“El capitalismo ha tenido hasta ahora una capacidad casi ilimitada para reinventarse a sí mismo”, aseguró el nuevo gurú económico de los EE.UU., Dani Rodrik.
“Aquellos que predicen la desaparición del capitalismo subestiman su histórica flexibilidad”, dice Dani Rodrik, el nuevo gurú económico de los Estados Unidos. Rodrik, profesor de Economía Política en Harvard, señala que el capitalismo atravesó su versión 1.0 con Adam Smith; John Maynard Keynes le dio forma a la 2.0 y ahora se está gestando la tercera versión, mejorada y ampliada.
Su visión optimista de largo plazo ha sido inspiradora de un renovado optimismo que hoy aparece tímidamente en los mercados, pero que todavía está lejos de plasmarse en la realidad, tal como lo demuestran los tibios vaivenes de la reunión del G-20.
“El capitalismo agoniza en una de las más severas crisis en muchas décadas. Una combinación de recesión profunda, dislocaciones económicas globales y la nacionalización de vastos sectores de las finanzas en las economías de los países más avanzados del mundo ha alterado profundamente la balanza entre los mercados y los estados. Dónde se establecerá el nuevo balance... no lo sabe nadie” . Pero advierte que “aquellos que predicen la desaparición del capitalismo tienen que enfrentar un hecho histórico relevante: el capitalismo ha tenido hasta ahora una capacidad casi ilimitada para reinventarse a sí mismo. En realidad, su flexibilidad es la razón por la que ha podido superar las crisis periódicas a través de los últimos siglos y sobrevivir a las predicciones de Karl Marx”. Para Rodrik, antes que preguntarse si el capitalismo puede sobrevivir, habría que determinar si los líderes mundiales actuales demostrarán contar con la capacidad de liderazgo necesaria para emerger a esta nueva versión.
El académico de Harvard no puede ni quiere disimular su inquebrantable fe en el capitalismo: “Este sistema no se compara con nada cuando se trata de liberar las energías económicas colectivas de la sociedad. Es por eso que todas las sociedades prósperas del mundo son capitalistas, en el sentido más amplio de la palabra: están organizadas en torno a la propiedad privada y permiten a los mercados un rol decisivo a la hora de distribuir recursos y determinar las recompensas económicas”. Sin embargo, Rodrik reconoce una falla central en este sistema: no puede prosperar sin la vigilancia de instituciones que lo apoyen. En otras palabras, el capitalismo “no se crea a sí mismo, no se sostiene solo, no se autoregula ni se estabiliza”.
Durante los siglos XVIII y XIX el capitalismo prosperó bajo el influjo de su máximo ideólogo, Adam Smith, con un mínimo de instituciones. Todo lo que necesitaba para funcionar era un gobierno que asegurara el derecho a la propiedad, el mantenimiento de la paz, y la recaudación de unos pocos impuestos para financiar un limitado rango de servicios públicos.
Todo acabó con la crisis del '30 y la Segunda Guerra Mundial. Los acuerdos de Bretton Woods-Gatt acarrearon una forma “superficial” de integración económica internacional, que implicó fuertes controles sobre el flujo internacional de capitales, que tanto Keynes como sus contemporáneos observaron como cruciales para la administración de las economías domésticas.
El nuevo orden económico emergente de estos cataclismos fue una economía “mixta”, con alta intervención estatal, que abrió un período de cohesión social, estabilidad y prosperidad en las naciones avanzadas, que se prolongó hasta mediados de los '70. Para Rodrik, este modelo comenzó a deshilacharse en el último cuarto del siglo XX y la explicación tiene un solo nombre: globalización.
Según el economista, la crisis actual muestra “cuán lejos nos hemos apartado de ese anterior modelo”. La globalización financiera, en particular, destruyó las viejas reglas. Cuando el capitalismo estilo chino enfrentó al capitalismo estilo americano, con pocas válvulas de seguridad instaladas, se generó una mezcla explosiva. No había mecanismos de protección para impedir la superabundancia de liquidez global y entonces, la combinación de las fallas regulatorias de Estados Unidos generó la fantástica burbuja inmobiliaria cuyo estallido sacudió al sistema hasta su núcleo.
Rodrik insiste en que el capitalismo no está muerto. Sólo se necesita transformar el capitalismo versión nacional en su contraparte global. Esto implica imaginar un mejor balance entre los mercados y las instituciones que los regulan, a nivel supranacional. Y también exige diferentes aproximaciones al problema, según qué parte del mismo se enfoque.
“Diseñar el nuevo capitalismo no será fácil -concluye Rodrik- pero tenemos la Historia de nuestro lado: el don salvador del capitalismo es una casi indefinida capacidad de adaptación y maleabilidad”.
