NI INTELECTUALISMO NI ESTUPIDEZ Y OTROS TEXTOS.
[Willful Disobedience]
Textos de la revista: Willful Disobedience
traducidos al español por: Palabras de Guerra.
Esta es una serie de articulos que plantean una critica a la sociedad actual desde el pensa,iento Anarquista isurreccional.
FUENTE:Mariposas del caos:http://ar.geocities.com/mariposasdelcaos/ediciones.html
NI INTELECTUALISMO NI ESTUPIDEZ.
En la lucha contra la dominación y la explotación, cada individuo necesita coger todo instrumento que pueda hacer suyo, toda arma que pueda usar autónomamente para atacar esta sociedad y recobrar su vida.
Por supuesto, los instrumentos que los individuos particulares pueden usar en este camino variarán dependiendo de sus circunstancias, deseos, capacidades y aspiraciones, pero considerando los obstáculos a los que nos enfrentamos, es ridículo rechazar un arma que pueda usarse sin comprometer la autonomía, basándose en concepciones ideológicas.
El desarrollo de la civilización en la que vivimos con sus instituciones de dominación está basado en la división del trabajo, el proceso por el cual las actividades necesarias para vivir son transformadas en roles especializados para la reproducción de la sociedad. Tal especialización sirve para socavar la autonomía y reforzar la autoridad porque le arrebata ciertos instrumentos -ciertos aspectos de un individuo completo- a la gran mayoría, y los coloca en las manos de un@s poc@s llamad@s expert@s.
Una de las especializaciones más fundamentales es la que creó el rol del intelectual, el especialista en el uso de la inteligencia. Pero el intelectual no está definido tanto por la inteligencia como por la educación. En esta era de capitalismo industrial/alta tecnología, a la clase dominante le resulta de poca utilidad el pleno desarrollo y ejercicio de la inteligencia. En su lugar requiere la especialización, la separación del conocimiento en estrechos campos conectados sólo por su sometimiento a la lógica del orden dominante -la lógica del beneficio y el poder-. De esta forma, la "inteligencia" del intelectual es una inteligencia deformada y fragmentada con casi ninguna capacidad de hacer conexiones, entender relaciones o comprender (sin hablar de desafiar) totalidades.
La especialización que crea al intelectual es de hecho parte del proceso de estupefacción que el orden dominante impone a quienes son dominad@s. Para el intelectual, el conocimiento no es la capacidad cualitativa de entender, analizar y razonar sobre la propia experiencia o de hacer uso de los esfuerzos de otr@s para alcanzar tal comprensión.
El conocimiento de los intelectuales está completamente desconectado de la sabiduría, que es considerada un extraño anacronismo. Más bien, es la capacidad de recordar hechos inconexos, trozos de información, lo que ha llegado a ser visto como "conocimiento". Sólo semejante degradación del concepto de inteligencia podría permitir a la gente hablar de la posibilidad de "inteligencia artificial" en relación a esas unidades de almacenamiento y examen continuo de información que llamamos ordenadores.
Si entendemos que el intelectualismo es la degradación de la inteligencia, entonces podemos reconocer que la lucha contra el intelectualismo no consiste en el rechazo a las capacidades de la mente, sino más bien en el rechazo a un especialización deformadora.
Históricamente, los movimientos radicales han proporcionado muchos ejemplos de esta lucha en la práctica. Renzo Novatore era el hijo de un campesino que solo asistió a la escuela seis meses. Sin embargo estudió las obras de Nietzsche, Stirner, Marx, Hegel, los antiguos filósofos, historiadores y poetas, todos los escritores anarquistas y aquellos que participaban en los diversos movimientos artísticos y literarios incipientes de su tiempo.
Fue participante activo en los debates anarquistas sobre teoría y práctica además de los debates en los movimientos artísticos radicales e hizo todo esto en el contexto de un intensa y activa práctica insurreccional. En un tono similar, Bartolemeo Vanzetti, que empezó trabajando como aprendiz en su temprana adolescencia a menudo durante largas horas, describe en su breve autobiografía cómo pasaba una buena parte de sus noches leyendo filosofía, historia, teoría radical, etc. con el fin de obtener estas herramientas que la clase dominante le negaría. Fue su afán por adquirir los instrumentos de la mente lo que le llevó a su perspectiva anarquista.
A finales del siglo 19 en Florida, l@s trabajador@s fabricantes de cigarros obligaron a sus patronos a contratar lectores para leerles mientras trabajaban. Estos lectores leían las obras de Bakunin, Marx y otros teóricos radicales a l@s trabajador@s, que discutían luego lo leído. Y a principios del siglo 20, vagabundos radicales y sus amigos establecerían "colegios vagabundos" donde una amplia variedad de ordadores daba charlas sobre cuestiones sociales, filosofía, teoría y práctica revolucionaria, incluso ciencia e historia, y los vagabundos discutían sobre ello. En cada uno de estos casos vemos el rechazo de l@s explotad@s a dejar que les fueran arrebatados los instrumentos de la inteligencia. Y tal como lo veo, esta es precisamente la naturaleza de una lucha real contra el intelectualismo. No es una glorificación de la ignorancia, sino un rechazo desafiante a ser desposeído de la propia capacidad de aprender, pensar y comprender.
La degradación de la inteligencia que crea el intelectualismo se corresponde con una degradación de la capacidad de razonar que se manifiesta en el desarrollo del racionalismo. El racionalismo es la ideología que sostiene que el conocimiento sólo proviene de la razón.
De esta manera, la razón está separada de la experiencia, de la pasión y por tanto de la vida. La formulación teórica de esta separación se puede remontar a la filosofía de la Antigua Grecia. Ya en este antiguo imperio comercial, los filósofos proclamaban la necesidad de subyugar los deseos y pasiones a una razón fría y desapasionada. Por supuesto, esta fría razón promovía la moderación -en otras palabras, la aceptación de lo que existe-.
Desde ese momento (y probablemente mucho antes desde que hubo estados e imperios desarrollados en Persia, China e India cuando Grecia aún consistía en ciudades-estado enfrentadas), el racionalismo ha desempeñado un papel fundamental en reforzar la dominación. Desde el surgimiento del orden social capitalista, el proceso de se ha ido extendiendo a todas las sociedad por todo el globo. Es por tanto comprensible que algun@s anarquistas lleguen a oponerse a la racionalidad.
Pero esta es una simple reacción. Al examinarla de cerca, queda claro que la racionalización impuesta por quienes tienen el poder es de un tipo específico. Es la racionalidad cuantitativa de la economía, la racionalidad de la identidad y la medición, la racionalidad que simultáneamente equipara y atomiza todas las cosas y seres, no reconociendo más relaciones que las del mercado. Y al igual que el intelectualismo es una deformación de la inteligencia, esta racionalidad cuantitativa es una deformación de la razón, porque es razón separada de la vida, una razón basada en la Reificación.
