Considerando que éste día en la Argentina es feriado, cabe preguntar a que se debe. ¿El día de la bandera no es el 20 de Junio?
Si, por supuesto. Pero el 15 de Junio es el Día del Libro. ¿Sabían esto?.
¿Que es un libro?
Según Wikipedia: Un libro (Etimología: de latín liber, libri, membrana, corteza de árbol) es una obra impresa, manuscrita o pintada en una serie de hojas de papel, pergamino, vitela u otro material, unidas por un lado (es decir, encuadernadas) y protegidas con tapas, también llamadas cubiertas.
Según la definición de la Unesco, un libro debe poseer 50 o más hojas. Si tiene menos de 50 sería un folleto.
También se llama "libro" a una obra de gran extensión publicada en varios libros, llamados "tomos" o "volúmenes". Otras veces se llama también "libro" a cada una de las partes de una obra, aunque físicamente se publiquen todas en un mismo volumen.
Un libro puede tratar sobre cualquier tema.
Hoy día, no obstante, esta definición no queda circunscrita al mundo impreso o de los soportes físicos, dada la aparición y auge de los nuevos formatos documentales y especialmente de la World Wide Web. El libro digital conocido como e-book está irrumpiendo con fuerza cada vez mayor en el mundo del libro y en la práctica profesional bibliotecaria y documental. Además, el libro también puede encontrarse en formato audio, en cuyo caso se denomina audiolibro.
El libro es una forma de vida. Es otra realidad. Es miles de realidades en una sola. Cada libro es un mundo por descubrir, por soñar, por imaginar. Cada vez que lees un libro lees algo distinto. No hay dos personas en éste mundo que realmente lean el mismo libro.
¿Por qué un Día del Libro?
Esta celebración comenzó en Argentina el 15 de junio de 1908 como "Fiesta del Libro". Ese día se entregaron los premios de un concurso literario organizado por el Consejo Nacional de Mujeres. En 1924, el Decreto Nº 1038 del Gobierno Nacional declaró como oficial la "Fiesta del Libro". El 11 de junio de 1941, una resolución Ministerial propuso llamar a la conmemoración "Día del Libro" para la misma fecha, expresión que se mantiene actualmente.
El libro a lo largo de los años.
Las tablas de arcilla o bajorrelieves en diferentes piedras fueron los primeros soportes. A los egipcios les corresponde el invento del papiro, una especie de papel fabricado con una planta que crecía a orillas del Nilo. Las láminas de papiro medían hasta 49 cm de largo y 20 cm de ancho. Se las enrrollaba y lo usaban los escribas para asentar sus escritos. Los chinos aportaron un soporte mucho más perdurable: el papel. Este invento aparece en los registros históricos en el año 105 d. c., pero es sin duda más antiguo. El pergamino fue el sistema usado en Europa durante la Edad Media y tenía la ventaja de que se podía escribir de las dos caras. Se agrupaba en varios pliegos y se cosía formando los códices, que poco a poco fueron constituyendo lo que hoy se conoce como un libro. En esta evolución el impacto más decisivo para la humanidad fue la aparición de la imprenta. En los comienzos de la imprenta se utilizaban los incunables, pero hacia el siglo XVI se dejaron de usar. Con la imprenta llegó la democratización del acceso al saber: hoy es difícil imaginar un mundo en donde se usara en forma casi exclusiva la narración oral para comunicar experiencias e impartir educación. En definitiva: hoy no se puede negar que el avance de la ciencia y de la tecnología habría sido imposible sin la existencia del libro.
Esto que hago es un simple aporte para que nunca olviden lo importante de la lectura. A fin de cuentas, todo sale de los libros. Ellos siempre existieron y siempre van a existir. Si no lo leyeron, les dejo el cuento "Casete" de Enrique Anderson Imbert.
Año: 2132. Lugar: aula de cibernética. Personaje: un niño de nueve años.
Se llama Blas. Por el potencial de su genotipo el gobierno lo ha escogido para la clase Alfa. O sea, que cuando crezca pasará a integrar ese medio por ciento de la población mundial que se encarga del progreso. Entretanto, lo educan con rigor. La educación, en los primeros grados, se limita al presente: que Blas comprenda el método de la ciencia y se familiarice con el uso de los aparatos de comunicación. Después, en los grados intermedios, será una educación para el futuro: que descubra, que invente. La educación en el conocimiento del pasado todavía no es materia para su clase Alfa: a lo más, le cuentan una que otra anécdota en la historia de la tecnología. Está en penitencia. Su tutor lo ha encerrado para que no se distraiga y termine el deber de una vez.
