Mate Cosido, el Robin Hood Argentino
Segundo David Peralta, Mate Cosido, nació en Monteros, provincia de Tucumán, el 3 de marzo de 1897. Vástago de una familia humilde y numerosa, fue a la escuela primaria y trabajó en una imprenta siguiendo el oficio de su padre, hasta que empezó a tener problemas con la autoridad. Era un muchacho esmirriado, de tez blanca y cabello castaño, labios finos y orejas grandes, de 1,65 metros de estatura. Su apodo Mate Cosido se debía, al parecer, a una cicatriz cortante que ostentaba en la frente.
Se cuenta que un policía lo persiguió a raíz de cierta rivalidad por una mujer. El hecho es que lo detuvieron por primera vez en Tucumán en octubre de 1918, acusado por un robo, cuando tenía 21 años. Fue sentenciado a seis meses de prisión en suspenso por falta de antecedentes, pero poco después lo detuvieron nuevamente y le aplicaron una condena de nueve meses y medio por hurto. A partir de entonces la policía no dejaría de perseguirlo, con o sin motivo, y deambuló por varias provincias hasta que decidió marcharse al Chaco.
Es interesante constatar entonces que no era chaqueño, ni tampoco de origen campesino, sino que encontró un medio propicio en la zona rural del Chaco. Allí «se echó al monte» –momento crucial en la carrera del bandolero– o, en términos de la tradición autóctona, «se hizo gaucho»:
Esta es la historia
de un gaucho bueno
que su destino lo castigó
hiriendo en su alma de tucumano
la dura espina que lo desvió.
Había intentado establecerse en Córdoba, pero lo detuvieron, se fue, volvió y en 1924, tras resistir un arresto, lo condenaron a dos años, de los cuales cumplió poco más de año y medio en prisión. Regresó a Tucumán, viajó a Santiago del Estero y a Corrientes, y en cada lugar se repetía su detención por la policía hasta que intervenían los jueces poniéndolo en libertad.
«Muchas veces intenté rehacer mi vida y volver al camino que un día me descarrilé. ¡Vano intento! Caerá en un craso error y pecará de utopista aquel que crea que es posible realizarlo donde la policía conozca sus antecedentes, lo primero que hacen es quererlo conquistar como delator, si no acepta vienen las persecuciones»
Ese hostigamiento determinó que abandonara Tucumán para ir al Chaco en 1926, año en que falleció su padre. Existe la versión, de fuentes policiales, de que tuvo que marcharse «a raíz de su intervención en una huelga». Recordando la frase que citamos de su carta, donde se consideraba producto de «injusticias sociales que siendo muy joven ya comprendí», cabe presumir un temprano contacto con la agitación y las ideas proletarias de esa época.
En el Chaco se juntó con Antonio Rossi, el Calabrés, perpetraron una serie de robos y hurtos, y fueron apresados en 1926. A Peralta lo extraditaron desde el Paraguay, y a Rossi lo detuvieron en Misiones. Fueron condenados y cumplieron poco más de cinco años en prisión.
«Allá por 1931, después de haber salido de la cárcel de Resistencia, me dirigí a Tucumán a abrazar a mi madre. Un día mi pobre vieja, entre lágrimas y sollozos, me pedía que rehiciera mi vida y retornara al trabajo, le dije que no era fácil realizar lo que me pedía y le describí los obstáculos con que iba a tropezar»
Sin embargo, sigue narrando Mate Cosido, lo intentó, con el apoyo de un abogado de prestigio, aunque no era fácil por la desocupación que «asediaba la provincia» y por sus antecedentes. Si bien «salía lo menos posible de mi casa para no darle oportunidad a la policía a molestarme», los «sabuesos» desconfiaban diciendo que no era más que una treta, y al fin el jefe de investigaciones «ordenó mi detención en reiteradas ocasiones en averiguaciones de robos». Careciendo de pruebas, tuvieron que dejarlo en libertad, «pero yo no estaba dispuesto a seguir soportando este estado de cosas» y al fin fue su propia madre la que le dijo: «aunque es grande mi dolor de madre, mi hijo, debes irte de mi lado y de Tucumán. Yo sé que contigo se va la mitad de mi existencia, y agregó: aún a costa de toda mi vida no permitiré que esos esbirros sigan jugando con tu libertad. Ese mismo día preparé un reducido equipaje, y al siguiente me marché rumbo al Chaco. Rumiaba ya a mi partida un plan de desquite y en el viaje lo completé (sería asaltante) ya que la policía no me dejaba otra alternativa iba a vengar las lágrimas de mi madre con otras lágrimas».