Mientras que quienes dominan imponen esta racionalidad deformada en las relaciones sociales, promueven la irracionalidad entre aquell@s a quienes explotan. En los periódicos y revistas, en la television, en los videojuegos, en las películas,... a través de los mass media, podemos ver como la religión, la superstición, la creencia en lo indemostrable y la esperanza en, o el temor a, el llamado ser sobrenatural se imponen y el escepticismo es tratado como un rechazo frío y desapasionado de lo maravilloso. Beneficia a la clase dominante que aquell@s a l@s que explota sean ignorantes, con una limitada y decreciente capacidad de comunicarse un@s con otr@s sobre cualquier cosa significativa o de analizar su situación, las relaciones sociales en las que se encuentran y los acontecimientos que ocurren en el mundo.
El proceso de estupefacción afecta a la memoria, el lenguaje y la capacidad para entender las relaciones entre personas, cosas y acontecimientos en un nivel profundo, y este proceso penetra también en aquellas áreas consideradas intelectuales. La incapacidad de los teóricos post-modernos de comprender toda totalidad se puede ubicar fácilmente en esta deformación de la inteligencia.
No es suficiente oponerse a la racionalidad deformada impuesta por esta sociedad; debemos también oponernos a la estupefacción e irracionalidad impuestas por la clase dominante sobre el resto de nosotr@s. Esta lucha requiere la reapropiación de nuestra capacidad de pensar, de razonar, de analizar nuestras circunstancias y comunicar sus complejidades. También requiere que integremos esta capacidad en la totalidad de nuestras vidas, nuestras pasiones, nuestros deseos y nuestros sueños.
Los filósofos de la antigua Grecia mentían. Y l@s ideólog@s que producen las ideas que mantienen la dominación y la explotación han continuado contando la misma mentira: que lo contrario a la inteligencia es la pasión. Esta mentira ha desempeñado un papel esencial en el mantenimiento de la dominación. Ha creado una inteligencia deformada que depende de la racionalidad económica, cuantitativa, y ha reducida la capacidad de la mayoría de l@s explotad@s y excluíd@s de entender su condición y luchar inteligentemente contra ella. Pero, de hecho, lo contrario a la pasión no es la inteligencia, sino la indiferencia, y lo contrario a la iteligencia no es la pasión, sino la estupidez.
Dado que quiero sinceramente acabar con toda dominación y explotación y empezar a abrir las posibilidades para crear un mundo donde no haya ni explotad@s ni explotador@s, ni esclav@s ni am@s, elijo aprovechar toda mi inteligencia apasionadamente, usando toda arma mental -junto con las físicas- para atacar al presente orden social. No pido disculpas por esto, ni me dirigiré a aquell@s que por pereza o por la concepción ideológica de los límites intelectuales de las clases explotadas rechazan usar su inteligencia. No es sólo un proyecto anarquista revolucionario lo que está en juego en esta lucha; es mi realización como individuo y la plenitud de la vida que deseo.
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SAQUEANDO EL ARSENAL.
"La herencia de los movimientos revolucionarios
no puede seguir constituyendo una tradición que salvaguardar ...
o un programa que realizar,
sino que debe convertirse en un arsenal que saquear
para el uso continuo de los nuevos revolucionarios."
La historia de la revuelta es probablemente tan larga como la historia de la dominación y la explotación. Siempre han existido quienes no se someterían, quienes desafiarían al dios y al amo incluso teniéndolo todo en su contra. Y esta historia de la revuelta incluye luchas sociales significativas, alzamientos de la muchedumbre de explotad@s para despojarse de sus cadenas en la revolución social. En los últimos siglos, esta agitación social ha ayudado a crear una conciencia revolucionaria que se ha manifestado particularmente en la teoría, análisis social y práctica comunista y anarquista.
Este mismo periodo ha sido testigo del ascenso del capitalismo, de las revoluciones burguesas que transformaron el Estado dando origen a la dominación democrática (además de otras formas más descarnadamente totalitarias), del industrialismo y el trabajo asalariado. Pero en los últimos sesenta años aproximadamente, las consecuencias de estas transformaciones que no se habían comprendido plenamente con anterioridad se han combinado con significativos cambios en curso en los modos en los que la dominación y la explotación operan, facilitados por nuevos desarrollos en las técnicas, métodos y sistemas militares, policiales, industriales y los llamadas post-industriales, desarrollados para satisfacer las necesidades del mantenimiento de la reproducción social, haciendo necesario para l@s revolucionari@s lúcid@s desarrollar nuevas concepciones de la naturaleza de la lucha contra el orden dominante. Y de esta forma surge la cuestión de si los análisis y teorías del pasado -y la historia en la que se desarrollaron- tienen alguna relevancia para el movimiento anarquista actual.
Desde luego, aferrarse a las teorías y análisis del pasado como la verdad revolucionaria es inútil. La veneración de Kropotkin o Bakunin, Goldman o Malatesta sólo puede transformar la teoría y práctica anarquista en una pieza de museo, y los museos son por lo general muestrarios de lo que ha muerto.
Del mismo modo, un enfoque acrítico sobre las sublevaciones pasadas no nos hace ningún bien. La Comuna de Paris, España en los años 30, Hungría en el ´56, Paris en el ´68, etc. pasan a perder su significado desde una perspectiva revolucionaria proyectual cuando se mitifican. Las luchas en curso de las que surgieron desaparecen, y se convierten en reliquias, una serie de "gloriosas" derrotas. No tengo interés en participar en la creación de un Museo de la Anarquía y la Insurrección. Quiero crear la anarquía y la insurrección como realidades vivas.
Pero el rechazo a venerar y mitificar el pasado revolucionario no es lo mismo que sencillamente rechazarlo sin ambages. Al igual que el orden de la dominación tiene una historia que podemos examinar con el fin de obtener una mayor comprensión de cómo luchar contra él, también la lucha contra este orden tiene una historia, y afirmar sin más que es irrelevante para nosotr@s hoy, es sacrificar armas significativas que podríamos usar en nuestra lucha aquí y ahora.
Se ha dicho que para relanzar la apuesta por la revolución, "es necesario volver a poner el pasado en juego". Pero cuando se coloca en un museo para que sea venerado, o se le entierra en un cementerio para ser ignorado, el pasado no se puede poner en juego, porque ha sido transformado de una actividad, un movimiento de lucha, a una cosa muerta. L@s anarquistas y revolucionari@s del pasado desarrollaron sus análisis, teorías y visiones, no como doctrinas en las que creer, sino como armas para usar contra el orden dominante. Desde luego, muchas de ellas son irrelevantes ahora (algunas de ellas - el sindicalismo, el obrerismo, el formalismo y el fetiche de la organización y los números, la fe en el progreso y la tecnología- fueron probablemente obstáculos desde el principio), pero si nuestra intención no es simplemente promover una nueva ideología, una nueva fe revolucionaria; si nuestra lucha es por la reapropiación de nuestras vidas aquí y ahora y la destrucción de todo lo que se sitúa en el camino de ese proyecto; si nuestro objetivo es efectivamente la transformación de las relaciones sociales, la creación de un mundo sin dominación, explotación, jerarquía...; entonces veremos el pasado revolucionario como un arsenal que saquear, aprovechando gozosamente todo aquello que es útil para nuestra lucha actual. Si no podemos enfrentarnos críticamente con el pasado, no seremos capaces de enfrentarnos críticamente con el presente, y nuestra lucha actual será una pieza de museo, una simple vitrina de la ideología, otro juego de roles espectaculares que puede ser atractivo para los media, pero sin ninguna relevancia para la lucha real para destruir esta sociedad.
