La astrología disfrazada de ciencia
dijo:oxímoron: 1 m. RET. Figura consistente en reunir dos palabras aparentemente contradictorias. (diccionarios.com)
"Astrología científica". La astrología, doctrina que goza de gran aceptación popular en distintos grados, carece de prestigio. Y su falta de prestigio no se debe sólo al rechazo por parte de la comunidad científica e intelectual sino que gran parte del público general ya tomó posición al no creer en astrología, no por tener formación científica ni por comprender los fundamentos de la doctrina, ni menos por estar al tanto de la investigación llevada a cabo; para muchos es suficiente con tener una idea del indigerible principio básico de la astrología, a saber: que los astros ejercen influencias en la personalidad, o que existen correlaciones verificables entre astros y personalidades. A la vez es muy común ver a la astrología asociada con todo tipo de esoterismo, como un ingrediente más en la ensalada de la charlatanería mística.
No es de extrañar entonces que algunos astrólogos se calcen una máscara para aparentar algo que no son, reclamando un prestigio que les es ajeno: el de la ciencia. El prestigio de la ciencia como método, justamente ganado, se debe a su éxito palpable en cuanto a la adquisición de conocimientos y desarrollo de tecnología. Hemos visto a la astrología "colgarse de sus lolas" (parafraseando a Moria Casán) para ser tomada en serio, por lo menos en tres casos concretos, tres máscaras poco convincentes que ya mismo presentamos a nuestros lectores.
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Caso 1: David Elnecavé
Este personaje fue visto en el programa de cable Elección de Vida, que como el de Mariquita Gallegos es un antro donde infinidad de chantas pueden (por unos pesos, ya que no son invitados sino clientes) vender sus productos o servicios de dudosa o nula legitimidad. A David Elnecavé, bajo el subtítulo de Astrología Científica, le oímos proferir estas palabras:
"Astrología científica es aquella que puede probar todo lo que se dice. Y
esto que estoy diciendo es muy importante, porque no todos pueden probar lo
que dicen. La ciencia, la metodología científica, propone que todo aquello
que sea, digamos, que responde al método científico, tiene que ser probado.
En astrología científica podemos probar. (...)"
esto que estoy diciendo es muy importante, porque no todos pueden probar lo
que dicen. La ciencia, la metodología científica, propone que todo aquello
que sea, digamos, que responde al método científico, tiene que ser probado.
En astrología científica podemos probar. (...)"
Luego procedió a explicar cómo cada signo rige una parte del cuerpo humano. Es muy convincente oir a alguien que se llena la boca de cientificismo y demostraciones, especialmente si nadie le reclama que haga lo que dice. Averiguamos la dirección de su sede y le escribimos una carta, inquiriendo acerca de su astrología y cómo se diferencia de las demás, con la intención de iniciar un diálogo que nos permitiera descubrir el fundamento científico de su práctica. Lamentablemente de esto ya pasaron varios meses y perdimos las esperanzas de que nos responda. Sin embargo se lo volvió a ver por Elección de Vida haciendo afirmaciones desopilantes. Ahí no se le reclama demostrar nada, es suficiente con que pague el espacio para vender su servicio.
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Caso 2: Marcelo de la Torre
Recientemente recibí un correo electrónico de publicidad, ofreciendo informes astrológicos. El menú es variado: compatibilidad de pareja, compatibilidad de socios o amigos, guía vocacional, informe kármico de vidas pasadas, etc.; así como pronósticos sobre distintos aspectos de la vida. El emisor se llama Astrología Científica, sin embargo en el mensaje se presenta como Marcelo de la Torre, y nos cuenta que practica la astrología desde hace 15 años, siguiendo la labor de sus padres.
Le escribí explicando que conocemos los problemas metodológicos de la astrología, y le pregunté qué tipo de evidencia manejaba y cómo lidiaba con la subjetividad al evaluar la eficacia de su práctica, en caso de diferir de la astrología convencional tal como la conocemos. Marcelo respondió afirmando que según sus estudios, la correlación existe; que se basa en los conocimientos milenarios (es decir nada fuera de lo convencional); y que "se trata en lo posible de NO decir a la gente lo que quiere escuchar, sino lo que sale de su carta natal".
