InicioInfoAmor Online o Fantasia...?


La Red se ha transformado entre otras cosas en un lugar que abre a posibilidades de conocer gente y enamorarse en formas más simples que lo que permite el ritmo de vida actual. El presente artículo aborda la cuestión del amor online dando cuenta de sus similitudes con las relaciones de amor cotidianas de la modernidad.



Este amor que comienza como comunicación tecleada puede resultar también un refugio, trabajándose este aspecto en tres acepciones de refugio. Sin embargo, juzgar las (im)pertinencias de los amores por sus formas de inicio digitales pareciera ser un enfoque intelectual soberbio al cual no resulta grato adscribirse.
Este enfoque deja de lado la novedad, las nuevas maneras de estar en el mundo globalizado. A través de la Red suele haber manifestaciones muy intensas, de fuerte compromiso emocional a pesar de la ausencia de contacto físico, a pesar de lo virtual.
El amor en pantalla permite la huída pero no pareciera diferir mucho de las relaciones que se establecen en los territorios de conquista como ser bares, pubs y discotecas.
A diferencia de tiempo atrás donde el amor fantaseado moría en la propia fantasía, a través de lo online es posible dar una vuelta más a la imaginación y encontrar dialogado de fantasías, paliar las soledades, dar inicio a infidelidades, lograr encuentro y por qué no amor también. El amor online o el simple flirteo puede romper la monotonía del matrimonio, de la rutina y abrir brechas que solo el tiempo determinará sus dimensiones.





El amor en tiempos de globalización

Unidas por la fibra óptica de norte a sur y este a oeste las identidades de las sociedades intentan acomodarse frente al trastorno identitario generado por la globalización.

Asistimos entonces a infinitos procesos de búsqueda y reforzamiento identitarios que van desde las sociedades hasta los individuos particulares. Las diferencias tienden a borrarse y los grupos humanos de un mundo cada vez más pequeño se uniformizan buscando a la vez recobrar las raíces perdidas por causa del proceso globalizador.

La velocidad de los cambios es vertiginosa y la incertidumbre es lo más certero de ser encontrado en el camino. La tecnología impacta fuertemente y las personas buscan adaptar sus modos de vincularse tradicionales a los tiempos que corren. La globalización con su consecuente "empequeñecimiento del mundo" ha abierto la posibilidad de conocer gente de casi cualquier lugar del planeta con solo poseer una conexión telefónica y una computadora. Internet permite compartir espacios virtuales con miles de personas alrededor del mundo y volver a encontrarse eliminando las distancias: físicas y psicológicas.

En estos nuevos, virtuales, espacios psicosociales sin locación física, los sujetos se encuentran, se conocen y hasta se enamoran. Allí entonces comienza el amor online.





La comunicación como baluarte en las relaciones actuales

Similar al fuerte debate generado en torno a los menores y su acceso a la pornografìa a través de la red, el tema del amor online, las relaciones a través de la computadora ha dado y está dando que hablar.

Muchos programas radiales, de televisión, revistas de actualidad y de variedades, han incorporado el tema por lo candente que resulta en la vida social actual cada vez más tecnificada.

Las historias de parejas que se han casado, divorciado, conocido a través de Internet, inundan las páginas y las conversaciones acerca de la red, alimentando mitos y contribuyendo al desarrollo de la cibercultura.

La Red cada vez más se transforma en un lugar que abre a posibilidades de conocer gente y por tanto enamorarse. Estamos hablando de enamorarse frente a la computadora, o sea a solas desde un punto de vista material, físico.

La pregunta que recorre la mente de muchos entonces es si esta vuelta sobre sí mismos, esta nueva forma de conocer gente se corresponde con una posición autoerótica, narcisista, autística. Si esto fuera así, ¿es acaso el amor online un síntoma de ello?

Como decíamos, la Red cada día ofrece más y mejor posibilidades de encuentro que el ritmo de vida actual torna difícil en la llamada vida real.

