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Adictos a la Comida. Opiniones.

Info•1/20/2009



Adiccion a la Comida: Por Miren Ayala.

buenas tardes. Mi nombre es Miren y soy comedora compulsiva". Con esta frase de presentación y aceptación comienza una nueva sesión del grupo de comedores compulsivos que desde finales de marzo se reúne una vez por semana en un local de Vitoria. Esta hermandad, nueva en la capital alavesa pero con casi 50 años de historia en otros países, la componen personas de toda clase social que se congregan para ayudarse a resolver un problema común: la compulsión por la comida.

Pero, ¿cómo saber si una persona es adicta? La definición de compulsión significa un impulso o sentimiento de estar atraído irresistiblemente hacia la realización de una acción irracional. Por ello, los comportamientos y los síntomas de sus miembros son muy variados. Algunos comen en secreto y otros muestran públicamente con orgullo que lo hacen en exceso. Unos se dan atracones y se purgan, otros ayunan… Todos tienen, sin embargo, una cosa en común: fuerzas que no conocen y controlan les llevan a comer más o menos de lo que necesitan y, sobre todo, a hacerlo de forma no racional.

Esta organización surgió en Estados Unidos en 1960 y llegó a nuestro país hace 20 años. El programa de recuperación está basado punto por punto en el de Alcohólicos Anónimos, ya que trata la compulsión por la comida como una triple enfermedad, física, emocional, espiritual y progresiva, que no se puede curar, pero que puede ser detenida.

Los doce pasos y las doce tradiciones son el núcleo de la terapia, ya que ofrecen al comedor compulsivo una nueva forma de vida que le permite vivir sin la necesidad de comer en exceso. Son un conjunto de principios que estimulan la transformación interior, sugerencias basadas en las experiencias de miembros en recuperación. "La comida para nosotros ha sido tan adictiva como el alcohol para el alcohólico. Descubres que sufres el mismo tipo de pensamiento que un adicto. Cuesta admitir que tu vida se ha vuelto ingobernable", explica Miren, miembro de la organización desde hace seis años.

Por ello, Comedores compulsivos no es un club de dietas. El concepto de abstinencia está en la base de su programa pero la hermandad no ofrece consejos sobre dietas, ni opina en cuanto al plan de comidas. "Muchas personas se acercan a nosotros con la idea de llegar a un peso ideal para luego poder volver a comer como antes. Pero aquí se dan cuenta de que esta forma de actuar no funciona", apunta Inmaculada. La comida y el peso son sólo un síntoma del problema y a veces las dietas intensifican la compulsión de comer en exceso.

sólo 24 horas Otro de los puntos básicos de la terapia es la idea de Sólo por hoy . Antes de acudir al grupo las personas ven su problema de peso por entero, tanto si son 5 o 50 kilos y se desmoralizan, pero los padrinos les muestran una nueva forma de pensar, basada en la frase Puedo hacer durante 24 horas lo que no podría hacer durante toda la vida . "Necesitamos dar solamente un paso cada vez. Todo lo que podemos hacer es actuar solamente por hoy", apunta Miren. La organización ofrece a los recién llegados aceptación de uno mismo, comprensión de sus problemas, comunicación, apoyo, alivio y fuerza para llegar a la recuperación.

Las personas interesadas en acudir a las reuniones tienen total libertad ya que se trata de una organización anónima y gratuita. No tiene inscripciones, ni cuotas y se mantiene a través de las contribuciones voluntarias de los asistentes. "No aceptamos, ni solicitamos donaciones de fuera. No estamos afiliados a ninguna organización pública, ni privada, a ningún movimiento político, ideología o doctrina religiosa", puntualiza Iñaki.

Además, no se lleva a cabo ningún registro, ni se toman los datos personales. "Sólo nos interesan los principios y no las personalidades; lo único que nos une es que todos somos comedores compulsivos", señala Miren. Las personas interesadas en acudir a las reuniones de este grupo en Vitoria deben ponerse en contacto con uno de los padrinos a través del teléfono 689 623 925.



Comer compulsivamente se encuentra clasificada dentro de las enfermedades emocionales al lado de la anorexia y la bulimia. Las causas que pueden conducir a este desorden tienen relación con problemas de la personalidad, trastornos bioquímicos a nivel cerebral, factores genéticos y ambientales.