Blas sigue con la vista una nube que pasa. Ha aparecido por la derecha de la ventana y muy airosa se dirige hacia la izquierda. Quizás es la misma nube que otro niño, antes que él naciera, siguió con la vista en una mañana como ésta y al seguirla pensaba en un niño que en otra vida... Y la nube ha desaparecido.
Ganas de estudiar, Blas no tiene. Abre su cartera y saca, no el dispositivo calculador, sino un juguete. Es una casete.
Empieza a ver una aventura de cosmonautas. Cambia y se pone a oír un concierto de música estocástica.
Mientras ve y oye, la imaginación se le escapa hacia aquellas gentes primitivas del siglo XX a las que justamente ayer se refirió el tutor en un momento de distracción. ¡Cómo se habrán aburrido, sin esta casete!
“Allá, en los comienzos de la revolución tecnológica -había comentado el tutor- los pasatiempos se sucedían como lentos caracoles. Un pasatiempo cada cincuenta años: de la pianola a la grabadora, de la radio a la televisión, del cine mudo y monocromo al cine parlante y policromo”
¡Pobres! Sin esta casete ¡cómo se habrán aburrido!
Blas, en su vertiginoso siglo XXII, tiene a su alcance miles de entretenimientos. Su vida no transcurre en una ciudad sino en el centro del universo. La casete admite los más remotos sonidos e imágenes; transmite noticias desde satélites que viajan por el sistema solar; emite cuerpos en relieve; permite que él converse, viéndose las caras, con un colono de Marte; remite sus preguntas a una máquina computadora cuya memoria almacena datos fonéticamente articulados y él oye las respuestas. (Voces, voces, voces, nada más que voces pues en el año 2132 el lenguaje es únicamente oral: las informaciones importantes se difunden mediante fotografías, diagramas, guiños eléctricos, signos matemáticos.) En vez de terminar el deber Blas juega con la casete. Es un paralelepípedo de 20 x 12 x 3 centímetros que, no obstante su pequeñez, le ofrece un variadísimo repertorio de diversiones. Si, pero él se aburre. Esas diversiones ya están programadas. Un gobierno de tecnócratas resuelve qué es lo que debe ver y oír. Blas da vueltas a la casete entre las manos. La encierra, la apaga, ¡Ah, podrán presentarle cosas para que él piense sobre ellas pero no obligarlo a que piense así o asá! Ahora, por la derecha de la ventana, reaparece la nube. No es nube: es él, él mismo que anda por el aire. En todo caso, es alguien como él, exactamente como él. De pronto a Blas se le iluminan los ojos:
-¿No sería posible -se dice- mejorar esta casete, hacerla más simple, más cómoda, más personal, más intima, más libre, sobre todo más libre?
Una casete también portátil, pero que no dependa de ninguna energía microeléctrica que funcione sin necesidad de oprimir botones; que se encienda apenas se la toque con la mirada y se apague en cuanto se le quite la vista de encima; que permita seleccionar cualquier tema y seguir su desarrollo hacia adelante, hacia atrás, repitiendo un pasaje agradable o saltándose uno fastidioso. Todo esto sin molestar a nadie, aunque se esté rodeado de muchas personas, pues nadie, sino quien use tal casete, podría participar en la fiesta. Tan perfecta sería esta casete que operaría directamente dentro de la mente. Si reprodujera, por ejemplo, la conversación entre una mujer de la Tierra y el piloto de un navío sideral que acaba de llegar de la nebulosa Andrómeda, tal casete la proyectaría en una pantalla de nervios. La cabeza se llenaría de seres vivos. Entonces uno percibiría la entonación de cada voz, la intención de cada signo. Porque, claro, también habría que inventar un código de signos. No como esos de la matemática sino signos que transcriban vocablos: palabras impresas en láminas cosidas en un volumen manual. Se obtendría así una portentosa colaboración entre un artista solitario que crea formas simbólicas y otro artista solitario que las recrea...
-¡Esto sí que será una despampanante novedad! -exclama el niño-. El tutor me va a preguntar: “¿Terminaste ya tu deber?” “No, le voy a contestar. Y cuando, rabioso por mi desparpajo, se disponga a castigarme otra vez ¡zás! lo dejo con la boca abierta: “¡Señor, mire en cambio qué proyectazo le traigo!”... (Blas nunca ha oído hablar de su tocayo el francés Blas Pascal, a quien el padre encerró para que no se distrajera con las ciencias y estudiase lenguas. Blas no sabe que así como en 1632 aquel otro Blas de nueve años, dibujando con tiza en la pared, reinventó la Geometría de Euclides, él, en 2132, acaba de reinventar el Libro.)
Enrique Anderson Imbert
Espero que lo disfruten !
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