Fuente
“Aquellos que predicen la desaparición del capitalismo subestiman su histórica flexibilidad”, dice Dani Rodrik, el nuevo gurú económico de los Estados Unidos. Rodrik, profesor de Economía Política en Harvard, señala que el capitalismo atravesó su versión 1.0 con Adam Smith; John Maynard Keynes le dio forma a la 2.0 y ahora se está gestando la tercera versión, mejorada y ampliada.
Su visión optimista de largo plazo ha sido inspiradora de un renovado optimismo que hoy aparece tímidamente en los mercados, pero que todavía está lejos de plasmarse en la realidad, tal como lo demuestran los tibios vaivenes de la reunión del G-20.
“El capitalismo agoniza en una de las más severas crisis en muchas décadas. Una combinación de recesión profunda, dislocaciones económicas globales y la nacionalización de vastos sectores de las finanzas en las economías de los países más avanzados del mundo ha alterado profundamente la balanza entre los mercados y los estados. Dónde se establecerá el nuevo balance... no lo sabe nadie” . Pero advierte que “aquellos que predicen la desaparición del capitalismo tienen que enfrentar un hecho histórico relevante: el capitalismo ha tenido hasta ahora una capacidad casi ilimitada para reinventarse a sí mismo. En realidad, su flexibilidad es la razón por la que ha podido superar las crisis periódicas a través de los últimos siglos y sobrevivir a las predicciones de Karl Marx”. Para Rodrik, antes que preguntarse si el capitalismo puede sobrevivir, habría que determinar si los líderes mundiales actuales demostrarán contar con la capacidad de liderazgo necesaria para emerger a esta nueva versión.
El académico de Harvard no puede ni quiere disimular su inquebrantable fe en el capitalismo: “Este sistema no se compara con nada cuando se trata de liberar las energías económicas colectivas de la sociedad. Es por eso que todas las sociedades prósperas del mundo son capitalistas, en el sentido más amplio de la palabra: están organizadas en torno a la propiedad privada y permiten a los mercados un rol decisivo a la hora de distribuir recursos y determinar las recompensas económicas”. Sin embargo, Rodrik reconoce una falla central en este sistema: no puede prosperar sin la vigilancia de instituciones que lo apoyen. En otras palabras, el capitalismo “no se crea a sí mismo, no se sostiene solo, no se autoregula ni se estabiliza”.
Durante los siglos XVIII y XIX el capitalismo prosperó bajo el influjo de su máximo ideólogo, Adam Smith, con un mínimo de instituciones. Todo lo que necesitaba para funcionar era un gobierno que asegurara el derecho a la propiedad, el mantenimiento de la paz, y la recaudación de unos pocos impuestos para financiar un limitado rango de servicios públicos.
Todo acabó con la crisis del '30 y la Segunda Guerra Mundial. Los acuerdos de Bretton Woods-Gatt acarrearon una forma “superficial” de integración económica internacional, que implicó fuertes controles sobre el flujo internacional de capitales, que tanto Keynes como sus contemporáneos observaron como cruciales para la administración de las economías domésticas.
El nuevo orden económico emergente de estos cataclismos fue una economía “mixta”, con alta intervención estatal, que abrió un período de cohesión social, estabilidad y prosperidad en las naciones avanzadas, que se prolongó hasta mediados de los '70. Para Rodrik, este modelo comenzó a deshilacharse en el último cuarto del siglo XX y la explicación tiene un solo nombre: globalización.
Según el economista, la crisis actual muestra “cuán lejos nos hemos apartado de ese anterior modelo”. La globalización financiera, en particular, destruyó las viejas reglas. Cuando el capitalismo estilo chino enfrentó al capitalismo estilo americano, con pocas válvulas de seguridad instaladas, se generó una mezcla explosiva. No había mecanismos de protección para impedir la superabundancia de liquidez global y entonces, la combinación de las fallas regulatorias de Estados Unidos generó la fantástica burbuja inmobiliaria cuyo estallido sacudió al sistema hasta su núcleo.
Rodrik insiste en que el capitalismo no está muerto. Sólo se necesita transformar el capitalismo versión nacional en su contraparte global. Esto implica imaginar un mejor balance entre los mercados y las instituciones que los regulan, a nivel supranacional. Y también exige diferentes aproximaciones al problema, según qué parte del mismo se enfoque.
“Diseñar el nuevo capitalismo no será fácil -concluye Rodrik- pero tenemos la Historia de nuestro lado: el don salvador del capitalismo es una casi indefinida capacidad de adaptación y maleabilidad”.
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