Lo que distingue a los comedores compulsivos (trastorno por atracón o comilonas frecuentes y secretas) de los bulímicos es la falta de conductas compensatorias como el vómito. La persona puede llegar a sentir disgusto mientras come grandes cantidades de alimentos, lo que le produce una sensación de no tener el control sobre la comida, sino que ésta lo controla y como consecuencia no siente satisfacción al comer.

Los alimentos que prefieren son los dulces, carbohidratos y comidas rápidas, explica la psicóloga Lucrecia Castro de Polasek.

Pero las consecuencias de esta adicción son de alto riesgo para la salud, ya que las personas están más propensas a sufrir ataques cardíacos, presión sanguínea alta, colesterol elevado, daño en los riñones, artritis y un acelerado deterioro del sistema óseo, explica la nutricionista Flor de María Sánchez.
Siempre al acecho

A diferencia de la bulimia y anorexia (problemas que afectan principalmente a mujeres), casi un tercio de los comedores compulsivos son hombres. La padecen por igual caucásicos, latinos y negros, obesos o personas con peso normal o quienes presentan constantes fluctuaciones de peso, según demuestran datos obtenidos en investigaciones recientes del Instituto de Salud Mental de Estados Unidos.

En general, los comedores compulsivos son personas que tienen baja autoestima, pero que son muy perfeccionistas. Suelen tener problemas para controlar sus impulsos y su ansiedad, en otras palabras, comen para reducir el estrés.

Los investigadores han hallado una estrecha relación entre esta adicción y la depresión, y ciertos desórdenes obsesivo-compulsivos o fobias, explica la psicóloga María Elena Hernández.

Las razones de esta coincidencia podrían estar en los neurotransmisores, como la serotonina y vasopresina. El primero regula los estados de ánimo y es más bajo en personas con depresión, concluye Hernández.

Por otra parte, la vasopresina conocida también como la hormona antidiurética, tiene la función de controlar la cantidad de agua en el organismo. Cuando es segregada en dosis elevadas, estimula la contracción de los vasos sanguíneos, aumentando la presión sanguínea. Es decir, que es liberada como respuesta al estrés emocional y físico. Y como es de suponer, se encuentra elevada en personas con patologías obsesivo-compulsivas y en comedores compulsivos.

De esto se concluye que debido a la carga emocional que soportan las personas con este desorden, su tratamiento debe incluir terapia psicológica orientada a que la persona reconozca que está enferma y así mejore su autoestima.



Durante la mayor parte de mi vida me he llenado de afuera hacia adentro y en particular con mi adicción favorita: la comida. Al llegar a la adolescencia no me aceptaba a mí misma, me autodenigraba, me agredía, sentía lástima y conmiseración por mí. La salida más próxima era recurrir a la comida . Me preocupaba mi apariencia y quería bajar de peso, por eso probé todas las dietas posibles, pero ninguna funcionó.

El sentimiento de derrota, de autocompasión, de rechazo y de cólera contra mí misma me exacerbaba y como resultado mi relación con el resto de personas era terrible. Me sentía sola y entonces volvía a comer.

Encerrada en este círculo sin proponérmelo un día encontré un anuncio en un diario sobre un grupo de comedores compulsivos anónimos y decidí llegar a una reunión.

Me explicaron en el grupo que comer compulsivamente, al igual que el alcoholismo, es una enfermedad física, emocional y espiritual. Este desorden no se puede curar, pero aprendí que puedo controlarlo por 24 horas.

Además, en las reuniones aprendí mucho de mi adicción al escuchar la experiencia, los avances y sufrimientos de otras personas.

No ha sido fácil para mí, pero el tiempo pasó y el seis de febrero cumplí dos años de tener un proceso de abstinencia, no del todo perfecto, pero bajo la dirección de trabajo de acuerdo al programa. Esto me ha llevado a alcanzar cosas que creí imposibles:
- He perdido más de 80 libras de peso, durante dos años.
- Mi vida espiritual ha crecido.
- Establecí una nueva relación con la comida.
- He desarrollado una nueva forma de relacionarme con los demás.
- Mi salud está en óptimas condiciones.
- He aprendido que para ser bella no se necesita copiar los estereotipos.
- Enfrento un día a la vez².

Carmen.
Consejos nutricionales

La lucha por tener una actitud sana hacia la comida también implica la participación de un especialista de la nutrición.

Aprender a comer bien es un proceso de varias etapas.

