InicioInfo[Mitologia Indigena Argentina] - *1º parte: Los Tehuelches*

[Mitologia Indigena Argentina] - *1º parte: Los Tehuelches*

Info10/14/2009



Buenas gente... voy a empezar a hacer una serie de posts acerca de los diferentes cultos y mitologias de los indigenas del actual territorio argentino, hoy empiezo por...

Los Tehuelches

KÓOCH y la creación del Mundo.

Kóoch en la mitología tehuelche, es el creador, aunque no de los hombres, sí del resto del Universo.

En tiempos muy lejanos, tanto que no se pueden medir, en el mundo sólo existían dos cosas: Kóoch, que siempre estuvo, y una oscuridad muy densa. Y tanto tiempo pasó Kóoch en las tinieblas, y tal era su soledad y su pena, que un día empezó a llorar, y fue tan profundo su llanto, que sus lágrimas formaron el Arrok, el Mar Amargo de las tormentas y las desazones.
Al advertir el crecimiento de las aguas, Kóoch suspiró, y así formó a Xóchem, el viento, que comenzó a correr arrastrando consigo a las tinieblas, preparando el camino para la llegada de la luz.
Cuando apareció la claridad, el creador del Universo se sintió tan felíz, que decidió continuar con su obra. Como la luz aún no era suficiente para poder apreciar totalmente el mar, por lo que levantando el brazo, rasgó con tal fuerza el velo de la penumbra, que su gesto encendió una enorme chispa de fuego que siguió el derrotero de su mano. Así nació Xaleshem, el sol.
El calor del sol, al entrar en contacto con el mar, dio origen a las nubes, Teo.
El alocado viento comenzó a perseguir a las nubes, y su risa profunda y retumbante, dio origen a Katrú, el trueno. Teo, cansada de estos juegos, fulminó al viento con la mirada, y así nació Lüfke, el relámpago.

Sin embargo, pronto el dios comenzó a aburrirse, comprendiendo que su obra aún no estaba terminada; entonces, comenzó a elevar parte de la tierra que estaba debajo del mar y construyó una isla, sobre la cual modeló montañas y llanuras. Entonces, sus hijos, admirados por la belleza de la Isla, comenzaron a derramar sobre ella todas sus dádivas. El sol enviaba su luz y su calor entibiando la tierra, la nube correteada por el viento, al rozar las altas montañas, derramaba la lluvia que llevaba en su vientre, formando ríos y arroyos. Pronto la acción benefactora de todos ellos comenzó a rendir sus frutos, los ríos y arroyos formaron los lagos que se poblaron de peces, sus aguas regaron la tierra donde pronto nacieron las primeras plantas; sus suculentas hojas se convirtieron en alimento lo que trajo aparejado la aparición de los primeros animales.
Los primeros hijos de Kóoch se sentían celosos de la nueva creación y en ocasiones enviaban demasiadas lluvias anegando la tierra y matando las plantas. En vista de esta situación, Kóoch reunió a los revoltosos y les habló firmemente, y desde ese momento volvió a reinar la armonía.

En la isla creada por Kóoch, todo se deslizaba apaciblemente, pero fuera Tons, la oscuridad absoluta expulsada por el viento del Universo Primigenio, pugnaba por recuperar la parte del cosmos que le correspondía por haber estado en ella desde siempre. Para lograr su propósito, creó un ejército compuesto por seres demoníacos.
Kóoch ya se había enterado de los planes de Tons. Si bien durante el día la mantenía a raya gracias a la presencia del Sol, durante la noche, la malvada oscuridad hacía de las suyas. Para impedirlo, el Creador dio origen a Keenyenkon, la luna, para que iluminara cuando el sol se alejara del cielo, pero ella se enamoró del rubio astro y no solo lo acompañó durante algunos de sus viajes por el cielo, sino que muchas veces se perdía con él detrás de los Andes, sumiendo a la Isla en la negrura.
Kóoch decidió bendecir esta unión con la llegada de dos mellizos, Wun y Etensher, que eran los encargados respectivamente de avisar a los habitantes de la Isla la aparición o desaparición de sus padres, pero ni el cielo del amanecer ni el del ocaso tenían color alguno

