El ser Lobisome es condición fatal del séptimo hijo varón seguido, y si es la séptima hija mujer seguida será en vez bruja.
El lobisome es la metamorfosis que sufre el varón en un animal parecido al perro y al cerdo, con grandes orejas que le tapan la cara, y con las que produce un ruido especial. Su color varía en bayo o negro, según sea el individuo, blanco o negro.
Todos los viernes a las 12 de la noche, que es cuando se produce esta transformación, sale el lobisome para dirigirse a los estercoleros y gallineros donde come excrementos de toda clase, que constituyen su principal alimento, como también las criaturas aún no bautizadas.
En estas correrías sostiene formidables combates con los perros, que a pesar de su destreza, nunca pueden hacerle nada, pues el lobisome los aterroriza con el ruido producido con sus grandes orejas.
Si alguno de noche encontrase al lobisome, y sin conocerlo lo hiriese, inmediatamente cesaría el encanto y recobraría su forma primitiva de hombre manifestándole, en medio de las más vivas protestas, su profunda gratitud por haber hecho desaparecer la fatalidad que pesaba sobre él.
La gratitud del lobisome redimido es, sin embargo, de las más funestas consecuencias, pues tratará de exterminar, por todos los medios posibles, a su bienhechor. De modo que lo mejor, cuando se le encuentra, es matarlo sin exponerse a esas desagradables gratitudes.
El individuo que es lobisome, por lo general, es delgado, alto, de mal color y enfermo del estómago, pues dicen que, dada su alimentación, es consiguiente esta afección, y todos los sábados tiene que guardar cama forzosamente, como resultado de las aventuras de la noche pasada.
Esta creencia es tan arraigada entre alguna de esa gente que no sólo aseguran haber visto, sino que también, con gran misterio, señalan al individuo sindicado de lobisome, mostrándolo con recelo y hacen de ese hombre una especie de paria.
Este ser llegó a la Argentina a través de Brasil, y se tiene noticias de él en el Litoral (N.E.).
Si una familia tiene siete hijos varones, la maldición cae sobre el séptimo. Se dice que es un hombre alto, delgado y con mucho pelo. Antes de convertirse anda muy nervioso y se enoja fácilmente, puede transformarse en los cementerios o cercanías y sobre todo cuando el acólito florece y la luna está llena. Se alimenta con carroña y cuando anda por el monte puede morder a los desprevenidos.
Cuando muerde o salpica con sangre o saliva a sus víctimas, éstas pueden transformarse.
Según Elena Bossi, para protegerse del lobisón hace falta:
- una bala bendecida en 3 iglesias (7 según otros). No se debe apuntar al bulto sino a la sombra.
- un cuchillo bendecido que tenga forma de cruz.v - una linterna con pila bendecida (de lo contrario no alumbrará).
- una alpargata (cuando se le pega al lobisón con una alpargata, se vuelve persona).
Se lo puede atar; pero tiene que ser con lana abierta de tejer. Así se queda quietecito cuando lo enlazan. Si es perro lobisón hay que sujetarlo del cuello; si es perra lobisona, de la mitad de la espalda (media res).
Hay que herirlo sin que se dé cuenta, de lo contrario atacará y matará (sic).
Este ser llegó a la Argentina a través de Brasil, y se tiene noticias de él en el Litoral (N.E.).
Si una familia tiene siete hijos varones, la maldición cae sobre el séptimo. Se dice que es un hombre alto, delgado y con mucho pelo. Antes de convertirse anda muy nervioso y se enoja fácilmente, puede transformarse en los cementerios o cercanías y sobre todo cuando el acólito florece y la luna está llena. Se alimenta con carroña y cuando anda por el monte puede morder a los desprevenidos.
Cuando muerde o salpica con sangre o saliva a sus víctimas, éstas pueden transformarse.
Para protegerse del lobisón hace falta:
- una bala bendecida en 3 iglesias (7 según otros). No se debe apuntar al bulto sino a la sombra.
- un cuchillo bendecido que tenga forma de cruz.
- una linterna con pila bendecida (de lo contrario no alumbrará).
- una alpargata (cuando se le pega al lobisón con una alpargata, se vuelve persona).
Se lo puede atar; pero tiene que ser con lana abierta de tejer. Así se queda quietecito cuando lo enlazan. Si es perro lobisón hay que sujetarlo del cuello; si es perra lobisona, de la mitad de la espalda (media res).