³En el caso de un paciente obeso se recomienda un régimen de alimentación flexible distribuido en tres comidas principales y dos refacciones. Esto se hace con la intención de evitar las condiciones que desencadena la ingesta compulsiva², explica la doctora y nutricionista Flor de María Sánchez.

³Regularmente los guatemaltecos tenemos una distribución inadecuada de los tiempos de comida, porque la mayor ingesta de alimentos sucede en el almuerzo y la cena. Al contrario de lo que pasa con el desayuno, ya que éste es casi siempre escaso², explica Sánchez.

³Esta primera comida debe ser un desayuno completo que incluya proteínas contenidas en huevos, leche y queso, es decir, que el desayuno debe proporcionar el sustento necesario durante toda la mañana y se controla mejor el apetito², afirma la nutricionista Sánchez.
Otra recomendación para los comedores compulsivos es que deben masticar despacio, ya que esto favorece la digestión y proporciona una sensación de mayor saciedad, concluye Sánchez.
Autoevaluación

- ¿Eres una persona que come en exceso compulsivamente? Este cuestionario te ayudará a detectar la existencia de señales de alarma.
- ¿Comes cuando no tienes hambre?
- ¿Te das parrandas de comida sin razón aparente?
- ¿Tienes sentimientos de culpa y remordimiento después de comer en exceso?
- ¿Dedicas demasiado tiempo y atención a la comida ?
- ¿Anticipas con placer y expectación los momentos en que puedas estar sola para comer?
- ¿Planeas con anticipación estas parrandas secretas?
- ¿Comes con mesura delante de otros y luego lo compensas cuando estás sola?
- ¿Está tu peso afectando tu manera de vivir?
- ¿Has tratado de hacer dieta por una semana (o más), sin haber logrado tu meta?
- ¿Te resientes de los consejos de otras personas quienes te dicen: ³usa un poco de fuerza de voluntad², para dejar de comer excesivamente?
- ¿A pesar de la evidencia en contrario, continúas afirmando que puedes hacer dieta ³por ti misma² cuando lo desees?
- ¿Sientes ansias de comer a una hora definida del día o de la noche, aparte de la hora de las comidas?
- ¿Comes para escapar de las preocupaciones o los problemas?
El resultado
Si contestaste Sí a tres o más de estas preguntas es probable que tengas problema de comer en exceso compulsivamente o que estás propensa de tenerlo en un futuro cercano. Hemos encontrado que la manera de detener este problema compulsivo es practicar los Doce Pasos del Programa de Recuperación de CCA.


Las personas con este desorden pueden acudir al programa de Comedores Compulsivos Anónimos. En este grupo encuentran el apoyo de otras personas con el mismo problema y que comparten su experiencia y la forma en que ellos luchan cada día por sobrellevar esta dificultad.
12 pasos de recuperación


1. - Admitimos que éramos impotentes ante la comida, que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables.


2. - Llegamos a creer que sólo un poder superior a nosotros mismos podría devolvernos el sano juicio.

3. - Decidimos poner nuestra voluntad y nuestra vida al cuidado de un ser superior, tal como nosotros lo concebimos.

4. - Sin ningún temor hicimos un inventario moral de nosotros mismos.

5. - Admitimos ante todos, la naturaleza exacta de nuestras faltas.

6. - Estuvimos completamente dispuestos a eliminar todos nuestros defectos de carácter.

7. - Humildemente queremos librarnos de nuestros defectos.

8. - Hicimos una lista de todas aquellas personas a quienes habíamos ofendido y estuvimos dispuestos a reparar el daño que les causamos.

9. - Reparamos directamente a cuantos nos fue posible, el daño que les habíamos causado, salvo en aquellos casos en que el hacerlo los perjudicaría a ellos mismos o a otros.

10. - Cada día realizamos un inventario personal y cuando nos equivocamos lo admitimos inmediatamente.

11. - Buscamos a través de la oración y la meditación mejorar nuestro contacto consciente con Dios tal como lo concebimos, pidiéndole solamente que nos dejase conocer su voluntad para con nosotros y nos diera la fortaleza para llevarla a cabo.

12. - Habiendo experimentado un despertar espiritual como resultado de estos pasos, tratamos de llevar este mensaje a las personas que comen en exceso compulsivamente y de practicar estos principios en todos nuestros actos.

Al trabajar en los doce pasos de recuperación las personas pueden desarrollar una manera nueva de pensar y de actuar, las cuales pueden hacerlos vivir ³un día a la vez² sin comer compulsivamente.



