Los sorprendentes secretos de una bruja del siglo XXI
Lejos de resultarle ofensivo, la parapsicóloga Norma Schillinger –cuya trayectoria ha sido reconocida por la Asociación Mundial de esa disciplina– asume para sí –sin ningún complejo– el término bruja y rescata desde otros tiempos en esa dirección a grandes figuras de la historia de la ciencia que muchas veces por dicha calificación sufrieron la persecución y la muerte a manos de los ignorantes de turno.
En su consultorio de calle Newbery, numerosos diplomas acreditan sus conocimientos en Feng Shui, Bioenergía, Parapsicología y Reiki, ámbito donde la charla dio lugar a revelaciones que desafían los límites de la mente.
En secreto
—¿Dónde nació?
—En Capital Federal.
—¿Qué actividad desarrollaban sus padres?
—Mi padre era ingeniero electromecánico e hizo cosas muy importantes para la Argentina. Trabajaba en la Dálmine Safta, donde se fabricó el primer caño de acero sin costura.
—¿De qué nacionalidad era?
—Austríaco, vienés, y mamá porteña, descendiente del general Lucio Mancilla, emparentado con Rosas.
—¿Qué costumbres preservaba su padre de su país?
—La comida: con el té se comía strudel de manzana, con canela; también un pescado que traían de Europa pero no recuerdo el nombre y mi mamá hacía los kraft, o llamadas bolas de fraile. La cocina y los postres eran alemanes.
—¿Siempre vivió en Buenos Aires?
—Siempre hasta que hace 10 años vine acá.
—¿Por qué?
—¡Ah! Te cuento. Mi hija, que en Buenos Aires era una gran empresaria en artículos de iluminación, se casó con su actual esposo que es de Entre Ríos. Su último negocio lo tuvo en San Isidro. Vieron la posibilidad de adquirir unos locales en calle Almafuerte y se instalaron. Yo iba y venía para ver a mi nietita y mi familia, hasta que un día mi hija me dijo que me viniera.
—¿Qué expectativa tenía su padre en torno a usted?
—Yo imantaba lo desimantado. Una vez él y su cuadrilla estaban trabajando en la instalación de cable coaxial y le pedí que me trajera un pedacito de vía. La trajo, puse un alfiler sobre el hierro y se cayó. Le dije que mirara, puse las manos sobre el riel, agarré la aguja y quedó imantada sobre el hierro.
—¿Qué edad tenía?
—Ya era grande, unos 30 años.
—¿Tuvo experiencias paranormales cuando niña o adolescente?
—Sí, sí, pero muchas cosas no las podía decir porque en aquellos años si hablabas de esto ibas a parar a un psiquiátrico.
—¿Nunca las comentó con su mamá?
—Con mamá no, con papá sí. Otra vez agarré un termómetro, le puse un algodón con agua muy fría y luego –con la mente– comencé a hacer subir el mercurio hasta 40º.
—¿Cómo asumía estas cuestiones?
—Naturalmente. Yo desconocía todo sobre esto y era escéptica sobre lo paranormal.
Además tenía miedo de ir a parar al (hospital neuropsiquiátrico) Borda.
El primer diagnóstico
—¿Entonces?
—Ocurrió que tuve que concurrir a una gran parapsicóloga de Uruguay porque mi ex marido había desaparecido en un viaje a Pinamar. Llegué a Montevideo pero me había olvidado la dirección, tomé un colectivo, bajé, comencé a caminar, retrocedí y en determinado momento miré una casa, apareció alguien y me dijo: “Porteñita, acá estoy”. Entré a su estudio, me hizo quedar junto a ella y la gente comenzó a pasar. En un momento la abuela me dio una foto y me ordenó que la mirara; pero yo no entendía nada. Hice un diagnóstico a partir de la foto y yo no lo podía creer. La abuela me dijo: “Bien porteñita, era lo que quería saber. No sabés quién sos; ni te lo imaginás. Un día te verás con una corona llena de brillantes. Acordate”. Le pregunté por mi ex esposo y me contestó: “ No vale la pena; volvé a tu Buenos Aires y ponete a trabajar”. Le pregunté qué tenía que hacer y me dijo: “Vos sabés lo que tenés que hacer”.
