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Del opio a la heroina. Breve recorrido

Info10/19/2009
La Papaver somníferum, más conocida como Opio, es la droga (junto al cannabis) que más tiempo lleva acompañando al ser humano. El hombre del Neolítico ya la consumía como lo atestiguan las semillas encontradas en distintos asentamientos de Suiza, Alemania o aquí en España, en la cueva de los murciélagos de Córdoba. Estos hallazgos han sido datados en el 4.200 a.C aunque se desconoce si su consumo era medicinal, lúdico o ritual . Casi se podría asegurar que se darían los tres usos y por el orden escrito. La primera constancia de su cultivo es en Mesopotamia en el 3.200 a.C. y también se menciona en unas tablillas Sumerias del 3.000 a.C. con una palabra que significa “disfrutar” Relieve Sumerio. El segundo lleva unas cabezas de amapola Los egipcios fueron quienes potenciaron su uso medicinal y muchos jeroglíficos mencionan el jugo que se extraía de las cabezas de amapola o adormidera y lo recomiendan como analgésico y calmante, tanto en pomadas como por vía oral y rectal. Uno de sus empleos reconocidos era dárselo a los niños pequeños para «evitar que los bebés griten fuerte». Crearon una pasta llamada KIPRI (una mezcla de dieciséis diferentes ingredientes) y que significa «droga para quemar». De su composición nos brindan un amplio informe el “Papiro de Ebers” y estaba compuesto por: miel, vino, pasas de Corinto, Cyprus-resina, myrrha, aspalathus, seselis, mastic, asphalto, hojas de higo, enebro, acedera, kardamon y cáñamo. Pipas Egipcias para fumar opio Los griegos también lo consumieron con profusión y fue Hipócrates quien le puso el nombre de opós mekonos (jugo de amapola) de la que deriva la actual opio. El historiador Heródoto en el 425 a.C. hace la primera mención explícita del uso medicinal de esta droga como analgésico, en forma de infusiones o en bruto para el dolor de muelas, como antidiarreico, fiebres y para hacer dormir a los niños. Los romanos no podían ser menos y fueron grandes aficionados a la amapola. Muchos fueron los emperadores que lo consumieron e incluso lo utilizaron para quitarse la vida. Su consumo se generalizó de tal modo que, como la harina, fue un bien de precio controlado, con el cual no se permitía especular bajo severas penas. Se acuñaron monedas con la figura de la amapola y un censo del 312 d.C. nos desvela que existían 793 tiendas dedicadas a la venta de este producto en la ciudad de Roma y que su volumen de negocio representaba el 15% de toda la recaudación fiscal. Lo que llama la atención, es que no existe ninguna constancia de que hubiera problema alguno derivado de la adicción, ni siquiera hay una palabra en latín que defina a un “opiómano” y en cambio hay varias para designar a los alcohólicos. Más tarde los arabes, a través de Hispania, lo introducirían por toda Europa aunque el uso que le daban era mucho más de carácter medicinal, y a pesar de que su consumo hedonista nunca despareció estaba “peor visto” que en épocas pasadas. Sería en el S.XIX cuando este consumo volvería ser aceptado implantándose fumaderos de opio en capitales como Paris o Londres y también gracias al consumo de Laudano, una especie de jarabe hecho de vino y opio entre otros componentes, que se tomaba como medicina. (NOTA: Hasta 1977 se podía encontrar láudano en algunas farmacias españolas). fumadero de opio en Londres,1874. También en el S.XIX se disparó el consumo en China debido a una ley que prohibió el tabaco e hizo que la gente empezara a consumir opio. Se generó tal epidemia de adictos que el emperador tuvo que prohibir su comercio. A los británicos, que era quien les suministraba la adormidera de sus colonias orientales, no le gustó un pelo la medida y por “el bien del comercio internacional” decidieron iniciar las “Guerras del opio” donde China perdería, entre otras cosas, Hong-Kong y que no recuperarían hasta 1999. Los problemas de adicción en la Europa del XIX empezaron a ser preocupantes y para tratar de solucionarlo se creó la Morfina (su nombre viene de Morfeo, Dios del sueño), derivado del opio. La intención era que tuviera sus virtudes pero sin provocar adicción. En ese sentido fue un fracaso, aunque el poder sintetizarla en el laboratorio y la invención de la inyección hizo que su uso se extendiera entre los ejércitos de una beligerante Europa. Como remedio a la morfina, la cual producia mucha adiccion, apareció la Heroina. En1883,Heinrich dreser aisló un opiáceo nuevo gracias a la acetilación del clorhidrato de morfina, con lo cual obtuvo diacetilmorfina, que es el nombre científico de la heroína. En poco tiempo se demostró que la adicción generada por utilizar este compuesto era mucho más intensa en comparación con la de la morfina. En 1898, once días después de lanzar al mercado la conocida Aspirina, los laboratorios Bayerempiezan a comercializar un nuevo y revolucionario producto: Heroína. El nombre, inspirado en las sensaciones de los primeros pacientes que lo han probado, no puede ser más prometedor. En pocos meses, ambas marcas, Aspirina® y Heroína®, se anuncian juntas como insuperables analgésicos y como remedio para varias enfermedades pulmonares.El éxito es tan rápido que, muy pronto, la casa Bayer anuncia la Heroína como efectivo remedio contra la tos de los niños. La publicidad aparece en todos los grandes periódicos. En España, Bayer aprovecha el invierno de 1912 para lanzar una intensa campaña de publicidad de su “jarabe de heroína. Durante años, Bayer sigue vendiendo la heroína como eficaz e inocuo sustitutivo de la morfina. Los anuncios a nivel mundial aseguran que, "al revés que la morfina”, la nueva sustancia produce un aumento de la actividad y hace desaparecer todo tipo de tos. A principios de 1900, algunas sociedades filantrópicas de EEUU llegan a distribuir muestras gratuitas de heroína vía correo para los adictos a la morfina que desean rehabilitarse. No será hasta años después cuando se descubra que la heroína no solo no es inocua sino que resulta aún más adictiva que la morfina. El proceso de transformación de la sustancia en el hígado da la clave del asunto: la heroína vuelve a convertirse en morfina dentro del cuerpo. En 1913 Bayer detuvo la producción de heroína y borró todo este embarazoso asunto de sus archivos. Finalmente, en 1940 se crea la Adolfina, llamada así en "honor" de Adolf Hitler y que posteriormente cambiaría su nombre por el de Metadona. Actualmente, la metadona se suministra a heroinómanos como tratamiento de desintoxicación, con resultados más que cuestionables. Grandes Opiomanos de la historia Muchos personajes célebres, intelectuales y artistas utilizaron el opio para inspirarse, o bien para soportar las penalidades de la vida cotidiana y así poder crear a gusto. Existen testimonios de que lo consumían: el cardenal Richelieu, Benjamin Franklin, Coleridge, el general San Martín, Walter Scott, Charles Dickens, Richard Wagner, Allan Poe, Mary Shelley, Baudelaire, Conan Doyle, Lewis Carroll, Pablo Picasso. Incluso el ultraconservador Joseph McCarthy, el senador norteamericano inspirador de la caza de brujas a comienzos de los años cincuenta, martillo de herejes y comunistas, tomaba opio. Dicho sea de paso, falleció cuando contaba cuarenta y ocho años por cirrosis y hepatitis causadas por abuso del alcohol5.
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