Sin temor a equivocarnos podemos decir que la comunicación es un elemento crucial en la conformación de las parejas en la actualidad. Sin ir más lejos, en la Red el amor comienza como comunicación tecleada.

Este aspecto comunicacional es justamente el relevante en las relaciones de la modernidad tardía, a diferencia de algunas décadas anteriores. Vivimos una época de comunicación sobrevalorada, exceso de búsqueda de diálogo, a pesar de que la palabra nunca agote las relaciones. En la Red en muchos casos, las relaciones llegan a ir mucho más allá del diálogo y la palabra.





Explorando el mundo virtual

la experiencia del usuario resulta crucial a la hora de evaluar los amores online. Juzgar las (im)pertinencias de los amores ajenos, sus estilos, los lugares en donde manifestarlos, pareciera ser un enfoque soberbio, arriesgado y por cierto peligroso.

La cultura del ciberespacio, con sus acontecimientos, sus hechos y los relatos de los hechos que acontecen en ella, es evidentemente parte de nuestra cultura, un producto de ella, pero que a su vez remodela la cultura de base, creadora original de esa "cultura ciberespacial". El ciberespacio proveedor de un nuevo espacio psicosocial brinda elementos para repensar los conceptos de sexualidad, las comunidades y también el amor y sus significados.

Entiendo de capital importancia poder introducirse en el nuevo campo de la manera que sea, pero meterse al fin, para desde allí poder observar qué implicancias tienen estas cuestiones para la vida real tal como la entendíamos hasta ahora, si bien esta distinción posiblemente pase a ser obsoleta en unos pocos años.

La dificultad para meterse en el campo, sin duda esconde resistencias a penetrar en mundos desconocidos, inquietantes y desestabilizadores que muchas veces aparecen disimuladas bajo discursos soberbios como el de algunos intelectuales.





Resistencia al nuevo amor por sus formas de inicio


Volviendo entonces a nuestro tema, ¿por qué tanta resistencia frente a las relaciones online? Por qué esperamos que un enamoramiento online tenga 100 % efectividad cuando la realidad offline señala otra cosa; o ¿acaso todos los enamoramientos de la vida real terminan en bodas de plata? La relación matrimonio-divorcio tiende a equipararse en la actualidad, entonces ¿por qué aludir al estatus de efímero al referirse a los enamoramientos online?

El matrimonio como institución sagrada está comenzando a transformarse en esa rareza que genera sentimientos que van desde la admiración y la curiosidad hasta la pena y la compasión.

¿Por qué esa resistencia que se observa frente a este nuevo tipo de relación?

¿Qué mecanismos se mueven en nosotros para poner en juego la desvalorización defensiva, el agravio, la estupidización o la patologización de todo o casi todo lo nuevo?

Esa desvalorización se traduce en resistencia que inclusive torna para muchos usuarios culpógena su relación de amor online. Se observa no con poca frecuencia que los usuarios ocultan estas relaciones en un comienzo para evitar los comentarios maliciosos de sus pares o familiares. Pareciera ser que comenzar una relación vía Internet no es ni serio ni bien visto y puede ser hasta merecedor del ocultamiento en una primer instancia.

Jerarquizar los amores por sus formas de inicio pareciera una categorización poco seria. Sin embargo, no son pocos los que a priori adscriben a cierta teoría implícita, teoría del ranking del amor. Implícita se encuentra la valoración de anteriores ámbitos -preferentemente materiales- como aquellos adecuados e indicados para conocerse y relacionarse.

En este sentido, las relaciones iniciadas a través de las computadoras no parecieran rankear en los primeros puestos para muchos intelectuales. Lo que se valora es el aspecto material del encuentro.





Un triple refugio

Deseo y decepción. Amor y desencuentro, todo online en un comienzo; nada seguro en el final. Todo seguro en el comienzo, ¿todo online en el final?

¿Cómo puede esto suceder? Es la pregunta que se hacen millares de personas que no han incursionado aún en Internet.