—¿Cuándo ocurrió esto?
—A los 33 o 35 años.
—¿A qué se dedicaba en ese momento?
—Era empleada en una obra social.
—¿Qué hizo tras volver a Buenos Aires?
—Tenía una amiga dueña de un spa en San Isidro, comenzó a recomendarme a sus clientas y yo le solucionaba las cosas a la gente.
—¿Percibió algo que no había sentido antes?
—No, no. Siempre fue natural. Mucha gente importante de Buenos Aires me preguntaba cómo no tenía miedo. ¿Miedo a qué? Así comencé, vivía en un edificio de calle Salguero donde vivían varios profesionales y yo, la curandera. A mí me dio vergüenza estar entre tantas chapas, entonces me dije que tenía que comenzar a estudiar sobre el porqué me pasaban estas cosas.
—¿Qué estudió?
—Parapsicología Científica; nada de tirar cartas, prender velas... O sea, estudiar los fenómenos paranormales que le ocurren a un individuo.
—¿Pudo entender lo que le sucedía?
—Algunas cosas.
Conocimiento y poder curativo
—¿Por ejemplo?
—Cómo es el sanador, la comunicación telepática, la clarividencia… Yo daba clases para estudiantes de la Facultad de Medicina, porque tenían Parapsicología en el programa de estudios. Me fui convenciendo y comprendiendo de que estaba equivocada en torno a esto. Así tuve mi primer titulito.
—¿Qué percibía con la gente que la consultaba?
—Me da vergüenza decirlo, pero me di cuenta del poder curativo tan grande que tengo y el poder ver los órganos afectados. Me preguntaba si realmente estaba bien.
—¿Ese poder se acrecentaba?
—¡Sí, Dios me libre! Tomé conciencia de que era real. Pero ratifiqué todo esto cuando hice estudios de Antropología Psicológica desde la Gnosis, que creo que vos conocés, la escuela donde se educó nuestro señor Jesucristo. Ahí confirmé todo. Trabajé sobre mi materia y los agregados psicológicos para sacarme los egos.
—¿Fue un punto de inflexión?
—Fue un crecimiento enorme y comencé a conectarme con los extraterrestres.
—¡Cómo!
—Me conectaba. Tengo amigos extraterrestres y también viajo. Mi amigo Zeus se materializa.
—¿Nunca le dijeron que estaba loca?
—Sí, mi mamá. Pasaba y me decía: “Ahí está la bruja”.
—¿Usted qué decía?
—¡Pobre mi mamá! en el sentido que una persona que desconoce ciertos temas es una persona pobre de espíritu y conocimiento.
—Convengamos que no sólo su mamá debe haberlo dicho.
—¡En aquella época era muy poca la gente que conocía estos temas! Yo me callaba. ¡Dios me libre! Pero llegó un momento que con la Gnosis di un gran paso y vinieron a verme de la revista Radiolandia 2000.
—¿Para qué?
—Querían hacerme una nota por que decían saber que yo curaba el cáncer. Les dije que esa nota no la haría. Era en tiempos de la dictadura y yo estaba en pareja con un coronel, quien me aconsejó no hacerla por que me pegarían un tiro.
—¿Trató pacientes con cáncer?
—Sí, muchísimos. Pero con una condición: no les cobraba hasta que me trajeran tomografías y radiografías que comprobaran la curación.
—¿Cómo quedó la relación con la gente de la revista?
—Me dijeron que un médico oncólogo del Instituto Roffo quería verme porque se haría una reunión de la cual participarían el fabricante de la máquina Kirlian en Argentina, yoguis, astrólogos y médicos. Por esa época me había especializado en Bioenergía en colores y era cromoterapeuta. Para cada dolencia y órgano, sabía qué color transmitir. Participé de la reunión hasta que me presentaron y el oncólogo exhibió seis radiografías en colores. Me las hizo observar y que dijera qué órgano estaba afectado y con qué color curarlo. Hice el diagnóstico –aunque me costó mucho por el color de las placas– y les expliqué cómo curar con color.
La asistencia extraplanetaria
—¿Qué dijo el médico?