Dice tener formación científica y que sólo cree "en lo que se puede probar", pero las siguientes palabras, que nos recuerdan el discurso de relativismo científico de Horacio Velmont del grupo Elron, lo ponen en duda:
No voy a comenzar una discusión entre la ciencia y la no ciencia, la ciencia demuestra algo y en ese punto supone que es un lugar fijo. Cuando Newton enunció la ley de gravedad la ciencia la tomó como cierta, hasta que Einstein dijo que no lo era, y enunció la genial y novedosa teoría del espacio tiempo, PERO la ciencia no lo creyó hasta que varios años más tarde pudieron demostrarla. Recién ahí le dieron el crédito, mientras tanto esta teoría era seudo-ciencia.
Y se equivoca mucho. La ley de gravedad de Newton no era necesariamente "cierta", era científica, se ajustaba a las observaciones y tuvo aplicabilidad concreta. Lo que vino después con Einstein fue un perfeccionamiento, un mejor modelo, y no una invalidación de la cientificidad de Newton. El conocimiento científico, a diferencia de los "conocimientos milenarios", evoluciona. La ciencia es tal por sus métodos, no por su veracidad, y la pseudociencia es tal cuando pretende referirse a la realidad objetiva sin método científico. La pseudociencia propone cosas indemostrables o cuyo intento de demostración fracasó. La relatividad fue inicialmente una construcción teórica, basada en conocimiento científico; no era indemostrable ni fracasó su demostración.
De todas maneras, Marcelo propone:
Experimento científico:
Les propongo el siguiente experimento, para tratar de probar si la astrología tiene algo de verdad o solo es charlatanería bien hecha.
Te pido me envíes de 3 personas, los siguientes datos:
Fecha, hora y lugar de nacimiento.
los nombraremos, caso 1, caso 2 y caso 3, o individuo, o como sea, no es necesario el sexo de la persona.
Luego, enviame:
Primera opción: Los 3 perfiles de las personas, como son, que actividad realizan, como es la familia que formaron, si viven en su pais a emigraron, lo que puedas decirme de sus vidas....En lo posible que sean personas bien distintas, de personalidades bien diferentes.
Segunda opción: pueden ser 3 personas que sufran de una enfermedad, en este caso, en lugar de los 3 perfiles, dime solo las 3 enfermedades.
Luego yo diré que datos de nacimiento, corresponden, con que perfil, o con que enfermedad.
Sorprendentemente el experimento propuesto es, en principio, adecuado, y como él mismo dice, si los aciertos son por puro azar, sus chances de acertar serían sólo del 16,67%. Pero es inaceptable a pesar de tener las probabilidades en contra, ya que debería repetirse varias veces para ver si los aciertos superan significativamente el 16,67% (contemplando un desvío estadísticamente válido). Bien podría ocurrir que haciéndolo una sola vez acertara por azar, y eso no alcanzaría para confirmar la validez de la astrología. Por otra parte en ningún momento establece controles que le permitan saber que no vamos a dar datos falsos ni que mintamos al obtener sus resultados, negando un acierto. Por más honestidad que pongamos en el asunto, no queremos dar motivo para excusas. El experimento quedó en nada, por la dificultad de reunir los datos de una cantidad adecuada de sujetos y por lo antedicho sobre los controles. Igualmente rescatamos que el planteo es correcto, si bien por demás insuficiente.
Pero la mayor sorpresa llega cuando dice (el énfasis es mío) :
La astrología le dice a la persona como es su perfil, no es una huella digital, o un estudio de ADN, por eso no es una ciencia, por que no es exacta, esto no significa que no sea cierta, es posible, pero no probable, con el perfil, no se puede condenar a un persona, pero muchas veces conduce a descubrir a una asesino, ya que acotando la búsqueda se logran obtener las pruebas.
¿Cómo va a hacer Marcelo para salir de esta? él mismo reconoce que la astrología no es una ciencia, y para peor, ¡por los motivos equivocados! ¡Una disciplina no requiere ser exacta para ser científica!
Mi impresión personal sobre este caso: Marcelo cree en lo que hace, y cree que sabe sobre ciencia. El mundo de la astrología no está hecho solamente de charlatanes descarados.
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Caso 3: Claudia Azicri
Claudia Emilia Azicri está a cargo del sitio Estudio de Astrología Científica y Psicológica. Imparte cursos, carreras y talleres, aparte de ofrecer sus servicios astrológicos. También le escribimos, y preguntamos acerca de estudios científicos, realizados por ella u otros, donde se hubiera establecido esa correlación tan elusiva.
