P U R I M
La fiesta de Purim es parte importante del folklore judío y la celebran en todo el mundo, de distintas maneras, judíos religiosos y laicos que concuerdan en considerarla símbolo de la salvación del pueblo judío de manos de sus enemigos a través de las generaciones.
En Israel se tiende a considerar a Purim principalmente como festividad de los niños que se disfrazan y como ocasión de desfiles pintorescos por las calles de las principales ciudades del país además de las fiestas de máscaras de los mayores, en resumen, algo así como un Carnaval judío, tiempo de alegría y diversión.
Para la mayoría de la población más que los contenidos temáticos se destacan las costumbres y tradiciones especiales, así como la atmósfera de celebración pública en condiciones de independencia nacional.

Si se lee el Libro de Esther desde la perspectiva del humanismo hebreo, el tema básico del relato es la asunción de su identidad judía por Mordejai cuando estando a las puertas del palacio del rey Ajashverosh (Persia-Iran) es el único súbdito que no se postra ante la autoridad del monarca representada por Hamán,(Hajmadiniyad?) su primer ministro. La fe judía no permite a Mordejai arrodillarse ante un rey al que se asigna carácter divino, pues esto es idolatría.
Y así se revela su fe en el Dios Uno Creador del universo a cuya imagen y semejanza fueron creados los seres humanos que tienen todos, por lo tanto, la misma dignidad y los mismos derechos. Según esta concepción, las distintas funciones sociales -rey, esclavo, sirviente o ministro- no expresan diferencia esencial sino son sólo funciones distintas intercambiables entre ellas como las ropas de un disfraz. En este sentido, el monoteísmo judío implica en sí mismo el humanismo.
El acto de Mordejai -al no arrodillarse- afirma su fe en Dios y en la concepción del mundo y de la vida de la Torá opuesta radicalmente a la concepción idólatra y jerárquica de Hamán que representa un régimen imperialista anti humanista en donde quien tiene ideas o creencias distintas de sus dirigentes será castigado con la muerte.
Esto pasa cuando Hamán se dirige al rey y acusa al pueblo de Mordejai por tener leyes distintas de las de todos los otros pueblos (y por no observar las leyes del rey) y pide por esto que se extermine a este pueblo disperso por todo el Imperio y se expropien sus bienes.
Es sabido el desarrollo de los hechos desde que Hamán emite en nombre del rey el decreto que ordena matar a todos los judíos el 13 de Adar, y cómo logran Esther y Mordejai provocar la caída de Hamán descubriendo ante el rey sus verdaderos propósitos.
Lo que interesa destacar desde la perspectiva del humanismo hebreo es cómo explica la Meguilá las razones de la lucha final.
Según la Meguilá, después de la caída de Hamán, Mordejai y Esther solicitan al monarca que anule el decreto de exterminio de los judíos. El problema es que el rey, por respeto a las leyes, no puede revocar el primer decreto y en lugar de esto les autoriza a escribir otro decreto en su nombre. En este segundo decreto del 23 de Siván que Mordejai hace conocer a todos, judíos y no judíos, se autoriza a los judíos de todo el imperio a unirse el día 13 de Adar y luchar para defender sus vidas matando a quien salga contra ellos.
Esto significa que tanto los judíos como los no judíos tuvieron nueve meses para decidir y preparar lo que iban a hacer el 13 de Adar. Los judíos decidieron luchar -no tenían otra alternativa-, hubo muchos no judíos que decidieron no intervenir, hubo otros que se unieron a los judíos y también hubo partidarios de Hamán que decidieron seguir adelante con los planes de Hamán. Es contra éstos últimos que se desarrolla la lucha armada de los judíos. En la capital Shushán los judíos obtuvieron permiso para luchar un día más hasta terminar con los hijos de Hamán y todos sus adeptos. Y es de esta manera, luchando, que se llegó al triunfo final de los judíos.
Así comprendemos que el festejo de Purim ordenado en la Meguilá para ser celebrado en el futuro por los judíos de todas las generaciones no conmemora la realización de un presunto ``pogrom'' judío contra no judíos, sino la alegría de que la fe en Dios no fue defraudada y que los judíos de Persia lograron mediante su lucha invertir la sentencia de exterminio a que fueran condenados por Hamán (Hajmadineyad?).
De esta manera, podemos ver el Libro de Esther centrado sin duda en el tema de ``la salvación del pueblo judío'', como expresión del humanismo hebreo, un humanismo basado en la existencia de pueblos distintos y que reconoce el derecho de todos los pueblos a existir, así como los derechos iguales de todos - hombres y pueblos- a tener ideas y creencias distintas, siempre que ellas no impliquen el odio y la destrucción de quienes tienen otras ideas y creencias. Este humanismo, que proclama el deber de la tolerancia y del respeto mutuo entre todos, implica también la obligación de rechazar y oponerse -también por la fuerza- a quienes niegan los derechos humanos y pretenden exterminar a otros personas, pueblos, culturas, por pensar o por creer de otra manera.
Y esta obligación se asume justamente en nombre y en defensa de la Santidad de la Vida y de los valores humanos universales, no simplemente para satisfacer el egoísmo nacional de un pueblo determinado o su voluntad de dominio.