—Que los diagnósticos eran exactos. Los médicos estaban con los ojos así (hace dos círculos con las manos). Los astrólogos me preguntaban de qué signo era, cuándo había nacido y me dijeron que me entrevistara con Fernando Suárez, un astrólogo muy importante. Me llamó y me hizo la carta natal. Pareciera que yo le hubiera pagado para que dijera lo que decía. También me dijo que yo tenía comunicación con los extraterrestres y le respondí que lo mantenía en secreto. Pero señaló la carta y dijo: “Acá figura eso”.
—¿Cuándo y por qué se comunica?
—Cuando lo pido, Zeus viene. En estos días (se refiere a la noche de brujas del sábado 31) pasaron unas cositas y los llamé a todos. Esta casa estaba llena de luz.
—¿Qué le sucede al contactar?
—Nada, es como estar hablando con vos. Vinieron a ayudarme en algo muy importante para mí. Se presentó un guerrero con una armadura color bronce y detrás había un templo oriental. Me miraba, se arrodilló y me dijo: “Mi reina, venimos a ayudarte”.
—¿Cuando se refiere a extraterrestres implica que pertenecen a otra dimensión?
—O que son de otros planetas. Son seres reales, maestros desencarnados o hermanos exacogitantes. ¿O crees que en Marte no hay habitantes? Saturno y la Luna también los tienen. Los veo. Menos mal que todas estas experiencias las tuve antes de aquella reunión con los oncólogos y de que alguien me regalara un libro llamado La vida en el planeta Marte. Si lo hubiera leído antes hubieran sido fantasías por lo leído.
—¿Le han proporcionado alguna otra información además de la asistencia que pide?
—Me dan el conocimiento cuando lo necesito para mí; pido para el paciente, para saber si le estoy haciendo bien. No quiero saber de otra cosa, sólo sobre la sanación.
—¿No desea conocer alguna otra cosa?
—Nada, perdón por mi soberbia y mi vanidad Dios, pero creo saberlo todo. Pido perdón al Cosmos si mi soberbia se está volcando en estas palabras. Creo que llegué. Se dice que vengo de la Atlántida y por eso traigo grandes conocimientos. Soy una autodidacta y por eso tengo que estar siempre solita.
—¿Le demanda algún esfuerzo conectarse?
—Ninguno. Pido asistencia muy pocas veces.
Autocuración y un médico sorprendido
—¿Qué le sucede cuando comenta estas cuestiones en ámbitos científicos?
—Un gran médico traumatólogo amigo, presidente de la Asociación de Traumatólogos de la República Argentina, es paciente mío y tiene un colega amigo en Entre Ríos. Éste una vez lo llamó diciéndole que tenía que operarme porque yo estaba muy mal de la columna y que prepara el quirófano en Buenos Aires. Pero, sabiendo de mis prácticas, le dijo que esperara. Estuve dos meses en cama y me fui autocurando. Entonces fui al consultorio de este famoso traumatólogo entrerriano, me hizo hacer unos movimientos, se sentó en el escritorio, se agarró la cabeza con las dos manos y dijo: “ ¡Lo que no me enseñó la Medicina, lo que no me enseñó la Medicina!”. Hubo otro caso que me sucedió. Tuve una fractura expuesta en este brazo, lo fui a ver y me dijo que tenían que hacerme cirugía, para lo cual habló con el sanatorio. Yo me preguntaba cómo iba a operarme un médico que no me conocía y con el cual nunca hablé. Llegué al sanatorio y el médico todavía no estaba. Hablé por teléfono con él y le dije que antes de que me operara quería conocerlo. Apareció, lo miré y le dije: “No me vas a operar porque me lo vas a arreglar con la técnica que aprendiste”. Entonces me dijo: “Bajo su responsabilidad” y me hizo firmar un papel. Me dio una inyección, comenzó y lo arregló. Después me preguntó: “¿Cómo sabías?” Le comenté de cuando él había estado en África y un chamán le enseñó. ¡No lo podía creer!
—¿Le suena mal si le digo que es una bruja del siglo XXI?
—¡No! ¿Por qué? Si antiguamente éramos todos brujos y chamanes.
—¿Por qué se perdieron esos poderes?