Claudia contestó y simplemente nos remitió al manifiesto de Guinard, que según ella es "una tesis muy seria" sobre lo que le planteamos. Muy bien, a pesar de todo lo que aparenta su sitio, ella por su parte no tiene nada que aportar a lo científico del asunto. Vamos entonces a ver qué nos enseña el francés.
Patrice Guinard es editor de C.U.R.A. (Centre Universitaire de Recherche en Astrologie, Centro Universitario de Investigación en Astrología). Allí vemos que uno de los objetivos del C.U.R.A. es que la astrología "no degenere en el comercio de horóscopos" (Claudia los hace).
El manifiesto de Guinard es una tesis kilométrica, muy bien escrita donde define y defiende a la astrología. Quien disponga del tiempo y las ganas de leer semejante mamotreto comprobará que la astrología no sólo es una pseudociencia sino que también da lugar a una pseudofilosofía.
Lo llamativo es que habíamos pedido información sobre lo científico de la astrología ¡y nos remiten a un texto que afirma que la astrología no es ciencia y que no está al alcance de sus métodos! ¿Qué queda entonces a favor de Claudia?
Transcribo algunos párrafos sueltos:
La conciencia astrológica no procede de una doble constatación que sería la de la observación exterior y la de la introspección, sino de una experiencia en el amplio sentido, exterior - interior, física y cognitiva: es en un mismo movimiento cuando yo comprendo mi ser, los demás, el mundo exterior, y sus raíces astrales comunes. Sólo llegamos a la astrología a través de un sobrecogimiento, bastante cercano a una revelación de naturaleza espiritual, luego, a través de un asentimiento, intuitivo e intelectual, en cuanto a la participación de cada ser en el orden cósmico y en la plenitud del universo. (...)
La astrología no es un asunto de creencia mental, ni de verificación experimental, sino de adhesión psíquica: existe una realidad que nos afecta y de la que no se dan cuenta los sistemas de representación que la circundan. (...)
Todo lo que se puede decir de una impresión astral, es que ésta deja una traza fugitiva en la conciencia, un colorido psíquico evanescente. A estas improntas, directamente e internamente experimentadas por la consciencia, pero inverificables, imponderables, demasiado tenues para ser explotadas por la maquinaria del pensamiento lógico-experimental, se les asignan formas arquetípicas, simbólicas o míticas, las cuales reabsorben el desequilibrio psico-mental provocado por la imposibilidad de fijar las características. El símbolo tiene como función calificar estas entidades subliminales, refractarias ante toda tentativa de determinación, y suplir la inaptitud de la razón para darse cuenta de la realidad como algo integral. (...)
Su objeto no fue nunca los significados particulares de los operadores y de las figuras astrológicas, sino la investigación, a través de estos significados, de sus estructuras subyacentes y de sus formas arquetípicas, psíquico-astrales, directa e interiormente experimentadas por la conciencia. Los contenidos específicos derivan de la estructura, del armazón que los engendra, los armoniza y les da un sentido. Es por ello que no hay tipologías en astrología sino arquetipologías. Estas estructuras operativas, inscritas en la psique y animadas por la periodicidad de los ciclos planetarios, hacen posible la formación de ideas "trascendentales" y hacen nacer representaciones ideales, simbólicas y míticas, generalmente reprimidas por una razón que sólo se organiza en la superficie del discurso. (...)
La astrología no sabría ser mirada de arriba abajo por alguna de las experimentaciones y por los modelos científicos actuales, ni inspeccionada (Heidegger) por los criterios del cientifismo: ésta genera otro tipo de racionalidad que se refiere a los estados psíquicos, y no los objetos físicos o ideales. La astrología obra por conjuntos, no por elementos; ésta aprehende la realidad en su globalidad y a través de los operadores psiquícos-astrales, por una aproximación transversal, y no horizontal. Señala un paradigma organicista, y no mecanicista. Posee su lógica, sus exigencias y sus métodos propios, que nos equivocaríamos si los calificáramos de intuitivos antes de mirarla más de cerca. Posee su lenguaje, un "foto-lenguaje", que da buena cuenta de un "fenómeno" en su totalidad y bajo sus diversas facetas, tal y como aparece en la conciencia. Ella desarrolla un modo de razonamiento propio, la razón matricial, que no es asimilable ni por la razón experimental de la ciencia, ni por la razón discursiva de los filósofos. (...)
