"Humbug". Es el reciente trabajo sombrío y anti-bailable de los británicos SEBASTIÁN AUYANET La que cuatro años atrás era anunciada como la nueva gran banda del Reino Unido grabó un tercer disco impensado para cualquiera que crea que cuando se consigue un éxito hay que seguir rascando en el mismo lugar. Pasados cuatro años del primer disco de los Arctic Monkeys, ese que rompió el récord de venta más rápida de un disco debut con 300.000 copias en una semana, ya queda claro que han llevado el hype o bombo promocional de la prensa sin complicarse. Ese primer trabajo se llamó Whatever people say I am, that´s what I`m not (en español: " Lo que sea que diga la gente de mí, eso es lo que no soy" ). Y los cuatro chicos de Sheffield que arrancaron con menos de veinte años y consiguieron lo que bandas del nuevo rock guitarrero como Franz Ferdinand o los Libertines de Pete Doherty no pudieron: saltar a una masividad global sin que una multinacional les redactara siquiera una gacetilla. En aquel momento, los medios británicos parecían confabulados para mostrar como la nueva gran cosa a esas instantáneas grises con guitarra al frente de Alex Turner. Historias de pubs mugrientos a los que se entra de colado si se es menor, chicas que se ponen championes Reebok para bailar y prostitutas al amanecer. De pronto, Turner no sólo pareció heredero del éxito y la identificación del público de la que gozaban Oasis y Blur diez años atrás, sino también del filo narrador de Ray Davies, la voz y pluma de los Kinks. En 2007, los Monkeys comenzaron a salir del ojo de la tormenta mediática y editaron Favourite worst nightmare, un disco un tanto más agresivo y menos veloz. Obviamente, mucha menos gente a comprarlo. Y aunque Humbug, el trabajo que hace unos días salió en el hemisferio Norte, es hijo de estos dos primeros discos, lo es más de Last shadow puppets, un proyecto paralelo de canciones sombrías que Turner armó con Miles Kane, de la emergente y más ignota The Rascals. Turner ya no tiene que entrar de colado a los pubs. De hecho, ni siquiera vive en la pequeña Sheffield sino en Brooklyn, y la música de los Arctic Monkeys en este disco ya no suena ni siquiera demasiado británica. Parte de eso tiene que ver también con que las canciones fueron grabadas en el desierto de Mojave por Josh Homme, líder de la banda de Queens of the Stone Age, rockeros musculosos y acusados más de una vez de homofóbicos. Homme siempre ha dicho que su banda hace rock pesado para mujeres. Y esa combinación entre volumen y sensualidad masculina que se ve en su música termina contagiando de alguna manera a los Monkeys, que si bien no prenden casi las distorsiones, rezuman voces y arreglos sensuales, oscuros y que también recuerdan a los Pixies. La ansiedad y urgencia de esos rasgueos veloces ya casi no está, y Turner canta entre guitarras que suenan a desierto pero también a los punteos surferos que se oyen en los recitales de The Supersónicos. Crying lightning, quizá la canción con más destino de hit del disco, contiene en esos sonidos la esencia del trabajo. Aún así, las guitarras juguetonas de esos anteriores discos siguen apareciendo como ganchos al oído, cosa que pasa en Secret door. En Pretty visitors, por otro lado, parecen visitados por Black Sabbath. En Cornerstone, Turner ya no es el niño cronista prodigio con lengua afilada, pero habla de una relación frustrada que se aparece en las nuevas conquistas y el olor del coche como un fantasma con una habilidad que envidiaría Morrissey, el mismísimo rey de la autoindulgencia romántica. Arctic Monkeys podría haber seguido el camino de su primer trabajo y vivir de lo que queda de esa primera ola que sucedió en 2005. Pero lo cierto es que al parecer, ninguno de sus miembros se creyó tanto bombo. Y ahora, sin tanta promoción, el mundo está viendo una banda cuyos discos crecen con cada escucha. Humbug podrá ser menos visceral y hasta más denso, pero con él, el desarrollo de los Monkeys parece mucho más seguro y digno de seguir que unos "hits" y tapas de revistas que, se sabe, tienen fecha de vencimiento. Fuente: http://www.elpais.com.uy/090830/pespec-438791/espectaculos/arctic-monkeys-cuatro-que-no-quisieron-ser-la-banda-nueva-
Arctic Monkeys, la nueva gran banda de Reino Unido
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