El nacimiento de El'Al

Una noche, uno de los hijos de Tons, llamado Nóshtex raptó a la nube y la mantuvo cautiva durante tres días con sus respectivas noches, durante las cuales engendró en ella al semidios El'Al.
Kóoch, enterado de esta afrenta desató sobre el raptor una maldición, por la cual El'Al superaría en belleza y poder a su propio padre, y como si eso fuera poco, el futuro hijo sería admirado y venerado por todos los seres vivos.
Al conocer esta maldición Nóshtex presa de un furor inenerrable abrió el vientre de Teo, la nube, con un puñal para acabar con la criatura que crecía en su vientre. Sin embargo, Ter-werr, una tucutuco logró recatar al niño con vida y lo escondió en su cueva; pero el esfuerzo fue insuficiente para salvar a Teo, quien murió desangrada. La sangre derramada por Teo salpicó a los mellizos hijos de la luna y el sol tiñéndolos de todos los tonos de rojo que hoy muestran el alba y el ocaso. De allí en más, los amaneceres y los atardeceres patagónicos poseen esos colores tan característicos.



El'Al y la reunión del los animales.

Las leyendas tehuelches sostiene que fueron los pájaros que permitieron que los hombres anduvieran libre por la Tierra.
Y debe ser verdad, porque las aves fueron las que protegieron al pequeño El'Al, creador de los patagones, del gigantesco Nóshtex, su padre, un ogro que lo persiguió durante toda su infancia, tratando de impedir que diera origen a los hombres y que se transformara en un ser más famoso y poderoso que él mismo. Los pájaros fueron sus custodios y su escolta, su protección y su sustento. Y así, escondiéndose entre las grutas, el hombre pudo finalmente afincarse en la Mapu, es decir la Patagonia.



KILKEN, el chingolo: Terr-werr decidió pedir ayuda para salvar a El'Al y fue a buscar al chingolo para que volara a avisar a todos lo animales para reunirse en una gran asamblea en la cual se decidiría el destino del niño. Es por eso que todos los hombres lo respetan, pues él cumplió con el primer paso en la salvación de El'Al.



KIUS, el chorlito: Una vez reunidos en asamblea todos los animales, el chorlito pidió la palabra y una vez concedida explicó que al otro lado del Chaltén existía una tierra que él solo conocía y que si llevaban al niño allá, el ogro jamás lo encontraría. Así fue como El'Al llegó a la Patagonia (que era la Mapu indicada por el chorlito), dominio de dos hermanos muy traviesos, la nieve (Shíe) y el frío (Kokeske).



KAPENK-OOCH, el pecho colorado: Era un pájaro negruzco y sin gracia, pero a pesar de su pequeño tamaño demostró gran valor distrayendo a Nóshtex mientras se preparaba la fuga de El'Al. El ogro, enfurecido le arrojó una gruesa rama, y una larga espina se clavó en el pecho de la infortunada avecilla.
La sangre comenzó a brotar de su pecho, pero aún así no abandonó su misión haciendo que el ogro la siga, abandonando el camino por el cual El'Al debía pasar. Despejado el camino, el niño consiguió evadir a su perseguidor. Agradecido El'Al curó el pecho tembloroso del ave, pero no borró los rastros de la herida, dejando la mancha colorada como muestra de lealtad.



KELLFÜ, el cisne: A él le cupo la misión de llevar al niño sobre su lomo hasta la cumbre del Chaltén, y de bautizarlo con el nombre de El'Al. A partir de allí, fueron amigos inseparables. A raíz de su labor, el cisne se transformó para lo chonek, en animal sagrado.

KAPENKENK, el flamenco: Fue una de las aves convocada a la asamblea de animales. Por ese entonces, era totalmente blanco. Cuando se dirigía a la asamblea, encontró en su camino a Nóshtex, y para evitar que éste sospechara algo, decidió hacerse el disimulado, aparentando buscar alimento, mientras lentamente fue enfilando para el lugar de reunión. Pero tanto fue el tiempo que utilizó en esta treta, que llegó tarde al sitio convenido. Dicen que cuando llegó, sintió tanta vergüenza que sin decir palabra se quedó parado en una pata y con la cabeza escondida bajo su ala. Conmovido El'Al trató de consolar al ave con un regalo, e inspirado en los colores del amanecer pintó sus plumas con el color del horizonte.