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MIS PERSPECTIVAS.
Sobre todo soy un individuo que desea forjar su vida y sus relaciones con el mundo y con otras personas en sus propios términos. Por esta razón soy anarquista. Sin embargo mi perspectiva anarquista es egoísta y tomo de todas las perspectivas aquello que encuentro útil para el desarrollo y consecución de mi proyecto anarquista.
Del individualismo, tomo la principalidad de la libertad de cada persona para determinar las condiciones de su existencia en libre asociación con otr@s como el principal objetivo de la lucha revolucionaria y como reconocimiento de la necesidad de l@s individu@s de comenzar a reapropiarse de sus vidas aquí y ahora en revuelta contra la sociedad hasta el extremo que sean capaces.
Mi perspectiva es insureccionalista ya que reconoce tanto la necesidad del/a individu@ de sublevarse en revuelta abierta contra su condición (insureccionalismo individual) como la necesidad de una ruptura subversiva con el actual orden social -el levantamiento de las clases excluidas y las multitudes de explotad@s contra su condición. (insurección social).
Así, reconozco la necesidad de un análisis de clase y una crítica enérgica de la economía. Yo veo la lucha de clases como la lucha contra la proletarización -por ejemplo la lucha contra la desposesión de nuestra capacidad de determinar las condiciones de nuestra existencia en términos de nuestros deseos reales y aspiraciones. Esta lucha se manifiesta a nivel individual en los actos diarios de sabotaje, robo, subversión y revuelta que la/el explotad@ realiza para recuperar parte de su vida y de su dignidad. El reconocimiento de la propia lucha en las luchas de otr@s es la base que comienza a construir la solidaridad capaz de transformar los actos individuales en "la lucha colectiva para la realización individual", que considero la verdadera lucha de clases.
Para que este objetivo de liberación de cada individu@ que desee forjar su vida como quiera se materialice, es necesario que tod@s tengamos el mismo acceso a todo aquello que sea necesario para el proyecto de auto-realización, siendo imprescindible destruir las instituciones que impiden este libre acceso. Así, la destrucción de las instituciones de propiedad y el intercambio de artículos y consecuentemente del trabajo- es un objetivo necesario de la lucha revolucionaria. Sólo en esta dirección podrán las nuevas relaciones sociales basadas en la libre asociación sin jerarquías o privilegios, llegar a existir. Este es el comunismo que yo entiendo.
Reconozco que son las instituciones de dominación y explotación las que constituyen la civilización y por ello reconozco mi lucha como una lucha contra la civilización.
Los sistemas tecnológicos- y particularmente el industrialismo- se desarrollaron como métodos de control, por lo que la lucha contra el control es la lucha contra estos sistemas. Por ello mi perspectiva incorpora el luddismo y de forma amplia se le puede llamar anarquismo verde, aunque no lo utilice para ninguna retórica antihumana, y desee impedir la destrucción del medioambiental porque un mundo desbastado reduciría mi existencia y la existencia de todos los seres humanos.
Por ello veo que las dicotomías hechas entre individualismo y comunismo, revuelta individual y lucha de clases, la lucha contra la explotación humana y la explotación de la naturaleza son falsas dicotomías y siento que aquell@s que las aceptan empobrecen tanto su crítica como su propia lucha.
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DE PROLETARI@ A INDIVIDU@:
HACIA UNA COMPRENSIÓN ANARQUISTA DE LA CLASE.
Las relaciones sociales de clase y explotación no son simples. Las concepciones obreristas, que están basadas en la idea de una clase objetivamente revolucionaría definida en cuanto a su relación con los medios de producción, ignoran la multitud de aquell@s en todo el mundo cuyas vidas les son robadas por el actual orden social pero que no pueden encontrar sitio dentro de sus aparatos productivos. Por tanto estas concepciones acaban presentando una comprensión limitada y simplista de la explotación y la transformación revolucionaria. Para poder llevar a cabo una lucha revolucionaria contra la explotación, necesitamos desarrollar una comprensión de las clases tal como existen actualmente en el mundo, sin buscar ninguna garantía.
De una forma básica, la sociedad de clases es aquella en la que están quienes dominan y quienes son dominad@s, quienes explotan y quienes son explotad@s. Este orden social solo puede surgir cuando la gente pierde su capacidad para determinar las condiciones de su propia existencia. Por tanto, la característica esencial que comparten l@s explotad@s es su desposesión, su perdida de la capacidad para tomar y llevar a cabo las decisiones básicas sobre como vivir.
La clase dominante se define en términos de su propio proyecto de acumulación de poder y riqueza. Aunque por supuesto hay conflictos significativos dentro de la clase dominante en cuanto a intereses específicos y competencia real por el control de los recursos y el territorio, este proyecto de tan largo alcance que tiene como objetivo el control del poder y la riqueza social, y por tanto de las vidas y relaciones de todo ser vivo, proporciona a esta clase un proyecto positivo unificado. La clase explotada no tiene un proyecto positivo semejante que la defina. En su lugar se define en cuando a lo que se le hace, lo que se le quita. Habiendo sido despojada de los modos de vida que había conocido y creado con sus semejantes, la única comunidad que le queda a la gente que compone esta clase heterogénea es la provista por el capital y el estado; la comunidad del trabajo y el intercambio de mercancías decorada con cualquier construcción ideológica nacionalista, religiosa, étnica, racial o subcultural a través de la cual el orden dominante crea identidades en las que canalizar la individualidad y la revuelta. El concepto de una identidad proletaria positiva, de un solo proyecto proletario unificado y positivo, no tiene base en la realidad dado que lo que define a alguien como proletari@ es precisamente que su vida le ha sido robada, que ha sido transformad@ en un instrumento en los proyectos de l@s dominantes.
La concepción obrerista del proyecto proletario tiene sus orígenes en las teorías revolucionarias de Europa y los Estados Unidos (particularmente ciertas teorías marxistas y sindicalistas). A finales del siglo 19, tanto Europa occidental como el este de los Estados Unidos estaban en camino de ser completamente industrializados, y la ideología dominante del progreso igualaba el desarrollo tecnológico con la liberación social. Esta ideología se manifestó en la teoría revolucionaria como la idea de que la clase obrera industrial era objetivamente revolucionaria porque estaba en posición de apoderarse de los medios de producción desarrollados bajo el capitalismo (los cuales, como productos del progreso, se asumía que eran inherentemente liberadores) y ponerlos al servicio de la comunidad humana. Al ignorar a la mayor parte del mundo (junto con una porción significativa de l@s explotad@s en las áreas industrializadas), l@s teóric@s revolucionari@s eran de esta forma capaces de inventar un proyecto positivo para el proletariado, una misión histórica objetiva. Que esta se fundamentara en la ideología burguesa del progreso, se ignoraba. En mi opinión, l@s ludditas tenían una perspectiva mucho más clara, reconociendo en el industrialismo otro de los instrumentos de los amos para desposeerles. Con buenas razones, atacaron las máquinas de la producción masiva.
