
Desparpajo de cuño peronista
Sea por derecha o por izquierda, el desparpajo político ya tiene marca registrada en este país y es de cuño mayoritariamente peronista.
Ojo: no estamos afirmando que no exista desfachatez política ente radicales, socialistas o conservadores. Claro que la hay. Lo que pasa es que éstos llegan menos a la caja tintineante del Gobierno.
Por estar más acostumbrados a ganar el poder (y a usarlo para bien y para mal), ciertos peronistas rumbosos han quedado estampados en el logotipo de la marca líder de la desvergüenza.
Los dos referentes más zafados del peronismo en los últimos 20 años, es decir Carlos Menem y Néstor Kirchner, han demostrado, uno por diestra y otro por siniestra, que son maestros espectaculares del desenfado, pero, claro, a costillas de lo institucional.
Máximas
Con Menem en el poder muchos argentinos adhirieron al tenebroso pero rendidor apotegma “roba pero hace”. Millones vivaron a ese Menem sin ponerse colorados porque total el dólar valía igual que el peso y porque se podían comprar artículos del hogar en cuotas.
Con Kirchner, tanto en su primera como en su segunda presidencia (la primera, legal; la segunda, asaltada) muchos argentinos repiten la vista gorda ante la corrupción, entre ellos numerosos intelectuales de izquierda, bajo el pretexto de que el santacruceño dice defender los derechos humanos. Los Kirchner se enriquecen de manera turbia mientras exaltan a las Madres de Plaza de Mayo.
No son de hablar ni explicar nada a los periodistas pero están prestos, tanto Néstor como Cristina, para cruzar chanzas con los supuestos transgresores pergolinianos de CQC.
No está mal que uno pueda comprarse cosas. ¡Comprar es una de las actividades más sedantes que hay! Pero lo malo es que por comprar no hayamos querido ver que María Julia amarrocaba casas fabulosas en tanto que una corte de corruptos menemistas compraba propiedades y campos y llenaba cuentas bancarias en Suiza o en el Caribe no sólo con la plata nuestra sino con los dólares de la coima que recibían de clientes, favorecedores y amigos del Gobierno.
No está mal, todo lo contrario, que se defiendan los derechos humanos. Lo que está mal, sobre todo de parte de los intelectuales aludidos, es no querer ver que Néstor abraza a Hebe de Bonafini para que no veamos los estropicios que hacen sus funcionarios preferidos, como los Jaime, los Moreno o los De Vido, o cómo entran millones de dólares negros en valijas venezolanas, o cómo se enriquece el matrimonio presidencial junto con un reducido grupo de amigos, beneficiados con las licitaciones públicas direccionadas o con compras de terrenos fiscales a precio vil para luego venderlas por millones.
Ese tipo de peronistas como Menem y Kirchner han dejado sentado, además, que la voluntad de gobierno y el ansia de poder que tuvieron o tienen los lleva a creer, por ejemplo, que nadie se va a preocupar si se enriquecen de la forma más escandalosa con la plata de todos.
Se basan en una verdad de hierro: tanto los Menem como los Kirchner son el espejo exitoso de lo que muchos argentinos quisieran ser.
Por eso es que tarda tanto en tronar el escarmiento.
LA FUENTE
