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Los Dogon y el misterio de Sirio
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Una etnia relativamente primitiva del África occidental parece poseer dentro de su sabiduría tradicional conocimientos astronómicos muy precisos sobre el sistema estelar de Sirio, que sólo son factibles de obtener utilizando refinados recursos tecnológicos. Nos referimos, por supuesto, a los Dogon.
Los mitos de este pueblo contendrían referencias claras a la invisible acompañante de Sirio, una enana blanca que fue predicha por la ciencia en 1844 y descubierta en 1862. Aún más, la describirían con detalles tan exactos como sorprendentes, considerándola como muy pequeña y formada por el metal más pesado del mundo, y con un período orbital de 50 años, virtualmente idéntico al calculado por la astronomía occidental.
A primera vista, esto parece imposible. Un conocimiento de esa clase sólo lo pueden haber recibido los Dogon de una civilización científicamente avanzada. ¿Extraterrestre? ¿Atlante? ¿O quizás simplemente de la civilización tecnológica geográficamente más cercana a ellos, la Occidental?

Sobre el supuesto mito Dogon se ha creado segundo mito, adventicio y moderno, que se inició cuando Robert Temple publicó en 1975 su famoso libro "The Sirius Mystery". Este "mito sobre el mito" involucra la visita de seres extraterrestres a la Tierra en un pasado remoto. El siguiente artículo revisa diversos aspectos del tema. Dado que es bastante extenso, lo he dividido en dos partes por razones de comodidad. La parte I resume los aspectos más notables y divulgados del misterio, repasa diversos aspectos de la cultura Dogon, así como también la génesis del mito moderno y sus fuentes. La parte II está dedicada a las diferentes explicaciones que se le han dado al problema, incluyendo una sección referente al descubrimiento de Sirio C. También incluyo aquí las referencias que he utilizado. En el apéndice se reproduce un fragmento de uno de los mitos Dogon de la creación.



El mito

Un pequeño y remoto pueblo del Sahel, en el África Occidental, puede ser la prueba más consistente de que la Tierra fue visitada en una época remota por seres del espacio exterior.

Se trata de los Dogon, tribu que habita en la actual República de Malí. Los Dogon son poseedores de una mitología tan rica como compleja; sus leyendas contienen conocimientos astronómicos que de ninguna forma pudieron haber obtenido por sí mismos, ni de un eventual contacto con visitantes terrestres. Esto le plantea a la ciencia un enigma que es incapaz de explicar, y que escapa por completo a las soluciones convencionales.

La sabiduría secreta de este pueblo contiene datos precisos y detallados sobre el sistema solar, que en muchos casos sólo han entrado a formar parte del acervo de la astronomía moderna muy recientemente: describen a la Luna como "seca y estéril", saben que el planeta Júpiter (al que llaman "Dana tolo" tiene cuatro grandes satélites, conocen los anillos de Saturno, y que los planetas describen órbitas elípticas alrededor del Sol. Esta noción de que los cuerpos celestes siguen órbitas elípticas alrededor de un astro principal que se ubica en uno de los focos sólo fue aceptada por la astronomía occidental a partir de Kepler, en el siglo XVII. Además, describen a la Vía Láctea como una galaxia espiral formada por millones de estrellas.

Sin embargo, los conceptos fundamentales de los mitos Dogon no se refieren al sistema solar, sino que giran en torno a Sirio, estrella de primera magnitud situada en la constelación del Can Mayor, a la que conocen como "Sigu tolo", la "estrella del Sigui" ("tolo" significa "estrella". Aún más, la brillantísima Sirio es menos importante en la cosmogonía Dogon que su invisible acompañante, Sirio B, una enana blanca que no fue descubierta por la astronomía occidental sino hasta 1862. Los Dogon conocen a Sirio B como "Po tolo", que se traduciría como "estrella Digitaria"; "po" es el grano de la Digitaria exilis, gramínea conocida popularmente como fonio o acha. El grano de la Digitaria exilis es el más pequeño que conocen los Dogon, y, por extensión, la más pequeña de las cosas.

