¿Por qué los niños y niñas de África no completan la educación básica? Este artículo se centra en el análisis de la educación primaria en África subsahariana, entendida dentro del objetivo de educación básica definida en el marco “Educación para todos hasta 20151”. Si tenemos en cuenta que alrededor de 44 millones de niñas y niños africanos no tienen acceso a la educación formal, se hace imperativa la necesidad de atender a los desafíos que se le plantean a las sociedades africanas en esta materia. La región de África subsahariana está compuesta de al menos 48 países con cerca de 500 millones de personas que, entre todos, hablan más de 1.000 idiomas. La mayoría de estos países, con muy pequeñas excepciones, como es el caso de Etiopía, han sido colonizados por potencias europeas de habla inglesa, francesa, portuguesa, española, alemana, holandesa e italiana y han sido espiritualmente influenciados por religiones con base islámica, cristiana, e hindú, entre otras. Esto ha tenido implicaciones determinantes en todos los aspectos del devenir africano, también en la educación. Parto de la concepción de que por educación podemos entender: “Toda la información, conocimiento y habilidades que permiten a uno vivir de forma digna en su entorno”. Esta visión evidencia el hecho de que la educación es un proceso de aprendizaje donde todos tienen algo para dar y para recibir. Si es así, hemos de considerar que el sistema de educación actual en África tiene dos componentes. Por un lado, el componente tradicional o local que brindan las madres, los padres, los abuelos y la comunidad en general y donde el alumno también debe aportar algo a la comunidad y, por otro lado, el componente oficial que proporcionan las instituciones de enseñanza en África subsahariana, que tienden a mirar al niño como un receptor pasivo alejándolo de su realidad cultural y social. Cifras desalentadoras Los datos de Naciones Unidas, el Banco Mundial y diferentes gobiernos nos informan de que los avances son muy tímidos, y de que los niños de África subsahariana se inscriben en los colegios pero no logran concluir el año escolar. Más del 50 por ciento de las niñas, por ejemplo, suele repetir el curso. Entre 1990 y 20032 menos del 60 por ciento de los niños terminaron la enseñanza primaria. Se estima que 100 millones de niños en el mundo no tienen acceso a la educación formal, de ellos unos 44 millones están en África subsahariana. La educación formal de muchos de estos países de África se basa en una cultura monolingüe, y en la mayoría de los casos está relacionada con el idioma heredado de las potencias coloniales. El factor lingüístico, añadido a otros como el económico; una población extremamente joven; los conflictos armados y civiles; el VIH/SIDA; la pobreza extrema; el rol de las niñas en las familias... derivan en que promover la educación formal sea un reto para aquella parte del continente. Otros factores que se pueden añadir a los mencionados arriba se relacionan con los sistemas de educación en sí. En Kenia, por ejemplo, al decidirse una educación primaria gratuita para todos, en los últimos tres años el número de niños por clase ha aumentado un 40 por ciento; la falta de maestros y principalmente maestras; los años de escolarización que varían de 4 a 7 años; la edad para empezar la escuela... son algunos de sus costes. Se espera que la educación primaria empiece entre los 5 y los 7 años, pero en las zonas rurales la mayoría empieza después de los 10 y, en el caso de las niñas, pronto se encuentran atrapadas en las bodas prematuras; la discrepancia entre el calendario educacional y los modos de vida de cada región; las distancias que dificultan la movilidad (sobre todo, una vez más, de las niñas)... vuelven a la mayoría de los sistemas educacionales inadecuados y poco atrayentes en relación al sistema social. Todo esto crea condiciones que pueden imposibilitar a los niños, y principalmente a las niñas, el seguir todo un curso escolar normal, y mucho menos, el completar cuatro años seguidos de educación. ¿A qué retos nos enfrentamos? Todo lo mencionado arriba se puede transformar en retos. Pero quizás uno de los más importantes esté relacionado con la cuestión lingüística. Si hay mil idiomas en África subsahariana ¿cómo puede ser que la mayoría de los sistemas sean conducidos en lenguas extranjeras? En lugares como Tanzania, donde el swahili ha sido el idioma oficial, esto ha ido en detrimento de los más de cien idiomas hablados en el país. ¿Hasta qué punto los gobiernos africanos y la comunidad internacional están dispuestos a dar a África subsahariana el tiempo que necesita para hacer una buena planificación lingüística como un elemento importante en sus sistemas educativos? En un informe reciente sobre las tendencias y retos actuales para