El Chaco
Así fue como Mate Cosido se dirigió a Presidencia Sáenz Peña, donde se relacionó con una criolla buena moza, Herminia Carneiro, que lo acompañaría en posteriores aventuras. Allí también recompuso la banda con Rossi y con Eusebio Zamacola, un vasco español vinculado al anarquismo, del cual se recuerda que fue contrabandista. Sus andanzas comenzaron a adquirir notoriedad concitando la admiración popular:
Formó su trío de bandoleros
con Zamacola y el Calabrés
y en los poblados y en los senderos
fueron temidos yaguareté.
¿Por qué el Chaco? El escenario que escogió Mate Cosido era un área fronteriza, un territorio agreste en proceso de colonización. La «conquista» se realizó a partir de la expedición del general Victorica en 1884, con la ocupación del litoral, y otra operación militar de 1911 permitió ocupar la zona centro-oeste. A diferencia de la campaña de exterminio de los aborígenes que ejecutó Roca en el sur, en el Chaco se practicó la «reducción». No por contemplaciones humanitarias, sino porque, como explicara el mismo Victorica, «estas tribus proporcionarán brazos baratos a la industria azucarera y a los obrajes de madera».
Miles de tobas, matacos, mocovíes y vilelas fueron forzados a fincarse en reservas y trabajar como peones. En 1904 se estableció La Forestal del Chaco, subsidiaría de un emporio de capital inglés que apropió millones de hectáreas y ocupó miles de jornaleros, imponiendo un régimen casi feudal en sus dominios; dedicada a la extracción del tanino, sus explotaciones devastarían en pocas décadas el tesoro milenario de los quebrachales.
En la década de 1920, cuando nuestros bandoleros aparecieron en el Chaco, se estaba difundiendo en la región central el cultivo algodonero, que atraía como colonos un aluvión de inmigrantes italianos, polacos y de otras nacionalidades. La carpida de tierras y la cosecha del algodón requería también mucha fuerza de trabajo estacional, que proveían los indígenas y braceros de las provincias vecinas.
En aquel medio, ciertos conflictos rurales eclosionaron por vías que, siguiendo a Hobsbawm, pueden verse como formas de «rebeldía primitiva». Las secuelas del violento sometimiento de los indios se prolongaban en los años veinte y treinta. En 1924 varios líderes «mesiánicos» promovieron un movimiento milenarista en la colonia Napalpí, y la protesta por una quita en el precio del algodón –que la administración gubernamental compraba a los aborígenes– derivó en «huelga general»: los indios se negaron a trabajar para los blancos, y fueron aplastados mediante una terrible masacre. En 1933 el fenómeno se reprodujo en las colonias El Zapallar y Pampa del Indio, también conducido por chamanes con una ideología milenarista.
Paralelamente, en los establecimientos fabriles de La Forestal, los obreros anarco-socialistas que ocupaban los puestos más especializados desarrollaron una organización sindical, incluso con prensa propia, y desafiaron la omnipotencia patronal con reivindicaciones sociales de forma más «moderna» que recibieron, sin embargo, la misma respuesta: la represión a sangre y fuego.
La banda de Mate Cosido encontró refugio seguro en la zona central del Chaco, en los ranchos de los colonos pobres, entre los obreros de las hachadas y en la selva habitada por campesinos miserables de origen indígena. Los bandidos repartían generosas «propinas» entre sus amigos, simpatizantes y encubridores sus «adictos» –les llamaría Peralta–, pero sobre todo aparecían ante ellos como el brazo vengador contra la injusticia.
Acerca de la «leyenda sobre la transferencia de riquezas» de ricos a pobres, Hobsbawm cita anécdotas idénticas atribuidas a Jesse James y a Mate Cosido, que los presentan facilitando dinero a gente humilde para pagar deudas a sus acreedores, a los cuales atracan después para recuperar el dinero.
Conociendo proezas semejantes de Vairoletto sobre las que existe evidencia documental, no debemos descartar su veracidad. En cualquier caso, reales o imaginarios, estos hechos se atribuyen naturalmente a quien la gente distingue como «buen bandido».
No cabe duda de que la banda de Mate Cosido llegó a contar con la tolerancia y complicidad de mucha gente, incluso algunos cuadros de la policía territoriana. Por otro lado, dadas las relaciones de Peralta y Zamacola con militantes ácratas, se presume que actuaron a veces de común acuerdo, aprovechando su inserción entre los trabajadores de las empresas. En varios asaltos a las grandes compañías parece evidente que contaban con datos precisos sobre la localización y movimientos de dinero que sólo pudieron conocer por medio de los empleados.