—¡Ah! La ciencia avanzó, pero antes de la ciencia y de que los médicos y psiquiatras obtuvieran sus diplomas también eran curanderos.
—O alquimistas…
—¡Claro! Como Paracelso (médico, filósofo y alquimista suizo), Hermes Trismegisto (padre de las enseñanzas esotéricas), Papus (médico y ocultista francés)… todos ellos. Después en París se hizo la Universidad y salieron todos con título, entonces se les creyó más a ellos.
—¿Por estos tiempos hay una tendencia a la convergencia entre ciencias oficiales y ocultas?
—Parece que sí. ¡Sí, sí! Fijate que mi nieto estaba estudiando Psicología en Buenos Aires y le dije: Facundito, la Psicología no sirve, es snob, puro bla bla bla; se desunen las familias porque si te duele un callo la culpa la tiene tu mamá o tu papá. ¡No puede ser! Volvés a tu casa peor de lo que fuiste. No te orientan en nada ni te curan.
—Hay corrientes o enfoques que han incorporado otras miradas…
—Claro, la de las terapias alternativas. Por eso en Buenos Aires ya casi no hay psicólogos y se han volcado a ellas. Grandes psicólogos tiran el Tarot y con eso saben lo que tiene el paciente. Luego lo curan con Aromaterapia, flores, colores…
—¿Tiene muchos enemigos?
—¿Quién? ¿Yo?
—Sí.
—No, porque no hablo y cuando lo hago se da con gente que está en lo mismo. En el barrio soy querida pero pensarán que soy una bruja. Para colmo tengo la imagen de una lechucita en la entrada, pero como sinónimo de sabiduría.
La energía y el color
—¿Qué consultas recibe habitualmente?
—La mayoría viene para que les dé Reiki. El Reiki llegó a mí con ese nombre, pero antes había hecho cursos sobre electromagnetismo. Por ese entonces ya me comunicaba con el Cosmos, absorbía energía creadora y le pasaba color. Era una cromoterapeuta.
—¿Cómo le pasa color a la energía?
—Mentalmente. En aquel entonces no tocaba al paciente porque no se podía, según nos enseñaron en Parapsicología.
—¿Todo es energía?
—Todo. ¿Cómo no va a ser todo? Esas plantas y ese gato tienen energía. Todo es vida. Estamos compuesto por energía dada por los átomos, los cuales te dan color y vibración electromagnética.
—¿De qué depende dominarla?
—¿Para qué querés dominarla?
—Usted lo hace para canalizarla hacia la sanación.
—¡Ah sí! En el momento cuando hay que curar al paciente. Tomás la energía cósmica , que es la más pura, creadora y amorosa, y se absorbe, para lo cual hay que estar preparado en cuanto a la apertura de los canales. Algunos llaman a esta energía Dios y él sabe cómo creó a sus hijos. Esa energía se comunica y trae exactamente todo lo que te hace falta para regenerar tus células. Es tan sabia y amorosa que va justo al lugar que hace falta. ¡Es increíble! Es un fenómeno único.
El color y su poder curativo
El conocimiento esotérico explica la cromoterapia como un sistema para curar enfermedades y desórdenes de los cuerpos mental, emocional y físico, lo que proporciona a cada uno la vibración que le falta a través de la energía de la luz manifestada por los colores.
El tratamiento por colores corresponde a una de las muchas aplicaciones de las energías que han cultivado los orientales desde hace miles de años. Al mismo nivel de eficacia que la acupuntura, la cromoterapia se basa en la consideración de una energía global, de la que la materia, por ejemplo, es una manifestación más, y en la que cada color tiene su efecto compensador yin o yang para conseguir el equilibrio orgánico, esto es, la salud.
Esta antigua técnica fue puesta al día y popularizada por el doctor Kuppusuarni, llamado Médico de los Himalayas, más tarde maestro espiritual conocido bajo el nombre de Swami Sivananda. Creó a lo largo y ancho del mundo numerosas escuelas, especialmente en Estados Unidos y en Francia, donde en la actualidad cuenta con gran número de practicantes.
http://www.unoentrerios.com.ar/contenidos/2009/11/08/Los-sorprendentes-secretos-de-una-bruja-del-siglo-XXI-0033.html
Lejos de resultarle ofensivo, la parapsicóloga Norma Schillinger –cuya trayectoria ha sido reconocida por la Asociación Mundial de esa disciplina– asume para sí –sin ningún complejo– el término bruja y rescata desde otros tiempos en esa dirección a grandes figuras de la historia de la ciencia que muchas veces por dicha calificación sufrieron la persecución y la muerte a manos de los ignorantes de turno.