El proceso de desposesión hace mucho que se ha consumado en Occidente (aunque por supuesto es un proceso que está ocurriendo en todo momento incluso aquí), pero en gran parte del Sur del mundo está aún en sus primeras fases. Sin embargo desde que el proceso comenzó en Occidente han habido algunos cambios significativos en el funcionamiento del aparato productivo. Las posiciones cualificadas en la fábrica han desaparecido en gran parte, y lo que se necesita en un/a trabajador/a es flexibilidad, la capacidad de adaptarse-en otras palabras, la capacidad de ser una pieza intercambiable en la máquina del capital. Además, las fábricas tienden a requerir much@s menos trabajador@s para mantener el proceso productivo, tanto a causa de los desarrollos en la tecnología y las técnicas de gestión, que han permitido un proceso productivo más descentralizado, como porque cada vez más el tipo de trabajo necesario en las fábricas es en gran medida sólo supervisar y mantener las máquinas.
A un nivel práctico esto significa que tod@s somos, como individuos, prescindibles para el proceso de producción, porque tod@s somos reemplazables-ese hermoso igualitarismo capitalista en el que todos somos igualesa cero. En el primer mundo, esto ha tenido el efecto de empujar a un creciente número de explotad@s a posiciones cada vez más precarias: trabajo temporal, trabajos en el sector servicios, desempleo crónico, el mercado negro y otras formas de ilegalidad, indigencia y prisión. El trabajo fijo con su garantía de una vida un tanto estable - incluso si esa vida no es propia-está dejando paso a una carencia de garantías donde las ilusiones proporcionadas por un consumismo moderadamente cómodo ya no pueden seguir ocultando que la vida bajo el capitalismo siempre se vive al borde de la catástrofe.
En el tercer mundo, gente que ha sido capaz de crear su propia existencia, aun cuando ésta haya sido en ocasiones difícil, se está encontrando con que su tierra y otros medios para hacerlo le están siendo arrebatados al invadir (literalmente) las máquinas del capital sus casas y minar cualquier posibilidad de continuar viviendo de su propia actividad. Arrancad@s de sus vidas y tierras, se ven forzad@s a trasladarse a las ciudades donde hay poco empleo para ell@s. Surgen barrios de chabolas alrededor de las ciudades, a menudo con una población mayor que la de la propia ciudad. Sin ninguna posibilidad de trabajo fijo, l@s habitantes de estos barrios de chabolas están obligad@s a formar una economía de mercado negro para sobrevivir, pero esto también sirve todavía a los intereses del capital. Otr@s, en su desesperación, eligen la inmigración, arriesgándose al encarcelamiento en campos de refugiados y centros para extranjer@s indocumentad@s con la esperanza de mejorar su condición.
Así, junto con la desposesión, la precariedad y la prescindibilidad son cada vez más los rasgos que comparten quienes componen la clase explotada mundial. Si, por un lado, esto significa que esta civilización de la mercancía está creando en su interior una clase de bárbaros que realmente no tienen nada que perder en derribarla (y no de los modos imaginados por l@s viej@s ideólog@s obreristas), por otro lado estos rasgos no proporcionan en sí mismosninguna base para un proyecto positivo de la transformación de la vida. La rabia provocado por las miserables condiciones de vida que esta sociedad impone puede fácilmente ser canalizada en proyectos que sirven al orden dominante o al menos al interés específico de alguno u otro de l@s dominantes. Los ejemplos de situaciones en las pasadas décadas recientes en los que la rabia de l@s explotad@s ha sido aprovechada para alimentar proyectos nacionalistas, racistas o religiosos que sirven solo para reforzar la dominación son demasiados para contarlos. La posibilidad del fin del actual orden social es tan grande como nunca antes, pero la fe en su inevitabilidad no puede seguir pretendiendo tener una base objetiva.
Pero para entender realmente el proyecto revolucionario y empezar el proyecto de resolver cómo llevarlo a cabo (y desarrollar un análisis de cómo la clase dominante consigue desviar la rabia de aquell@s a l@s que explota hacia sus propios proyectos), es necesario darse cuenta que la explotación no tiene lugar solamente en términos de producción de riqueza, sino también en términos de la reproducción de relaciones sociales. Independientemente de la posición de cualquier proletario particular en el aparato productivo, es de interés para la clase dominante que tod@s tengan un rol, una identidad social que sirva en la reproducción de las relaciones sociales. La raza, el género, la etnicidad, la religión, la preferencia sexual, la subcultura-todas estas cosas pueden, efectivamente, reflejar diferencias muy reales y significativas, pero todas son construcciones sociales para canalizar estas diferencias en roles útiles para el mantenimiento del actual orden social. En las áreas más avanzadas de la actual sociedad donde el mercado define la mayoría de las relaciones, las identidades en gran medida llegan a estar definidas en términos de las mercancías que las simbolizan, y la intercambiabilidad está a la orden del día en la reproducción social, al igual que lo está en la producción económica. Y es precisamente porque la identidad es una construcción social y cada vez más una mercancía vendible por lo que l@s revolucionari@s deben ocuparse seriamente de ella, analizada cuidadosamente en su complejidad con el objetivo preciso de superar estas categorías hasta el punto de que nuestras diferencias (incluyendo aquellas que esta sociedad definiría en términos de raza, género, etnicidad, etc.) sean el reflejo de cada uno de nosotr@s como individuos singulares.
Ya que no hay un proyecto positivo común que se encuentre en nuestra condición como proletari@s -como explotad@s y desposeíd@s - nuestro proyecto debe ser la lucha para destruir nuestra condición proletaria, para poner fin a nuestra desposesión. La esencia de lo que hemos perdido no es el control sobre los medios de producción o de la riqueza material; son nuestras vidas mismas, nuestra capacidad para crear nuestra existencia en términos de nuestras propias necesidades y deseos. Por tanto, nuestra lucha encuentra su terreno en todas partes, en todo momento. Nuestro objetivo es destruir todo lo que aleja a nuestras vidas de nosotr@s: el capital, el estado, el aparato tecnológico industrial y post-industrial, el trabajo, el sacrificio, la ideología, toda organización que trate de usurpar nuestra lucha, en resumen, todos los sistemas de control.
En el mismo proceso de llevar a cabo esta lucha en el único modo en que podemos llevarla a cabo-fuera de y contra toda formalidad e institucionalización-empezamos a desarrollar nuevas formas de relacionarnos basadas en la auto-organización, una horizontalidad basada en las diferencias únicas que nos definen a cada un@ de nosotr@s como individuos cuya libertad se expande con la libertad del otr@. Es aquí, en la revuelta contra nuestra condición proletaria, donde encontramos ese proyecto positivo compartido que es diferente para cada un@ de nosotr@s: la lucha colectiva por la realización individual.
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NINGÚN ACTO DE REVUELTA ES INÚTIL.
La lucha de clases existe en todos los actos de revuelta individuales y colectivos en los se recuperan pequeñas porciones de vida o pequeñas porciones de los aparatos de dominación y explotación son obstruidos, dañados o destruidos. En un sentido significativo, no hay actos aislados de revuelta. Tales actos son todos respuestas a la situación social, y muchos conllevan algún nivel de complicidad implícita, indicando algún nivel de lucha colectiva.
