El fútbol es un fenómeno abundante en anécdotas, riquísimo en particulares historias y repleto de matices. Cada club hace de sus señas de identidad una bandera, de sus tradiciones un emblema y de su historia un resistente asidero al que sujetarse en los peores momentos.José Antonio Camacho, entrenador del cuadro lisboeta, que su equipo ya no es aquel escuadrón que capitaneó Eusebio a principios de la década de los 60 y de que la historia y las leyendas no vencen partidos ni superan eliminatorias.
No lo hacen… pero ayudan. Al menos ayudan a crear una atmósfera mágica, a enriquecer un ambiente y una liturgia previa a los partidos que encienden al público y hacen a uno sentirse orgulloso de formar parte de un club, ya sea como jugador o como aficionado. En Da Luz saben de esto.
El águila Vitória (’Victoria’ en portugués), símbolo y estandarte del club, está presente en cada partido que el Benfica disputa en su estadio. La señorial rapaz que preside el escudo del equipo lisboeta se convierte en animal de carne y hueso para sobrevolar el estadio benfiquista en los prolegómenos de cada encuentro. La leyenda dice que si Vitória da dos vueltas alrededor del graderío del estadio antes de posarse sobre el escudo del Benfica a la orden del cetrero (curiosamente gaditano), el cuadro local se llevará el duelo. Pero si la rapaz sólo sobrevuela el estadio una vez antes de descender, la victoria será para el equipo visitante.
Saviola posando con el águila Victoria.
Por encima de leyendas, siempre es un placer observar ese respeto reverencial por las tradiciones. La estampa de Vitória posada sobre la parte superior de un gran escudo del Benfica dispuesto sobre el césped de Da Luz contagia emociones por sí sola e invita a pensar que todavía queda algún rincón en el mundo del fútbol en el que los sentimientos de cariño y respeto a un club están por encima de cualquier inversión multimillonaria.
Aguila Victoria Aterrizando sobre la cancha.
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