En su consultorio de calle Newbery, numerosos diplomas acreditan sus conocimientos en Feng Shui, Bioenergía, Parapsicología y Reiki, ámbito donde la charla dio lugar a revelaciones que desafían los límites de la mente.
En secreto
—¿Dónde nació?
—En Capital Federal.
—¿Qué actividad desarrollaban sus padres?
—Mi padre era ingeniero electromecánico e hizo cosas muy importantes para la Argentina. Trabajaba en la Dálmine Safta, donde se fabricó el primer caño de acero sin costura.
—¿De qué nacionalidad era?
—Austríaco, vienés, y mamá porteña, descendiente del general Lucio Mancilla, emparentado con Rosas.
—¿Qué costumbres preservaba su padre de su país?
—La comida: con el té se comía strudel de manzana, con canela; también un pescado que traían de Europa pero no recuerdo el nombre y mi mamá hacía los kraft, o llamadas bolas de fraile. La cocina y los postres eran alemanes.
—¿Siempre vivió en Buenos Aires?
—Siempre hasta que hace 10 años vine acá.
—¿Por qué?
—¡Ah! Te cuento. Mi hija, que en Buenos Aires era una gran empresaria en artículos de iluminación, se casó con su actual esposo que es de Entre Ríos. Su último negocio lo tuvo en San Isidro. Vieron la posibilidad de adquirir unos locales en calle Almafuerte y se instalaron. Yo iba y venía para ver a mi nietita y mi familia, hasta que un día mi hija me dijo que me viniera.
—¿Qué expectativa tenía su padre en torno a usted?
—Yo imantaba lo desimantado. Una vez él y su cuadrilla estaban trabajando en la instalación de cable coaxial y le pedí que me trajera un pedacito de vía. La trajo, puse un alfiler sobre el hierro y se cayó. Le dije que mirara, puse las manos sobre el riel, agarré la aguja y quedó imantada sobre el hierro.
—¿Qué edad tenía?
—Ya era grande, unos 30 años.
—¿Tuvo experiencias paranormales cuando niña o adolescente?
—Sí, sí, pero muchas cosas no las podía decir porque en aquellos años si hablabas de esto ibas a parar a un psiquiátrico.
—¿Nunca las comentó con su mamá?
—Con mamá no, con papá sí. Otra vez agarré un termómetro, le puse un algodón con agua muy fría y luego –con la mente– comencé a hacer subir el mercurio hasta 40º.
—¿Cómo asumía estas cuestiones?
—Naturalmente. Yo desconocía todo sobre esto y era escéptica sobre lo paranormal.
Además tenía miedo de ir a parar al (hospital neuropsiquiátrico) Borda.
El primer diagnóstico
—¿Entonces?
—Ocurrió que tuve que concurrir a una gran parapsicóloga de Uruguay porque mi ex marido había desaparecido en un viaje a Pinamar. Llegué a Montevideo pero me había olvidado la dirección, tomé un colectivo, bajé, comencé a caminar, retrocedí y en determinado momento miré una casa, apareció alguien y me dijo: “Porteñita, acá estoy”. Entré a su estudio, me hizo quedar junto a ella y la gente comenzó a pasar. En un momento la abuela me dio una foto y me ordenó que la mirara; pero yo no entendía nada. Hice un diagnóstico a partir de la foto y yo no lo podía creer. La abuela me dijo: “Bien porteñita, era lo que quería saber. No sabés quién sos; ni te lo imaginás. Un día te verás con una corona llena de brillantes. Acordate”. Le pregunté por mi ex esposo y me contestó: “ No vale la pena; volvé a tu Buenos Aires y ponete a trabajar”. Le pregunté qué tenía que hacer y me dijo: “Vos sabés lo que tenés que hacer”.