Datos del prontuario
Allá por 1933 Mate Cosido asumió más claramente la jefatura de la pandilla, después que Zamacola fue capturado. Parece que el vasco tuvo la mala suerte de caer en un pozo, tras el asalto a una farmacia en Sáenz Peña. La policía lo apresó y durante un par de años la banda actuó sin él.
En julio de 1933 Mate Cosido y dos compinches asaltaron un tren de pasajeros en marcha, cerca de Avia Terai, despojando de 9000 pesos al pagador de una acopiadora. En abril de 1934, el atraco a un comercio en Villa Angela culminó de manera trágica: el dueño, Dámaso Martínez, se resistió y cayó herido de muerte en el tiroteo; su mujer siguió disparando y baleó al Calabrés, quien falleció estando ya detenido. Fue el comienzo de una mala racha, ya que en los meses siguientes les fallaron otros dos intentos.
En junio de 1935, camino a Pampa del Infierno, el automóvil de un pagador de Bunge & Born fue interceptado por los bandidos, que le robaron 6000 pesos. La policía los alcanzó poco después en un rancho cerca de Campo Largo, de donde lograron escapar hiriendo de gravedad a un agente.
«Yo llevo a la práctica dos normas de conducta, la 1a evitar la violencia todo lo que sea posible, dentro de mi realidad, para alejar toda posibilidad de homicidios y comentarios desfavorables, desprestigiándome a mí y a los camaradas que me acompañan, y esta otra: extremarlas energías en el combate forzoso cuando se trata de defender la libertad o eliminar algún delator» .
En julio de 1936 la banda se trepó a un tren que salía de Concepción del Bermejo, apoderándose de unos 12.000 pesos que llevaba un pagador de Anderson, Clayton & Cía., y algo más que recaudaron entre otros pasajeros. El 6 de agosto siguiente coparon una oficina de la firma Dreyfus en Machagai y se llevaron de la caja fuerte nada menos que 45.000 pesos, dejando intactos los sobres con los salarios para el personal.
No resulta casual que siete días después entrara al Congreso el proyecto de creación de la Gendarmería Nacional, con una recomendación de urgencia que firmaba el presidente, general Agustín P. Justo. Este cuerpo policial militarizado se concebía como el instrumento más apropiado para acabar con el bandidaje chaqueño.
Mientras la policía redoblaba los esfuerzos batiendo la zona habitual de sus correrías, Mate Cosido y los suyos se tornaron un prudente descanso. En febrero de 1937, con ayuda de un hermano, Peralta compró una quinta cerca de Ferreyra, a pocos kilómetros de la ciudad de Córdoba, que hizo fortificar con rejas por todas partes. Zamacola adquirió otra no lejos de allí, camino a Los Filtros Nuevos, y ambos organizaron de tal modo su «retaguardia» previendo un futuro retiro. Peralta había tenido un hijo con Ramona Romano, una hermosa joven a quien llevó a ocupar la casona en Ferreyra; con frecuencia volvería a visitarla, a ella y al chico, por quien se dice que sentía verdadera devoción.
En agosto de ese año Mate Cosido volvió a dar otros golpes en la zona central del Chaco. Fue en aquellos días que algunos de sus secuaces, tramando desvalijar un tren, mataron a un joven chofer de apellido Borelli que se resistía a conducirlos a General Pinedo; la policía frustró el asalto, y en el sumario del caso se le atribuyó el crimen.
«…a veces también aparezco envuelto en hechos que distan mucho de coincidir con mi manera de proceder, estos son platos preparados en la cocina policial, presentados al público y a la prensa en bandeja, estos manjares están condimentados con el arte culinario de la picana eléctrica. ¿Por qué iba a dar muerte a Borelli? ¿Por robarle el auto? Para apoderarme de un auto que me venga en gana no preciso recurrir a esos extremos que siempre me será perjudicial, eso puede hacer un delincuente que mire muy cerca, de instintos muy bajos, pero yo trato en todos los casos de dejar lo menos posible un saldo desfavorable ante la opinión pública, el camino trillado quiero que quede lo más limpio posible.»
Los secuaces de Mate Cosido no tenían a veces los mismos escrúpulos. En cierto festejo, después del saqueo a un comercio en Gancedo, uno de los miembros de la gavilla llamado Malatesta mató a otro, Pedro Cardozo. Dicen que Peralta excluyó al asesino de la banda, dándole una cita a la que nunca acudió.