Mexeush, el ñandú: es la segunda ave que llegó tarde a la convocatoria. En ese entonces, podía volar como cualquier otra ave, Dice la historia que cuando se aprestaba a ir volando hacia la asamblea, descubrió que desde la cima de un monte, se encontraba uno de los secuaces de Nóshtex, entonces asustado decidió ir caminando en dirección contraria al punto de reunión, y dar un gran rodeo escondiéndose entre los pastizales. Cuando llegó al sitio convenido, y al comprobar que no se sentía abrumado por su error, El'Al lo castigó privándolo de las alas para no volar nunca más.



Oije, el zorrino: su misión consistía en avisarle a la avutarda que El'Al estaba pronto a partir. Felíz con su encargo partió raudamente, pero en el camino se encontró con uno de los enemigos del niño, quien le preguntó el motivo de su urgencia. Asustado, el animalito confesó la verdad, pero una lechuza que pasaba por el lugar lo escuchó y avisó a Terr-werr. Sin embargo El'Al, lejos de enojarse comprendió lo indefenso que el zorrino se encontraba, y decidió darle un medio de defensa para el futuro. A partir de ese día, el zorrino se defiende de sus enemigos despidiendo ese olor nauseabundo.



Goin, el puma: los felinos en general, y en especial el puma, no asistieron a la reunión de los animales, y se negaron a colaborar con la fuga de El'Al. Terr-werr, la tucutuco protectora del niño, enojada por esta actitud, aconsejó al semidios que combatiera sin cuartel a todos los felinos. Desde ese día, el hombre ha perseguido a los felinos salvajes.

Los inventos de Elal y la creación de los hombres

Dicen los tehuelches que la Patagonia era sólo hielo y nieve cuando el cisne la cruzó, volando, por primera vez. Venía de más allá del mar, de la isla divina donde Kóoch había creado la vida y donde había nacido el pequeño Elal, a quien cargó sobre su blanco lomo hasta depositario sano y salvo en la cumbre del cerro Chaltén.


Foto del cerro Chaltén


Dicen también que detrás del cisne volaron el resto de los pájaros, que los peces los siguieron por el agua y que los animales terrestres cruzaron el océano a bordo de unos y de otros. Así la nueva tierra se pobló de guanacos, de liebres y de zorros; los patos y los flamencos ocuparon las lagunas y surcaron por primera vez el desnudo cielo patagónico los chingolos, los chorlos y los cóndores.
Por eso Elal no estuvo solo en el Chaltén: los pájaros le trajeron alimentos y lo cobijaron entre sus plumas suaves. Durante tres días y tres noches, permaneció en la cumbre, contemplando el desierto helado que su estirpe de héroe transformaría para siempre.

Cuando Elal comenzó a bajar por la ladera de la montaña le salieron al encuentro Kokeske y Shíe, el Frío y la Nieve. Los dos hermanos que hasta entonces dominaban la Patagonia lo atacaron furiosos, ayudados por Máip, el viento asesino. Pero Elal ahuyentó a todos golpeando entre sí unas piedras que se agachó a recoger, y ése fue su primer invento: el fuego.

Cuentan que Elal siempre fue sabio, que desde muy chiquito supo cazar animales con el arco y la flecha que él mismo había inventado. Que ahuyentó al mar con sus flechazos para agrandar la tierra, que creó las estaciones, amansó las fieras y ordenó la vida. Y que un día, modelando estatuillas de barro,
creó a los hombres y las mujeres, los tehuelches. A ellos, a sus chónek, les confió los secretos de la caza: les enseñó a diferenciar las huellas de los animales, a seguirles el rastro y a poner los señuelos, a fabricar las armas y a encender el fuego. Y también a coser abrigados quillangos, a preparar el cuero para los toldos hasta dejarlo liso e impermeable... y tantas, tantas otras cosas que sólo él sabía.