—¿Cuándo ocurrió esto?
—A los 33 o 35 años.
—¿A qué se dedicaba en ese momento?
—Era empleada en una obra social.
—¿Qué hizo tras volver a Buenos Aires?
—Tenía una amiga dueña de un spa en San Isidro, comenzó a recomendarme a sus clientas y yo le solucionaba las cosas a la gente.
—¿Percibió algo que no había sentido antes?
—No, no. Siempre fue natural. Mucha gente importante de Buenos Aires me preguntaba cómo no tenía miedo. ¿Miedo a qué? Así comencé, vivía en un edificio de calle Salguero donde vivían varios profesionales y yo, la curandera. A mí me dio vergüenza estar entre tantas chapas, entonces me dije que tenía que comenzar a estudiar sobre el porqué me pasaban estas cosas.
—¿Qué estudió?
—Parapsicología Científica; nada de tirar cartas, prender velas... O sea, estudiar los fenómenos paranormales que le ocurren a un individuo.
—¿Pudo entender lo que le sucedía?
—Algunas cosas.
Conocimiento y poder curativo
—¿Por ejemplo?
—Cómo es el sanador, la comunicación telepática, la clarividencia… Yo daba clases para estudiantes de la Facultad de Medicina, porque tenían Parapsicología en el programa de estudios. Me fui convenciendo y comprendiendo de que estaba equivocada en torno a esto. Así tuve mi primer titulito.
—¿Qué percibía con la gente que la consultaba?
—Me da vergüenza decirlo, pero me di cuenta del poder curativo tan grande que tengo y el poder ver los órganos afectados. Me preguntaba si realmente estaba bien.
—¿Ese poder se acrecentaba?
—¡Sí, Dios me libre! Tomé conciencia de que era real. Pero ratifiqué todo esto cuando hice estudios de Antropología Psicológica desde la Gnosis, que creo que vos conocés, la escuela donde se educó nuestro señor Jesucristo. Ahí confirmé todo. Trabajé sobre mi materia y los agregados psicológicos para sacarme los egos.
—¿Fue un punto de inflexión?
—Fue un crecimiento enorme y comencé a conectarme con los extraterrestres.
—¡Cómo!
—Me conectaba. Tengo amigos extraterrestres y también viajo. Mi amigo Zeus se materializa.
—¿Nunca le dijeron que estaba loca?
—Sí, mi mamá. Pasaba y me decía: “Ahí está la bruja”.
—¿Usted qué decía?
—¡Pobre mi mamá! en el sentido que una persona que desconoce ciertos temas es una persona pobre de espíritu y conocimiento.
—Convengamos que no sólo su mamá debe haberlo dicho.
—¡En aquella época era muy poca la gente que conocía estos temas! Yo me callaba. ¡Dios me libre! Pero llegó un momento que con la Gnosis di un gran paso y vinieron a verme de la revista Radiolandia 2000.
—¿Para qué?
—Querían hacerme una nota por que decían saber que yo curaba el cáncer. Les dije que esa nota no la haría. Era en tiempos de la dictadura y yo estaba en pareja con un coronel, quien me aconsejó no hacerla por que me pegarían un tiro.
—¿Trató pacientes con cáncer?
—Sí, muchísimos. Pero con una condición: no les cobraba hasta que me trajeran tomografías y radiografías que comprobaran la curación.
—¿Cómo quedó la relación con la gente de la revista?
—Me dijeron que un médico oncólogo del Instituto Roffo quería verme porque se haría una reunión de la cual participarían el fabricante de la máquina Kirlian en Argentina, yoguis, astrólogos y médicos. Por esa época me había especializado en Bioenergía en colores y era cromoterapeuta. Para cada dolencia y órgano, sabía qué color transmitir. Participé de la reunión hasta que me presentaron y el oncólogo exhibió seis radiografías en colores. Me las hizo observar y que dijera qué órgano estaba afectado y con qué color curarlo. Hice el diagnóstico –aunque me costó mucho por el color de las placas– y les expliqué cómo curar con color.
La asistencia extraplanetaria
—¿Qué dijo el médico?