En esos años durante la Guerra de Vietnam, las mujeres escribían cartas a los combatientes a través del servicio "Operación Dear Abby" (Gwinnell, 1999: 25). En plena guerra, los soldados pensaban constantemente en las mujeres allende el mar y en sus cartas. Fantaseaban sobre lo que harían al volver a sus casas pensando en esas cartas anónimas, que resultaban de una "utilidad terapéutica" indiscutible (Ibíd.: 30).

Estas cartas de mujeres desconocidas los unía a su tierra natal y a la vida normal, siendo un refugio frente al peligro constante que acechaba a cada paso.

Esta idea de refugio, pareciera esconder ciertas claves a la hora de la comprensión de este fenómeno hoy mediatizado por la computadora, antes por el papel.

La idea de refugio tiene en este caso una triple connotación que desarrollaremos a continuación.

Los tres sentidos que otorgamos son difíciles de separar entre sí, pero entendemos facilitan en cierta medida el análisis de las relaciones mediadas.

Hay una primera connotación, que es la de poder ser un lugar bastante seguro frente a la vida real, tangible, corporal, angustiosa, incierta, carnal.

En este modo guarda dentro de sí, ese aspecto de escondite en el sentido de ponerse a salvo de, en este caso: la vida misma y la corporalidad de ella.

El intercambio pasa a ser textual, los cuerpos a distancia sólo se comunican y dejan saber al otro lo que desean en un encuentro con ese otro "a solas".

La segunda acepción de refugio, similar a la primera, tiene un signo positivo que es el de estar dentro de la línea de otras actividades, como pueden ser las artísticas, deportivas o académicas, que permiten un paréntesis en la cotidianeidad, un corte como el sueño. Cierto es que la actividad cultural en general se sustenta en una cierta huída a ese otro lugar de la poesía, la ciencia, el arte, "ese lugar donde acuden los niños a jugar" (Winnicott, 1995).

En este caso entonces el refugio supone una huída temporaria, una recarga de energías, un traslado a otra dimensión, otro espacio, otro tiempo, para volver más tarde a lo cotidiano. Opera esta noción como un corte renovador de energías y creatividad.

Por último, su tercera connotación es la de ser un refugio vital frente a los sentimientos de muerte que inundan la vida misma en la actualidad. Sentirse vivo, la adrenalina, la búsqueda de excitaciones para sentir la vida y evitar caer en el marasmo de lo inerte, lo rutinario, es una respuesta que la posmodernidad busca frenéticamente a través de distintos tipos de actividades. En este sentido, los encuentros amorosos ofrecen esa excitación generadora de vivencias vitales.


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Cotidianeidad y encuentro

El encuentro que había sido mediatizado en estos años por las vidrieras, el consumo, pasa a ser mediado ahora por la máquina, la computadora.

El encierro en nuestros propios mundos es cada vez mayor. La propia tecnología opera a favor de un encierro autosuficiente, autoabastecedor, autoestimulante.

Esta forma de manejarse con el adentro-afuera, hogar-mundo, es un producto de la modernidad tardía donde no sólo asistimos al mundo, sino que el mundo se introduce en los hogares, no facilitando el contacto con personas nuevas con las que entablar relaciones.

La saturación de las relaciones en las urbes atenta a su vez contra las posibilidades de encuentro social.

La cotidianeidad, lo familiar, se traslada y desplaza a la televisión, lugar en el que buscamos aquellas caras familiares, mientras comemos en fila con nuestra familia.

"La forma de conocerse a fines de siglo es errática, por la caída del amor romántico y sobre todo por la posición de las mujeres en la sociedad. Su independencia económica, el cambio de rol con respecto a la maternidad y a la reproducción, las reivindicaciones de igualdad de derechos en la cultura occidental, permitieron un cambio sustancial de las relaciones amorosas. Las formas de conocimiento que poseen las personas dependen de los intercambios sociales que realicen en instituciones, de las culturas vigentes en cada sociedad con respecto a las formas de seducción, de fiabilidad y de la consumación de la relación amorosa" (del Brutto, 1999).

