Ésta es una de de las supersticiones y creencias que hay en America del Sur...
Las brujas, seres maléficos que reconocen como su amo al Diablo, llegaron en legión con los conquistadores de América, pero aquí se mimetizaron con personajes similares de la tradición indígena.
Las brujas son mujeres, por lo general viejas y muy feas, que acuden a los sábados a la medianoche a reuniones sacrílegas presididas por Súpay, nuestro Satán, en las salamancas, profundas cuevas en las que sólo los muy valientes o desesperados se atreven a penetrar.
Mientras la tradición europea las presenta viajando por los aires montadas en escobas y casi siempre con la compañia de un gato negro, la tradición americana prefiere verlas convertidas en murciélagos, búhos u otros seres alados, que extienden sus oscuras alas por el cielo nocturno.
Para lograr su transformación, estas horrendas mujeres se embadurnan con un repugnante ungüento de efecto afrodisíaco, hecho con las cenizas y la grasa de varias sabandijas ponzoñosas, e invocan al Diablo por medio de fórmulas mágicas.
Ya transformadas, se dirigen el sábado por la noche a la salamanca donde se realizará una sacrílega misa negra seguida de una orgía sexual, ambos hechos ordenados por el mismo demonio para poseerlas por el pecado y lograr así su fidelidad. Una de las pruebas sacrílegas se efectúa al entrar en la cueva, pues en su boca se halla un crucifijo cabeza abajo, sobre el que las brujas deben escupir.
Si bien las brujas pueden convertirse en los más repugnantes animales, también pueden tomar el aspecto de bellas jóvenes para satisfacer su lubricidad, con la que pueden arrastrar a incautos a su destrucción, pues son terriblemente crueles.
Se atribuye la condición de bruja a la séptima hija mujer de una pareja.
Las brujas, seres maléficos que reconocen como su amo al Diablo, llegaron en legión con los conquistadores de América, pero aquí se mimetizaron con personajes similares de la tradición indígena.
Las brujas son mujeres, por lo general viejas y muy feas, que acuden a los sábados a la medianoche a reuniones sacrílegas presididas por Súpay, nuestro Satán, en las salamancas, profundas cuevas en las que sólo los muy valientes o desesperados se atreven a penetrar.
Mientras la tradición europea las presenta viajando por los aires montadas en escobas y casi siempre con la compañia de un gato negro, la tradición americana prefiere verlas convertidas en murciélagos, búhos u otros seres alados, que extienden sus oscuras alas por el cielo nocturno.
Para lograr su transformación, estas horrendas mujeres se embadurnan con un repugnante ungüento de efecto afrodisíaco, hecho con las cenizas y la grasa de varias sabandijas ponzoñosas, e invocan al Diablo por medio de fórmulas mágicas.
Ya transformadas, se dirigen el sábado por la noche a la salamanca donde se realizará una sacrílega misa negra seguida de una orgía sexual, ambos hechos ordenados por el mismo demonio para poseerlas por el pecado y lograr así su fidelidad. Una de las pruebas sacrílegas se efectúa al entrar en la cueva, pues en su boca se halla un crucifijo cabeza abajo, sobre el que las brujas deben escupir.
Si bien las brujas pueden convertirse en los más repugnantes animales, también pueden tomar el aspecto de bellas jóvenes para satisfacer su lubricidad, con la que pueden arrastrar a incautos a su destrucción, pues son terriblemente crueles.
Se atribuye la condición de bruja a la séptima hija mujer de una pareja.