—Que los diagnósticos eran exactos. Los médicos estaban con los ojos así (hace dos círculos con las manos). Los astrólogos me preguntaban de qué signo era, cuándo había nacido y me dijeron que me entrevistara con Fernando Suárez, un astrólogo muy importante. Me llamó y me hizo la carta natal. Pareciera que yo le hubiera pagado para que dijera lo que decía. También me dijo que yo tenía comunicación con los extraterrestres y le respondí que lo mantenía en secreto. Pero señaló la carta y dijo: “Acá figura eso”.
—¿Cuándo y por qué se comunica?
—Cuando lo pido, Zeus viene. En estos días (se refiere a la noche de brujas del sábado 31) pasaron unas cositas y los llamé a todos. Esta casa estaba llena de luz.
—¿Qué le sucede al contactar?
—Nada, es como estar hablando con vos. Vinieron a ayudarme en algo muy importante para mí. Se presentó un guerrero con una armadura color bronce y detrás había un templo oriental. Me miraba, se arrodilló y me dijo: “Mi reina, venimos a ayudarte”.
—¿Cuando se refiere a extraterrestres implica que pertenecen a otra dimensión?
—O que son de otros planetas. Son seres reales, maestros desencarnados o hermanos exacogitantes. ¿O crees que en Marte no hay habitantes? Saturno y la Luna también los tienen. Los veo. Menos mal que todas estas experiencias las tuve antes de aquella reunión con los oncólogos y de que alguien me regalara un libro llamado La vida en el planeta Marte. Si lo hubiera leído antes hubieran sido fantasías por lo leído.
—¿Le han proporcionado alguna otra información además de la asistencia que pide?
—Me dan el conocimiento cuando lo necesito para mí; pido para el paciente, para saber si le estoy haciendo bien. No quiero saber de otra cosa, sólo sobre la sanación.
—¿No desea conocer alguna otra cosa?
—Nada, perdón por mi soberbia y mi vanidad Dios, pero creo saberlo todo. Pido perdón al Cosmos si mi soberbia se está volcando en estas palabras. Creo que llegué. Se dice que vengo de la Atlántida y por eso traigo grandes conocimientos. Soy una autodidacta y por eso tengo que estar siempre solita.
—¿Le demanda algún esfuerzo conectarse?
—Ninguno. Pido asistencia muy pocas veces.
Autocuración y un médico sorprendido
—¿Qué le sucede cuando comenta estas cuestiones en ámbitos científicos?
—Un gran médico traumatólogo amigo, presidente de la Asociación de Traumatólogos de la República Argentina, es paciente mío y tiene un colega amigo en Entre Ríos. Éste una vez lo llamó diciéndole que tenía que operarme porque yo estaba muy mal de la columna y que prepara el quirófano en Buenos Aires. Pero, sabiendo de mis prácticas, le dijo que esperara. Estuve dos meses en cama y me fui autocurando. Entonces fui al consultorio de este famoso traumatólogo entrerriano, me hizo hacer unos movimientos, se sentó en el escritorio, se agarró la cabeza con las dos manos y dijo: “ ¡Lo que no me enseñó la Medicina, lo que no me enseñó la Medicina!”. Hubo otro caso que me sucedió. Tuve una fractura expuesta en este brazo, lo fui a ver y me dijo que tenían que hacerme cirugía, para lo cual habló con el sanatorio. Yo me preguntaba cómo iba a operarme un médico que no me conocía y con el cual nunca hablé. Llegué al sanatorio y el médico todavía no estaba. Hablé por teléfono con él y le dije que antes de que me operara quería conocerlo. Apareció, lo miré y le dije: “No me vas a operar porque me lo vas a arreglar con la técnica que aprendiste”. Entonces me dijo: “Bajo su responsabilidad” y me hizo firmar un papel. Me dio una inyección, comenzó y lo arregló. Después me preguntó: “¿Cómo sabías?” Le comenté de cuando él había estado en África y un chamán le enseñó. ¡No lo podía creer!
—¿Le suena mal si le digo que es una bruja del siglo XXI?
—¡No! ¿Por qué? Si antiguamente éramos todos brujos y chamanes.
—¿Por qué se perdieron esos poderes?
