el vocalista (un tomugrien) salió a decir algo como “disculpen que vamos a tocar otro tema, pero estamos con una leche por tocar que no puede ser”. Un poeta.
Lo mejor de 11 tiros en definitiva fue que durante uno de los temas se tiró el vallado y quedé a escasos metros del escenario (los que me permite la edad), no con los pendejos que saltan, pero lo suficientemente cerca como para ver bien. Lo otro interesante fue la confirmación de un nuevo prejuicio sobre los pendejos: no aguantan nada. No habían tocado medio tema que ya pasó por al lado mio una horda de pendejos con una piba desmayada en brazos.
Entre 11 tiros y ska-p hubo una horita de descanso mínimo. Supongo que estaban conectando los equipos de verdad, ya que iba a tocar una banda de verdad, pero igual una hora es medio mucho. En ese entretiempo me dio pila de hambre, lo que me lleva a describir a mi grupete:
- el piti: es diabético y tuvo una vida de excesos que no le permite alimentarse más que con agua y barritas de cereal.
- el rolo: se hizo unos análisis y le dió que es una tortafrita con vida, no puede comer nada que no sea verde y salga de la tierra.
- la novia del rolo: estudia arquitectura (una contradicción en si misma, no se puede estudiar arquitectura, se puede ir a la facultad a fumar porro, jugar al ping pong y organizar ventas de rifas).
- yo: no voy al médico por las dudas.
Cuando sugerí ir a comprar unas hamburguesas me miraron con cara de ”pero vos sos loco, si te querés matar pegate un tiro, pero no me cagues la vida a mi”, y como que preciso apoyo moral para ese tipo de iniciativas. Terminé matando el hambre con una barrita de cereal que me dió el piti. No me dió más porque siempre tiene que tener dos por lo menos por si le baja el azúcar.
Al principio del toque se prendió una luz de esperanza para las nuevas generaciones: había un pibe de unos diez años en los hombros de alguien agitando todos los temas. Es cuestión de esperar a que desaparezcan los jóvenes de ahora y que surjan los jóvenes del mañana.
Por allá arrancó a tocar ska-p (arrancaron con ni fu ni fa) y descubrí el mejor laburo del mundo. En la banda hay un loco que no toca ningún instrumento y que cada tanto canta un poco, pero que en realidad se dedica a bobear arriba del escenario. Se disfraza, hace señas, pone cara de “pa loco, que sentimiento que le estoy metiendo a esto”, se toca los genitales, etc.

El pibe le da un color increíble, pero el tema es que demora bastante en cambiarse de disfraz (ahí le podrían dar una mano los gabys o los zíngaros que se cambiaban en dos segundos). Para no dejarlo pagando, mientras el loco se cambiaba, el vocalista nos explicaba más o menos de que se trataba la canción que venía después, y medio que los temas de ska-p no son muy difíciles de entender, por lo que se terminaba embolando un poco.

En uno de esos intermedio me di cuenta que el público de ska-p en uruguay comprende uno de los grupos de imbéciles más grande que haya visto. Los tipos terminaron de tocar un tema que hablaba de lo mal que le hacía el nacionalismo a la sociedad y la mar en coche, cuando empezaron areirse de los indiecitos que estaban miránolos y nos empezaron a hacer repetir consignas como “le-ga-li-za-cion” y como la gente no gritaba lo suficientemente fuerte dijo “en argentina gritan más”. El tema es que la gente que se había rasgado las vestiduras cantando sobre la caída de las banderas y el nacionalismo, empezó a gritar el tragicómico “u-ru-guay, u-ru-guay”. Ahora que lo pienso, las que se rasgaban las vestiduras eran las atorrantas que estaban adelante de todo para que las filmaran, pero ta, comentario al margen.
En uno de esos tantos momentos en los que el vocalista nos explicaba los temas se entraron a dar dos pibes abajo del escenario. El vocalista se bajó a separar -enorme- (me aburrí de los paréntesis, por eso delimité el “enorme” entre “-”). Lo que me llevó a hipotetizar que habría pasado si se hubiera bajado a separar el gordo de la trompeta. Les cuento para los que nunca lo vieron, que el gordo de la trompeta es una onda Honda (el de la Street Fighter) medio punk con falda escocesa. Para cuando terminé de imaginarme la escena onda alien vs predator en la que el gordo solo remaba a todos los tomugrien que estaban ahí adelante, ya estaban arrancando con otro tema.

La verdad es que el toque fue increíble. Tocaron una punta de temas y sonaron muy bien. Dos interludios para destacar (más allá de la minipiñata):
- se subieron unos pibes a hablar de los derechos de los animales y terminaron diciendo que si alguien quería más información iban a estar al lado del lugar donde se vendían las hamburguesas.
- un video de una botijita palestina que te partía el pecho.
Un punto alto de la banda es que realmente te das cuenta cuando terminó el toque. Me embola terriblemente todo ese rato en que pedís otra y no sabés si van a tocar otra o no. Los locos al final ponen una música de fondo, empiezan a joder, gritan boludeces y el gordo de falda escocesa muestra el culo. Después de eso sabés que no hay vuelta atrás, no van a tocar más.
Me fui, me tomé un taxi, el tipo iba fumando, me fui a poner el cinturón y me dijo “no nene, no anda”.
Saludos
