Fundación Madres de Plaza de Mayo... las viviendas de telgopor. Trabajo y vivienda digna se conjugan en el programa “Sueños Compartidos”, que la Fundación Madres de Plaza de Mayo lleva adelante con miembros del MTD 17 de Julio en Resistencia. Trabajo y vivienda digna se conjugan en el programa “Sueños Compartidos”, que la Fundación Madres de Plaza de Mayo lleva adelante con miembros del MTD 17 de Julio en Resistencia. El complejo de 500 viviendas, que se ejecuta mediante un innovador sistema constructivo con fuerte impronta social, contará con establecimientos educativos y un centro sanitario y comunitario. Se encuentran en plena ejecución las obras del Programa “Sueños Compartidos” de la Fundación Madres de Plaza de Mayo, para la construcción de 500 viviendas en los terrenos ubicados sobre avenida San Martín al 3500, que el Gobierno de la Provincia ofreció para localizar el complejo habitacional después de lograr la transferencia de los mismos por parte del Ejército Argentino. La construcción de las viviendas es ejecutada por integrantes del MTD 17 de Julio, utilizando el innovador sistema constructivo denominado internacionalmente Emmedue (M2), por paneles de poliestreno expandido que la fábrica de la Fundación Madres de Plaza de Mayo produce en Buenos Aires. Estos paneles, con los que se construyen complejos habitacionales, próximamente servirán para erigir centros de salud. El arquitecto de la Fundación Madres de Plaza de Mayo, Omar Panosian, explicó que el proyecto “Sueños Compartidos” tiene un fuerte carácter social, porque se basa en la construcción de viviendas para incluir a la gente, utilizando como fundamental herramienta el trabajo digno. De esta forma se cumple con una doble función: Se brinda a la gente que está excluida del sistema (desocupados y trabajadores con poca o nula experiencia) la posibilidad de obtener un puesto laboral con todos los derechos (sueldo en blanco, obra social, aportes, seguro de riesgo) y participan en los trabajos de construcción que les permitirán el acceso de la vivienda propia. La Fundación se encarga de la capacitación formal de los obreros y obreras, que en iguales proporciones acceden a trabajar en las obras. La Fundación de Madres, conjuntamente con el Gobierno de la Provincia, analiza el desarrollo de otros proyectos, como la construcción de centros sanitarios y otros complejos habitacionales en el interior de la provincia. LAS CARACTERÍSTICAS La construcción de las viviendas se realiza sobre la base de paneles de poliestreno expandido pre industrializado con mallas de acero de alta resistencia, sobre los cuales luego se proyecta concreto con activos y fibras. Esto hace que sea un sistema constructivo muy resistente y aislante. Su principal característica es que puede montarse con mano de obra sin experiencia, mediante una sencilla capacitación inicial, con la guía de un capataz. Este proyecto particular de 500 viviendas, radicado en terrenos originalmente pertenecientes al Ejército que fueron luego transferidos al Gobierno de la Provincia, será ejecutado recreando los lineamientos de lo que es una trama urbana, en donde se dispondrán, además de las viviendas, una escuela primaria, un colegio secundario, un jardin de infantes, un centro comunitario, plazas y espacios verdes. TRABAJO Y VIVIENDA DIGNA Diego Espindola y Bibiana Gomez, del MTD 17 de Julio, informaron que el proyecto es ejecutado a través del dirigente social Emerenciano Sena, y obedece a una necesidad fundamental de mucha gente que actualmente vive en asentamientos y no tiene una vivienda digna. Los primeros trabajos en el predio comenzaron el 7 de diciembre, y hace aproximadamente un mes empezaron las obras para la construcción de las viviendas. En esta primera etapa trabajan 52 personas que forman parte del Movimiento de Desocupados. Al avanzar las obras, esa cantidad irá aumentando hasta alcanzar las 300 o 350 -entre hombres y mujeres, dado que el proyecto contempla que el trabajo sea ejecutado por personas de ambos sexos en iguales proporciones. LOS DESOCUPADOS NO SOLO CORTAN CALLES “Este proyecto es un gran desafío para el movimiento de desocupados, y venimos luchando por su concreción desde hace mucho tiempo. Estamos demostrando que los desocupados no solo cortan calles y hacen piquetes, sino que nuestro objetivo es el de trabajar dignamente”, dijo Espíndola. El proyecto contempla que, una vez concluidas las obras, las viviendas sean entregadas por la Fundación Madres de Plaza de Mayo en forma gratuita y con el amoblamiento básico incluido. Las familias que las habites