Consideremos, por ejemplo, la organización espontánea, y mayormente silenciosa, del sabotaje del proceso de trabajo y la reapropiación de bienes que ocurre en muchos lugares de trabajo; esta coordinación informal de la actividad subversiva llevada a cabo en el interés de cada individuo implicado es la mejor concepción anarquista de la actividad colectiva, porque este tipo de colectividad existe para servir a los intereses y deseos de cada un@ de l@s individu@s implicad@s en la reapropiación de sus vidas, y lleva en su interior una idea de formas diferentes de relacionarse libres de explotación y dominación.
Pero incluso actos de revuelta aparentemente solitarios tienen sus aspectos sociales y son parte de la lucha general de l@s explotad@s. Tanto por esta razón como por el sentido personal de gozo y satisfacción que el/la individu@ encuentra en tales actos, es necesario reconocer que ningún acto de revuelta es inútil.
El capital, el estado y sus aparatos tecnológicos constituyen un orden social mundial de dominación. Es por tanto necesario para las luchas rebeldes de l@s individu@s confluir para crear revolución social. Dado que incluso los actos individuales de revuelta tienen un aspecto social, y son a menudo más colectivos en su naturaleza que lo que aparentan, debido a la complicidad implícita, un desarrollo así no es tan inverosímil al presentarse las circunstancias apropiadas. Pero para ser muy claro, no estoy hablando de esperar hasta que tengan lugar las circunstancias apropiadas para actuar (una excusa demasiado frecuente para la pasividad), sino aprovechar la oportunidad en la práctica continua de revuelta de llevarla más lejos, en cuanto se pueda.
La revolución social es una ruptura con nuestro actual modo de existencia, una convulsión de las relaciones y condiciones sociales en la que se viene abajo el funcionamiento de las instituciones políticas y económicas. Tal como lo veo, el objetivo de l@s anarquistas en esta situación es luchar por la completa destrucción de estas instituciones -el estado, la propiedad, el trabajo, el intercambio de mercancías, la tecnología de control social, toda institución de dominación- con el fin de abrir el campo de posibilidades para la autoorganización.
Por tanto, el proyecto revolucionario es esencialmente negativo y destructivo. Nuestro objetivo no es crear contra-instituciones para reemplazar al estado y el capital, sino poner fin a la actual situación global en la que un@s poc@s determinan las condiciones bajo las que viven tod@s, de forma que tod@ individu@ sea libre para crear la vida a su antojo en asociación con quien elija. Por tanto esta no es una lucha política, un intento de poner en vigor un programa político, sino una lucha social. Un movimiento que se opone a toda jerarquía y liderazgo no debería ofrecer modelos para una sociedad post-revolucionaria. De hecho, idealmente, no habría un "después de la revolución", sino una tensión continua de posibilidades en expansión, una fluidez de relaciones sociales y asociales que rechazan cuajar en instituciones y que en su lugar se concentran en la creación de deseos, intereses, proyectos y pasiones siempre basados en el rechazo consciente a ser dominad@s.
Por tanto, estoy hablando de una transformación total en todos los niveles de existencia que nunca acaba, un salto hacia la libertad desconocida que no ofrece garantías excepto aquellas que se puedan encontrar en la determinación resuelta de cada individu@ a no ser nunca más gobernad@.
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SOBRE LOS OBJETIVOS Y LOS MÉTODOS DE LA CRÍTICA.
El desarrollo de una práctica anarquista coherente basada en nuestro deseo de recuperar nuestras vidas requiere el uso continuo del análisis crítico a todos los niveles. Pero, como con la totalidad de la práctica anarquista, la crítica sólo es útil cuando uno tiene claros los objetivos de la práctica y desarrolla métodos consistentes con estos objetivos. Aquí como en todas las otras áreas de la práctica, nuestros medios tienen que englobar nuestros fines.
Por simplificar y clarificar, podemos hablar de tres áreas generales en las que el análisis crítico es necesario: 1) la crítica de la sociedad actual, de las instituciones, sistemas y relaciones que producen y mantienen la dominación y la explotación; 2) la crítica histórica, el examen crítico de las luchas, insurrecciones, teorías y prácticas revolucionarias del pasado; y 3) la crítica de las ideas y prácticas del movimiento anarquista contemporáneo.
La crítica de la sociedad actual, sus instituciones y relaciones de dominación, tiene un objetivo muy simple, conseguir una comprensión de nuestro enemigo que sea adecuada para el proyecto de destruirlo y abrir la posibilidad de una vida libre y autodeterminada. El método que mejor se ajusta a este objetivo el ataque incisivo, iconoclasta. Los eslóganes y las proclamaciones simplistas no son suficientes. Es necesario examinar profundamente las prácticas del estado, el capital y todas las otras instituciones de dominación. Este examen necesita empezar en nuestro deseo de recuperar nuestras vidas como individuos y de desarrollar relaciones basadas en la libre asociación, y en la consecuente necesidad de reapropiarnos de la vida a un nivel social también. Esto significa analizar la manera en que las instituciones dominantes penetran en y vienen a definir nuestras vidas cotidianas. De hecho, el examen de la vida cotidiana tiene una importancia fundamental, ya que es ahí donde uno puede desarrollar una práctica continua de conflicto con las fuerzas de la dominación, descubriendo sus puntos débiles que podemos atacar al vivir nuestra propia viada. También es donde uno puede encontrarse con los individuos que puede que no se llamen a sí mismos anarquistas o revolucionarios, pero que viven desafiando esta existencia y así pueden probar ser los cómplices más fiables en la revuelta. Por supuesto, en el desarrollo de esta crítica, podemos hacer uso de innumerables herramientas, incluidas aquellas que robamos de disciplinas científicas y académicas como la filosofía y la antropología.
Pero estas no deberían convertirse nunca en modelos de una futura sociedad o en el centro de nuestra crítica. Si lo hacen, se convierten en cadenas ideológicas más que en herramientas críticas de nuestro deseo de reapropiarnos de nuestras vidas y transformar la existencia según nuestras necesidades, deseos y aspiraciones.
El objetivo de la crítica histórica anarquista es reapropiarnos de la historia de la lucha contra la dominación como una tarea inacabada, examinar las insurrecciones y revoluciones del pasado como parte de nuestra lucha en curso de manera que podamos coger lo que nos es útil de ellas. El método apropiado para llevar a cabo este objetivo es la desmitificación de la historia. No quiero decir con esto reemplazar las visiones "objetivamente" falsas del pasado con otras "objetivamente" verdaderas. Más bien me refiero a la transformación de nuestra concepción de la historia. La "Historia" que nos enseñaron en la escuela es una sucesión de eventos (a menudo percibida como una progresión) puestos en exhibición como piezas de museo. Sea "correcto" o no, esto representa una mistificación en el sentido más amplio de la palabra, ya que define la Historia como algo que está sobre nosotros y que no puede ser tocada. La respuesta radical más común a esta visión es la desarrollada por algunos marxistas y hegelianos en la cual la influencia de la Historia no es el pasado muerto, sino un futuro determinado e inevitable.
