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Una odisea diaria para poder trabajar

Info10/6/2009
La crisis del agro El impacto social de la sequía En Villa Iris, una decena de ex empleados rurales recorren todos los días 360 kilómetros para cumplir tareas en una fábrica de otra ciudad Miguel Sbaizero vive solo en el campo: se le murió hacienda, tuvo que malvender y trata de mantener 32 vacas de cría que le quedaron Walter Mercado (izq.), a punto de abordar la combi para ir a trabajar VILLA IRIS.- Faltan apenas quince minutos para las 18.45 y la combi apostada frente a la plaza se apresta a salir. Enseguida, un grupo de hombres sube y el vehículo parte. Se sucede, así, una imagen que se hizo rutinaria en el pueblo: ver a ex empleados rurales mezclados entre otras personas que hacen 360 kilómetros por día, ida y vuelta, para trabajar. Van a Coronel Suárez, donde cumplen tareas en la fábrica de zapatillas Indular. Definitivamente, en Villa Iris, a 700 kilómetros de Buenos Aires, la crisis provocada por la sequía y la mortandad de hacienda ha tomado ribetes dramáticos. A los establecimientos que quedan vacíos, casi como fantasmas, se les sumó un costado social lastimoso, con empleados rurales que quedan sin trabajo. Se estima que en lo que va del año 18 familias de empleados rurales se quedaron sin trabajo porque se cerraron campos. Se abre una batalla por la supervivencia. Y allí aparece la odisea de viajar todos los días 360 kilómetros para seguir trabajando. Según datos de Liliana Díaz, delegada municipal (Villa Iris pertenece al partido de Puan), de 44 personas que diariamente van a trabajar a Coronel Suárez alrededor de 10 son ex empleados que perdieron su puesto en el campo. Walter Mercado, de 30 años y padre de un hijo, puede dar fe de esta odisea. Durante casi cuatro años trabajó en el campo, pero en noviembre pasado se quedó sin empleo. Al dueño del establecimiento en que estaba se le murieron muchas vacas, justo algo que él manejaba. Ahora, desde agosto pasado, va todos los días a trabajar a la fábrica de zapatillas con otras personas. Su turno de labor va de 22 a 6 de la mañana. Viaja en una de las cuatro combis que salen en distintos momentos del día hasta un pueblo cercano, Bordenave, donde después hay que abordar un micro para llegar hasta Coronel Suárez. "Me hago 360 kilómetros por día; entre ida y vuelta de viaje tenemos casi siete horas", relató. "Por la sequía, hoy no nos ocupa nadie en el campo", expresó. Mercado parece recordar un pasado feliz manejando hacienda en la función que antes tenía. "Si hubiera trabajo en el campo, volvería", comentó. Lo escuchan Jorge, Mirko y Néstor, que también abordan la combi. Según la delegada Díaz, una parte de la combi la paga el municipio y otra parte, los mismos empleados. "Esto ha logrado reducir un poco la desocupación"; opinó. De otros pueblos también va gente a esa fábrica. Reconversión en marcha Sin trabajo en los campos y con una pérdida de empleos, un grupo de productores está alentando la radicación de otras actividades en el pueblo. En eso está Juan Manuel Garciarena, un productor cuyo apellido se hizo conocido en el mundo agropecuario cuando, en plena sequía, se sentó cara a cara con el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, para gestionar una ayuda que luego llegó vía la entrega de maíz. "Quiero reunirme con la Presidenta", dice ahora. En concreto, Garciarena se puso en contacto con un importante frigorífico de aves de Entre Ríos para convencerlo de que ponga una planta en Villa Iris. El proyecto incluye su radicación para faenar 20.000 pollos por día. Su destino sería la exportación. Según el productor, el frigorífico ocuparía alrededor de 50/60 personas. Además, sostiene que habría que construir entre 50 y 60 granjas productoras que darían trabajo a otras 120 personas. Finalmente, una planta de alimento balanceado emplearía a otras diez personas. "Con esto cambiaría mucho la parte social el pueblo", se ilusiona Garciarena. El mismo Garciarena cuenta que está gestionando una audiencia con Cristina Kirchner para conseguir apoyo a este proyecto. "Se necesita un crédito importante para que se pueda radicar todo; la inversión requiere 15 millones de dólares", graficó. Traducido en pesos, son casi 60 millones, el equivalente al 10% de los $ 600 millones que el Gobierno aporta para que el fútbol sea gratis. Mientras tanto, los productores continúan sufriendo la sequía. Muchos cerraron los campos. Se calcula que aquí hay 60 establecimientos en esa condición, sobre más de 400. Osvaldo Gelinger, de 57 años, llegó a tener 130 animales hace un par de años. Le quedaron 47 y unos meses atrás los vendió. Se fue al pueblo. Allí compró una casa con su señora. "¿Qué íbamos a seguir haciendo acá?; nos estábamos quedando solos y sin animales", justifica Celia, su esposa. Osvaldo dice que las visitas al campo se redujeron a lo