Soy argentino de tercera generación y media. De los muchos que anudan sus gargantas al entonar el Himno Nacional y sienten una especial vibración al escuchar la Marcha de San Lorenzo. La realidad actual me traslada a vivencias de mi infancia, enseñanzas recibidas, valores inculcados. Y me lleva a decir: muchachos…..este no es mi país !!!! Cada día me siento mas extraño en mi propia tierra, con el inmenso dolor y la horrible sensación de vacío e impotencia que ocasiona el sentirse de esa forma.
Veo al patotero todo terreno y a tiempo completo Luis D’elia saliendo exultante y triunfalista luego de ser absuelto en una causa, cuyo resultado condenatorio era el único posible en un país con estándares de civilización y sentido común y frente a tanta impunidad explicita y obscena, siento deseos de mandarme de contramano por la mismísima Av. Corrientes exhibiendo el titular de los diarios al policía que me detenga. No es este un sentimiento sano.
Veo a los piquepatoteros de subterráneos dando conferencias de prensa desde el mismísimo Congreso de la Nación para informar un nuevo atropello a los usuarios, y siento deseos de armar raudamente mis valijas.
Veo a los patoteros de Moyano, pasados de etílicos, bloqueando nuestro derecho a informarnos libremente, frente a la pasividad (perdón, complicidad) del los poderes públicos y siento impulsión de huir en el primer avión que salga.
Veo a dos jueces que se copiaron en sus exámenes para ejercer su altísima y sagrada investidura, ejerciendo su cargos, sin sonrojarse ellos y sin que se sonrojen quienes tienen a su cargo las designaciones y tengo vergüenza de ser argentino. Y me detengo aquí, pensando que nueva movida me llevara mañana a querer hacer las valijas, tomar el primer avión que salga y avergonzarme de haber nacido en la tierra que tanto ame y sigo amando.
Como un “casi extranjero” que me siento, me permito sugerir a las autoridades de mi “casi ex país”: si es la pobreza uno de los mas acuciantes problemas, eliminen del presupuesto las partidas millonarias destinadas a la Justicia y a las fuerzas de seguridad. Ambas son inexistentes. Muchos niños podrían no morir de hambre con la millonada de recursos que se malgastan en esos dos inútiles instituciones.