Puesto que esto coloca a la historia por encima de nosotros en un dominio intocable, sagrado, es todavía una mistificación. La desmitificación de la historia es el reconocimiento de que esta es nada más y nada menos que la actividad de los seres humanos haciendo lo que sea necesario para crear sus vidas y su mundo. Debido a que esta actividad es principalmente inconsciente, los gobernantes son capaces de controlarla según sus propios intereses y crear la historia mistificada que apoya su control continuo. Las insurrecciones son los momentos en los que el aparato de la mistificación histórica se rompe y la gente comienza a verse como los protagonistas de su propia existencia, despertando la cuestión fundamental de cómo ocuparse de crear conscientemente nuestras vidas para nosotros mismos. Desde este punto de vista, todas las insurrecciones pasadas forman parte de una misma lucha en curso. Sus faltas y fallos no son cuentos de trágico heroísmo y derrota, sino más bien lecciones para incitar la lucha continua por la reapropiación de nuestras vidas. Así pues, la crítica histórica en un sentido anarquista y revolucionario es el examen de esos momentos en los que las mistificaciones históricas se derrumban y comienzan a surgir las preguntas fundamentales sobre cómo crear nuestras vidas para nosotros mismos, con el objetivo explícito de reabrir estas cuestiones ahora en nuestras propias vidas para estar mejor preparados cuando ocurra la siguiente ruptura insurreccional.
Por supuesto, sin ninguna ilusión de que pueda haber alguna solución garantizada cuando nos adentremos en el camino desconocido de la insurrección y la creación de una existencia libre.
La interacción crítica entre nosotros, tratando ideas y prácticas actuales, estaría dirigida idealmente a afilar nuestra teoría y nuestra práctica y a clarificar afinidades y diferencias reales para que cada uno de nosotros podamos desarrollar nuestros proyectos en asociación con otros con los que compartamos afinidad real. De este modo el objetivo es principalmente no conseguir una unidad táctica y teórica como proclaman algunos anarquistas, sino por el contrario mantener la vitalidad que surge de la inmersión en la lucha contra este orden social, una vitalidad capaz de tener una discusión intensa y un conflicto real de ideas sin la necesidad del rencor o el defensivismo de una posición atrincherada. El método apropiado para esta crítica es el debate profundo, apasionado e inteligente de ideas y prácticas llevado a cabo con transparencia. Para hacer esto, debemos mantener nuestro debate en el campo de las prácticas e ideas reales. De este modo queremos evitar en nuestros debates juicios estilísticos y caracterizaciones -describir una idea como "académica", "arrogante", "dogmática", etc. no es una crítica de la idea, sino sólo de su estilo. Queremos evitar crear monolitos donde no existen, porque tales construcciones provocan que la cuestión a debate se pierda detrás de la secta inexistente que uno se ha creado. Esto también ocurre cuando alguien compromete a una persona o grupo ajeno en el debate y atribuye sus ideas a las del oponente. La cuestión original a debate desaparece otra vez detrás de una construcción ficticia.
Podría tratar más métodos usados para evitar el debate: insultos personales y acusaciones, la doctrina izquierdista de la culpa y la responsabilidad colectiva, discutir sobre la forma de alguien para desacreditar sus ideas, la "critica" de lo alguien no hizo en vez de aquello que hizo, etc., etc.
Todas estas prácticas sacan al debate de las ideas y prácticas reales y lo llevan a lo ficticio y a menudo a lo ideológico. Al hacer esto los objetivos de la crítica se pierden. Cuando las ideas y las prácticas reales de los individuos se pierden detrás de las batallas de los gigantes ideológicos, la teoría y la práctica se desafilan, se consumen totalmente para ajustarse a las diversas construcciones ideológicas que representan los bandos de esta batalla. Las afinidades y las diferencias reales se eclipsan por la necesidad de adherirse a un bando en estos falsos debates. E, indudablemente, somos instados a tomar partido por uno de los bandos, incluso cuando no encontramos llamativa ninguna de las opciones y más bien simplemente sigamos nuestro propio camino creando nuestros proyectos de revuelta como queramos. Y, por supuesto, solo distanciándonos de los falsos debates podremos volver a entrar en la interacción crítica real con aquellos que deseen rechazar conscientemente los métodos para evitar el debate real.
Por supuesto, esta división de la actividad crítica en tres áreas ha sido hecha sólo por motivos de simplicidad. De hecho, estos aspectos de la crítica esta íntimamente unidos fluyendo entre ellos como parte de la actividad transformadora de la lucha contra esta sociedad. Para mantener la vitalidad de nuestra actividad crítica, de nuestros análisis, nuestros debates y nuestra creación de teoría, debemos evitar cuidadosamente cualquier tendencia hacia la reificación de estas actividades. Debemos evitar la idea de que hemos hallado la respuesta, de que no necesitamos examinar o discutir más, sino sólo convencer a los otros de que tenemos razón y de que deberían seguir nuestra perspectiva (¿en qué se diferencia esto de ser lidere y autoridades?). No estoy sugiriendo que no debamos tener confianza en nuestras ideas, sino al contrario que debemos continuar analizando y discutiendo todo -incluida nuestras propias ideas y prácticas- con un ojo cruel e incisivo. Porque es nuestra vida y nuestra libertad lo que está en juego.
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MAS ALLÁ DEL FEMINISMO MAS ALLÁ DEL GÉNERO.
A fin de crear una revolución que pueda poner fin a todo tipo de dominación, es necesario acabar con las tendencias a las que todxs nos vemos sometidxs. Esto requiere que seamos conscientes del papel que esta sociedad nos impone y busquemos sus puntos débiles, con el objetivo de descubrir sus límites y traspasarlos.
La sexualidad es una expresion esencial de los deseos y las pasiones individuales, de la llama que puede encender tanto el amor como la revuelta. Así puede ser una fuerza importante de los deseos de cada unx de nosotrxs, que puede alzarnos más allá de la masa como seres únicxs e indomables. El género por otro lado, es un intermediario construido por el orden social para inhibir la energía sexual, enclaustrarla y limitarla, direccionándola hacia la reproducción de este orden de dominación y sumisión. De esta manera se convierte en un impedimento del intento de decidir libremente como queremos vivir y relacionarnos. No obstante, hasta ahora, al hombre se le ha concedido mayor libertad en hacer valer su voluntad dentro de estos roles que a la mujer, lo que explica de forma bastante razonable porque hay más anarquistas, revolucionarios y gente que actúa fuera de la legalidad que son hombres y no mujeres. Las mujeres que han sido fuertes, que se han rebelado lo han sido porque han sobrepasado su feminidad.
Lamentablemente el Movimiento de Liberación de la Mujer (MLM) que resurgió en los 60, no prosperó en el desarrollo de un análisis profundo de la naturaleza de la dominación en su totalidad y del papel jugado por el género en su reproducción. Un movimiento que apareció ante la necesidad de liberarnos de los roles de género para ser así individuxs completxs y autosuficientes, fue transformado en una especialización como la mayor parte de las luchas parciales de la época. Garantizando de esta manera la imposibilidad de llevar a cabo un análisis global dentro de este contexto.
