Famosas cárceles del mundo, como las de Ushuaia y Alcatraz, son hoy verdaderos atractivos turísticos.
Algunas cárceles y prisiones, de nombre mítico por los relatos que encierran, hoy se han convertido en un importante atractivo turístico. Ingresar a los presidios es sumergirse en un mundo que revela rastros de la vida de los reclusos, historias e incontables anécdotas y personajes. Vale la pena. No se pierda esta experiencia intramuros, en absoluta libertad.
Ushuaia
La cárcel más austral
Inaugurado en 1911 en Ushuaia, el "presidio y cárcel de reincidentes", como se lo llamó en sus orígenes, fue construido por los reclusos. Con una visión adelantada para la época, en el penal se impulsó la educación primaria y el trabajo remunerado.
Por sus fríos calabozos con muros de casi medio metro, pasaron algunos de los míticos condenados de la historia argentina. Si hubo un preso legendario, sin dudas, ese fue el "Petiso Orejudo". Cayetano Santos Rodino era el nombre real de este personaje de orejas prominentes, que desató una vasta literatura sobre sus crímenes. Con sólo 16 años, en 1912 fue detenido por el asesinato de tres chicos. Además, su amplio prontuario deja constancia de su perfil piromaníaco: incendió al menos siete edificios.
Otro de los legendarios condenados, Mateo Banks, asesinó a toda su familia, de 8 miembros, para quedarse con la herencia. Perteneciente a una familia rica, siempre se declaró inocente y durante la reclusión se convirtió en un ferviente religioso, lo que le valió el apodo de "El místico".
Simón Radowitzky, un joven obrero metalúrgico, también estuvo detenido en una lúgubre y fría celda de Ushuaia. Fue condenado por matar con una bomba al comisario Ramón Lorenzo Falcón —jefe de la Policía Federal—, que reprimió brutalmente a los obreros en la manifestación del 1º de Mayo de 1909. En 1918 Radowitzky se fugó de la cárcel y huyó por los Canales Fueguinos. Un mes después fue capturado en la ciudad chilena de Punta Arenas. En 1930, Hipólito Yrigoyen le conmutó la pena de prisión por la de destierro, y seis años después Radowitzky se enroló para luchar contra Franco en la Guerra Civil Española.
El museo conserva elementos de los presos y carceleros. Hay uniformes, encendedores, costureros, alcancías, juegos de mesa, bastones y hasta portaplumas y cigarreras, que realizaban los reclusos y vendían a guardias, funcionarios y familias de la zona.
Alcatraz
La seguridad vulnerada
Si existió una cárcel de máxima seguridad, esa fue sin dudas Alcatraz. Desde 1859 hasta 1934 funcionó como prisión militar; luego —hasta 1963— como penitenciaría de máxima seguridad. Huir de "La roca" —como se la llamaba— era casi un imposible: construida en la isla de Alcatraz, en la Bahía de San Francisco, estaba rodeada solamente por las gélidas aguas infectadas de tiburones. Sin embargo, un grupo de hombres logró lo impensado: en 1962, Frank Morris y los hermanos John y Clarence Anglin escaparon. Con taladros caseros, agrandaron las aberturas de ventilación, y a través de ellas llegaron al techo y escaparon en balsas. Pero lo más curioso del caso es que fabricaron unas elaboradas cabezas de muñecos con una mezcla de polvo de cemento, jabón y papel y les pegaron cabello real de la peluquería de la prisión. El día de la huida pusieron estos muñecos sobre sus camas para despistar a los guardias.
En la búsqueda de los prisioneros, se encontraron las cabezas de los muñecos, taladros, salvavidas, fotos y remos. También se halló uno de los cuerpos en la costa de San Francisco, pero fue imposible reconocerlo. La huida, además de ser la ilusión de los presos, fue tema central de populares películas, como "La fuga de Alcatraz", con Clint Eastwood.
Para recorrer Alcatraz hoy sólo hay que tomar un ferry en el muelle 41, cerca de Fisherman's Wharf. Con las audioguías se pueden visitar las celdas, los reducidos y oscuros cuartos de castigo, el comedor y el espacio para recreo. E imaginar, entre sus muros, cómo habrá sido la vida de los presos y los preparativos para la histórica huida que dejó expuesta toda su vulnerabilidad.
Cayenne
Escapar como una mariposa
En la prisión de Cayenne, en la Guayana francesa, la vida podía ser atroz. Construida en 1854 por Napoleón III, los condenados cumplían trabajos forzados en condiciones miserables. Tanto que en 1867, las muertes y enfermedades obligaron a cerrar la cárcel momentáneamente.
Entre la literatura inspirada en esta prisión, la más recordada es la novela "Papillon", de Henri Charriere. El texto, pretendidamente autobiográfico, narra la vida de Papillon —apodo del protagonista, que significa "mariposa"— durante los 35 años que pasó detenido y sus intentos de fuga. La novela fue best- séller, pero algunos dudan de la veracidad de los hechos evocados.
Cháteau dIf
Una de las más antiguas
Famosa por la novela "El Conde de Montecristo", de Alejandro Dumas, la prisión Cháteau d'If, en Marsella, es una de las más antiguas que pueden visitarse.
En 1524 comenzó a construirse para proteger la ciudad y para garantizar el abastecimiento por el mar. A partir de 1702, este edificio, de planta cuadrada franqueado por tres torres cilíndricas, se transformó en prisión del Estado, donde se encerró a los opositores al poder real, especialmente durante el Segundo Imperio.