La magnitud de Sirio B ("Po tolo" es de 8,7, por lo que resulta absolutamente invisible a ojo desnudo; aún más, la separación máxima de Sirio A y B es de apenas 11 minutos de arco (y un observador con visión perfecta apenas puede separar dos puntos luminosos separados por 42 segundos de arco). Para la primera visualización moderna de Sirio B, realizada en 1862 por Alvan Clark, se requirió emplear el mayor telescopio existente para la época. De acuerdo al mito Dogon, esta "estrella Digitaria" o Po tolo tarda 50 años en recorrer su órbita alrededor de Sigu tolo. El cálculo de los astrónomos es, sorprendentemente, de 50,04 años; el error de la estimación de los Dogon respecto a los datos logrados con los más refinados recursos tecnológicos es inferior al 0,08 %. El mito también proporciona otros detalles inquietantes acerca de Po tolo: la describe como blanca y compuesta de "sagala", un metal muy denso y extremadamente pesado, el más pesado del universo. Ésta es una descripción singularmente adecuada para una enana blanca. Además, afirman que Po tolo rota sobre su eje en un periodo de un año, lo que probablemente es una apreciación correcta. Según los Dogon, Sirio B o Po tolo es la primera estrella creada por Amma y el eje del Universo. Consideran que el Sol y Sirio son dos estrellas gemelas, con un origen común.

Aún hay más: los Dogon conocen también otros componentes del sistema. Describen otra estrella a la que denominan "Emme Ya" ("el sol de las Mujeres" o "Sorgo hembra", mucho mayor que Digitaria, pero cuatro veces más liviana, que recorrería su órbita alrededor de Sigu tolo (Sirio A) también en cincuenta años, pero a una distancia mayor. Alrededor de Emme Ya ubican un satélite que le sirve de guía, al que denominan "Ny"n tolo", "la estrella de las Mujeres". La astronomía moderna no descubrió que Sirio es un sistema triple sino hasta 1995. Otro miembro adicional del sistema es la llamada "estrella del zapatero", muy alejada de las otras tres y que se desplaza en dirección contraria alrededor de Sigui.

Los Dogon representan el sistema de Sirio en una figura que denominan "el huevo del mundo", un preciso diagrama orbital en el que Sirio A ocupa uno de los focos de la elipse.

Cada sesenta años los Dogon celebran una ceremonia de renovación del mundo, llamada "Sigui", asociada a la invisible Sirio B o Po tolo. En esta ceremonia se emplean unas elaboradas máscaras con forma de cabeza de pájaro, llamadas "kanaga", confeccionadas especialmente para esa ocasión, que posteriormente son cuidadosamente guardadas en refugios protegidos. Las máscaras conservadas son una prueba física de que las ceremonias "Sigui" y los asombrosos conocimientos de los Dogon acerca del sistema estelar de Sirio se remontan al menos a 700 años, hasta el año 1300 d.C.
La leyenda Dogon afirma que la fuente primigenia de este insólito saber astronómico fueron los "Nummos", seres que llgaron a la Tierra procedentes del satélite de Emme Ya, aproximadamente hacia el año 3000 a.C. Significativamente, el término "nummo" en la lengua Dogon se relaciona con el agua; también suelen referirse a ellos como "Maestros del Agua" e "Instructores". Los describen como seres anfibios, con más forma de pez que de hombres; localizan su recalada en algún punto ubicado al nordeste del territorio en el que actualmente se asientan.

Esto establece inquietantes paralelismos con la leyenda sumeria de los Oannes, recogida por el historiador babilónico Beroso. Según el mito sumerio, los Oannes "tenían forma de pez mezclada con la de hombre", y surgieron del Mar Rojo.





Si bien el "saber oculto" de los Dogon sobre Sirio y el sistema solar era conocido por los antropólogos desde finales de los años cuarenta, no fue sino hasta 1975 cuando fue objeto de una amplia divulgación y de un virtual secuestro por parte de los incondicionales de la hipótesis de los "antiguos astronautas".

Ese año vieron la luz, de forma independiente, dos hipótesis que conectaban los conocimientos astronómicos de los Dogon con presuntos viajeros espaciales que habrían visitado la Tierra en un pasado remoto.

Los padres de las mismas fueron el arquitecto francés Eric Guerrier y el orientalista norteamericano (asentado en Inglaterra) Robert K. G. Temple (quien es definido en una entrevista reciente como "a highly respected classical scholar and Fellow of the Royal Astronomical Society". Guerrier dejó registradas sus elucubraciones en un libro titulado Essai sur la cosmogonie des Dogon: L'arche du Nommo (París, 1975), en tanto que el mucho más afortunado Robert Temple proclamó las suyas en The Sirius Mystery (Londres, 1975). Pero mientras Eric Guerrier está hoy virtualmente olvidado (las mil y una páginas de Internet sobre el misterio de Sirio lo ignoran de forma casi unánime), no ha ocurrido otro tanto con Temple, quien en 1998 publicó una nueva versión de su obra, revisada y ampliada, actualizada con nada menos que "140 páginas de nueva evidencia científica que le da solidez a una hipótesis que la KGB, la CIA y la NASA intentaron suprimir" (!!!).

