Chicos pasan hambre por falta de pago
La Provincia y el municipio adeudan subsidios prometidos a comedores comunitarios y hogares para los sin techo.
Los atrasos de la Provincia en los pagos periódicos a comedores comunitarios y a hogares hace que los más vulnerables de Córdoba pasen hambre, en especial los chicos: algunos lugares tuvieron que reducir las raciones o bajar la calidad de la comida. Otros, directamente cerraron.
Las partidas salen del Ministerio de Desarrollo Social y las instituciones consultadas acusan al menos un mes de atraso.
Pero también dicen que el Paicor no está funcionando bien.
Es que el colegio es el lugar donde comen muchos chicos y, en época de receso escolar, el Paicor les provee un bolsón para que no corten la alimentación. Sin embargo, los consultados aseguran que los bolsones llegaron con hasta dos semanas de atraso y, en algunos casos, no llegaron. Y el atraso, cuando se trata de comida, es igual a pasar hambre.
Por la falta de pago, las estrategias de supervivencia son múltiples, pero todas tienen algo en común: empeora la alimentación de quienes dependen de los comedores.
María Rosa, del centro infantil La Abejita Picarona, donde desayunan y almuerzan 40 chicos menores de 5 años –los más vulnerables a nivel nutricional–, dijo que tuvieron que "reducir las porciones". "Tratamos de que algo coman, sí o sí, pero el panorama está complicado", dice.
En el comedor Pancita Triste, de barrio El Quebracho, 70 chicos dependen de lo que les den. "Hay días que no tengo nada. Con lo del Ministerio no llego a fin de mes porque todos los días vienen chicos a anotarse. Peor ahora, que los pagos están atrasados", cuenta Adelina.
En Asociación Trigo y Miel, donde hay una proveeduría social para 69 familias (315 personas), ahora dan bolsones más chicos. "Menos de lo que tenemos que dar. Y sin carne. Hemos estado tironeando con lo que hay. Vieras cómo vienen las madres a pedir", cuenta Laura.
Esta asociación, como otros comedores, busca dinero de donde sea: hacen bingos, bailes, "cualquier cosa con tal de paliar la situación", asegura Laura.
Por ejemplo, en Manitos Sucias, único comedor consultado que dijo que no se le adeuda nada, tienen un ropero comunitario. "Pedimos ropa, la dejamos en buenas condiciones y la cambiamos entre los vecinos "por medio paquete de fideos, lo que sea", cuenta Olga Rodríguez.
Desde La Botellita, están muy preocupados. De esta asociación dependen cuatro comedores, donde comen nada menos que 700 chicos. "En las instituciones estamos cansados", dice su titular, Daniel Martínez.
El martes. Desde el Ministerio de Desarrollo Social señalan que a los comedores mencionados se les adeuda julio y que el martes se les pagará ese mes, agosto y setiembre juntos. Dicen que a las ONG se les dio ayuda económica extra y alimentos para cumplir con las necesidades de julio. Sin embargo, no se precisaron montos ni cantidad o calidad de los alimentos entregados. Tampoco hubo precisiones sobre la deuda con los hogares para los sin techo.
Además, contaron que esas ONG no sólo subsisten con el dinero del Estado, sino que también reciben ayuda de otros sectores de la sociedad civil.
En los hogares. Estela Inaudi, encargada de tres hogares para los sin techo, lo dice muy claro: "Falta que nos paguen el segundo trimestre del año. Estamos haciendo milagros con lo que nos dan otras instituciones, como el Banco de Alimentos. Me recorrí todos los estudios de abogados para pedir colaboración. Soy tan pedigüeña que los linyeras quedan hechos un poroto".
Los hogares son Casa de María, Casa Félix y Casa Esperanza. A ellos la Provincia les adeuda el segundo trimestre (abril, mayo y junio), mientras que la Municipalidad, todo el año. ¿Las estrategias? Desde bajar la calidad y cantidad de la comida que sirven hasta fraccionar los jabones de los habitantes. "No nos da para comprar fruta, bajamos la calidad de la carne. También la cantidad de la comida. Ahora tomamos mate amargo, no tenemos para azúcar", asegura.
Y eso no es todo. En todas las instituciones consultadas aseguran que no sólo ellos tienen problemas económicos. Perciben a las familias cada vez con más necesidades: aseguran que el trabajo en las obras y las changas comenzaron a escasear hace un tiempo. Y dicen que ya ven más chicos en la calle, pidiendo. Algo tienen que comer.