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Turquía contra los kurdos

Info3/8/2009

Ricardo Angoso considera que la historia del pueblo kurdo es una de las más tristes de Europa. Cuando terminó la primera Guerra Mundial, que significó la desintegración del Imperio Otomano, los kurdos intentaron crear un Estado propio, unir a todo su pueblo, disperso en varias naciones, en una sola entidad nacional. Sin embargo, muy pronto comprendieron que las potencias occidentales no moverían un dedo por sus intereses políticos y que los turcos nunca respetarían su idiosincrasia cultural, social y lingüística
Ricardo Angoso es coordinador general de la ONG Diálogo Europeo y director de la revista Lecturas para el Debate. Es miembro del Consejo Asesor de INFOMEDIO





En efecto, pese a que el Tratado de Sevres, rubricado en 1920, les aseguraba en un futuro la posibilidad de un Estado kurdo dentro de los territorios que habían estado bajo la autoridad otomana, muy pronto comprobarían que otro Tratado, el de Lausana, del año 1923, les abandonaba para siempre y les dejaría viviendo durante décadas en una serie de Estados que nunca les respetarían y les perseguirían.

Ahora viven principalmente entre Irak, Irán, Siria y Turquìa. Volviendo a la historia, conviene recordar que la represión de los kurdos comenzó en Turquía en 1923, cuando Mustafá Kemal Atatürk llega al poder tras un golpe de Estado e instaura un régimen sustentando en la máxima de "Turquía para los turcos".

El fundador de la patria turca tenía una visión hegemónica de la nación turca y no contemplaba la inclusión de las diversas minorías que vivían en el país en su proyecto nacional, iniciando la persecución de armenios y kurdos, sobre todo. Los kurdos, que habían comprendido que habían sido abandonados por todos y que a partir de entonces tendrían que sufrir la represión y persecución a manos de los turcos, se levantaron en numerosas ocasiones contra el nuevo poder inspirado por Atatürk, siendo las revueltas más conocidas las de 1922, 1925 y 1938.




El poder turco fue implacable: miles de aldeas y villorrios kurdos fueron arrasados y sus habitantes, cuando no asesinados y encarcelados, perdieron todos sus bienes y tierras y tuvieron que abandonar la tierra de sus ancestros para siempre. Los kurdos fueron privados de todos sus derechos sociales, económicos y políticos, quedando perseguida hasta la utilización de su lengua y sin que pudieran desarrollar canales de comunicación o difusión de su rica y variada cultura, a no ser claro está en el exilio, donde crecieron como hongos las instituciones y asociaciones kurdas. Ser kurdo constituía casi un delito en la Turquía de Atatürk y después.

Los kurdos siempre fueron perseguidos y aniquilados por una Turquía que nunca aceptó la heterogeneidad de su censo. A los armenios, les masacraron para siempre, aunque todavía Ankara sigue tratando de negarlo y sostener esta verdad histórica puede costar hasta la vida en Turquía. Y a los kurdos, que son el 25% del censo histórico, casi 15 millones de habitantes, han pagado duramente, incluso con su vida, el hecho de ser diferentes.

En 1984, tras años de represión, persecución violenta y miles de asesinatos a manos de las fuerzas de seguridad y el ejército turco, un grupo insurgente kurdo, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) iniciaba la primera gran iniciativa armada contra las autoridades represivas de Ankara. Turquía, como no podía ser de otra forma, contestó con lenguaje y formas de siempre: la represión indiscriminada. La violencia contra la población civil se generalizó, cientos de activistas kurdos pacíficos fueron arrestados, torturados e incluso asesinados y el Kurdistán se volvió a teñir de sangre. Luego está la participación política, siempre negada a los grupos kurdos por un sistema electoral injusto y desigual que se construyó tan sólo para dejarles fuera del juego institucional. Por no hablar de los alcaldes kurdos perseguidos y arrestados, cuya lista sería interminable.

Así llevamos veinte y tantos años, sin que se atisbe ninguna esperanza de que las cosas vayan a cambiar, sino más bien lo contrario, a tenor de la reciente aprobación por el parlamento turco de una declaración por la cual se autorizará a las fuerzas turcas a perseguir a los guerrilleros del PKK. Nada de diálogo ni de vías políticas, nuevamente el recurso de la fuerza y la guerra encarnizada, que generalmente siempre padece una población civil víctima de los abusos y arbitrariedades de los turcos. Se cree que en esta injusta guerra contra los kurdos ya han muerto más de 40.000 personas en los últimos años, ni que decir tiene que la mayoría kurdos indefensos atrapados entre los dos fuegos. Es decir, que nada ha cambiado Turquía: la guerra contra los kurdos continúa, incluso ahora en territorio iraquí. Y el máximo líder kurdo, Abdullah Ocalan, sigue preso en una ergástula turca, metáfora y símbolo vivo de la "sensibilidad" de Ankara hacia el sentimiento nacional turco.


Nadie habla de esta masacre, solo Israel es el problema del Mundo

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