En líneas generales, Guerrier y Temple coinciden en postular que el saber secreto de los Dogon procede de una tradición oculta milenaria, rastreable en última instancia hasta las antiguas civilizaciones de Egipto y Sumer. Los sumerios, en particular, habrían sido los beneficiarios originales de ese conocimiento misterioso, recibido directamente de seres extraterrestres procedentes de un planeta del sistema estelar de Sirio. Esto quedaría demostrado por el mito sumerio de Oannes, que se refiere a unos seres anfibios, con rasgos mezclados de pez y hombre (¿o quizás humanoides dentro de una traje espacial?), que surgieron del mar para actuar como héroes civilizadores. Sin embargo, es de hacer notar que la idea de que pudiera haber alguna relación entre el mito de Oannes y seres provenientes del espacio exterior no es en modo alguno original de nuestros dos autores, pues ya había sido enunciada en 1966 nada menos que por Carl Sagan y Iosif S. Shklovskiy, en su libro Intelligent Life in the Universe. Por otra parte, también debe tomarse en cuenta un hecho que suele olvidarse con excesiva frecuencia: conocemos la leyenda de Oannes no a partir de fuentes sumerias, sino a través del historiador y sacerdote caldeo Beroso, quien vivió en una época tan tardía como el siglo III a.C. (su historia de Babilonia está dedicada al rey helenístico Antioco I Soter). Además, la mayor parte de su obra se ha perdido, y sólo nos han llegado fragmentos preservados por historiadores y escritores griegos como Alejandro Polyhistor, Abideno y Apolodoro.

No existe igual unanimidad entre Guerrier y Temple respecto a la vía por la cual las informaciones impartidas por los Oannes a los sumerios habrían llegado hasta los Dogon. Eric Guerrier, el menos original de los dos, las hace pasar de los sumerios a los babilonios. En Babilonia, la información sería conocida por una de las Diez Tribus Perdidas de Israel, que al final del exilio en lugar de regresar a Palestina optó por realizar un incómodo viaje de varios miles de kilómetros hasta el África Occidental. Idea que en perspectiva resulta muy poco innovadora, pues a las famosas Tribus Perdidas se les ha hecho colonizar desde la América Precolombina hasta la Francia merovingia, por no hablar de Inglaterra, de modo que no tiene nada de extraordinario que alguna haya ido a parar a las riberas del Níger.

Robert Temple, por su parte, resulta bastante más creativo. De Sumer el conocimiento secreto habría pasado a Egipto, en donde fue asimilado por los griegos de Lemnos, descendientes de los Argonautas. Posteriormente, estos griegos emigrarían a Libia, y al penetrar hacia el oeste se transformaron en los famosos Garamantes. Siglos más tarde se dirigirían hacia el sur, hacia las riberas del Níger, donde acabarían mezclándose con la población local de raza negra. Para Temple, los Dogon vendrían a ser, "cultural y quizás físicamente, descendientes de los griegos de Lemnos". Estos Dogon helénicos habrían preservado por siglos las sagradas tradiciones llevadas desde el Egipto predinástico a Grecia por los "Danaos". Quizás no sea ocioso recordar aquí que dentro de la bibliografía de este ilustre polígrafo, (que es "fellow of the Royal Astronomical Society, the Society for the Promotion of Hellenic Studies, the Egyptian Exploration Society, the Royal Historical Society, the Institute of Classical Studies, and the Institute of Historical Research" también se incluye una edición, realizada junto con su esposa, de las fábulas completas de Esopo.

En cualquier caso, la leyenda moderna acerca del "misterio de Sirio" le debe mucho a Temple, y muy poco, o nada, a Guerrier, al punto que el primero puede ser considerado virtualmente como la fuente principal o única de la gran mayoría de las historias que circulan al respecto. A esto sin duda ha contribuido decisivamente su aura de erudición, de investigador serio, que lo distancia, por ejemplo, de un von Daeniken, y también la polémica alrededor de su libro, en la que jugaron un papel importante Carl Sagan, y Ian Ridpath, entre otros.



Si Robert Temple es el manantial en que abrevan los seguidores del "misterio de Sirio", quizás no sea inútil echarle un vistazo a sus fuentes originales, que, no sorprendentemente, son las mismas de Guerrier. Afortunadamente, esas fuentes no son especialmente numerosas, ya que sus datos básicos están tomados del trabajo de un equipo de antropólogos franceses que estudiaron a los Dogon entre los años treinta y cincuenta. Su líder era Marcel Griaule, y su principal colaboradora Germaine Dieterlen. Es de hacer notar que del considerable número de páginas que estos estudiosos dedicaron a la cultura Dogon, sólo consagraron un único artículo al supuesto "misterio de Sirio", complementado con un libro acerca de los conocimientos astronómicos de los Dogon que Dieterlen publicaría varios años después del fallecimiento de Griaule.




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