Hay que herirlo sin que se dé cuenta, de lo contrario atacará y matará (sic).
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El lobisome es la metamorfosis que sufre el varón en un animal parecido al perro y al cerdo, con grandes orejas que le tapan la cara, y con las que produce un ruido especial. Su color varía en bayo o negro, según sea el individuo, blanco o negro.
Todos los viernes a las 12 de la noche, que es cuando se produce esta transformación, sale el lobisome para dirigirse a los estercoleros y gallineros donde come excrementos de toda clase, que constituyen su principal alimento, como también las criaturas aún no bautizadas.
En estas correrías sostiene formidables combates con los perros, que a pesar de su destreza, nunca pueden hacerle nada, pues el lobisome los aterroriza con el ruido producido con sus grandes orejas.
Si alguno de noche encontrase al lobisome, y sin conocerlo lo hiriese, inmediatamente cesaría el encanto y recobraría su forma primitiva de hombre manifestándole, en medio de las más vivas protestas, su profunda gratitud por haber hecho desaparecer la fatalidad que pesaba sobre él.
La gratitud del lobisome redimido es, sin embargo, de las más funestas consecuencias, pues tratará de exterminar, por todos los medios posibles, a su bienhechor. De modo que lo mejor, cuando se le encuentra, es matarlo sin exponerse a esas desagradables gratitudes.
El individuo que es lobisome, por lo general, es delgado, alto, de mal color y enfermo del estómago, pues dicen que, dada su alimentación, es consiguiente esta afección, y todos los sábados tiene que guardar cama forzosamente, como resultado de las aventuras de la noche pasada.
Esta creencia es tan arraigada entre alguna de esa gente que no sólo aseguran haber visto, sino que también, con gran misterio, señalan al individuo sindicado de lobisome, mostrándolo con recelo y hacen de ese hombre una especie de paria.
Este ser llegó a la Argentina a través de Brasil, y se tiene noticias de él en el Litoral (N.E.).
Si una familia tiene siete hijos varones, la maldición cae sobre el séptimo. Se dice que es un hombre alto, delgado y con mucho pelo. Antes de convertirse anda muy nervioso y se enoja fácilmente, puede transformarse en los cementerios o cercanías y sobre todo cuando el acólito florece y la luna está llena. Se alimenta con carroña y cuando anda por el monte puede morder a los desprevenidos.
Cuando muerde o salpica con sangre o saliva a sus víctimas, éstas pueden transformarse.
Según Elena Bossi, para protegerse del lobisón hace falta:
- una bala bendecida en 3 iglesias (7 según otros). No se debe apuntar al bulto sino a la sombra.
- un cuchillo bendecido que tenga forma de cruz.v - una linterna con pila bendecida (de lo contrario no alumbrará).
- una alpargata (cuando se le pega al lobisón con una alpargata, se vuelve persona).
Se lo puede atar; pero tiene que ser con lana abierta de tejer. Así se queda quietecito cuando lo enlazan. Si es perro lobisón hay que sujetarlo del cuello; si es perra lobisona, de la mitad de la espalda (media res).
Hay que herirlo sin que se dé cuenta, de lo contrario atacará y matará (sic).
Este ser llegó a la Argentina a través de Brasil, y se tiene noticias de él en el Litoral (N.E.).
Si una familia tiene siete hijos varones, la maldición cae sobre el séptimo. Se dice que es un hombre alto, delgado y con mucho pelo. Antes de convertirse anda muy nervioso y se enoja fácilmente, puede transformarse en los cementerios o cercanías y sobre todo cuando el acólito florece y la luna está llena. Se alimenta con carroña y cuando anda por el monte puede morder a los desprevenidos.
Cuando muerde o salpica con sangre o saliva a sus víctimas, éstas pueden transformarse.
Para protegerse del lobisón hace falta:
- una bala bendecida en 3 iglesias (7 según otros). No se debe apuntar al bulto sino a la sombra.
- un cuchillo bendecido que tenga forma de cruz.
- una linterna con pila bendecida (de lo contrario no alumbrará).
- una alpargata (cuando se le pega al lobisón con una alpargata, se vuelve persona).
Se lo puede atar; pero tiene que ser con lana abierta de tejer. Así se queda quietecito cuando lo enlazan. Si es perro lobisón hay que sujetarlo del cuello; si es perra lobisona, de la mitad de la espalda (media res).
Hay que herirlo sin que se dé cuenta, de lo contrario atacará y matará (sic).
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esta de puta madre
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