solo deberás pagar los servicios y el impuesto inmobiliario. “SUEÑOS COMPARTIDOS” Vivienda social: Los Piletones Modelo para armar Construyen 36 edificios con un sistema prefabricado que emplea placas de poliestireno en paredes, pisos y techos; cuesta US$ 230 el m2 La Corporación Buenos Aires Sur desarrolla en el barrio Los Piletones, en Villa Soldati, un complejo para que 432 familias puedan acceder a viviendas de buena calidad y con un costo muy inferior al de la construcción tradicional. La obra, que comenzó en febrero y estaría terminada en noviembre, está a cargo de la Fundación de las Madres de Plaza de Mayo, que ganó la licitación pública, en la que se presentaron también otros cuatro proyectos privados. LAS MADRES Y SU CONSTRUCCION DE SUEÑOS Mientras el Instituto de la Vivienda porteño desiste de edificar casas para los habitantes de las villas, la Fundación Madres de Plaza de Mayo tiene proyectos en marcha para levantar 2610 viviendas. Los nuevos techos vienen acompañados de trabajo, capacitación y organización vecinal. Por Eduardo Videla “Esa que están demoliendo era mi casa”, dice Yésica, y señala a un grupo de hombres con casco que sacuden a mazazos la pared de lo que fue una casita precaria. “Hasta me dan ganas de llorar”, comenta. Pero no es tristeza lo que siente sino pura nostalgia: allí vivió los últimos diecisiete años de su vida, que cambió hace menos de dos años, cuando empezó a trabajar como ayudante de albañilería. No es tristeza porque hace menos de una semana tiene casa nueva, para ella y sus tres hijos, dentro mismo de la Villa 15, conocida como Ciudad Oculta y que ahora sus habitantes se empeñan en llamar Ciudad Luz. Su vivienda es parte de la segunda serie que construye la Fundación Madres de Plaza de Mayo, en ese barrio, y se suma a las que se levantan en Los Piletones, a las que comienzan a construirse en el barrio Castañares, en Villa Lugano, y a las que se planifican en la Villa 20. En total, 2610 unidades habitacionales, que convierten a la Fundación de las Madres en la principal constructora de viviendas sociales en la Ciudad de Buenos Aires, justo cuando el Instituto de la Vivienda de la gestión del macrismo se retira de la construcción social, como informó PáginaI12 esta semana. En Villa 15 ya pueden verse los contrastes: dos edificios flamantes, de tres pisos, uno pintado de rojo, el más nuevo de verde, se recortan entre el caserío de ladrillo sin revocar y techos de chapa. El barrio está ubicado sobre la avenida Eva Perón y Piedrabuena, en el barrio de Mataderos. El mismo contraste puede verse en el edificio que fue bautizado como “Elefante Blanco”, un esqueleto de cemento abandonado desde hace medio siglo, que tiene su primer piso ocupado por familias indigentes, pero que en la planta baja ha sido recuperado por la Fundación de la Madres: hay un jardín maternal para más de cien chicos, un taller de costura, dos cocinas y los comedores para los operarios que trabajan en la construcción. Evidencias de que la propuesta va mucho más allá de un plan de viviendas. “Cuando las Madres trajeron el proyecto para construir las viviendas, la verdad, no les teníamos mucha fe: nos venían bicicleteando desde hacía más de un año en el Instituto de la Vivienda con promesas, pero nunca concretaban nada”, cuenta Néstor Cristaldo. El integra una de las 36 familias que en diciembre de 2005 fueron afectadas por un incendio que destruyó las casillas de un sector de la villa. Tuvieron primero una solución precaria, con casillas de material fenólico, y luego las promesas incumplidas, hasta que llegó Sergio Schoklender, director ejecutivo de la fundación, con el proyecto en una carpeta. “En dos meses se armó el grupo de trabajo y empezamos con la construcción”, recuerda Cristaldo, que empezó bien de abajo, como aprendiz, y ahora es capataz en la tercera obra que está iniciando la Fundación. “Cuando levantamos las paredes con paneles de telgopor, pensamos: a esto se lo lleva el viento. Pero acá los tenés, bien firmes”, cuenta el capataz, asomado desde uno de los ventanales del “Elefante Blanco”, desde donde se ven las primeras casas que se construyeron, entre ellas la suya. Y como para demostrar lo equivocado que estaba, descarga un mazazo sobre una de esas paredes que tienen corazón de telgopor, pero que están revestidas de una malla de alambre y cemento. La pared vibra, pero no le queda ni una marca. Va otro mazazo. Y otro. Y nada. Esas paredes también se levantan dentro del viejo edificio: allí se construyen cuatro salas nuevas para el jardín maternal, que se agregan