A fines de 1937 la banda puso en práctica otra modalidad delictiva. Detuvieron a un rico vecino de Presidencia De la Plaza que viajaba en auto con su esposa, le quitaron 1000 pesos y se llevaron a la mujer, por la cual tres días después obtuvieron 4000 como rescate.
En esos días, las fuerzas vivas del Chaco eran recibidas en audiencia por el presidente Justo, a quien presentaron un memorial cumpliendo el mandato de una asamblea promovida por la Cámara de Comercio e Industria del Territorio. El documento clamaba contra la impunidad de «varias bandas de gente de mal vivir, que actúan desde hace tiempo» creando un clima de inseguridad para las personas y para «muchos millones de pesos invertidos en industrias activas, comerciales y dedicadas a la explotación forestal, ganadera y agrícola». La policía, según el texto, no podía atender con 500 hombres una población de casi 300.000 habitantes diseminada en 99.066 kilómetros cuadrados. El reclamo implícito era la creación de la Gendarmería.
Fue entonces cuando apareció Vairoleto el Pampeano, junto a Mate Cosido, atacando a La Forestal.
La conexión con Vairoleto
Hay por lo menos dos versiones que coinciden en situar el primer encuentro de los bandoleros en Buenos Aires, más precisamente en Barracas, y ambas señalan la mediación de los anarquistas. Una, transmitida a Humberto Costantini por viejos militantes libertarios:
Sé que una vez se encontraron
en casa de una polaca,
Fue en el barrio de Barracas
y a la hora de la siesta
que hablaron de Malatesta,
de Bakunin, del Lampiao
El encuentro en casa de la polaca –presuntamente un prostíbulo– no desdice otro testimonio sobre la reunión que tuvo lugar en un sitio más curioso: la sede o templo masónico de la logia Hijos del Trabajo, en la calle San Antonio 814, cuya fachada tiene inscripta hasta hoy esa leyenda y los símbolos de la orden –escuadra y compás, triángulos y ojos radiantes– en la mampostería y la puerta. En ese antro, donde hay un impresionante salón ornamentado para las ceremonias rituales y una biblioteca, Agustín Nasso –sindicalista de la FORA, cuyo padre era casero de la logia– fue testigo presencial de la entrevista. Ambos hombres se contaron sus respectivas historias y su manera de pensar, en una charla de varias horas presidida por un maestro de la logia. Vairoleto «quedó deslumbrado por el firme ideario ácrata de su interlocutor», y «finalmente decidió trasladarse hasta el Chaco» con algunos otros secuaces. A Peralta lo acompañaba, al parecer, el boliviano Tata Miño, uno de sus renombrados compinches, quien habría sido «el que más insistió por la unión de los bandidos». Al cabo, los concurrentes bebieron brindando «por la unión, por la anarquía y por el reparto de las tierras entre los chacareros».
Se deduce que aquella logia, fundada en 1882 en una barriada obrera, estuvo vinculada, infiltrada o cobijada en la década del treinta por los anarquistas, cuyas organizaciones habían sido golpeadas duramente por la represión. Hobsbawm señala la frecuencia de este tipo de entrelazamientos en su estudio sobre los rebeldes primitivos.
Vairoleto se había relacionado con los anarquistas a través de un militante ácrata –conectado con el grupo porteño del periódico La Antorcha– con quien emprendieron en 1930 una quijotesca conspiración en el oeste pampeano. Esta vez, el propósito de los anarquistas habría sido reunir a los dos famosos bandidos instigándolos a ejercer una suerte de represalia contra la odiada Forestal del Chaco.
¿Cómo fue la relación personal entre estos bandoleros? Eran de la misma edad, Vairoleto un par de años mayor. Tenían muchos rasgos en común; su carácter reflexivo y una probada astucia, experiencias de vida e ideas sociales semejantes. Sin embargo, Mate Cosido era más cerebral, su carrera y sus atracos mucho más calculados y ambiciosos. Vairoleto robaba para ir tirando, repartía y se conformaba con poco, amaba la vida sencilla del campo, a cielo abierto. Peralta invertía el dinero previendo su retiro, prefería andar en automóvil y dormir bajo techo. Sin embargo, quizás podían complementarse bien:
Que algo habría en el varón
si se ganó el corazón
de Bautista Vairoleto.