Esta especialización es el feminismo actual, que comenzó desarrollándose fuera del MLM a finales de los años 60. Su objetivo, no era tanto la liberación de la mujer como individualidad de los límites impuestos por los papeles asignados a su género, como la liberación de la "mujer" como categoría social. Junto a las corrientes políticas principales, este proyecto consistió en obtener derechos, reconocimiento y protección para las mujeres como una categoría social, reconocida conforme a la legislación. En teoría, el feminismo radical se movió más allá de la legalidad con el objetivo de liberar a las mujeres como una categoría social, de la dominación masculina. Dado que la dominación masculina no es explorada suficientemente como parte de la dominación total -inclusive por las anarcofeministas- la retórica del feminismo radical, frecuentemente adquiere un estilo similar al de las luchas de liberación nacional. Pero a pesar de las diferencias en el método y la teoría, la practica del feminismo liberal (burgués, principal) y el feminismo radical a menudo son coincidentes. Esto no es una casualidad.
La especialización del feminismo radical consiste en centrarse por completo en los sufrimientos de la mujer a manos del hombre. Si esta catalogación fuese alguna vez completada, la especialización no seria durante más tiempo necesaria y habría llegado el momento de trasladarse mas allá de la lista de ofensas sufridas, hacia un intento real y actual de analizar la naturaleza de la opresión de la mujer en esta sociedad, y llevar a cabo acciones reales y muy meditadas para acabar con esta opresión. Así que el mantenimiento de esta especialización requiere que las feministas amplíen este catalogo al infinito, incluso hasta el punto de dar explicaciones por las acciones opresivas llevadas a cabo por mujeres en puestos de poder, como expresiones de poder patriarcal, y así de esta manera liberaría a estas mujeres de las responsabilidades de sus acciones. Cualquier análisis serio de las complejas relaciones de dominación, como las que existen actualmente, es dejado de lado a favor de una ideología en la cual el hombre domina y la mujer es la víctima de esta dominación.
Pero la creación de una identidad en base a la propia opresión, sobre la victimización sufrida, no proporciona la fuerza o la independencia. En lugar de esto crea una necesidad de protección y seguridad que eclipsa el deseo de libertad e independencia. En el reino de lo teórico y psicológico, una abstracta y universal "hermandad femenina" puede encontrar esta necesidad, pero a fin de suministrar una base para esta hermandad, de "mística feminidad", la cual fue expuesta en los años 60 como una construcción cultural que apoyaba a la dominación masculina, es revivida en la forma de espiritualidad de mujer, culto a la diosa y una variedad de otras ideologías feministas. El intento de liberar a la mujer como categoría social alcanza su apoteosis en la recreación de los roles del género femenino en el nombre de una elusiva solidaridad de género. El hecho de que muchas feministas radicales hayan recurrido a policías, tribunales, y otros programas estatales de protección de mujeres (imitando así al feminismo burgués.) sólo sirve para subrayar la falsa naturaleza de la "hermandad" que proclaman. A pesar de que ha habido intentos de moverse más allá de estos límites dentro del contexto de feminismo, esta especialización ha sido su mejor definición durante tres décadas. En la forma en la que ha sido practicada, ha fallado al presentar un desafió revolucionario tanto contra el género como contra la dominación. El proyecto anarquista de liberación global nos llama a movernos más allá de estos límites hasta el punto de atacar al género en si mismo, con el objetivo de convertirnos en seres completxs, definibles no como un conglomerado de identidades sociales, sino como únicxs y completxs individuxs.
Es un estereotipo y un error afirmar que los hombres y las mujeres han sufrido iguales opresiones dentro de sus roles de género. Los roles del género masculino han permitido al hombre una gran libertad de acción para la afirmación de su propia voluntad. Por ello la liberación de la mujer de sus roles de género no consiste en ser más masculina sino mas bien en ir más allá de su feminidad, así para los hombres la cuestión no es ser más femenino sino en ir más allá de su masculinidad. La cuestión es descubrir que el centro de la unicidad que esta en cada unx de nosotrxs, va más allá de todos los roles sociales y de la forma en que cada unx actúa, vive y piensa en el mundo, tanto en el dominio sexual como en todos los otros.
Separar el género en función de la sexualidad, desde la totalidad de nuestro ser, fijando características específicas según el género al que se pertenezca, sirve para perpetuar el actual orden social. Como consecuencia de ello, la energía sexual, que podría ser un extraordinario potencial revolucionario, es encauzada hacia la reproducción de las relaciones de dominación y sumisión, de dependencia y desesperación. La miseria sexual que esto ha producido y su explotación comercial esta por todos lados. La inadecuada llamada de la gente a "abrazar tanto la la masculinidad como la feminidad" cae en la falta de análisis sobre estos conceptos, ya que ambos son invenciones sociales que sirven a los propósitos del poder.
Así que, cambiar la naturaleza de los roles de genero, aumentar su numero o modificar su forma, es inutil desde una perspectiva revolucionaria, ya que esto solo sirve para ajustar mecánicamente la forma de los conductos que canalizan nuestra energia sexual. En lugar de esto, necesitamos reapropiarnos de nuestra energía sexual para reintegrarla en la totalidad de nuestros seres a fin de hacernos tan extensxs y poderosxs como para explotar cada conducto e inundar el terreno de la existencia con nuestro ser indómito. Esto no es una tarea terapeútica, sino una revuelta insolente - una que emane desde nuestra fuerza y nuestra negativa a retroceder. Si nuestro deseo es destruir toda dominación, entonces es necesario que nos movamos más allá de todo lo que nos reprime, mas allá del feminismo, si y mas allá del género, porque aquí es donde encontramos la capacidad de crear nuestra indomable individualidad que nos conducirá contra toda dominación sin vacilación. Si deseamos destruir la lógica de la sumisión, este debe ser nuestro mínimo objetivo.
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LA FARSA SOCIAL MUNDIAL DE PORTO ALEGRE
Mientras la policía hacían retroceder brutalmente a l@s manifestantes de Davos, usando la violencia estatal para evitar manifestaciones en las cercanías del Foro Económico Mundial (FEM), 12,000 “representantes de grupos ciudadanos” se reunían en Porto Alegre, Brasil, para desarrollar una “alternativa” al modelo económico del FEM. Este encuentro, llamado el Foro Social Mundial (FSM), estaba organizado por diversos partidos -incluyendo al Partido dos Trabalhabores, que se encuentra en el poder en esa región de Brasil- y organizaciones.
Como es típico en la izquierda, el FSM trataba de atraer grupos de todo el espectro político radical y liberal (e incluso consiguió atraer a unos pocos grupos anarquistas y autónomos para que participaran). Así pues, su retórica fue tan superflua y vacía como su práctica. Hablando de crear un proyecto diferente para la globalización y desarrollando estrategias para establecer “los cimientos para un modelo económico más justo”, el foro en su conjunto enfatizó en una “mayor implicación ciudadana”, “más oportunidades para la participación democrática” en la economía global.
Aunque unas pocas voces disidentes-principalmente de l@s anarquistas y autonom@s que cometieron el error de asisitir al foro-pedían el fin del capitalismo, está claro que la intención principal de este foro era, en realidad, encontrar un modo de preservar al actual orden social en una forma más humana y democrática, preservar la trayectoria del capitalismo de un modo que permita a más gente participar activamente.