La raíz del problema no está en lo que se coma, sino en el porqué, de modo que se convierte en una dependencia muy difícil de superar por uno mismo.

Los científicos han demostrado que la actividad eléctrica que se genera en determinadas zonas del cerebro es la responsable de que, ante determinadas experiencias, sintamos dolor o placer. Quienes las padecen buscan con las conductas adictivas un cambio autoinducido: repiten actuaciones concretas para provocar con ellas que las células nerviosas del cerebro produzcan una actividad generadora de un sentimiento específico.

Cada persona desarrolla una forma particular de enfrentarse al miedo, la ansiedad, el estrés, el dolor o la culpabilidad. Algunas son capaces de tratar directamente el problema, pero muchísimas recurren a la bebida, las drogas o el exceso de trabajo. Para otras se hacen crónicos los dolores de cabeza, estómago o espalda.

Estos intentos para eliminar o reducir el estrés o el dolor son temporalmente relajantes y placenteros, por lo que cuesta darse cuenta de que, a la larga, serán inapropiados y dañinos. Todo el mundo sabe que el exceso de comida no es sano, pero sus perjuicios no se notan mientras comemos.

Encubrir otros problemas

No hay una única causa que lleve a una persona a abusar de la comida. Geneen Roth, autora de varios estudios sobre el tema, en su libro Cuando la comida sustituye al amor explica así como para ella, que deseaba perder peso, los kilos de más suponían un escudo con el que protegerse de otros problemas:

”Mientras tuviera la atención pendiente en lo que comía, del tamaño de la ropa que usaba, de la celulitis y de cómo sería mi vida cuando finalmente consiguiera perder peso, no había persona capaz de herirme profundamente. Mi obsesión por el peso era más apasionante e inmediata que nada que pudiera sucederme con una amiga o un amante. Cuando me sentía rechaza por alguien, me decía que esa persona rechaza mi cuerpo, pero no a mí, y que cuando adelgazara las cosas serían diferentes“.

En otro libro, Una sustancia llamada comida, Gloria Arenson, que ha sido directora del Centro de Tratamiento de Desórdenes en la Comida de Los Ángeles, coincide en que muchos de estos enfermos desean de forma inconsciente ganar peso. No sólo se trata de evitar enfrentarse a un problema mayor que el peso.

Entre las mujeres, por ejemplo, es frecuente que ”se aferren a la gordura para negar su sexualidad“. Además, explica que ”las personas con baja autoestima pueden sentirse incomodas cuando se sienten observadas por el sexo opuesto y para ellas la grasa es un abrigo que cubre y protege a la persona.“



Enfermo sin perfil

Los comedores compulsivos son tanto hombres como mujeres de todas las edades y clases sociales. Algunos lo son periódicamente y otros se atiborran de comida diariamente. También hay quienes no se dan atracones, pero que no dejan de comer en todo el día.

Quienes tienen este problema comparten algunas de sus penas con las personas bulímicas. Ambas tienen episodios recurrentes de atracones en los que en espacio de tiempo corto ingieren grandes cantidades de comida, prefieren los alimentos ricos en calorías, a veces comen a escondidas, han intentado más de una vez perder peso y debido a la alternancia entre ayunos y empachos sufren variaciones en su peso.

Con todo ello llegan después los sentimientos de repulsa hacia ellos mismos y la depresión. Es bastante frecuente que hagan dieta constantemente. Se mantienen en permanente estado de privación, de modo que cuando su resolución por seguir el régimen desaparece tienen la sensación de que tienen que comer grandes cantidades para resarcirse de las privaciones anteriores.
1. Nivel físico: la conducta. La autora recomienda llevar un diario en que se reflejen los ”episodios de atracón“, y puntuarlos por su intensidad según una escala del uno al diez.

2. Nivel emocional: los sentimientos. Con cada una de las anotaciones, hay que preguntarse qué hay en nuestras vidas que merezca una puntuación como la que se le acaba de otorgar a la comilona.

3. Nivel cognitivo: los pensamientos y las creencias. Como no se ha encontrado nada que merezca esta puntuación, hay que analizar qué pensamos sobre nosotros mismos después del atracón y por qué creemos que lo actuamos así.

4. Nivel transpersonal: la recuperación del poder. Hay que dejar de sentirse una víctima y se deben buscar las medidas para lograrlo, si se cree necesario hay que solicitar la ayuda de un especialista






Fuente: https://www.enplenitud.com/
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