indispensable. "Seguimos viniendo porque no se la puede dejar caer abajo a la casa del campo", explica. A Gelinger le duele haber tenido que malvender sus vacas. En total embolsó casi 18.000 pesos. Si hoy quisiera volver a comprar la misma cantidad de hacienda necesitaría 47.000 pesos, casi tres veces más. Hoy Gelinger consiguió que alguien le alquilara el campo para sembrar. Es un establecimiento de casi 500 hectáreas. Ahora vive del alquiler. "Hoy, en este momento, ése es mi único recurso", confía. A unos kilómetros de Gelinger está Miguel Sbaizero. Vive solo en su establecimiento. Se llama El Porvenir, un nombre que no refleja la situación actual. En un corral tiene una vaca caída. Está raquítica y es una de las tantas que trajo de campo abierto para intentar salvar a fuerza de maíz. La lucha es desigual. De 500 animales le quedan 32, entre ventas forzadas y mortandad. Pero, de algún modo, se resiste a liquidar todo. "¿Qué haría si vendiera todo? No sé hacer otra cosa", afirma. Otros directamente tratan de sobrevivir como sea. Rubén Rutsch, por ejemplo, que de 120 vacas de cría se quedó con 25, dice que a veces sale a hacer changas. Es como si prestara servicios. "Salgo a recorrer otros campos, a hacer ayudante de molinero... Con mis vacas no vivo", grafica. A su lado, Dante Boscardín, un reconocido veterinario del pueblo, acota que su trabajo se redujo dramáticamente. Y Omar Tatarzicky cuenta que con su hermano Néstor cerró una cabaña de toros después de 26 años. En este contexto, aparece el caso de Marcelo Sainz. Se vino al pueblo y compró gallinas ponedoras. Su idea es llegar a tener una producción importante para vender huevos. "Acá hay que vivir de otra cosa", sentencia. En el campo vivió hasta febrero pasado, donde quedaron vacas y ovejas. Mientras él apuesta por las gallinas, en el pueblo su mujer consiguió trabajo como portera de un colegio. "Hoy, el principal ingreso es el de mi señora", subraya. En esta localidad del partido de Puan, las pérdidas por la sequía desde el 2008 hasta ahora llevaron a clausurar 60 establecimientos rurales Fuente Razones de un fenómeno que se tornó devastador Dicen que hubo un uso inadecuado del suelo VILLA IRIS (De un enviado especial).- Un conjunto de factores parece haber confluido para que hoy, en el extremo sur bonaerense, se observara un efecto devastador sobre los campos, que en muchos casos se ven casi como un desierto. Desde la sequía que lleva más de cuatro años, registros de lluvias que cayeron a menos de la mitad hasta el sobrepastoreo en medio de campos que fueron perdiendo pasto, todo influyó para que una región de suelos livianos, arenosos y ventosa se transformara en el paisaje desolador que exhibe. De todos modos, la situación tiene sus matices dentro de las distintas zonas recorridas, desde el sur del partido de Puan, donde está Villa Iris, hasta Patagones y Villarino. Pero la mano del hombre también parece haber hecho su aporte para que la situación de sequía se agravara. "En una sequía larga, un uso inadecuado del suelo puede producir este tipo de cuestiones graves", señaló Alberto Perlo, director del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Ascasubi. Perlo habla por los partidos de Villarino y Patagones, donde tiene incumbencia el organismo. El técnico fue más allá: "Hay un uso inadecuado por mucha agricultura y por la manera en que se hace". El especialista no se refiere a la soja, que, según aclara, no se hace en la zona de Villarino ni de Patagones. Los productores de Villa Iris dicen que tampoco allí hay espacio para la soja. "No hay lluvias regulares para este cultivo", expresó Omar Tatarzicky. Sólo en el centro norte del partido de Puan se han realizado experiencias con la oleaginosa. "Casi no se siembra soja; no llega al 5% de todo el partido", indicó Gerardo Salvatori, asesor del centro del partido de Puan. Los cultivos que predominaban antes de la seca son el trigo y otros cereales de invierno. Perlo enfatiza sobre la manera en que se ha realizado la agricultura en muchos casos del extremo sur bonaerense. Hubo importante remoción del suelo sin cobertura vegetal, lo que lo hace más susceptible a la erosión hídrica y eólica. Estos suelos tienen una estructura extremadamente frágil, por el alto porcentaje de arena en su composición. Por eso, los técnicos recomiendan dejar vegetación en la superficie, disminuir el porcentaje de agricultura y aumentar el de pasturas. En el caso de Patagones, el especialista se refiere al desmonte como agravante. "Ha habido un desmonte muy grande en algunos casos, en los últimos veinticinco años. El monte en la zona de Patagones se redujo un 60 por ciento", concluyó. Fuente Mi otro post, relacionado con la sequia en el campo, al sur de Bs As: Sequía: Cierran campos en el sur bonaerense (Stroeder) Cuando la tierra no alcanza para vivir (Algarrobo)
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