Pero consideremos: ¿Merece la pena continuar en una marcha hacia la muerte porque hayamos erradicado el latigo y las picanas? ¿Significa algo el derecho a elegir quién dirigirá la marcha o cuales serán los detalles de su continuación, cuando la realidad básica sigue siendo la misma, con un fin que está garantizado: la muerte en sus sentido más pleno -de la creatividad, la imaginación, el gozo y la maravilla, y por último también de nuestro ser físico? En realidad, charlar sobre participación ciudadana es un absurdo en un mundo en el que más y más personas se ven empujadas de sus hogares y empujadas a la inmigración indocumentada en el intento de sobrevivir-por tanto, encontrándose excluidas de la ciudadanía y la “humanidad” tal como está reconocida por el estado- precisamente por las acciones de los estados democráticos.
Intentar hacer el actual orden social más justo y más ecológico es igualmente absurdo cuando se considera que éste se debe expandir para sobrevivir, y esta expansión significa la diseminación creciente de los venenos necesarios para la producción económica, la extensión creciente de la miseria, el desastre y la muerte. A la luz de las actuales condiciones de existencia, el Foro Social Mundial fue una farsa. Los métodos alternativos de explotación y dominación garantizan la destrucción de cualquier vida que merezca la pena vivir de la misma forma que lo hacen las formas actuales.
En última instancia sólo la destrucción total del actual orden social puede poner fin a la marcha hacia la muerte que es nuestra realidad civilizada, y tod@s aquell@s que buscan solamente reestructurar los métodos por los que avanza esta marcha hacia la muerte son nuestr@s enemig@s tanto como aquell@s que actualmente la dirigen. L@s anarquistas y revolucionari@s harían bien en evitar dejarse engañar por absurdos como la Farsa Social Mundial. Tenemos cosas mejores que hacer.
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EL COSTE DE LA SUPERVIVENCIA.
Todo tiene un precio, la medida de su valor como una cantidad determinada en términos de un equivalente general. Nada tiene valor en si mismo. Todo valor está determinado en relación al Mercado -y esto incluye el valor de nuestras vidas, de nosotr@s mism@s. Nuestras vidas han sido divididas en unidades de tiempo medido, que estamos obligad@s a vender para volver a comprar nuestra supervivencia en forma de fragmentos de las vidas robadas de otr@s que la producción ha transformado en mercancías en venta. Esto es la realidad económica.
Esta horrenda alienación tiene su base en la interrelación de tres de las más fundamentales instituciones de esta sociedad: la propiedad, el intercambio de mercancías y el trabajo. La relación integral entre las tres crea el sistema a través del cual la clase dominante extrae la riqueza que es necesaria para mantener su poder. Estoy hablando aquí de la economía.
El orden social de dominación y explotación tiene sus orígenes en una alienación social fundamental, cuyos orígenes son el objeto de profundas especulaciones, pero cuya naturaleza está bastante clara. A la inmensa mayoría de la gente se le ha arrebatado su capacidad para determinar las condiciones de su propia existencia, para crear las vidas y relaciones que desean, de forma que una minoría por encima del resto pueda acumular poder y riqueza y dirigir la totalidad de la existencia social hacia su propio beneficio. Para que esto ocurra, se le ha tenido que sustraer a la gente los medios por los que pudieran ser capaces de satisfacer sus deseos, sus sueños y aspiraciones. Esto solo pudo suceder con el cercado de ciertas áreas y la acumulación de ciertos objetos de forma que no volvieran a ser accesibles a cualquiera. Pero estos cercados y depósitos no tendrían sentido a menos que algun@s tuvieran los medios para evitar que los asaltaran, una fuerza para evitar que otr@s tomen lo que quieran sin pedir permiso. Así pues, con esta acumulación se vuelve necesario crear un aparato para protegerla. Una vez establecido este sistema la mayoría queda en una posición de dependencia con respecto a la minoría que ha llevado a cabo esta apropiación de la riqueza y el poder. Para acceder a parte de la riqueza acumulada la mayoría se ve forzada a intercambiar la mayor parte de los bienes que producen. De esta forma, parte de la actividad que originariamente llevaban a cabo para ell@s mism@s se debe ahora llevar a cabo para sus dominador@s, sencillamente para garantizar su supervivencia. Al incrementarse el poder de la minoría, pasan a controlar más y más los recursos y los productos del trabajo hasta que finalmente la actividad de l@s explotad@s no es más que trabajo para crear mercancías a cambio de un salario, que luego gastarán para volver a comprar esa mercancía. Por supuesto, el desarrollo pleno de este proceso es lento en parte porque se encuentra con resistencia a cada paso. Aún hay partes de la tierra y partes de la vida que no han sido todavía cercadas por el estado y la economía, pero la mayor parte de nuestra existencia ha sido marcada con una etiqueta de precio, y su coste se ha incrementado geométricamente durante diez mil años.
Así pues, el estado y la economía se presentan conjuntamente como aspectos de la alineación ya descrita. Constituyen un monstruo de dos cabezas que nos impone una existencia empobrecida, en la que nuestras vidas se transforman en una lucha por la supervivencia. Esto es tan cierto en los países opulentos como en aquellos que han sido empobrecidos por la expropiación capitalista. Lo que define la vida como mera supervivencia no es ni la escasez de bienes disponibles a un precio, ni la carencia de medios para comprar esos bienes. Más bien, cuando un@ está forzado a vender su vida, a gastar sus energías en un proyecto que no es de su elección, sino que sirve para beneficiar a otr@ que le dice lo que tiene que hacer, por una compensación exigua que permite comprar unas pocas necesidades y placeres - esto es solamente sobrevivir, no importa cuantas cosas sea capaz de comprar. La vida no es una acumulación de cosas, es una relación cualitativa con el mundo.
Esta venta coaccionada de la propia vida, esta esclavitud asalariada, reduce la vida a una mercancía, una existencia dividida en pedazos mesurados que se venden a tanto el pedazo. Por supuesto para el/la trabajador/a, que ha sido chantajead@ para que venda su vida de este modo, el salario nunca le parecerá ser suficiente. ¿Cómo podría serlo cuando lo que se ha perdido realmente no es tanto las unidades asignadas de tiempo como la calidad de la vida misma? En un mundo donde las vidas se compran y venden a cambio de supervivencia, donde los seres y elementos que constituyen el mundo natural son simplemente bienes en venta para ser explotados en la producción de otros bienes para la venta, el valor de las cosas y el valor de la vida se convierte en un número, una medida, y esa medida siempre es en dólares o pesos o euros o yenes-es decir en dinero. Pero ninguna cantidad de dinero ni ninguna cantidad de bienes puede compensar por el vacío de una existencia así, por la razón de que este tipo de valoración solo puede existir drenando la calidad, la energía, la maravilla de la vida.
La lucha contra el dominio de la economía -que debe ir de la mano de la lucha contra el estado- debe comenzar con un rechazo de esta cuantificación de la existencia que solo puede tener lugar cuando nos roban la vida. Es la lucha para destruir las instituciones de la propiedad, el intercambio de mercancías y el trabajo - no para hacer que la gente dependa de nuevas instituciones en las que el dominio de la supervivencia adopte un rostro más caritativo, sino para que podamos reapropiarnos tod@s de nuestras vidas a nuestro antojo y alcancemos nuestras necesidades, deseos, sueños y aspira