Numerosos astrólogos contemporáneos, apasionados de las estadísticas y de la racionalidad científica, se confunden respecto a la naturaleza del saber astrológico, esperando del lado de los científicos una "justificación" de sus prácticas. Las estadísticas no ofrecen en esta materia más que interpretaciones inciertas de "resultados" parciales: "No debería ser una cuestión de "probar" a través de éstas la astrología; la "prueba" (...)
depende del terreno de los hechos, mientras que la astrología opera en las estructuras". La extensión inadecuada a la astrología de métodos que pertenecen a las ciencias físicas pone de manifiesto un desconocimiento de la naturaleza de la astrología y un desprecio por la realidad psíquica. No se mide la lunaridad (cualidad Luna) como medimos la presión atmosférica. La afectividad y la consciencia no "se explican" en términos mecánicos. Los métodos instrumentales y los esquemas astro-estadísticos no conciernen al contenido del saber astrológico, como las curvas de variación encefalográficas no conciernen al contenido de los sueños o las transformaciones orgánicas resultantes de las posturas del yoga. Si existen influencias planetarias a nivel físico o macrofísico, éstas no dependen de la astrología sino de la cosmobiología. Contrariamente a lo que se cree comúnmente y perentoriamente se afirma, la astrología es un conocimiento serio: todo conocimiento de lo humano es tributario de la psique, como lo subrayó Jung en sus obras, y la ignorancia de este factor esencial, si no su negación, es el escollo de la investigación moderna. De este modo, la psicología universitaria sigue atascada en el desierto de las teorías experimentales cuando no es sacudida por las mareas de la terapia freudiana. (...)
¿Qué ocurre con la naturaleza de la astrología? No es una ciencia, ya que no está sometida al principio de verificación; sus modelos no son "falsificables", aunque lo son más que los enunciados de la literatura popperiana. No es una religión, ya que no sostiene ningún dogma revelado, ni ninguna creencia particular, y no requiere ni clero, ni templo, ni ritual. No es una filosofía, ya que relativiza el valor de una racionalidad donde el criterio último de certitud es la evidencia. Pero es a la vez un cierto tipo de ciencia, de religión y de filosofía, es decir, una concepción de lo real que requiere técnicas de localización que toman de la astronomía, y que supone la convicción de la resonancia y de la repercusión de los ritmos del entorno geo-solar sobre el psiquismo. Es una forma específica de racionalidad admitiendo como condición previa la diferenciación estructural de una matriz arquetípica. No depende ni de la razón experimental, ni de la fe, ni de la razón discursiva, sino de la razón matricial. (...)
La astrología no es un asunto de creencia mental, ni de verificación experimental, sino de adhesión psíquica: existe una realidad que nos afecta y de la que no se dan cuenta los sistemas de representación que la circundan. (...)
Todo lo que se puede decir de una impresión astral, es que ésta deja una traza fugitiva en la conciencia, un colorido psíquico evanescente. A estas improntas, directamente e internamente experimentadas por la consciencia, pero inverificables, imponderables, demasiado tenues para ser explotadas por la maquinaria del pensamiento lógico-experimental, se les asignan formas arquetípicas, simbólicas o míticas, las cuales reabsorben el desequilibrio psico-mental provocado por la imposibilidad de fijar las características. El símbolo tiene como función calificar estas entidades subliminales, refractarias ante toda tentativa de determinación, y suplir la inaptitud de la razón para darse cuenta de la realidad como algo integral. (...)
Su objeto no fue nunca los significados particulares de los operadores y de las figuras astrológicas, sino la investigación, a través de estos significados, de sus estructuras subyacentes y de sus formas arquetípicas, psíquico-astrales, directa e interiormente experimentadas por la conciencia. Los contenidos específicos derivan de la estructura, del armazón que los engendra, los armoniza y les da un sentido. Es por ello que no hay tipologías en astrología sino arquetipologías. Estas estructuras operativas, inscritas en la psique y animadas por la periodicidad de los ciclos planetarios, hacen posible la formación de ideas "trascendentales" y hacen nacer representaciones ideales, simbólicas y míticas, generalmente reprimidas por una razón que sólo se organiza en la superficie del discurso. (...)