desarrollar la educación en esta parte del continente3 se presentan varios indicadores sobre la situación de la educación primaria en 26 de esos países. Uno de esos indicadores analiza la situación de acceso a la educación primaria de jóvenes entre los 15 y los 26 años que han completado el cuarto año de primaria. Para realizarlo, se ha entrevistado a un 40 por ciento de jóvenes de las unidades familiares más pobres y a un 20 por ciento de las unidades familiares más ricas de los 26 países. En ese estudio se destaca que en países como Sudáfrica y Zimbabwe los jóvenes de las unidades más pobres han conseguido un mayor grado de finalización de la enseñanza básica, ambos con más de un 90 por ciento, con una pequeña diferencia entre chicas y chicos. Ambos países han introducido idiomas locales como el vehículo principal para la educación primaria. En Sudáfrica la Constitución reconoce once idiomas oficiales y es un derecho mantener una relación institucional, incluyendo la educación, en uno de esos idiomas. En Zimbabwe hay dos idiomas dominantes, el Xona y el Ndebele. Cualquier niño y su familia pueden optar por el idioma con el que empezar su educación primaria. Comenzar la educación primaria en la lengua local y/o materna tiene muchos valores añadidos. Uno de ellos es que ante la inexistencia en muchas zonas de África de guarderías o escuelas de educación preescolar, la madre y el entorno familiar son esa guardería, hablan el idioma local con el niño, y cuando éste empieza la enseñanza en su idioma, pueden ser agentes activos en su aprendizaje. Otro elemento es que rompe los esquemas mentales de superioridad de los idiomas europeos. Los toma como un idioma más, un recurso que se va a necesitar para tener una vida digna y no la clave para el éxito. Al marginalizar sus idiomas y buscar la homogeneidad lingüística, África subsharariana ha disminuido la oportunidad de institucionalizar la forma tradicional de transmitir el conocimiento. Al pretender que nuestros niños sigan en la escuela, independientemente de sus orígenes, su clase social y/o grupo lingüístico, hemos de recuperar en primer lugar los valores comunes, para después entrar más en lo específico de cada idioma y cultura. La búsqueda de esos valores comunes es la base de cómo se vive en África, pero no está trasladado y adaptado al sistema educacional dominante. El uso de parábolas, historias, canciones, forma parte del día a día de cualquier africano; la espiritualidad y el respeto por la diversidad son las bases del intercambio con otros pueblos; la responsabilidad colectiva y el uso del entorno como la principal herramienta educativa son las bases para su supervivencia. Estos elementos son mucho más atrayentes que ir al colegio y aprender cosas que uno no sabe muy bien cuándo y cómo van a poder ser utilizadas. Para terminar propondremos una pregunta para la reflexión. ¿Están los responsables de las políticas educativas preparados para tomar estos elementos como el punto de partida para diseñar buenas estrategias y asegurar que los niños y niñas en el África al sur del Sahara se queden en el colegio? Fuente: http://www.revistapueblos.org/spip.php?article1166 Masacre de Albinos en Africa La última de las víctimas es una niña de 9 años, a la que cruelmente cortaron las piernas antes de asesinarla, a pedido de los brujos y curanderos tribales de Tanzania que elaboran “pócimas mágicas” con la sangre y trozos de los pequeños albinos. Los niños albinos son asesinados para pócimas de brujeríaLa realidad supera a las novelas de terror con estas masacres en pleno siglo XXI. Y, aunque parezca una alucinación infernal, ha cobrado auge la macabra libación de estas “pócimas” que, según los curanderos, ayuda a conseguir riqueza, facilitan la extracción de minerales preciosos de las minas, multiplica la pesca y otorga plenitud sexual a los que la ingieran. La maldición blanca Desde hace siglos los niños albinos eran discriminados y marginados en la región de los Grandes Lagos de África. Era considerado como una maldición genética que atacaba a la gente, superstición que fue combatido duramente por las autoridades de Tanzania que aplicaron severas sanciones. En este caso, el remedio resultó peor que la enfermedad porque a los pocos meses, los rehabilitados niños albinos empezaron a ser cazados por depredadores humanos que convirtieron su sacrificio en un jugoso negocio que aumenta cada día. La situación es tan alarmante que el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) está tratando de averiguar dónde se ha originado el rumor. Las evidencias señalan que los brujos perseguidos se trasladaron a Burundi, desde donde están organizando "cazas" de albinos. Fuente: http://www.cronicaviva.com.pe/content/view/82331/271/
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