Sin duda el lugar de la mujer en la sociedad, su cambio de rol es uno de los elementos que más ha incidido en todos estos cambios en las parejas. A su vez la presión sobre las parejas de fin de siglo ha sido enorme, debiendo enfrentarse a un sinnúmero de opciones que han aumentado dramáticamente la ansiedad en las relaciones.

Por otro lado, las dificultades para el contacto y encuentro social, esas presiones de pareja mencionadas sumadas a las presiones laborales, familiares, etc. vuelven la vida cotidiana una experiencia cargada de frustración y exigencias para ambos sexos.



Nuevos escenarios para viejos dilemas

El amor online o el simple flirteo puede romper la monotonía del matrimonio, de la rutina y abrir brechas que solo el tiempo determinará sus dimensiones. La dimensión de refugio en su acepción de escondite resurge en esta visión sobre el amor online. El amor en pantalla permite la huída y no pareciera diferir mucho de las relaciones que se establecen en los territorios de conquista como ser bares, pubs y discotecas. Las vivencias que en los entornos virtuales se alcanzan no difieren de las vivencias de la cotidianeidad. Esas vivencias -palabra que introduce Ortega y Gasset en los 40 y que significa "experiencia que deja huella"- es la que nos obliga a pensar eso que acontece como algo bien real, que deja marcas, huellas, abre a sentidos.

En definitiva no pareciera haber mucha diferencia entre un amorío online que uno offline, con la salvedad que las relaciones en el ciberespacio excluyen el contacto físico, se comienzan muchas veces como un juego de seducción y permiten un intercambio en orden inverso al habitual.

El aspecto físico, la envoltura queda para el final, mientras el contenido ideatorio, la personalidad desplegada es lo que prevalece en un comienzo.

El amor en este caso estaría más atado a una palabra, una frase, una forma de decir u ocultar que a una forma de caminar, vestirse , maquillarse o bailar.

La retroalimentación facial y corporal que permite juzgar la reacción del interlocutor no se encuentra presente en la comunicación electrónica, por lo que son frecuentes los malentendidos. Los emoticones no alcanzan muchas veces para cambiar el rumbo de una conversación que -malentendido mediante- se ha transformado en "teléfono descompuesto".

El flirteo, como tantas otras cosas, se desterritorializa también en este nuevo siglo. La posibilidad de un flirteo online, se ubica entonces como un "espacio transicional" de juego, que comienza en la mente, pero que puede llegar más lejos, dependiendo de innumerables variables. Comienza en la mente, se vehiculiza con menos culpa a través de esa "ludicidad" que ofrece la computadora y es capaz de ser terminado en forma más sencilla que en un encuentro material.

Cuando nos referimos a que comienza en la mente aludimos a que a diferencia de otras situaciones, en general pareciera ser que los encuentros amorosos son buscados deliberadamente por los cibernautas. Es decir, a diferencia de tiempo atrás donde el amor fantaseado moría en la propia fantasía, a través de lo online es posible dar una vuelta más a la imaginación y encontrar dialogado de fantasías. Ls soledades se acompañan, las fantasías se intercambian y a veces confluyen en ese encuentro mágico que la humanidad ha llamado desde hace siglos: amor.

Son determinados entornos los buscados para conocer gente, entre ellos y muy especialmente los chats, que se han constituído como lugar de encuentros, sucedáneo del bar. Allí es donde se busca el encuentro y también el amor.

Es en esos lugares virtuales pero confortables, digitales pero cálidos, mediatizados pero con fuerte cercanía emocional donde comienzan los amores online. Es en esos refugios que nos ofrece la tecnología donde se dan los primeros pasos en relaciones que a veces devienen amor, otras decepción, otras... simplemente relaciones humanas online.




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