a las cinco que están funcionando. Es que la demanda en el barrio es cada vez mayor. Cambio de vida La planta baja del “Elefante Blanco” es como el bunker de la Fundación, el centro de operaciones adonde llegan los obreros a la mañana para dejar a sus hijos pequeños en el jardín maternal, partir hacia la obra después del desayuno y luego volver al comedor para el almuerzo. En la entrada hay dos hombres que están encargados de la seguridad, y se comunican por celular con otros que cumplen la misma función en el interior del complejo y en los obradores: en total son 90 personas que cubren los tres turnos de guardia. “Decidimos tener seguridad propia cuando empezaron a faltar materiales: desaparecieron unos caños y los paneles con los que se construyen las casas son muy costosos”, explica Yésica. Antes había un puesto de la Policía Federal, pero en la entrada de la villa y al principio hubo seguridad privada, pero no resultó, comentan en la fundación. “Los que hacen seguridad son muchachos del barrio, conocen a los vecinos, manejan los códigos del barrio. Algunos incluso han salido recién de la cárcel, por alguna macana que se mandaron, y se les ofrece esta posibilidad para que no vuelvan a caer en lo mismo”, relata Yésica. “No es fácil para ellos, que han estado en ese ambiente, verse en una posición de vigilantes. Pero entendieron la importancia de cuidar lo que es nuestro y además han visto las ventajas de tener un trabajo fijo, plata segura al final de la quincena, sin necesidad de robar”, agrega. La convivencia no es fácil en un barrio con tanta exclusión como la Villa 15. Aunque los vecinos reconocen que con las posibilidades de trabajo, por un lado, y con las medidas de seguridad como disuasivo, por otro, “el barrio está más tranquilo, hay otro clima”. Yésica empezó como ayudante, hizo uno de los cursos de capacitación y ahora también es colocadora de cerámicas. Y sus compañeros de trabajo la eligieron como una de las tres delegadas de la obra. Tiene 27 años y tres hijos, el mayor de siete, y éste es su primer trabajo formal. “Cuando empezaron a tomar gente me anoté, porque pedían que la mitad de los operarios sean mujeres”, recuerda. Y dice que no les costó adaptarse a ese mundo donde predominan los hombres, porque “nosotras tenemos nuestro carácter y no nos van a faltar el respeto así nomás”. En todo caso, “los que tuvieron que adaptarse fueron ellos”, dice, en alusión a los delegados y jefes de la Uocra, que tuvieron que adaptar un poco el léxico cotidiano a la presencia de las “compañeras”. Yésica y una trabajadora de Los Piletones son las primeras (y únicas) delegadas mujeres en la historia del gremio de la construcción local. A Yésica le asignaron una de las 48 viviendas recién inauguradas, habitadas desde el lunes. Tienen tres dormitorios y dos baños, y están totalmente equipadas con camas y colchones, mesas y sillas. La calefacción es a través de una pantalla radiante, a electricidad, porque no llega hasta el barrio el gas natural y la cocina debe alimentarse con garrafa. Pero el método de construcción por paneles térmicos contribuye a que el calor no se pierda (ver nota aparte). Con las casas recién terminadas, ahora la cuadrilla de obreros demuele las viejas construcciones precarias, cuartitos chicos y techos bajos, de chapa, que se convierten en escombro y dejan espacio libre para una futura calle, que se construirá en un tiempo. Uno de los chicos que ahora empuña la maza es Pablo, un pibe de 19 años que hasta hace poco no tenía otro proyecto que el consumo de paco. “Ahora veo a los pibes dados vuelta y pienso: ¿así como ellos estaba yo?”, dice. Todos los trabajadores están en blanco. Son contratados, cobran con recibo de sueldo, tienen obra social y aportan al gremio. La categoría más baja cobra 1650 pesos por mes y los capataces andan por los 2100. Trabajan once horas de lunes a jueves, y nueve los viernes, pero de ahí hay que descontar la hora del almuerzo, que no se les cobra. También están en blanco las cocineras que preparan el almuerzo y las costureras que confeccionan los uniformes para los obreros, los cubrecamas y las cortinas para las nuevas casas. Sólo en Villa 15 trabajan 245 operarios. Entre los tres emprendimientos en marcha, los obreros de la construcción suman 650. Y si se cuentan los que están a cargo de la seguridad, la cocina, los talleres y el jardín, llegan a 950. la pagina de madres.. http://www.madres.org/asociacion/curriculum/curriculum.asp o http://www.madres.org/asociacion/showit.asp?act=1
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