—¡Ah! La ciencia avanzó, pero antes de la ciencia y de que los médicos y psiquiatras obtuvieran sus diplomas también eran curanderos.
—O alquimistas…
—¡Claro! Como Paracelso (médico, filósofo y alquimista suizo), Hermes Trismegisto (padre de las enseñanzas esotéricas), Papus (médico y ocultista francés)… todos ellos. Después en París se hizo la Universidad y salieron todos con título, entonces se les creyó más a ellos.
—¿Por estos tiempos hay una tendencia a la convergencia entre ciencias oficiales y ocultas?
—Parece que sí. ¡Sí, sí! Fijate que mi nieto estaba estudiando Psicología en Buenos Aires y le dije: Facundito, la Psicología no sirve, es snob, puro bla bla bla; se desunen las familias porque si te duele un callo la culpa la tiene tu mamá o tu papá. ¡No puede ser! Volvés a tu casa peor de lo que fuiste. No te orientan en nada ni te curan.
—Hay corrientes o enfoques que han incorporado otras miradas…
—Claro, la de las terapias alternativas. Por eso en Buenos Aires ya casi no hay psicólogos y se han volcado a ellas. Grandes psicólogos tiran el Tarot y con eso saben lo que tiene el paciente. Luego lo curan con Aromaterapia, flores, colores…
—¿Tiene muchos enemigos?
—¿Quién? ¿Yo?
—Sí.
—No, porque no hablo y cuando lo hago se da con gente que está en lo mismo. En el barrio soy querida pero pensarán que soy una bruja. Para colmo tengo la imagen de una lechucita en la entrada, pero como sinónimo de sabiduría.
La energía y el color
—¿Qué consultas recibe habitualmente?
—La mayoría viene para que les dé Reiki. El Reiki llegó a mí con ese nombre, pero antes había hecho cursos sobre electromagnetismo. Por ese entonces ya me comunicaba con el Cosmos, absorbía energía creadora y le pasaba color. Era una cromoterapeuta.
—¿Cómo le pasa color a la energía?
—Mentalmente. En aquel entonces no tocaba al paciente porque no se podía, según nos enseñaron en Parapsicología.
—¿Todo es energía?
—Todo. ¿Cómo no va a ser todo? Esas plantas y ese gato tienen energía. Todo es vida. Estamos compuesto por energía dada por los átomos, los cuales te dan color y vibración electromagnética.
—¿De qué depende dominarla?
—¿Para qué querés dominarla?
—Usted lo hace para canalizarla hacia la sanación.
—¡Ah sí! En el momento cuando hay que curar al paciente. Tomás la energía cósmica , que es la más pura, creadora y amorosa, y se absorbe, para lo cual hay que estar preparado en cuanto a la apertura de los canales. Algunos llaman a esta energía Dios y él sabe cómo creó a sus hijos. Esa energía se comunica y trae exactamente todo lo que te hace falta para regenerar tus células. Es tan sabia y amorosa que va justo al lugar que hace falta. ¡Es increíble! Es un fenómeno único.
El color y su poder curativo
El conocimiento esotérico explica la cromoterapia como un sistema para curar enfermedades y desórdenes de los cuerpos mental, emocional y físico, lo que proporciona a cada uno la vibración que le falta a través de la energía de la luz manifestada por los colores.
El tratamiento por colores corresponde a una de las muchas aplicaciones de las energías que han cultivado los orientales desde hace miles de años. Al mismo nivel de eficacia que la acupuntura, la cromoterapia se basa en la consideración de una energía global, de la que la materia, por ejemplo, es una manifestación más, y en la que cada color tiene su efecto compensador yin o yang para conseguir el equilibrio orgánico, esto es, la salud.
Esta antigua técnica fue puesta al día y popularizada por el doctor Kuppusuarni, llamado Médico de los Himalayas, más tarde maestro espiritual conocido bajo el nombre de Swami Sivananda. Creó a lo largo y ancho del mundo numerosas escuelas, especialmente en Estados Unidos y en Francia, donde en la actualidad cuenta con gran número de practicantes.
http://www.unoentrerios.com.ar/contenidos/2009/11/08/Los-sorprendentes-secretos-de-una-bruja-del-siglo-XXI-0033.html