Contra La Forestal
El viaje de Vairoleto al Chaco fue preparado cuidadosamente. En diciembre de 1937 tomó el tren a Resistencia en compañía de tres hombres, uno de ellos el “Tucuta” Pedro González y otro el “Negro” Ramón Rodríguez. La policía lo sabía, e incluso manejaba el dato de que portaba un documento de identidad fraguado. En Vera, al norte de Santa Fe –una zona notoriamente controlada por La Forestal– los estaban esperando. Ello pone en evidencia que desde el comienzo hubo alguna filtración entre los completados.
Al llegara la estación Vera, los viajeros advirtieron la trampa y se descolgaron del tren tiroteando a los agentes. Huyeron, en sulky, a pie, nuevamente en ferrocarril, hasta Resistencia. Allí los aguardaba Recarte Sánchez, otro protagonista clave que jugaría un papel complejo y ambiguo en este capítulo de nuestra historia; patrocinante, entregador y correo de los bandidos, pero quizás también confidente de la autoridad. El llevó a los recién llegados en automóvil a un lugar del monte, donde los recibieron Mate Cosido y Zamacola.
Y sé que en esa ocasión
Vairoleto el perseguido
se juntó a Mate Cosido
y que en unión fraternal
se hicieron «La Forestal»
Zamacola no fue de la partida. En una visita a Córdoba, en marzo de 1938, la policía lo localizó, lo cercaron en su quinta y fue detenido. Encarcelado por largos años, ya no volvería a participar en las aventuras de la banda.
En base a información proporcionada por Recarte Sánchez, el 30 de marzo la banda de Mate Cosido, presumiblemente engrosada por Vairoleto, interceptó los automóviles en que viajaba con su custodia el gerente de Quebrachales Fusionados, una subsidiaria de La Forestal. Se alzaron así con 13.000 pesos que acababan de ser retirados de la sucursal del Banco Nación en Resistencia.
Peralta y Vairoleto discutieron el siguiente golpe contra La Forestal y al parecer no se pusieron de acuerdo. Aunque el que lo encabezó fue el pampeano, con sus compañeros González y Rodríguez, participaron varios secuaces de Mate Cosido: Ernesto y Lorenzo Chazarreta, el Alemancito Fizt, Ernesto Montenegro, Manuel Delgado, e incluso se mencionó como implicado a Marcelino, hermano menor de Peralta a quien llamaban «Mate Cosido chico». El entregador o informante de los datos de la empresa fue nuevamente Recarte Sánchez.
A las diez de la noche del 10 de mayo de 1938, los bandidos rodearon el establecimiento que tenía La Forestal en el paraje Kilómetro 25, pero fueron repelidos y en el tiroteo que se produjo murió el mayordomo Oscar Mieres.
Luego de aquel episodio desafortunado, Vairoleto llegó a la conclusión de que estaban siendo «vendidos» por alguien, y sus relaciones con Peralta se resintieron. Algunos partícipes del asalto fueron detenidos, y en el sumario policial cargaron el crimen en la cuenta de Mate Cosido,
«Otro regalito es la muerte del mayordomo Mieres; mi acusador Manuel Delgado sabe bien quiénes son los verdaderos autores, y sí usó mi nombre es para salvar a sus compañeros y tal vez violentado por la policía».
Decepcionado, Vairoleto se volvió al sur. Era el fin de sus aventuras, y el comienzo de otra leyenda:
De aquella yunta de lujo
el Chaco guarda memoria,
y va creciendo una historia
que no tapará el olvido:
dos valientes (dos bandidos
según los diarios porteños)
que atracaban a los dueños
de tierras y quebrachales
para remediar los males
de tanto pobre chaqueño”.
La Gendarmería tiende el cerco
La ley de creación de la Gendarmería se sancionó dos meses después del asalto a La Forestal, y casi inmediatamente se decidió organizar la Inspección Norte en el Chaco, aunque sus cuarteles se instalaron recién al año siguiente. Mate Cosido tuvo tiempo de dar varios golpes más entre 1938 y 1939, actuando en compañía de su hermano Marcelino, el Tata Miño, Pío Tanicho Domínguez, Andrés Chazarreta, Ismael García y otros.
En esta época reincidió con los secuestros extorsivos, perfeccionando el método y cuidando de brindar un trato irreprochable a los rehenes. En octubre de 1938 atraparon a un comerciante de Quitilipi, Gabardini, que iba en auto con su familia. A cambio de un cheque por 12.500 pesos dejaron ir a su esposa e hija, y lo retuvieron hasta el día siguiente para obtener una suma equivalente: conforme a las instrucciones impartidas, dos empleados suyos arrojaron el dinero desde un tren en marcha al ver cierta señal luminosa. Días después, varios miembros de la banda fueron sorprendidos por la policía en el monte y Chazarreta fue ultimado. Parece que habían sido delatados por un tal Block, a quien una semana más tarde ejecutaron en represalia.