Cuentan que hasta la Luna y el Sol están donde están por obra de Elal, que los echó de la Tierra porque no querían darle a su hija por esposa. Y que el mar crece con la luna nueva porque la muchacha, abandonada por el héroe en el océano, quiere acercarse al cielo, desde donde su madre la llama. Y también que si no fuera porque una vez, hace muchísimo tiempo, cuando hombres y animales eran la misma cosa, Elal castigó a una pareja de lobos de mar, no existirían el deseo ni la muerte.

La partida de Elal

Finalmente Elal, el sabio, el protector de los tehuelches, dio por terminados sus trabajos. Dicen que un día, poco antes del amanecer, reunió a los chónek para despedirse de ellos y darles las últimas instrucciones. Les anunció que se iba, pidió que no le rindieran honores pero sí que transmitieran sus enseñanzas a sus hijos, y éstos a los suyos, y aquéllos a los propios, para que nunca murieran los secretos tehuelches. Y cuando ya asomaba por el horizonte, Elal llamó al cisne, su viejo compañero. Se subió a su lomo y le indicó con un gesto el este ardiente. Entonces el cisne se alejó del acantilado, corrió un trecho y levantó vuelo por encima del mar.
Inclinándose sobre el ave que lo llevaba y acariciando su largo cuello, Elal le pidió que le avisara cuando estuviera cansado. Cuando el cisne se quejaba, Elal disparaba una flecha hacia abajo, y con cada flechazo surgía en el agua una isla donde era posible posarse a descansar.
Dicen que varias de esas islas se distinguen todavía desde la costa patagónica, y que en alguna de ellas, muy lejos, adonde ningún hombre vivo puede llegar, vive Elal. Sentado frente a hogueras que nunca se extinguen, escucha las historias que le cuentan los tehuelches que, resucitados, llegan cada tanto para quedarse con él, guiados por el magnánimo Wendeunk.

Super YAPA: Los gigantes de la patagonia

En el año 1520, la corona española envía una flota que dirigida por Hernando de Magallanes buscaba aquella ruta ya mencionada; bordeando la costa patagónica, la flota decide refugiarse en la bahía de San Julián, y es allí donde se produce el primer encuentro con los aborígenes de la zona; en ese momento, la persona encargada de registrar el viaje era el cronista Antonio de Pigaffeta, quién describe al acontecimiento de este modo:
"(…) Transcurrieron dos meses sin que viéramos ningún habitante del país. Un día, cuando menos lo esperábamos, un hombre de figura gigantesca se presentó ante nosotros. Estaba sobre la arena casi desnudo, y cantaba y danzaba al mismo tiempo echándose polvo sobre la cabeza. El capitán envió a tierra a uno de nuestros marineros, con orden de hacer los mismos gestos, en señal de paz y amistad, lo que fue bien comprendido por el gigante, quien se dejó conducir a una isleta donde el capitán había bajado. Yo me encontraba allí con otros muchos. Dio muestra de gran extrañeza al vernos, y levantando el dedo, quería sin lugar decir que nos creía descendidos del cielo".
Dada esta situación, Hernando de Magallanes decide denominar a los Tehuelches (que, en comparación a la talla promedio de los españoles de la época, eran "gigantes" con el particular nombre de "Patagones".
Patagones: Se puede decir que el origen de la palabra patagón o patagones, es aún ambiguo; en un primer momento se creyó que se refería a una deformación de "patón" ya que según Pigaffeta (cronista de la flota de Magallanes) los hombres avistados tenían una "figura gigantesca" y, por ende, se deduce que sus pies no serían de menor tamaño, también se puede agregar que esta explicación fue la más aceptada y divulgada por los expedicionarios, figurando como un mito austral; pero una teoría más reciente muestra que quizá esta palabra no derive de tal deformación, sino que tenga un origen no menos ficcional correspondiente a un personaje de una antigua novela de caballería, Primaleón, en donde se hace mención de un salvaje con proporciones desmesuradas llamado "Pathagon". Al parecer, las características de este personaje hicieron eco en la memoria de los expedicionarios, quienes acostumbraban a relatarse tales historias en sus largos trayectos.

Fuentes: ACA , ACA Y ACA




VISITA MIS OTROS !!!!
Datos archivados del Taringa! original
80puntos
5,465visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
7visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

S
SoujirouZet🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts20
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.