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Los insultos más mencionados en los colegios

Info6/21/2009
Los insultos más mencionados en las escuelas
Nota: mi objetivo no es hacer apologia a la violencia ni atacar a nadie, solo quiero mostrar este trabajo.

"Negro de mierda": ni los seis casos de factoreo ni los ríos de Europa ni los presidentes argentinos ni los versos célebres de La vida es sueño "¡ay, mísero de mí!","negro de mierda" es lo que más se repite en los colegios secundarios. Si para el gafotas director de cine Todd Solondz (Mi vida es mi vida o Palíndromos) los estudiantes sólo deben conocer dos palabras como recurso darwiniano para sobrevivir en la jungla de las aulas "maricones y retardados" y mientras padres y maestros se desvelan por la violencia escolar, una cartografía del insulto diario pone en palabras impresas la agresión, que no es sólo física.

En la Argentina, la escuela es el segundo ámbito más discriminatorio (después del trabajo, lo dice una encuesta del Instituto Nacional contra la Discriminación, el INADI). Una historia reciente de la cultura pop resume los pesares del "bully" (con películas y videojuegos titulados así, Bully), pero más que una anécdota para explicar adolescencias conflictivas, el insulto es una pesadilla cotidiana que empieza cuando empieza el día: a las 7.20, el horario tan absurdo como nocturno en que abren los colegios. Mientras se difunde el dato de que el 10 por ciento de la población argentina hoy viene del Paraguay, Bolivia o Perú, una encuesta del Sí! entre 1.200 alumnos secundarios devela una idea aberrante de "supremacía blanca" para elegir el agravio: "Ser un negro de mierda lo determina las cosas que hace una persona", explica Ignacio (17), alumno del Nacional Buenos Aires: "Usar llantas con resortes y gorra constituyen el identikit del cabeza".

¿Qué onda, boludo? Asumido como vocativo, "boludo" no aparece en la encuesta que preguntó sobre insultos dichos con la manifiesta intención de agredir. De ahí que aquel concepto de "negro" y sus variantes: "villero" o "cabeza" sea más punzante. "Los jóvenes suelen tomar un insulto como habla coloquial", distingue la profesora María Inés Abrile de Vollmer, subsecretaria de Equidad y Calidad del Ministerio de Educación: "Pero es grave cuando se usa como agresión social". Con un DJ que instaló como campaña el provocativo "¡Bailen, putos!", ¿es "puto" el "boludo" del 2010? "Jamás es inocente: el insulto reproduce un estereotipo. Cuando le decís a otro 'no seas puto' o 'boliviano', estás aceptando que eso tiene características negativas", dice María José Lubertino, directora del INADI: "Lo grave es que esto pasa en la tele, en el fútbol o en la escuela, que no está aislada del mundo exterior". Y, si fuera cierto el refrán sobre la casa del herrero, Lubertino se lamenta: "Tengo un hijo de 12 años que no para de decir 'maricón'".

Ahí donde la novelita juvenil dividió un mundo entre divinas y populares, y mientras la puteada se extienda como una mancha humana, ¿hay una bomba en el colegio? "Hace unas semanas, Carl Joseph Walker-Hoover, un chico de 11 años de Springfield, se ahorcó después de meses de ser acusado por sus compañeros de 'puto'", se lamenta Judith Warner en su blog Domestic Disturbances del The New York Times: "En los Estados Unidos, combatir el bullying se convirtió en una obsesión nacional, sobre todo después de Columbine. Aunque todo sigue igual" (ver página 8). El tema se disparó en el correo de lectores del diario gringo, donde el director de un colegio se declaró harto de que los alumnos hablen de derechos humanos o se compadezcan de la hambruna en Darfur pero le digan "gordo forro" al compañero excedido. Según las encuestas, el sobrepeso es la causa número 1 de insultos estudiantiles en EE.UU.; acá, "gordo" comparte los fondos de la tabla con el impreciso "astilla" o el xenófobo "peruano".

Así, más que un templo del saber, la escuela puede ser un campo de batalla, donde el prejuicio de género acusará de "conchudo" al varón y de "trola" a la mujer. "La propia dinámica de la escuela es discriminatoria, porque presenta altos niveles de expulsión", relativiza Elena Duro, especialista en Educación de la UNICEF: "Más del 35 % de los que ingresan a la secundaria no egresa". Aun con docentes sobrepasados y víctimas que no pueden defenderse, la escuela debería tomar partido por los débiles: "Hay que formar a los maestros, que muchas veces se desentienden del tema", dice Lubertino. El INADI lanzó el programa Escuela Libre de Discriminación ([email protected]) para que, además de enseñar, los docentes aprendan: ¿cómo hay que parar una clase si sucede un hecho de discriminación?

¿Negro? ¿Conchudo? ¿Verga flotante? "Los insultos que más duelen son los que discriminan", razona Alejandro (17), alumno del Buenos Aires que aboga por una igualdad social en la puteada: para él, es tan ofensivo "villero" como "cheto". Hasta que la lucha contra el acoso no sea prioridad en las escuelas, generaciones de alumnos seguirán padeciendo lo mismo que el protagonista de La maravillosa vida breve de Oscar Wao, la novela iniciática de Junot Díaz: "La secundaria era el equivalente de un espectáculo medieval, como si lo hubieran puesto en el cepo y forzado a soportar que una multitud de semianormales le tirara todo tipo de cosas y le gritara ultrajes, una experiencia de la que debió haber salido mejor persona, pero que no resultó así.", se escribió, y la moraleja habrá sido más penosa que edificante: "Y si existía alguna lección que aprender de la tortura de esos años, él no tenía la menor idea de cuál podía haber sido".

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