La astrología no sabría ser mirada de arriba abajo por alguna de las experimentaciones y por los modelos científicos actuales, ni inspeccionada (Heidegger) por los criterios del cientifismo: ésta genera otro tipo de racionalidad que se refiere a los estados psíquicos, y no los objetos físicos o ideales. La astrología obra por conjuntos, no por elementos; ésta aprehende la realidad en su globalidad y a través de los operadores psiquícos-astrales, por una aproximación transversal, y no horizontal. Señala un paradigma organicista, y no mecanicista. Posee su lógica, sus exigencias y sus métodos propios, que nos equivocaríamos si los calificáramos de intuitivos antes de mirarla más de cerca. Posee su lenguaje, un "foto-lenguaje", que da buena cuenta de un "fenómeno" en su totalidad y bajo sus diversas facetas, tal y como aparece en la conciencia. Ella desarrolla un modo de razonamiento propio, la razón matricial, que no es asimilable ni por la razón experimental de la ciencia, ni por la razón discursiva de los filósofos. (...)
Numerosos astrólogos contemporáneos, apasionados de las estadísticas y de la racionalidad científica, se confunden respecto a la naturaleza del saber astrológico, esperando del lado de los científicos una "justificación" de sus prácticas. Las estadísticas no ofrecen en esta materia más que interpretaciones inciertas de "resultados" parciales: "No debería ser una cuestión de "probar" a través de éstas la astrología; la "prueba" (...)
depende del terreno de los hechos, mientras que la astrología opera en las estructuras". La extensión inadecuada a la astrología de métodos que pertenecen a las ciencias físicas pone de manifiesto un desconocimiento de la naturaleza de la astrología y un desprecio por la realidad psíquica. No se mide la lunaridad (cualidad Luna) como medimos la presión atmosférica. La afectividad y la consciencia no "se explican" en términos mecánicos. Los métodos instrumentales y los esquemas astro-estadísticos no conciernen al contenido del saber astrológico, como las curvas de variación encefalográficas no conciernen al contenido de los sueños o las transformaciones orgánicas resultantes de las posturas del yoga. Si existen influencias planetarias a nivel físico o macrofísico, éstas no dependen de la astrología sino de la cosmobiología. Contrariamente a lo que se cree comúnmente y perentoriamente se afirma, la astrología es un conocimiento serio: todo conocimiento de lo humano es tributario de la psique, como lo subrayó Jung en sus obras, y la ignorancia de este factor esencial, si no su negación, es el escollo de la investigación moderna. De este modo, la psicología universitaria sigue atascada en el desierto de las teorías experimentales cuando no es sacudida por las mareas de la terapia freudiana. (...)
¿Qué ocurre con la naturaleza de la astrología? No es una ciencia, ya que no está sometida al principio de verificación; sus modelos no son "falsificables", aunque lo son más que los enunciados de la literatura popperiana. No es una religión, ya que no sostiene ningún dogma revelado, ni ninguna creencia particular, y no requiere ni clero, ni templo, ni ritual. No es una filosofía, ya que relativiza el valor de una racionalidad donde el criterio último de certitud es la evidencia. Pero es a la vez un cierto tipo de ciencia, de religión y de filosofía, es decir, una concepción de lo real que requiere técnicas de localización que toman de la astronomía, y que supone la convicción de la resonancia y de la repercusión de los ritmos del entorno geo-solar sobre el psiquismo. Es una forma específica de racionalidad admitiendo como condición previa la diferenciación estructural de una matriz arquetípica. No depende ni de la razón experimental, ni de la fe, ni de la razón discursiva, sino de la razón matricial. (...)
Las mil vueltas que da Guinard para justificar a la astrología a pesar de que no puede ser verificada nos deja con la sensación de estar siendo tomados por imbéciles. ¿Cómo se pueden afirmar cosas bastante específicas sin que se puedan verificar? ¿Cómo puede ser que todo ese palabrerío no pueda justificar también cualquier otro sistema similar inventado, o en caso de que pueda hacerlo, por qué debemos concluir entonces que la astrología es algo serio? Ah, cosas de la metafísica. En ese mundo vale todo. No en el real.
David Elnecavé, Marcelo de la Torre y Claudia Azicri no hacen Astrología Científica (que es un oxímoron) sino Astrología Pseudocientífica (que es una redundancia).
Germán Buela
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