En abril de 1939, camino a Sáenz Peña, detuvieron el auto de Amador López y lo dejaron marchar reteniendo a su hija; para rescatarla el hombre pagó una semana después 15.000 pesos mediante el mismo procedimiento de arrojarlos desde un tren nocturno en marcha. A mediados de ese año atracaron un comercio y también a un pagador de –otra vez– la firma Anderson & Clayton.
Pero ya la Gendarmería comenzaba a instalarse en la zona central del Chaco. Para las tareas de «inteligencia» se creó una Sección Especial que encabezó el auxiliar Guillermo Solveyra Casares: su objetivo principal, el hombre a quien ficharon en el prontuario número 1, se llamaba Mate Cosido. A Vairoleto lo registraron con el número 7 . Simultáneamente se designó jefe de Policía del Territorio al teniente coronel (R) Alberto Saravia, con la misión de reorganizar los cuadros.
Gendarmes vestidos de paisano comenzaron a internarse en los bosques buscando información. Se difundió profusamente un bando que ofrecía recompensa por la captura de Mate Cosido. En meses de fatigoso empeño lograron escaso resultado: los pobladores del monte callaban, e informaban de sus movimientos a los bandidos.
«Estoy enterado de la oferta de dos mil pesos que la Gendarmería promete por mi captura, pobre recurso de fracasados, eso es lo mismo que hacer confesión de incompetencia, lástima que mi detención haya sido cotizada tan a bajo precio, yo creía que a estas horas mi vida valía mucho más. Mis amigos chaqueños se ríen de la oferta y yo confiado duermo a veces en sus hogares, en la certeza que no seré vendido así nomás, algunas veces charlan conmigo al respecto y vierten opiniones, unos critican la bonita moral que quieren enseñar al pueblo, ser un traidor» .
Un logro de los gendarmes fue la localización casual de Ismael García, que huyó y luego fue encontrado muerto en el monte. Solveyra comenzó a estrechar el cerco, detectando a algunos antiguos protectores de la banda de quienes obtuvo confidencias, como el estanciero Maumary. También se dijo que suministró información el propio Recarte Sánchez .
A fines de 1939 Mate Cosido dio el último golpe. En vísperas de Navidad secuestró en una ruta a Jacinto Berzón, encargado de la estancia de la sucesión Furken. Esta vez, el pedido de rescate lo hizo Mate Cosido de puño y letra: «exigimos los 50.000 pesos o la vida de su hermano, quien pasará a alimentar a los cuervos», decía la carta que recibió María Berzón. El texto impartía precisas instrucciones para arrojar el dinero desde un tren el 7 de enero, según el método que ya era de práctica. Resaltaba también en aquellas líneas la suficiencia del bandido y su menosprecio por las fuerzas de seguridad: «Ya han transcurrido ocho días desde el secuestro, y la policía ni el polvo nos ha visto ni verá. El jefe de la Gendarmería y sus satélites no sirven más que para torturar a gente de trabajo e indefensa».
Los familiares hicieron conocer la carta a la policía, y por otra parte el encargado de custodiar al prisionero, Julio Centurión, temió ser descubierto y fue convencido por Berzón de que le convenía entregarse y denunciar a sus compinches:
Pero fue un día
allá en el Chaco
que un compañero lo delató.
La gendarmería preparó entonces dos emboscadas. La noche del 7 de enero, saliendo el tren de Villa Berthet, los bandidos hicieron la señal con una linterna, y el paquete simulando contener el dinero fue arrojado por una ventanilla. Cuando Mate Cosido y sus compañeros se acercaron a recogerlo, una bomba luminosa destelló en el cielo y los gendarmes los tirotearon desde el tren. Peralta recibió un tiro en la cadera, y se salvó providencialmente de ser barrido con una ametralladora situada en un vagón abierto, cuyo mecanismo estaba trabado (parece que en el apuro olvidaron quitarle el seguro).
La segunda emboscada, en el rancho del monte donde habían dejado al prisionero, también falló. Mate Cosido advirtió algo y volvió sobre sus pasos. Cuando los gendarmes abrieron fuego ya era tarde.
Y desde entonces Mate Cosido
huyó a la selva, nunca volvió.
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