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Einstein: los secretos de su mente


Antropólogos norteamericanos hicieron interesantes hallazgos en el cerebro del físico alemán. Algunos rasgos de su corteza explicarían su habilidad musical, mientras que una extraña hendidura podría ser la causa de su retraso para adquirir lenguaje



A comienzos del siglo pasado surgió un mito que todavía hoy perdura hasta nuestros días, aunque cada vez con menos fuerza. Se trata de aquella idea de que los humanos sólo usamos el 10% de nuestro cerebro. La teoría encajaba perfectamente con los argumentos paranormales que sugieren que hay quienes sí han desarrollado más partes de su cerebro, y gracias a eso pueden predecir el futuro, ver espíritus y comunicarse con los muertos, entre otras cosas. La cuestión es que esta creencia con olor a leyenda urbana se fue cayendo de a poco, principalmente por los estudios de la mente humana, que mostraban que el cerebro era utilizado casi en su totalidad, sólo que no se ponían en función todos los sectores a la vez. Tal como si se tratara de los músculos del cuerpo -más de 600-, que se emplean a medida que son necesarios, y no todos a la vez.
Pero mientras duró, el mito del 10% fue un buen argumento para probar por qué ha habido -y aún los hay- mentes más brillantes que otras. El cerebro de Albert Einstein, por ejemplo, le quitó el sueño a muchísimos científicos que lo siguieron. E incluso ya desterrado el mito, la cabeza del físico alemán nunca dejó de ser objeto de estudio. Ahora, un equipo de antropólogos estadounidenses aseguran haber descubierto nuevas peculiaridades anatómicas en su materia gris, que explicarían su genialidad.
Bajo la lupa
Luego de su muerte, en 1955, el cerebro de Einstein fue donado a la ciencia, para realizar todas las investigaciones posibles. Thomas Harvey, del hospital Princeton (Nueva Jersey, EEUU), fue el patólogo encargado de conservarlo y, junto con otros expertos, le sacó fotos y lo dividió en distintas porciones para analizarlas bajo el microscopio.
Décadas después, distintos equipos de investigación han intentado diseccionar esta mente superdotada. Uno de ellos es el dirigido por Dean Falk, del departamento de Antropología de la Universidad Estatal de Florida (EEUU), que publicó las conclusiones obtenidas en la revista Science.
Con técnicas de Paleoantropología, y basándose en los datos e imágenes aportados por Harvey y otros expertos, Falk identificó nuevas singularidades anatómicas que podrían explicar la genialidad de Einstein, aunque ni el peso de su cerebro ni la mayor parte de su superficie cortical sobresalen de la normalidad.
El testimonio de las huellas
Las biografías del genio cuentan que, desde pequeño, Einstein mostró una gran dificultad para expresarse. Fue un excelente alumno en matemática y física, aunque el resto de las materias no le importaban demasiado, y tenía gran afinidad por la música.
Según los investigadores, existen características llamativas en determinadas zonas de la corteza somatosensorial, es decir, el sistema que le permite a un sujeto experimentar sensaciones en diferentes partes del cuerpo, como temperatura, dolor o tacto; y motora.
“Es posible que estos aspectos atípicos guarden relación con las dificultades que tenía para adquirir el lenguaje; su preferencia por pensar con impresiones sensoriales, incluidas las imágenes visuales en lugar de las palabras; y su precocidad en la práctica del violín, que tocó desde los seis años”, relatan las conclusiones del trabajo.
Parece que el órgano gris de Einstein presentaba una curiosa combinación de rasgos simétricos y asimétricos. Además, Falk encontró una hendidura inusual en una región involucrada en la habilidad para recordar fonemas y sílabas. “Podría asociarse con su ya conocido retraso en la adquisición del lenguaje y con el hecho de que solía repetirse frases a sí mismo hasta que cumplió los siete años”, señaló la investigadora.
El primer estudio anatómico en esta línea lo dirigió Sandra Witelson, neurobióloga de la Universidad McMaster en Hamilton (Canadá), en 1999. Los resultados de este ensayo fueron muy reveladores. Por ejemplo, “los lóbulos parietales -implicados en el conocimiento matemático, visual y espacial- eran un 15% mayores que lo normal”. Este hallazgo también fue confirmado por Falk.
“Aunque estas visiones son especulativas, posiblemente serán de utilidad a futuros estudiantes con acceso a nueva información y metodología”, concluyó la experta.
Algunas voces en contra aseguran que el estudio de Falk se realizó sólo a partir de las fotografías que se tomaron del cerebro.


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